jueves, 15 de noviembre de 2018

Los españoles y la Iglesia católica a finales de 2018


Los españoles, ¿cómo la ven y qué esperan de la Iglesia? ¿Por qué?

(Materiales para la intervención en la XIV Jornada de Vicarios de Pastoral en Madrid el 5 de noviembre de 2018)

Guion del texto

1. El contexto básico en el que se vive lo religioso en el occidente del sur de Europa:
.la dimensión filosófica: del Dios de los cristianos a la divinización de la sociedad
            .la dimensión sociológica: un mundo global, plural, secular
2. La autodefinición religiosa en España en los últimos 40 años.
3. El auto posicionamiento religioso de los españoles en octubre de 2018
4. La confianza en la Iglesia Católica
5. Valoraciones de diferentes aspectos de la Iglesia Católica
6. Lo que los jóvenes piden a la iglesia
7. El limitado papel de la iglesia en la socialización de las nuevas generaciones.
8. ¿Cómo hemos llegado hasta aquí?
. Unas notas socio culturales que contribuyeron, directamente, a la mutación socio-religiosa
. Algunos factores internos a la propia Iglesia
9. Otra Iglesia posible en la era global, plural, secular y postsecular.
            . Un apunte sobre una cuestión grave: la pederastia en el clero
10. Cerrando que no concluyendo. ¿otra guerra de dioses?


1.El contexto básico en el que vive lo religioso en el occidente del sur de Europa

Distinguimos aquí, en esta entrada que estimamos capital, dos aspectos contextuales en los que pensamos hay que inscribir tanto la dimensión de la fe como la actitud hacia la Iglesia en el mundo occidental del sur de Europa. Cabría un tercer aspecto que se centrara, exclusivamente, en la contextualización en la especifica sociedad española. Pero ya los dos aspectos retenidos nos parecen ocupar mucho espacio. Y España se encuentra de pleno en esos contextos, aunque admitimos que una concretización en la sociedad española sería bienvenida.

a)    La dimensión filosófica: del Dios de los cristianos a la divinización de la sociedad


Trabajando estos meses pasados un texto soberbio de Roberto Calasso[1], a propósito de una citación de unos de los libros fundantes de la sociología religiosa de todos los tiempos, “Les formes élémentaires de la vie religieuse” de Emile Durkheim[2], volví a su lectura que realicé en mis años de estudiante.  El texto de Durkheim, soberbio, me sugiere los siguientes subrayados, perfectamente válidos para la sociedad de nuestros días:

-        La sociedad es más que la suma de individuos. Así como la conciencia colectiva es más que la suma de conciencias individuales.
-        La sociedad tiene entidad propia, aunque no es independiente de las personas que la componen, bien al contrario, necesita de las personas para alcanzar sus fines. Hay un “comercio”, dirá Durkheim, entre la sociedad y las personas que la componen.
-        Esa sociedad crea un dios, que “de hecho, es antes que nada un ser que el hombre representa, en cierto modo, como superior a sí mismo y del que él cree que depende”.
-        La sociedad tiene capacidad de coerción sobre los individuos, a partir del momento en que la divinizamos.
-        Esto es independiente de que el dios sea una figura concreta (Zeus o el Dios bíblico, Yahvé), sean fuerzas más o menos abstractas (tótem o las fuerzas de la naturaleza) sea la sociedad, como entidad propia.
-        La religión para Durkheim tiene como objeto crear o mantener cierta cohesión social. Que se haga por el tótem, el temor a la naturaleza, los dioses de la antigüedad o la sociedad de nuestros días, lo esencial no es la verdad de los dioses sino la función que cumplen.
-        Llegados a este punto, la pregunta, brutalmente planteada, es la de saber si salimos ganando, con los dioses totémicos, los dioses personalizados (uno o varios, de los judíos, persas, griegos, romanos, musulmanes, cristianos, etc.) o con el dios de la sociedad, con la sociedad - dios.
            
Ya en las conclusiones de su estudio Durkheim escribe que “el ideal colectivo que la religión expresa no es consecuencia de no se sabe bien qué poder innato del individuo, pues es en la escuela de la vida colectiva donde el individuo ha aprendido a idealizar. Es asimilando los ideales elaborados por la sociedad que el individuo es capaz de concebir el ideal. Pues es la sociedad (…) la que le ha contraído la necesidad de alzarse por encima del mundo de la experiencia…”. (p.604). Es, pues, claro para Durkheim, el papel de la sociedad como agente primordial de creación de cosmovisiones, como agente de socialización, como instancia de lo políticamente correcto, de lo obvio, de lo indiscutible, de las certezas indiscutibles. Y ahí estamos.

