domingo, 9 de abril de 2017

Mis cuatro textos publicados tras la entrega de las armas de ETA



Mis cuatro textos publicados tras la entrega de las armas de ETA

9 de abril de 2017
Con motivo de la entrega de sus armas por parte de ETA a la Justicia francesa, con mediadores internaciones y de algunos miembros de la sociedad vasca, el 8 de abril de 2017, recibí varias propuestas de los medios de comunicación para que manifestara mis reflexiones al respecto. Cuatro de la prensa escrita, una de la radio y otra de la televisión. Reproduzco en esta entraba a mi blog, mis cuatro textos a la prensa escrita y comento mis intervenciones en la radio y en la televisión.

 A. En la prensa escrita. Me han solicitado y publicado cuatro artículos.  Son estos.
. “Verdad, Memoria e Historia, Justicia y Perdón”. (Publicado en DEIA, Noticias de Gipuzkoa y Noticias de Álava el 1º de Abril de 2017)
. “El Perdón, camino para la reconciliación”. (Publicado en el semanario “Vida Nueva”, n.º 3030, de abril de 2017)
. “Por la ´amnistía del corazón´, en Euskadi”. (Publicado en “El Periódico de Catalunya y en alguno más de la misma “marca” el sábado 8 de Abril)
. “Para la convivencia activa en Euskadi”. (Publicado en “La Vanguardia” el domingo 9 de abril)

B. Desde Catalunya Radio me llamaron para una entrevista radiofónica, no recuerdo si el 5 o el 6 de abril. La conversación se prolongó durante 40 minutos. No tengo ni idea de lo que emitieron en antena. El viernes 7 de abril me grabaron, durante unos 20 o 25 minutos en la 6ª TV. En Internet he visto que reproducían un par de frases que, fuera de contexto, no reflejan apenas mi pensamiento. Pero esto lo tengo asumido. Yo soy responsable de los que firmo y de los que digo, y se emite, en directo (o falso directo). Obviamente no me responsabilizo de los cortes que pueda sacer de mis entrevistas. Pero he de añadir dos cosas a este respecto. La primera para decir que, habitualmente, los medios de comunicación han reflejado fidedignamente mis puntos de vista. La segunda, que, desgraciadamente, la afirmación anterior era mucho más exacta hace años que ahora. En la actualidad muchos medios de comunicación han perdido calidad y ecuanimidad.


1.    Verdad, Memoria e Historia, Justicia y Perdón

(Publicado en DEIA, Noticias de Gipuzkoa y Noticias de Álava el 1º de Abril de 2017)

En una semana, ETA habrá entregado a la Justicia las pocas armas que le deben quedar, mediante una asociación o colectivo civil en Iparralde. Pero ha dejado una larga estela de dolor y sufrimiento que la sociedad vasca debe gestionar. Reflexiono, en lo que da sí un artículo de prensa, sobre la imprescindible búsqueda de la Verdad, las relaciones entre la Memoria y la Historia, la no menos imprescindible Justicia, y la dimensión personal y política del Perdón.

Verdad. La búsqueda de la Verdad debe ser, en la actualidad, uno de los principales objetivos a perseguir. La Verdad, tras tantos años de dolor, con la mayoría de las víctimas (exceptuadas las asesinadas), y allegados o testigos, todavía presentes, exige, de entrada, que se les escuche. Creo que es imperativo en estos tiempos, cuando a ETA ya le falta disolverse definitivamente, que toda persona que tenga algo que decir en orden a la clarificación de estos años de dolor, deba poder hacerlo. Sin eliminar a nadie, dando la posibilidad, a todos, de ofrecer su testimonio, sus vivencias. Y, todos quiere decir todos. Con garantías de que se respete su intimidad, aunque para la Historia, será necesario conocer su identidad, que podrá desvelarse, pasado un tiempo, si así lo desea el declarante. En la era digital, se puede mandar un tuit, escribir un comentario en el anonimato, y así nos va. Pero no vale para el esclarecimiento de la Verdad. Ya sé que algo de esto se está haciendo. Bien hecho. Creo que es fundamental.

Como creo fundamental que se esclarezca, hasta donde sea posible, los casos que deben quedar sin dilucidar todavía. Obviamente, si las armas que entregue ETA ayudan a ello, mejor. Pero, no se espere al esclarecimiento de todos los hechos para avanzar tras el final de ETA. Otros países, Alemania, Francia, Gran Bretaña etc., no esperaron a resolver los casos pendientes para normalizar su vida.