En consecuencia, la independencia, autonomía y capacidad de coerción de la conciencia colectiva de una sociedad concreta, una vez constituida, adquiere así, para Durkheim (y lo corrobora Calasso) los rasgos de una divinidad que, aunque creada por una síntesis de las conciencias particulares, se impone a esas mismas conciencias particulares, con poder coercitivo. Falta por explicar (lo que no haremos en estas páginas) cómo se crean determinadas ideas en la conciencia colectiva, estas y no aquellas, ideas que pretenden imponerse sobre las conciencias particulares. También, qué función persiguen, aunque parece que, en el caso de las ideas religiosas, según Durkheim, pretenderían lograr o preservar la cohesión de una sociedad. En efecto, la divinización de la sociedad nos lleva a pensar que esa, precisamente esa, sería la pretendida función del dios-sociedad. Pero ¿lo logra? Difícil responder afirmativamente dado el pluralismo actualmente reinante. Nosotros nos inclinamos a pensar que la divinización de la sociedad, tras la exculturación social de lo religioso en general y de los dioses religiosos más en particular, en realidad nos lleva, en el actual mundo secular, a una nueva “guerra de dioses”.

Pero, de entrada, debemos formularnos la cuestión de saber qué consecuencias tiene para nosotros, ciudadanos de las primeras dos décadas del siglo XXI, el hecho de que hayamos delegado en la sociedad, divinizándola, el sistema de legitimación de las relaciones sociales, de los valores dominantes que nos dicen lo que es bueno y lo que es malo, y cuáles son las prioridades por las que debemos esforzarnos para mantener, al menos, un simulacro de cohesión social. No otro es el nudo gordiano, sí le he entendido bien, que pretende desentrañar la reflexión de Calasso, tras constatar la sociedad divinizada en la que nos encontramos.

La sociedad secular sería esa sociedad que no cree en nada que esté más allá de sí misma de tal suerte que ha renunciado a toda creencia y se limita a observar, estudiar, analizar lo que sucede en su derredor. Y lo hace con la buena conciencia de lo que en el pasado sucedía cuando, debido a determinadas creencias, particularmente las religiosas, se vivían las, precisamente denominadas, “guerras de religión” en choques no tanto por creencias religiosas, sino por las diferentes creencias en las que se basaban los poderes políticos, justamente para justificarse o asentarse en su poder. Este argumentario está muy en boga en nuestros días, conformando uno de los pilares de la conciencia colectiva por utilizar la terminología durkheimiana. Aunque, no es difícil recordar, que el siglo XX vivió dos terroríficas guerras, donde la dimensión religiosa apenas fue importante y, en la segunda, con dos líderes, Stalin y Hitler que, en nada cabe definir como líderes de religiones religiosas. Pero, no es menos cierto que, en España, una rebelión militar fue tildada de cruzada.

En mis lecturas de pensadores que se declaran agnósticos y en  conversaciones con amigos del mismo talante, constato una idea que asoma cada vez que sale a relucir la religión cristiana: “me quedo, dicen, con su doctrina moral de “amaros los unos a los otros”, del amor universal sin acepción de personas, de una religión que se pretende universal y no religión de un pueblo, etc., etc., pero no me hagan creer en un hombre dios, en una resurrección, en un dios trinitario, en un más allá donde nos veremos las caras al final de los tiempos…”. Admiten la religión cristiana como un eslabón de la conciencia de la humanidad (al menos en Occidente) que, con la Ilustración y el avance de la Tecnología, cabe limitar a su dimensión caritativa, expresión a la que preferirán la de solidaría o fraterna. No faltará quien piense que, a fin de cuestas, la religión cristiana está muriendo de éxito: está en la base del humanitarismo contemporánea, pero debe renunciar, o dejar en paréntesis, al menos en público, su trascendencia.

En consecuencia, ahora, que ya se está aceptando que el cristianismo es “la religión que ha propiciado la salida de la religión” en la organización social y política del planeta (Gauchet) puede, y debe, según algunos, limitarse a ser una de las tantas instancias críticas para la humanización de la sociedad. No veo problema alguno, bien al contrario, en que el cristianismo en general y el catolicismo en particular, sea una de las instancias críticas para la humanización de la sociedad, pero a condición de no querer reducirla a una gigantesca ONG extendida por todo el planeta que, amén de difícil gobernabilidad, se hubiera amputado de su dimensión transcendente, ocultando lo divino, limitándolo a lo sumo para culto y cultivo privado.

Pues entonces se reduciría la religión a una moral, que, a la postre, parece que se convierte en humanismo, consecuencia del pensamiento secular. Es lo que Calasso denomina el “secularismo humanista” que no sería sino una religión secular cuyo objetivo fuera la prosperidad, la justicia, el bienestar de los homínidos, últimamente en búsqueda de buena armonía con el mundo animal en un planeta en riesgo de explosión por la funesta actuación de los primeros, los homínidos, realmente los malos de la película. He aquí una religión, basado en la sociedad, en los individuos de la sociedad, quienes, convertidos en conciencia crítica, aquí y allá, por esto y por aquello, (basta consultar el dial de las radios y televisiones), coinciden en dejar de lado toda conciencia que no provenga de ellos mismos, pero que, al mismo tiempo, entienden, que no son otros, sino ellos mismos, los principales depredadores del mundo en construcción. Con lo que cerramos el circulo. No estaba peor la humanidad, ni tenía mejor conciencia de sí misma, después del pecado de Adán y Eva si seguimos a Pablo de Tarso y a Agustin de Hipona, aunque estos veían una salida al círculo. Para no caer, donde ahora estamos, en el círculo cerrado y opresivo del mal generalizado, creado por el hombre para su pena.

b)    La dimensión sociológica: una sociedad global, plural, secular.

El pluralismo es una realidad empírica que viven las personas en su vida cotidiana. El pluralismo es consecuencia, o es concomitante, con la modernidad. Los historiadores, los filósofos y los teólogos, pensando en el mundo occidental, sitúan la modernidad en la Ilustración, en la salida de la Edad Media. Por otra parte, los sociólogos, economistas, el mundo de la empresa, en general los expertos tanto en Ciencias Sociales como en las denominadas Ciencias “duras” o, exclusivamente empíricas, sin olvidar a las Ciencias Médicas o de la Salud, sitúan la modernidad también en consonancia con los avances científico-técnicos. En sociología de la religión ambos abordajes son pertinentes y así lo hacen los grandes expertos mundiales, Peter Berger entre ellos[3]. Luego la implantación social del pluralismo a lo largo del planeta, cabe relacionarla, prioritariamente, con la dimensión de la modernidad y, más concretamente, como consecuencia de los avances científico - técnicos de todo orden.
En este contexto, sostengo que la fe cristiana y, más en concreto, la vivida en la confesión católica (que privilegio en mi análisis, pues en ella me inscribo) sufren un gigantesco revolcón cuyo futuro está, básicamente, en la forma como lo abordemos.

El pluralismo, la duda y sus derivas.

Cuando el pluralismo se apunta en la sociedad pre- moderna, y se instala en la moderna de matriz católica, lo que es el caso de los países del sur de Europa, luego también de España, ya no es posible hablar del “supuesto de catolicidad” en el ámbito de las certezas. El pluralismo religioso conlleva a la desinstitucionalización política de la religión[4] y a la subjetivación de la fe. El pluralismo constituye el gran desafío al que se enfrenta en nuestros días cualquier tradición y comunidad religiosa. La verdad religiosa de cada creyente no aparece como algo obvio, evidente, como una certeza incuestionable desde el momento en que conocemos y más todavía si convivimos o conversamos con personas de otra confesión religiosa o con personas que se dicen no creyentes.

Berger muestra empíricamente y defiende sociológicamente lo que denomina, a lo largo de todo su trabajo, los dos pluralismos en la sociedad actual en el ámbito de lo religioso, a saber: el pluralismo interreligioso dada la coexistencia de diferentes religiones, por un lado y, la coexistencia de los discursos secular (“etsi Deus non daretur) y religioso, por el otro. Personalmente me permito añadir que vivimos también un pluralismo intraeclesial. Es evidente en el caso de la Iglesia Católica, a lo largo de su historia y, particularmente desde el Concilio Vaticano II.

En esta situación sociológica, la duda aparece como un elemento esencial de la fe religiosa en una sociedad pluralista. “Una fe que no duda es una fe dudosa”, ya decía Christian Duquoc, creo que en su libro “Jesus, hombre libre” hace más de 40 años (he perdido la referencia), pero también nos advertía Newman del riesgo de poner “más el acento en el ejercicio de la fe que en el objeto de la fe, en la seguridad y fuerza persuasivas de la doctrina que en la propia doctrina. Así la religión acaba siendo una contemplación de sí mismo y no de Cristo”[5].

De ahí la necesidad de bien saber gestionar la duda y escapar de dos de sus derivas más nefastas: el relativismo y el fundamentalismo.

El relativismo, no solamente supone que todo vale, que cada cual pueda opinar libremente de lo que quiera pues no hay ninguna verdad inalterable. Además, los que defienden ese planteamiento lo hacen con el convencimiento de que esa es la auténtica forma de pensamiento de la modernidad. Más aún, es la forma superior de pensamiento, a la que no se tardará de darle el epíteto y el marchamo de pensamiento tolerante, con lo que prostituimos el término de tolerancia, que queda degradado a la idea de que cada cual puede pensar lo que quiera (sin violencia añaden algunos) sin necesidad de dar cuenta de porqué piensa como piensa, pues el mercado de las ideas y de las opiniones está abierto, sin limitación alguna.

El fundamentalismo es la respuesta del débil que no sabe o no puede gestionar la duda. Es un intento de restaurar la certeza, es la búsqueda de la seguridad y responde a la demanda de superar la incertidumbre. En realidad, no son legión, precisamente, quienes pueden soportarlo en todas sus exigencias. La duda y, sobre todo la reflexión sobre el objeto de la duda es algo difícil de llevar. Lo mismo cabe decir de la gestión de la duda. Para la institución religiosa sí, y para cada persona, en particular, también. Para no caer en el pozo de la duda sistémica y en el autismo del pensamiento, como nos decía Newman.