Memoria e Historia. El pensador Tzvetan Todorov, recientemente fallecido, escribió que “los individuos y los grupos tienen el derecho de saber, y por tanto de conocer y dar a conocer su propia historia; no corresponde al poder central (del Estado) prohibírselo o permitírselo. (…) no corresponde a la ley contar la Historia: le basta con castigar la difamación, o la incitación al odio racial” (yo eliminaría el epíteto “racial”, me basta el sustantivo). Las diferentes Memorias, personales y colectivas, dan lugar a diferentes relatos. He escrito, en libros, revistas y artículos de prensa sobre las trampas y debilidades de la memoria. He referido, entre otros, a Paul Ricoeur quien describe tres formas de memoria: memoria impedida (buscando el olvido de lo que no queremos admitir de nuestro pasado); memoria manipulada (al servicio de una identidad, de ahí “el frenesí de conmemoraciones” dirá Ricoeur) y memoria obligada, “deber de memoria”, por la deuda contraída con los que más han sufrido y, ello, baja la égida de una Justicia que busca la verdad, toda la verdad, donde el rigor de los historiadores y demás científicos sociales no debe olvidar, bien al contrario, la multiplicidad de relatos que provienen de las memorias personales y colectivas de los actores sociales.

Ciertamente no todos los relatos merecen el mismo juicio ético, el de los asesinos y el de los asesinados, el de los torturadores y el de los torturados, el del victimario y el de la víctima, el del que prioriza el valor de su patria (sea esta la que sea) sobre el de la persona concreta. Pero solamente la escucha de los diferentes relatos permitirá que el juicio ético sea más ecuánime. Y solamente la escucha de todos los relatos, el respeto a todas las memorias, permitirá a la Historia, la historia con mayúsculas, escrita por profesionales, ir construyendo la verdad de lo sucedido. Aun sabiendo que nunca se llegará a una historia, o a un relato unánimemente admitido. Basta mirar a la historiografía del franquismo, la de la primera guerra mundial (1914-1918) y, en estos días, la de la revolución rusa de 1917, para constatar que no hay un único relato, aunque, en lo esencial, la investigación histórica no ideologizada, llega a acuerdos básicos. Pasará lo mismo con ETA, pero dentro de unas décadas.

Justicia y perdón. Una sociedad no puede permitirse que nadie actúe contra los derechos humanos básicos, asesinando, aterrorizando, torturando, extorsionando, etc., etc., etc. Es labor de la Justicia saldar las cuentas de los daños causados y padecidos.

Los teóricos del derecho distinguen diferentes modelos de justicia. La justicia de excepción (para momentos excepcionales, como ahora en Francia, como en España contra ETA sin que todavía haya sido abolida); la justicia transitiva (la que se aplica ahora en Colombia, se aplicó en Irlanda del Norte, etc., a la salida de un enfrentamiento violento entre partes, que algunos quieren aplicar en Euskadi, otros la rechazan por lo que tiene de impunidad); la justicia de vencedores y vencidos, con impunidad para los primeros y vengativa para los vencidos (la del franquismo); la Justicia de la Amnistía, la del olvido, (la de la transición española); la justicia restaurativa, por la que personalmente me inclino, que consistiría en “un proceso en el que todas las partes implicadas en un delito en particular se reúnen para resolver colectivamente la manera de afrontar las consecuencias del delito y sus implicaciones para el futuro” (Tony Marshall).

Nos queda, también, la posibilidad del perdón. El perdón nos introduce en otra dimensión más allá de la justicia (insoslayable, por supuesto) y sienta, o fortalece, las bases de la reconciliación entre víctimas y victimarios. Para un cristiano, además, es imposible asistir a la eucaristía y no sentirse interpelado cuando rezamos “perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden”. No se entiende a un cristiano que no trate de perdonar. Aun cuando sea difícil, en muchos casos.

Pero el perdón no es privativo de los cristianos, como mostré en estas mismas páginas reflexionando sobre la dimensión política del perdón (22/08/15). Escribí que “quien perdona de verdad sale de la situación de duelo y lleva mejor la del sufrimiento. Aunque el daño no se olvide y, en el fondo de uno mismo, tenga que luchar contra el rencor. Rencor que, si se transforma en odio, le impedirá, por siempre jamás, liberarse del duelo y vivirá ahogado en el sufrimiento. ¡Dichoso el que logre perdonar! ¡Dichosa la sociedad que, asumiendo todo su pasado, busque la concordia, mirando al futuro! El perdón es revolucionario”.

Si a la Justicia Restaurativa añadimos la capacidad de escuchar el dolor del “otro”, padecer con el “otro”, como se vivió, por ejemplo, en la extraordinaria experiencia de Glencree, y se está viviendo ahora, en la discreción, en no pocas experiencias entre nosotros, cabe pensar un futuro para Euskadi donde impere la convivencia activa, más allá de la mera coexistencia pacífica. ¡Gure esku dago!. 

2.    El Perdón, camino para la reconciliación
(Publicado en el semanario “Vida Nueva”, n.º 3030, de abril de 2017)

José María Tojeira, provincial de los jesuitas el año 1989 que asesinaron a Ellacuria y compañeros, expuso en el Centro Pignatelli de Zaragoza en 1996 la expresión "Verdad, justicia, perdón", que se haría paradigmática. Así, un grupo de expertos del Consejo Mundial de las Iglesias, la hizo suya el año 2009. Yo también me adherí, pensando en la reconciliación en Euskadi y la incorporé a mis textos. Actualmente, cuando ETA, al fin entrega las pocas armas que le deben quedar a la Justicia, reflexionando, completo la expresión de Tojeira que quedaría así: Verdad, Memoria e Historia, Justicia y Perdón.