El relativismo conduce al individuo hacia el nihilismo moral; el fundamentalismo hacia el fanatismo. Como escribe Berger “el fundamentalismo balcaniza una sociedad, llevando, o bien a un conflicto permanente, o bien a la coerción totalitaria. El relativismo socava el consenso moral sin el cual no puede subsistir ninguna sociedad” (p. 41). La única salida posible consiste en superar la polaridad fundamentalismo-relativismo, mediante la deliberación, la mesura y la superación, con una crítica fundamentada, más allá de las dos derivas de la incertidumbre en la sociedad plural de nuestros días.

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Es en el horizonte de estos contextos donde creo que hay que situar la cuestión de la fe religiosa y, en el marco de esta conferencia, también la relación con la Iglesia Católica. Apuntemos, de entrada, que, según el Anuario Estadístico de la Iglesia, a fecha de 31 de diciembre de 2016 (consultado el 22 de octubre de 2018) la población mundial era 7.350.000.000 personas, con un aumento de 103.000.000 personas respecto al año anterior, de los que el número de católicos era de 1.300.000.000 personas, con un aumento total, en un año de 14.000.000, en el planeta. Excepto en Europa donde perdió 240.000 personas. Los católicos somos el 18 % de la población mundial, con descensos generalizados de fieles, sacerdotes, religiosas, y seminaristas en Europa y cada día más, también en América. Aunque aumentan en África y Asia. Oceanía se balancea. Aumentan los misioneros laicos, particularmente en América, y en África. Descienden en Asia, Europa y Oceanía. Para el detalle consúltese el Anuario mencionado.

2. La evolución de la autodefinición religiosa en los últimos 40 años.

La autoidentificación religiosa es una fórmula que ya se utilizaba en los tiempos del FOESSA de 1960 del siglo pasado para constatar cómo se definían, en materia religiosa los españoles de más de 18 años. La Tabla 1, resumen de muchas encuestas, nos ofrece una información muy rica de la evolución de los españoles en el auto posicionamiento religioso estos últimos 40 años. No hemos querido ir más allá en el tiempo, y limitarnos a los años de la restauración democrática en España, luego desde 1978, pues el contexto social era muy diferente durante el franquismo y nos hubiera obligado detenernos en explicitarlo y ponerlo en comparación con los de la democracia.

Tabla 1. Auto – posicionamiento religioso de los españoles mayores de 18 años. Evolución 1978- 2017. Datos en % verticales


1978
1986
1996
2002
2006
2010
2015
2017
2018
Católico
90,5
88,9
83,3
80,8
77,1
73,6
71,8
69,8
66,2
Creyente
Otra religión
0,6
0,7
1,2
1,6
1,5
2,5
2,1
2,6
2,8
No creyente
2,5
4,2
4,3
11,2
13,2
15,0
14,3
15,7
17,2
Indiferente *
5,1
5,0
6,5
-
-
-
-
-
-
Agnóstico *
-
-
2,0
-
-
-
-
-
.
Ateo *
-
-
2,3
15,8
6,3
7,5
9,9
9,5
11,2
NS/NC
1,2
1,2
0,9
2,0
1,9
1,4
1,9
2,4
2,6
N =
5706
8281
2492
10476
2481
2480
2480
2490
2973
Estudio nº
1154
1542
2214
2455
2666
2856
3114
3164


Fuente: Estudios del CIS
Los datos de 2018 son del mes de octubre
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Los datos son elocuentes. Retengamos tres notas mayores:
-        Añadamos que los datos nos hablan también de la persistencia de la “marca” católico en la sociedad española:  en la encuesta del CIS presentada el mes de octubre de 2018, dos terceras partes de los españoles se sitúan en la escala de posicionamiento y auto identificación religiosa como católicos.
-        Anotemos también que el porcentaje de no creyentes ha aumentado fuertemente, pasando del 3 % en 1978 al 17% el año 2018. También el de indiferentes, agnósticos y ateos. Si los adicionamos a los anteriores supera al 28% de españoles, más de un cuarto de la población española.

Llamamos la atención sobre la importancia de la tabla número 2, donde presentamos la evolución del auto posicionamiento religioso entre los jóvenes y en el conjunto poblacional.