A la cuestión de VIDA NUEVA de “¿Qué puede hacer la Iglesia hoy por la reconciliación en el País Vasco?, respondo que los católicos deben participar y colaborar, con las gentes de buena voluntad, en la búsqueda de toda la Verdad en lo que supuso el terrorismo de ETA, en la construcción de la “Memoria debida” a los que más han sufrido, superando la “Memoria impedida” y la “Memoria manipulada” (Ricoeur); aportar su testimonio para que los historiadores con el paso del tiempo vayan haciendo la Historia de lo ocurrido; así mismo, superando el olvido y la impunidad, propugnar una Justicia restaurativa, más allá de la excepcional, de la transitiva, no digamos de la vengativa. Pero, quizá, de forma más singular, la Iglesia, los católicos, empezando por la Jerarquía, debe mostrar la virtud sanadora del Perdón. Sí, el perdón nos introduce en otra dimensión más allá de la justicia (insoslayable, por supuesto) y sienta las bases de la reconciliación entre víctimas y victimarios.

Debiéramos meditar, aplicar, y mostrar estas frases incómodas de los evangelios: “si yendo a presentar tu ofrenda al altar, te acuerdas allí de que tu hermano tiene algo contra ti, deja tu ofrenda allí, ante el altar y ve primero a reconciliarte con tu hermano; vuelve entonces y presenta tu ofrenda” (Mt. 5-23-24). O esta otra en Lc. 6/ 32-33, “si queréis a los que os quieren, ¡vaya generosidad! También los descreídos quieren a quien los quiere. Y si hacéis el bien a quien os hace el bien, ¡vaya generosidad! También los descreídos lo hacen”. Además, es imposible asistir a la eucaristía y no sentirse interpelado cuando rezamos “perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden”.  El perdón no es privativo de los cristianos, (hay perdones laicos) pero no se entiende a un cristiano que no trate de perdonar. Aun cuando sea difícil, en muchos casos.





3.    Por la “amnistía del corazón”, en Euskadi
(Publicado en “El Periódico de Catalunya y en alguno más de la misma “marca” el sábado 8 de Abril)
Al día siguiente del jueves 20 de octubre de 2011, fecha en la que ETA anunció que dejaba definitivamente las armas (que parece que las entregará este sábado, aunque - no seamos ingenuos- no las que sirvan para esclarecer las causas pendientes), participé en un programa de TV3 en Barcelona. Estaba en el plató Eulàlia Lluch, una de las hijas de Ernest Lluch. Eulàlia animó a la sociedad vasca para hablar y dialogar sin deseos de venganza sobre el futuro abierto. Ninguna palabra de más, ninguna manifestación de odio, ninguna descalificación innecesaria, nada de que nadie se pudriera en la cárcel. Decía que, desde su punto de vista, lo que procedía era lo que su padre defendió con tenacidad y coraje, y con mucha incomprensión. Nos impactó a los cuatro que estábamos en el plató.

El 7 de noviembre de 2013 se presentó en la Universidad de Deusto la iniciativa Glencree, que discretamente llevaba funcionando desde 2007, poniendo en contacto experiencias de víctimas de diferentes victimarios. Ese día intervinieron Fernando Garrido, hijo del gobernador militar de Gipuzkoa, que ETA asesinó en 1985, y Asun Lasa, hermano de Joxan, torturado y asesinado por la Guardia Civil en lo que ha pasado a la historia como el caso Lasa y Zabala. “Conocer de cerca que en el otro lado también hay dolor me ayudó a ver que hay mucho sufrimiento en las diferentes violencias y no solo en la que yo he sufrido”, dijo Garrido.

Es el reconocimiento, todavía no asumido por muchas personas, de que hay “otras víctimas”, aunque ya sabemos que el mundo de ETA, merced a estas “otras víctimas” intenta legitimar su terrorismo y construir un relato que lo diluya en “la violencia padecido en el País Vasco”. Solo convencerá a los suyos. La asignatura pendiente de la izquierda abertzale, hoy, Sortu es decir pura, lisa y llanamente, que la violencia terrorista es condenable. Como lo es, que reconozca el Estado, de una vez por todas, que algunos miembros de las Fuerzas de Seguridad aplicaron la tortura y los malos tratos. Soy plenamente consciente que diciendo esto me tratarán de equidistante. Ya lo tengo asumido. Mi posición la he desarrollado en un libro, cuyo título refleja bien mi pensamiento: “Tras la losa de ETA”.

Mirando al futuro, Euskadi necesita revisar su historia, levantar el velo de los silencios sobre todas las víctimas. Necesitamos conocer la verdad. Toda la verdad. Euskadi necesita un enorme ejercicio de verdad y humildad. Necesitamos desempolvar tanta miseria, tanto olvido, tanto odio, tanto fanatismo. Necesitamos escuchar más relatos, muchos relatos de tanta gente que ha sufrido tanto. Sin descartar a nadie. Necesitamos la verdad, sí, en pro de la conciliación, en el marco insoslayable de una justicia, resueltamente restaurativa.

En fin, necesitamos transitar de las memorias, individuales o colectivas, siempre parciales, a la historia con mayúsculas, escrita por profesionales no excesivamente ideologizados. Pero, exigirá tiempo. Una generación como poco. Y, si entre tanto, ¿tratáramos de aplicar la dimensión revolucionaria del perdón, la amnistía del corazón?

4.    Para la convivencia activa en Euskadi
(Publicado en “La Vanguardia” el domingo 9 de abri)l

Al fin, ETA habrá entregado a la Justicia las pocas armas que le deben quedar, y las que desee entregar, pues, es inimaginable que entregue un arma que pueda servir para dilucidar las causas aún pendientes. Ahora, a ETA, le falta disolverse. Quizá la actual cúpula de ETA lo haga pronto, pero, ¡cuidado!, queda mucha gente en su mundo que no se ha dado por vencida. Entre tanto, la sociedad vasca debe gestionar su futuro, sobre la imprescindible búsqueda de la Verdad, congeniar la Memoria y la Historia, la Justicia y la dimensión política del Perdón.

La búsqueda de la Verdad debe ser, en la actualidad, uno de los principales objetivos a perseguir. Creo que es imperativo que toda persona que tenga algo que decir en orden a la clarificación de estos años de dolor, deba poder hacerlo. Sin eliminar a nadie, dando la posibilidad, a todos, de ofrecer su testimonio, sus vivencias. Y, todos quiere decir todos.

El pensador Tzvetan Todorov, escribió que “los individuos y los grupos tienen el derecho de saber, y por tanto de conocer y dar a conocer su propia historia; no corresponde al poder central (del Estado) prohibírselo o permitírselo. (…) no corresponde a la ley contar la historia: le basta con castigar la difamación, o la incitación al odio racial”. Yo eliminaría el epíteto “racial”, me basta el sustantivo “odio”, pero, delimitando su alcance. No es posible que, cuando ETA asesinaba y nos gritaban, a dos pasos, “ETA mátalos”, tuviéramos una policía meramente notarial, y una justicia ausente, mientras que ahora escruten con lupa lo que alguien escribe en un tuit.

Las diferentes memorias, personales y colectivas, dan lugar a diferentes relatos. Paul Ricoeur, propone tres formas de memoria: memoria impedida (buscando el olvido de lo que no queremos admitir de nuestro pasado); memoria manipulada (al servicio de una identidad, de ahí “el frenesí de conmemoraciones” que subraya Ricoeur), y memoria obligada, el “deber de memoria” por la deuda contraída con los que más han sufrido y, ello, baja la égida de una Justicia que busca la verdad, toda la verdad, donde el rigor de los historiadores y demás científicos sociales no debe olvidar, bien al contrario, la multiplicidad de relatos que provienen de las memorias personales y colectivas de los actores sociales.

Ciertamente no todos los relatos tienen el mismo valor, el de los asesinos y el de los asesinados, el de los torturadores y el de los torturados, el del victimario y el de la víctima, etc. Pero solamente la escucha de los diferentes relatos, de todos los relatos, el respeto a todas las memorias, permitirá a la historia con mayúsculas, escrita por profesionales, ir construyendo la verdad de lo sucedido. Aun sabiendo que nunca se llegará a una historia, o a un relato unánimemente admitido. Basta mirar a la historiografía del franquismo, a la de la primera guerra mundial (1914-1918) y, en estos días, a la de la revolución rusa de 1917, para constatar que no hay un único relato, aunque, en lo esencial, la investigación histórica no ideologizada, llega a acuerdos básicos. Pasará lo mismo con ETA, pero dentro de unas décadas.

La Justicia debe saldar las cuentas de los daños causados. Los teóricos del derecho distinguen la justicia de excepción (hoy en Francia, en España contra ETA sin que todavía haya sido abolida); la justicia transitiva (la que se aplica ahora en Colombia, antes en Irlanda del Norte, que algunos quieren aplicar en Euskadi, otros no por lo que tiene de impunidad); la justicia de vencedores y vencidos, con impunidad para los primeros y vengativa para los vencidos (la del franquismo); la Justicia del olvido, (la de la transición española); la justicia restaurativa, por la que personalmente abogo, en la que las partes implicadas en un delito se reúnen para resolver colectivamente la manera de afrontar las consecuencias del delito y sus implicaciones para el futuro. (Tony Marshall).

El perdón nos introduce en otra dimensión más allá de la justicia (insoslayable, por supuesto) y sienta, o fortalece, las bases de la conciliación entre víctimas y victimarios. Si a la Justicia Restaurativa añadimos la capacidad de escuchar el dolor del “otro”, padecer con el “otro”, como se vivió, por ejemplo, en la extraordinaria experiencia de Glencree que puso en contacto víctimas de diferentes victimarios en Euskadi, y se está viviendo ahora, en la discreción, en no pocas experiencias entre nosotros, cabe pensar un futuro para Euskadi donde impere la convivencia activa, más allá de la mera coexistencia pacífica.

domingo, 26 de marzo de 2017

Mariano Rajoy, ¿Tancredo feliz?