Tabla 2. Evolución del auto posicionamiento religioso en jóvenes y en el conjunto poblacional


Todos (18 y + años)
Jóvenes (15-24 años)

1978
2017
17-78
1975
2017
17-75
Católicos
91
70
  -21
68
48
   -20
No creyente, Ateo
Indiferente, Agnóstico
8
27
+ 19
29
45
+16
Creyente otra religión
0,6
2,6
+ 2,0
1
5
+4,0


Dos notas a destacar en esta Tabla. En primer lugar, hay que confirmar que, en todo tiempo, en un análisis sincrónico de la sociedad española moderna, las personas mayores han dado unos valores socio religiosos más elevados que los jóvenes, lo que todo el mundo reconoce. Pero en el análisis diacrónico constatamos que, en el tiempo, la evolución se constata tanto en el conjunto poblacional como en el segmento juvenil, con apenas diferencias que, por otra parte, tienen varias explicaciones en las que aquí no nos podemos detener. En el conjunto poblacional español, como ya hemos reseñado más arriba, el porcentaje de los que se dicen católicos, en los cuarenta años que separan los años 2018 y 1978 ha descendido un 24 %. Esta cifra en la población juvenil en los prácticamente mismos cuarenta años, esta vez de 2017 a 1975, ha descendido un 20 %. Porcentaje similar.

Si nos detenemos en las cifras de los que se declaran no creyentes, indiferentes, ateos o agnósticos, llegamos a las mismas conclusiones. Aumenta en un 19 % en el conjunto poblacional y un poco menos, 16 %, entre el sector juvenil. Quizá algo tenga que ver el que haya aumentado, en la misma proporción, quienes se dicen creyentes de otra religión.

La conclusión de todo esto va más allá del ámbito exclusivamente religioso, aunque también concierne al ámbito religioso. Muestra, con este indicador concreto, que la evolución de valores y sistemas de legitimación en la sociedad española de los últimos cuarenta años, entre ellos los religiosos, ha afectado al conjunto poblacional, luego también a los jóvenes; que no hay ruptura generacional sincrónica y que, de haberla, hay diacrónica; que es falso decir que la juventud actual “ha perdido valores” (afirmación que siempre quiere decir que los valores asignados a un colectivo concreto, son diferentes a los del enjuiciador) y que lo que en realidad ha sucedido es que toda la sociedad española ha evolucionado hacia otro sistema de valores, en los que, la afirmación de la catolicidad ha bajado unos enteros. En los adultos y en los jóvenes.


En este apartado nos detenemos en el auto posicionamiento religioso de los españoles según la encuesta del CIS del mes de octubre de 2018. Lo haremos buscando el perfil socio religioso de los españoles a tenor de su sexo, edad, condición socioeconómica, preferencias políticas, tamaño del hábitat en el que resida, así como la Comunidad Autónoma en la que vive. Pero, en el cuerpo del texto nos limitamos al perfil según sexo y edad.

Tabla 3. Cómo se define en materia religiosa, según el sexo y la edad. Datos en porcentajes verticales


Todos
Hombre
Mujer
18-24
25-34
35-44
45-54
55-64
65 +
Católico
66
60
72
42
46
57
66
75
86
Creyente otra Rel.
2,8
3
3
5
4
3
4
1
2
No creyente
17
20
15
31
26
24
15
15
6
Ateo
11
14
8
19
23
13
12
7
3
N =
2973
1437
1536
224
412
559
558
475
745
 
Fuente: Barómetro del CIS de octubre de 2018
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Las mujeres en su conjunto nos ofrecen unas valencias socio religiosas superiores a las de los hombres: el 72 % se dicen católicas frente al 60 % de los hombres. Así mismo el 23 % se declaran no creyentes o ateas, frente al 34 % en los hombres. Pero apuntamos, también que, en estudios de juventud, en determinadas variables (algunas relacionadas con la Iglesia), las mujeres universitarias o de estudios superiores presentan valores más críticos que los hombres.

La segmentación de datos según la edad es particularmente significativa. Así, constatamos que, a medida que avanzamos en edad disminuye, nítida y continuadamente, la proporción de españoles que se dicen católicos: el 86 % de los que tienen 65 y más años que doblan en porcentaje de católicos a los jóvenes de 18 a 24 años, de los que apenas el 42 % se dicen católicos. Obviamente, si nos detenemos en la suma de los que se declaran no creyentes y ateos, la comparación es, también, sumamente significativa: así se posicionan el 50 % de esos jóvenes, mientras que, entre los mayores de 65 años, la cifra se reduce al 9%. Estamos en dos mundos diferentes. Una gran mayoría de personas que se manifiestan católicas en los españoles de más de 65 años y una mayoría, aunque ligera, de jóvenes que se posicionan como no creyentes o ateos, en proporción superior a la de los que, en esa franja de edad, se dicen católicos. En España, la juventud ya no se dice, en mayoría, católica.

Por otra parte, de la gran Encuesta “Ser cristiano en Europa Occidental”, realizada por Pew Research Institute[6], entre abril y agosto de 2017 en 15 países, todos del norte y del occidente europea (católicos y protestantes), luego faltan los que estuvieron en la órbita de la URSS y los de Grecia (ortodoxos) tramos aquí, unos poquísimos datos, todos, referidos a España. 