Mariano Rajoy, ¿Tancredo feliz?

Me gusta leer los artículos de mi buen amigo, el periodista Joan Tapia, en su día director de La Vanguardia, después director de RTVE en Catalunya y, en la actualidad, amén de contertulio en radios y televisiones, publicando al menos dos artículos semanales en El Periódico de Catalunya, donde yo también escribí durante bastantes años. Joan es un buen analista político. Cuando viene a Donosti, al menos una vez al año, procuramos encontrarnos. Lo mismo sucede cuando yo voy a Barcelona. Charlamos largo y tendido, pero, con Joan es prácticamente imposible hablar de otra cosa que no sea de política. A veces coincidimos en el Palau, ahora en los medios por el desfalco sufrido, o en el Kursaal donostiarra. Pero tras un brevísimo comentario del concierto escuchado, ya me lanza la pregunta: y ¿cómo van las cosas por Euskadi? Me suele poner en apuros pues está más al tanto de los dimes y diretes de “lo nuestro” que yo mismo. Si yo le hablo de mis libros sobre los jóvenes, la familia, la religión etc., me escucha educadamente, pero, rápidamente me formula la pregunta de “¿y cómo van las cosas por Euskadi?”, ¿volverá a ganar el PNV?, ¿sigue fragmentado el PSE?, y durante los años de plomo, con ETA a lo suyo, siempre acabábamos hablando del fin del terrorismo. Coincidimos bastante.

Joan es un hombre muy ecuánime en sus juicios y en sus planteamientos, que es lo que, personalmente, más valoro de un analista, aunque no oculta su tendencia socialista. No solamente está en su derecho, sino que, además, cuando uno se expone en los medios de comunicación es imposible ocultarlo. Incluso diría que deseable para que el lector sepa quién es quién. Todos los que me leen, al menos con alguna frecuencia, saben bien de qué pie cojeo.

Pero ya es hora de hablar de Mariano Rajoy a quien Joan Tapia dedicó un artículo que tituló “El momento dulce de Mariano Rajoy” (El Periódico de Catalunya 21/02/17). Recuerda Joan cómo, hace un año, Rajoy era un político con muchos problemas, tantos que no se presentó a la investidura, que le correspondía al tener el primer grupo parlamentario, por miedo a perder. Y dejó que Pedro Sánchez pasara delante. El entonces líder del PSOE pudo ser presidente del gobierno. Llegó a un pacto con Ciudadanos y hubiera bastado, que en su sesión de investidura de marzo del año pasado, el Podemos de Pablo Iglesias no hubiera votado lo mismo que el PP de Rajoy, esto es, que se hubiera abstenido en vez de votar NO, para que en la actualidad, gobernara España el partido socialista. Vaya Usted a saber dónde estaría hoy Mariano Rajoy. Pero en la actualidad, gobierna Rajoy, con más votos de los que tenía en marzo pasado, ha logrado que le apoye Ciudadanos, Pedro Sánchez está defenestrado por su propio partido y Pablo Iglesias ya puede gritar todas las veces que quiera que es una vergüenza que gobierne Rajoy pero, todos, empezando por no pocos en su propia formación, le recordarán que fue él, con su voto, quien impidió que Sánchez fuera presidente y, a la postre, permitiera que Rajoy siguiera en la Moncloa donde ahora está instalado, con relativa calma. Dicen que fumando puros, a escondidas. Como D. Tancredo, viendo pasar los miuras por su puerta.

¿Cómo es posible que un hombre plano, que en España es de los peor valorados en las encuestas, que sabe que no tiene nada que hacer en Euskadi y en Catalunya, gobierne en España, y en Europa, ocupe, ahora, un lugar relevante, aunque, en parte, gracias al Brexit?. 

El éxito de Rajoy es, en gran medida, consecuencia de la inoperancia y de los errores de los demás partidos políticos. Acabamos de señalarlo en el caso de Podemos, al que, tras el triunfo de Iglesias sobre Errejón en Vistalegre 2, salvo catástrofe mayúscula en el Europa, creo que ya ha llegado a su techo y le auguro un descenso en el favor de los electores, salvo en Madrid capital quizás, quizás, y en Barcelona, más probablemente, donde gobiernan dos mujeres que no son, propiamente hablando, de Podemos. Por ejemplo, acaba de mostrarlo Carmena en Madrid condenando la situación de los presos políticos en Venezuela y apoyando una moción de los demás partidos políticos en ese sentido. (La condena selectiva de unos u otros presos políticos retrata muy bien a los partidos. En Euskadi sabemos mucho de esto. Como retrata a los medios de comunicación donde ponen el acento, y la censura, en la libertad de expresión).

El Presidente de Ciudadanos, Albert Rivera, es un hombre inteligente que, sin embargo, se me antoja un chisgarabís que, afortunadamente, nada tiene que hacer en Euskadi pues, si pudiera, intentaría cargarse el Concierto Económico y que, en España, ha decidido convertirse en un inquisidor, pero sin querer aceptar la responsabilidad de gobernar.


El PSOE da pena. Aquí le cito a Joan Tapia quien escribe que el PSOE “resiste bien en las encuestas, pese a estar sin líder, y la gestora lleva el día a día con un notable alto, pero no se han cerrado las heridas del pasado 1 de octubre cuando la dimisión forzada de Sánchez. Es más, el cisma entre sanchistas y susanistas parece haberse agravado, al perpetuarse, y no es seguro que las primarias de mayo arreglen las cosas”. Tapia comentado los datos muy concordantes del CIS de enero y de la encuesta de El Periódico de febrero, recuerda que “hay un tercer candidato, Patxi López, el mejor valorado en la encuesta, que huye de la polarización pero que también abunda en tópicos. Y una batalla a tres puede acabar con un secretario general elegido con menos del 50% de los votos”. Personalmente, nunca he entendido que el PSOE arrincone, a menudo, al candidato que, más allá de sus bases, más votos concitaría en la ciudadanía. Sucedió en Euskadi y en España con Ramón Jáuregui, y está sucediendo ahora con Javier Fernandez.  No lo entiendo, claro que yo no estoy en el PSOE, y menos aún en sus mentideros.

Este lunes pasado, se reunieron en Versalles los cuatro jefes de los Estados más grandes de la UE. España entre ellos, desde que Gran Bretaña decidiera salirse de la Unión. Dentro de un año, Hollande seguro que no estará. El italiano Gentile, es más que probable que tampoco. La todopoderosa Merkel está en la cuerda floja. En gran parte por su política de apertura a los inmigrantes. Rajoy es el que parece tener más futuro por delante. En Europa y en España. Sí, lo repito: ¿quién lo hubiera dicho hace un año? Aunque, para el futuro le auguraría negros nubarrones, pues ha llevado al paroxismo la desmembración emocional de España que hace tiempo dejó de ser nación para muchos de sus habitantes. Le salvará, quizás, el calamitoso nivel político de sus contrincantes. Pero, para el independentismo catalán y vasco, con Rajoy en el puesto de mando en la Europa a dos velocidades, poco cabe esperar de la internacionalización del conflicto.

Publicado en DEIA y en Noticias de Gipuzkoa el 11 de marzo y en Noticias de Álava el 18 de marzo de 2017.

El reconocimiento de los jóvenes

El reconocimiento de los jóvenes


Al inicio de mi intervención en la XXXII Jornada Diocesana de Enseñanza en Madrid, en la que se reflexionó sobre la construcción de la Casa Común, centrada en mi caso, como se me sugirió, en los jóvenes su sociedad y su contexto, hablé sobre la necesidad del reconocimiento de los jóvenes en su unidad y diversidad. Abordo mis trabajos de sociología juvenil desde tres ideas clave: no hay juventud sino jóvenes, (de ahí mi empeño en elaborar tipologías de jóvenes); que los jóvenes son como son según la sociedad y contexto en el que vayan creciendo (así es falaz comparar la juventud española actual, con la de, digamos, hace 40 años, sin, al mismo tiempo, comparar la sociedad española actual con la hace 40 años) y, en tercer y fundamental lugar, determinar cuáles son los agentes socializadores prioritarios en cada momento y lugar, así como su evolución: familia, escuela, grupos de amigos, medios de comunicación, confesiones religiosas, etc., etc.

En este tercer aspecto no debemos olvidar que vivimos en la era Internet. Esto supone que nos podemos comunicar con quién queramos (que esté conectado a la Red). Lo que comunicamos básicamente es información, pero comunicar información, aun siendo importante, no es lo más importante. Lo más importante es comprender al otro en su singularidad. Comprender al otro exige una serie de actitudes y de conocimientos. La actitud es la de reconocer al otro como otro, saber que el otro es diferente a mí y al mismo tiempo es igual que yo, que los dos formamos parte de la misma especie humana. Supone una actitud de escucha de lo que el otro dice, pero no para replicarle sino para entender porque dice lo que está diciendo. Esto último exige, prácticamente siempre, un cierto nivel de conocimiento: conocimiento de la historia de ese otro, o esos otros cuando hablamos de colectivos de personas. Exige saber cuál es su historia, sus creencias, sus religiones, sus planteamientos vitales, su gastronomía, la forma como entre ellos se entiende la relación en pareja, en la familia, la gobernanza etc., etc. En definitiva, el reconocimiento del otro, o de los otros como colectivo, exige una actitud de escucha comprehensiva de sus palabras y un conocimiento de su singular particularidad. El pensamiento binario del yo y los otros, la idea sartriana de que “el infierno son los otros”, lo impide. No se puede construir una Casa Común sobre la base de los “míos” y los “otros”, “nosotros” y “ellos”.

El filósofo canadiense Charles Taylor, a quien sigo en estas líneas, dice que “el problema clave en la relación con los otros es el reconocimiento. Todo ser humano tiene una necesidad fundamental de ser reconocido”. Es una necesidad primaria que se encuentra tanto en los problemas de los chavales de las chabolas, como en los adinerados que viven esclavos del dinero y de la moda, por dar un par de ejemplos. Es fundamental, en cada momento histórico, en cada cultura, luego también aquí y ahora, detectar donde se sitúan, quienes son, particularmente desde una óptica cristiana, los descartados, por utilizar un término caro al papa Francisco. Es una labor fundamental de discernimiento que exige ojos limpios y unos planteamientos de fondo muy claros. Empezando por planteamientos antropológicos básicos.