. El 21 % de los españoles se dicen cristianos practicantes (ir a la iglesia al menos una vez al mes), el 44% cristianos no practicantes (acuden a la iglesia con menor frecuencia) y el 30 % se posicionan como no religiosos (sin religión).
. A la pregunta de “¿cuál es su religión en la actualidad, si es cristiano, musulmán, judío, budista, hindú, ateo, agnóstico, practica otra religión o ninguna en particular?”, el 66 % de los españoles responden que se consideran cristianos, cifra que se corresponde, milimétricamente con la proporción de los que se dicen católicos en el barómetro del CIS de octubre de 2018.
. Para el 37 % de los españoles “La ciencia hace que la religión sea innecesaria en mi vida”. Entre los cristianos practicantes esta cifra es del 18 % y del 29% entre los que se dicen cristianos no practicantes, subiendo al 63% entre los “Sin religión”. En este punto la adscripción religiosa discrimina muy fuertemente, la ciencia haciendo innecesaria la religión en la gran mayoría de los “sin religión”.
. Si actualmente el 66% de los españoles se consideran cristianos, sin embargo, el 92 % señala que fueron educados como cristianos, luego, a lo largo de su vida, un 26% de ciudadanos españoles, han dejado de considerarse cristianos. Por otra parte, si nos centramos en el 30% de españoles que, en la actualidad, se posicionan como “sin religión”, el 91 % dicen haber sido bautizados, el 86% criados como cristianos y solamente el 13 % criados “sin religión”. El trasvase de “cristianos” a “sin religión” a lo largo de su vida es, pues, muy claro. Si nos detenemos en el conjunto poblacional afecta, en torno al 25 % de españoles. Si lo hacemos en los que, en la actualidad, se consideran sin religión, nada menos que el 86% manifiestan que fueron educados en religión.

4. La confianza en la Iglesia

La Tabla 4, recoge los resultados de una pregunta que llevan formulando los encuestas del European Values Study desde sus inicios al final de los años 70 y comienzos de los 80 de siglo pasado con una periodicidad de unos 10 años[7]. Los resultados, aplicados a España, están en la Tabla 4, en la que hemos añadido los resultados de la Encuesta Mundial de Valores de 1995, en la que también participamos.

Tabla 4. Evolución de la confianza en diferentes instituciones en España. Suma porcentual de los que dicen tener “mucha” y “bastante” confianza. Ordenados por ranking descendente de confianza el año 2008



1981
1990
1995
1999
2008
2008 - 1981
Sistema de sanidad
-
-
-
64
79
+ 15
Seguridad Social
-
39
-
62
75
+ 36
Sistema de enseñanza
50
61
-
65
71
+ 21
Policía
63
57
61
54
69
+ 6
Fuerzas armadas
41
41
42
42
57
+ 16
Unión Europea
-
51
48
45
55
+ 4
Parlamento
48
42
35
44
49
+ 1
ONU
-
-
44
36
47
+3
Admón. Pública
38
36
40
38
44
+6
Sistema de Justicia
48
45
-
41
43
        -5
Prensa
46
51
42
40
37
  -9
Sindicatos
31
39
30
25
37
+8
Grandes Empresas
37
48
44
32
36
-1
La Iglesia
50
53
49
41
33
-17
OTAN
-
23
-
27
33
+10
Partidos Políticos
-
-
-
-
17
-
N =
2.303
1.510
1.211
1.200
1500


  Fuente: European Values Study para 1981,1990, 1999, 2008 y Worlwide Values Study para 1995
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Mostramos a continuación unos datos la confianza en instituciones en España de enero de 2018

Tabla 5. Confianza en Instituciones. España, enero 2018, según edad y en orden decreciente de confianza (escala 1 a 10).


Todos
17-30 años
31-64 años
65 y + años
FCSE
6,3
4,8
6,7
7,2
Ejercito
5,8
5,1
5,9
6,2
Monarquía
5,7
3,8
5,9
6,9
Prensa
5,0
3,1
4,0
5,3
Iglesia
3,4
2,5
3,7
3,6
Empresarios
2,9
3,4
2,8
2,6
Justicia
2,8
2,1
3,0
2,9
Sindicatos
2,3
3,3
2,0
2,2
Gobierno
2,2
1,4
2,2
3,4
Senado
2,1
2,5
1,9
2,6
Congreso
1,8
1,9
1,8
1,9
Partidos
1,2
1,5
1,1
1,0

Fuente: Sociométrica para “El Español”

Tras su consulta, el resumen sería este: La Iglesia se mantiene aproximadamente en el mismo puesto del ranking global y con unas cifras similares: 3,4 en la escala de confianza de 0 a 10. Ceo que podemos retener la cifra 3 y pico, o el porcentaje 30 y algo por ciento, para situar el nivel de confianza en la iglesia católica. Lo voy a decir de a siguiente manera: del orden de uno de cada tres españoles manifiestan tener confianza en la Iglesia católico. También cabe decir que una escala de confianza en las instituciones de 0 a 10, la Iglesia, más o menos en el centro de las instituciones, se sitúa en torno al punto 3,3 de nivel de confianza.