Todos los seres humanos somos semejantes desde el punto de vista genético, anatómico, fisiológico, cerebral, afectivo, y todos somos al mismo tiempo diferentes. Ningún individuo es igual a otro, cada uno tiene sus humores, su carácter, su cabeza, sus ojos… Pero no solamente hay diferencias entre los individuos. La cultura nunca ha existido en tanto que LA cultura. Las culturas son todas diferentes, los idiomas, las músicas son todas diferentes. Luego la unidad humana produce diversidad. Lo que es algo vital. En consecuencia, el tesoro de la unidad es la diversidad, pero el tesoro de la diversidad es la unidad. Si olvidamos la unidad humana nos encerramos en nosotros mismos y es el universalismo el que sufre. Esto sería letal para una confesión religiosa como la católica. No cabe hablar de la Iglesia española, francesa, alemana etc., sino de la Iglesia Católica en España, en Francia, etc. Pero si se olvida la diversidad humana entonces caemos en una abstracción ciega, fuente de opresión del más poderoso. Ya Maritain, en la segunda década del siglo pasado, lanzaba la alerta de no confundir la universalidad de la Iglesia con lo que denominaba como la latinidad.

En este orden de cosas, me gusta recordar el esfuerzo del Padre Arrupe, que nos recibe en el nuevo puente de la Universidad de Deusto, con su empeño en la aculturación de la fe en las diferentes sociedades donde se inserta la confesión católica. Esto vale también para los jóvenes y para los mayores, para todos. Pienso que debe ser resaltado, como necesidad fundamental del reconocimiento del “otro”, en la construcción de la Casa Común. Todos somos iguales y todos diferentes. Personal y colectivamente hablando. Es en esta dialéctica en la que debemos construir la Casa Común. Los católicos ya vivimos esta dialéctica entre la Iglesia Universal y las Iglesias particulares. E, incluso en el interior, tanto de la Iglesia Universal como en la de la inmensa mayoría de las iglesias particulares. En el actual mundo pluralista, esta es una de nuestras riquezas: la unidad en la diversidad.


Publicado en “Alfa y Omega” el 9 de marzo de 2017

jueves, 9 de marzo de 2017

Por la Democracia (Texto de Fernando Mires)




Por la Democracia (Texto de Fernando Mires)


Un amigo me envía un excelente artículo que abajo reproduzco. Estoy de acuerdo con sus tesis. Quizá le falta añadir, en sus menciones a los responsables de Corea de Norte y de Cuba, Siria y no pocos del mundo islamista. No me atrevo, por insuficiente conocimiento incluir a otros dirigentes de Oriente Extremo, China, Pakistan etc…..(JE)
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Hay que defender a esa luz que vino de Atenas; por Fernando Mires


Muchos hablan de populismo para referirse a movimientos políticos que han signado a la política de América Latina durante los dos últimos decenios y a la de Europa de los tiempos actuales. Pero no hay populismo sin apellidos. Así lo aprendimos de Ernesto Laclau, teórico del populismo por excelencia.

Laclau vio incluso en el fascismo una forma de populismo. Hay populismos democráticos y antidemocráticos, formuló hace un par de años Chantal Mouffe, apuntando en la misma dirección que Ernesto.

Esa es la razón por la cual algunos hemos decidido renunciar al uso exagerado del concepto populismo. Son en verdad muy diferentes las realidades a las que alude. Seguir denominando como populista a un movimiento fascista y a uno democrático a la vez, oscurece en lugar de aclarar.

Lo dicho vale para la Europa de 2017 donde estamos asistiendo al surgimiento de fenómenos de masas que portan consigo características similares a las de los movimientos fascistas y comunistas que hicieron su puesta en escena durante las décadas de los veinte y de los treinta del siglo pasado. Populistas, los llaman.

Neofascistas, he denominado sin vacilar a algunos de ellos en diferentes artículos. Y lo he hecho no para insultarlos sino porque en sus más diferentes versiones contienen tres elementos propios al fascismo originario:
1. Relación directa entre masa y líder (sin mediaciones interestatales)
2. Identificación de un enemigo común.
3. Revuelta en contra de la democracia liberal y sus instituciones.

Tanto Putin, Erdoğan, Trump, Orbán, Wilders, Le Pen y Petry, desde distintas naciones, gobiernos y partidos, coinciden en su enemistad declarada a la democracia liberal, a los valores que representa y a las instituciones que la sostienen. La política es concebida por ellos como una relación directa entre masa y líder. Todos se declaran enemigos de la división de los poderes, según ellos, un impedimento para el decisionismo del poder supremo. Por eso Putin, Orbán, Erdoğan, Trump, y en América Latina, Maduro, Morales y Ortega, gobiernan mediante decretos.