En diciembre de 2016, el Instituto de estudios “Metroscopia”, sito en Madrid, que dirige mi buen amigo el Catedrático de Sociología José Juan Toharia, publicó los resultados de un Barómetro de Confianza institucional en Francia, Italia y EE. UU. al que añadió los que llevó a cabo (realizó tres) Metroscopia para España[9]. Según este trabajo, la Iglesia Católica en España, Francia e Italia, y bajo la denominación “las religiones organizadas” en Estados Unidos, recibe un similar nivel de confianza ciudadana: en torno al 40 % (39% en España).

Se pregunta por la confianza en 43 instituciones, organismos y colectivos concretos (funcionarios, jueces, curas…) Por comodidad en la lectura, en las tablas 6A y 6B presentamos los resultados, para España, del trabajo de Metroscopia.

Tabla 6A. Instituciones y entidades que aprueban o desaprueban los españoles en el modo como desempeñan sus funciones.
 En % descendentes de aprobación

Instituciones y entidades
Aprueban en %
La Policía
87 %
Las pequeñas y medianas empresas
84
Las ONGs
83
La radio
82
Internet
80
La Guardia Civil
80
La obra social de la iglesia (Caritas)
76
La sanidad publica
75
Las Fuerzas Armadas españolas
72
La universidad
63
El Tribunal Constitucional
56
La prensa (los periódicos)
55
La televisión
51
El Tribunal Supremo
50
Los medios de comunicación
49
Los ayuntamientos
49
Las grandes empresas españolas
41
El Gobierno del Estado
40
La Iglesia Católica
39
Las multinacionales
37
Las instituciones políticas, en general
28
La patronal
27
El Parlamento
25
Los sindicatos
23
Los partidos políticos
20
Los bancos
15 %

Fuente: Metroscopia, diciembre 2016
----------------
En la primera de las Tablas, la 6A, respecto del tema que nos ocupa en estas páginas, constatamos que la Iglesia Católica, como institución, es valorada positivamente por el 39 % de los españoles, ocupando el puesto 19 de los 25 de la encuesta de Metroscopia referidos a entidades e instituciones. Sin embargo, Caritas, la obra social de la Iglesia, es positivamente valorada por el 76% de los ciudadanos españoles, ocupando el puesto 7º puesto en el ranking de las 25 instituciones por las que se pregunta. 

Tabla 6B. Colectivos de personas que aprueban o desaprueban los españoles en el modo como desempeñan sus funciones.
En % descendentes de aprobación

Colectivos de personas
Aprueban en %
Los médicos de la sanidad publica
95 %
Los investigadores científicos
95
Los profesores de la enseñanza pública
84
Los funcionarios
75
Los abogados
64
Los inspectores de Hacienda
56
Los jueces
49
Los curas de las parroquias
46
Los fiscales
44
Los obispos
24
Los políticos
13 %

Fuente: Metroscopia, diciembre 2016

En la tabla 6B, incuestionablemente, los obispos se sitúan en el furgón de cola, en el puesto 10, en la confianza que los ciudadanos conceden a una lista de 11 colectivos de personas. Solamente el 24% de los ciudadanos españoles dicen confiar en los obispos. Sabiendo que el 70 % de los españoles se dicen católicos, el 39% confiar en la Iglesia como institución, debe hacer reflexionar, a los propios obispos en primer lugar, qué sucede para que solamente el 24 % de los españoles digan tener confianza en su labor. Y no creo que sirva de consuelo saber que apenas el 13% de los ciudadanos confían en los políticos.

El resumen del resumen de la encuesta de Metroscopia diría esto: La Iglesia Católica está muy bien valorada en su acción social, en Caritas. Dicen confiar en los curas de las parroquias cerca de uno de cada dos españoles (y tanto más confían cuanto mayor relación tengan con ellos, dato este muy importante), pero se queda en un 39% los que confían en la Iglesia como institución. Pero apenas uno de cada cinco españoles manifiesta tener confianza en los Obispos de la Iglesia Católica. Para meditar.

En los estudios del EVS se viene formulando una pregunta acerca de la valoración que los ciudadanos europeos realizan de la labor que están llevando a cabo las Iglesias en cuatro aspectos concretos. En la tabla 7 presentamos los datos de cinco países, entre ellos España, teniendo en cuenta la valoración de quienes dicen pertenecer a una religión como de los que no. Más abajo, veremos, solamente para España, lo que han respondido quienes dicen pertenecer a una religión.