El objetivo común a todos esos autócratas y aprendices de autócratas, al igual que los defensores de los totalitarismos de ayer (comunistas y/o fascistas) es la destrucción del Estado democrático y su sustitución por uno autocrático. Steve Bannon, ideólogo de Trump, lo ha dicho de un modo radicalmente sincero: “Hay que destruir al Estado”.

La tesis de la destrucción del Estado —propia a los movimientos neofascistas de nuestro tiempo— no es nueva. Marx la adoptó de su amigo/enemigo, el anarquista Bakunin, e intentó darle, aunque sin éxito, un formato científico. Los liberales económicos y sus hijos, los neoliberales, mucho más cerca del anarquismo que del liberalismo político, imaginaron a su vez que la economía debía ocupar el lugar del Estado. Y así como Lenin, ordenó ¡todo el poder a los Sóviets! (sin parlamento y sin justicia) los neoliberales corearon después: ¡todo el poder a las empresas!

Para comunistas, fascistas y liberales económicos, es la gran paradoja, la tesis de la supresión del Estado fue elaborada no para suprimir el poder sino para fortalecerlo. Pues al Estado también pertenecen instituciones de contra-poder como son el parlamento y una justicia independiente, destinadas a contrarrestar y controlar al ejecutivo. Así se explica por qué algunos dictadores de nuestro tiempo, desde Putin, pasando por Erdoğan, hasta llegar a Maduro, orientan sus esfuerzos a destruir a los parlamentos y a la justicia, es decir, a la sustancia misma del estado democrático.

La utopía de las dictaduras ha sido y es la de crear gobiernos-estados: el poder librado a su más brutal expresión ejecutiva (y militar). Esa es la razón por la cual la tarea de los demócratas ha sido, es y será, la de defender al Estado. Pues sin Estado no puede haber política.

Defender al Estado y a sus instituciones es defender a la razón y al sentido de la política de sus enemigos. Sean ellos fascistas y comunistas como ayer, o putinistas, erdoganistas y maduristas como hoy. E incluso —si las cosas se dan en los EE.UU. de acuerdo a las palabras de Bennon— trumpistas.

La democracia de nuestro tiempo surgió, no hay que olvidarlo, de un pacto no firmado entre tres tendencias políticas de la modernidad: la democracia social, el liberalismo político (no confundirlo con el económico) y el conservativismo de inspiración cristiana. Sus representantes son hoy atacados y ridiculizados por los enemigos del Estado democrático. En cambio los líderes antiestablishment (antiestado) en su mayoría personajes incultos y brutales, son elevados como modelos frente a los políticos (“la élite” en el lenguaje neofascista) es decir, frente a los defensores del Estado y sus instituciones, caracterizados por ellos como complacientes, progres y buenistas.

Hoy como ayer asistimos a una rebelión antipolítica hecha en nombre de la política pero en contra de la política.
Hace ya muchos siglos la barbarie espartana logró destruir a la democracia, a la cultura y a las instituciones de los atenienses. Según Hannah Arendt, el ideal de la armonía que cultivaban los atenienses terminó por volverse en contra de Atenas. Hoy, sin embargo, los demócratas tenemos una segunda chance. Ha llegado la hora de pasar a la ofensiva, identificar a los enemigos de la democracia y combatirlos donde estén. Frente a ellos no se puede ser buenistas.
Se avecinan batallas políticas decisivas en Holanda, Francia y Alemania. De la suerte de las elecciones en esos tres países dependerá —creo que no exagero— el futuro de la democracia en Europa. Y tal vez en el mundo entero. Hay que salvar a la luz de Atenas frente a la oscuridad que avanza desde las Espartas del siglo XXl.

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domingo, 26 de febrero de 2017

Entre Rusalka y Wozzeck

Entre Rusalka y Wozzeck

Esta tarde he visto y escuchado en directo, la representación en el MET, de Rusalka de Dvorak, en un cine de Donosti. Magnificas las voces, magnifica la puesta en escena de una música hechizante que va a más del primero al tercer acto. El arranque con las ninfas, por una asociación de ideas que se me escapa, me ha llevado al arranque y final del Anillo de Wagner. Es una música para una escena de humanos y extrahumanos, los dioses, las ondinas y los nibelungos en Wagner, y las ninfas, brujas- Jezibaba- y duendes del agua en Rusalka.


Estamos en un mundo, con humanos y, lo digo así, extrahumanos, que puebla toda la música hasta el siglo XX, y en no pocas obras del siglo XX también. Trabajando estos meses la cuestión de la búsqueda de la autonomía de la ética y del hacer de los humanos, en el tiempo presente, frente a la heteronomía de (vuelvo a utilizar el mismo término) de los extrahumano, en el pasado aún reciente, me viene a la cabeza, a botepronto, Wozzeck de Berg como música enteramente autónoma. Libreto y música acongojonantes. En abril volveré a sumergirme, por cuarta vez que recuerde, en los poco más de 100 minutos de esta obra paradigmática del siglo XX. Un mundo sin dioses o de hombres que se creen dioses. Es muy duro ser (pretender ser) Prometeo.