Tabla 7. Cree que su Iglesia (o las Iglesias, si no pertenece a una iglesia o entidad religiosa) -en su país- está dando respuestas adecuadas a… (En % ordenados de forma descendente de las menciones en España)


España
Francia
Gran Bretaña
Alemania
Italia
Las necesidades espirituales de la gente
46
56
64
42
77
Los problemas morales y necesidades del individuo.
34
32
35
39
57
Los problemas de la vida familiar
31
28
33
31
46
Los problemas sociales con que se enfrenta nuestro país hoy en día
26
22
25
27
39
N =
1500
3071
1561
2075
1519

Datos del “survey” del European Values Study de 2008-2010
------------------
En los cinco países retenidos, sus ciudadanos valoran en primer lugar la respuesta que sus iglesias están dando a las “necesidades espirituales de la gente” (así el 46% de los españoles), a continuación, a los “problemas morales y necesidades del individuo” (34% de españoles), en tercer lugar, a los “problemas de la vida familiar” (31% en España) y, en cuarto lugar, a “los problemas sociales con los que se enfrenta nuestro país hoy en día” (26% de españoles). El ranking (aunque no las cifras en cuyo detalle no entro aquí) es idéntico en España, Francia, Gran Bretaña, Alemania e Italia. Esto significa que los ciudadanos valoran, luego esperan, prioritariamente de las iglesias que les ayuden en sus necesidades más personales, necesidades espirituales en primer lugar, seguida por las morales individuales, las familiares y, ya en menor medida, en los problemas sociales de su país.

Añadamos que, si nos limitamos a las respuestas que dan a estas cuestiones, solamente quienes dicen pertenecer a una iglesia, al menos en el caso de España donde tenemos la información desglosada, las respuestas no varían sustancialmente. Estos son los datos: valoran positivamente la labor de su Iglesia en las necesidades espirituales el 48% de los pertenecientes a una Iglesia (46% en el conjunto poblacional); 37% y 34% en los problemas morales individuales; 34% y 31% en los problemas familiares y, en las cuestiones sociales las cifras son del 29% y 26%. Luego muy escasas diferencias, lo que significa que, la valoración que les merece la labor de la Iglesia católica apenas varía entre quienes dicen pertenecer a una religión (la católica, obviamente en España, en la gran mayoría de los casos) y quienes no.

Estos datos corroboran lo que estamos constatando en los demás indicadores: La Iglesia (católica) no recibe los parabienes ni del 50% de la población, en el mejor de los casos, con la excepción de Caritas. Añadamos ya que la marca “católico” es mejor valorada, recibe más adhesiones o se sienten en mayor grado identificados como tales los españoles (casi el 70 % en 2017), que la marca “Iglesia Católica”.

6. Lo que los jóvenes piden a la iglesia

Traigo aquí los datos de una encuesta de 2010, realizada por iniciativa del cotidiano francés “La Croix”, a jóvenes de seis países europeos, entre ellos los españoles, sobre lo que entienden que debe hacer la religión en su acción pública. Lo datos están en la Tabla 8.

Tabla 8. Prioridades de las iglesias cristianas en el siglo actual
(En orden decreciente de menciones de los jóvenes españoles.
 Datos en %)

ESP.
FR.
AL.
IT.
G. B
EUR
Luchar contra pobreza, aquí, entre nosotros
63
45
47
42
36
46
Actuar por la paz en el mundo
43
56
42
42
35
44
Actuar para que haya más justicia
24
19
49
34
10
28
Estar presente y disponible en los momentos clave de la vida
17
29
24
32
50
31
Hacer conocer el mensaje de Cristo
15
11
12
18
23
16
 N =
502
1.009
503
511
505
3.030

100 %

Fuente: IFOP para “La Croix”, Trabajo de campo (Método CAWI) en marzo 2010
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La tabla, centrándome en España, muestra, nítidamente que, lo que, prioritariamente, debe hacer la iglesia en España es “luchar contra pobreza, aquí, entre nosotros”. Y los jóvenes españoles destacan sobre sus coetáneos europeos al subrayar este aspecto de la lucha por erradicar la pobreza como labor prioritaria en la iglesia. El 63 % de los jóvenes españoles lo señalan, frente 46 % de la media europea. La segunda nota que subrayan, esta vez al unísono, es la necesidad de actuar por la paz en el mundo. Le sigue en tercer lugar “actuar para que haya más justicia” que es mencionada por el 24% de los jóvenes españoles.

Ya en porcentajes más bajos, priorizan estos jóvenes en la acción de la Iglesia “estar presente y disponible en los momentos clave de la vida” (el 17 % lo señalan) y, por último, solamente el 16 % de los jóvenes europeos y el 15 % de los españoles señalan como prioridad para la Iglesia “que haga conocer el mensaje de Cristo”.

7. El muy limitado papel de la iglesia como agente socializador de las nuevas generaciones.

¿Dónde se dicen las cosas más importantes en cuanto a ideas e interpretaciones del mundo, para orientarse en la vida? Esta es la fórmula que, desde hace décadas, venimos utilizando para controlar cuales son los principales agentes de socialización de los menores, adolescente y jóvenes en nuestras investigaciones. Trasladamos aquí la que, salvo ignorancia por mi parte, es la última vez, a nivel de toda España, en la que se aplicó esta fórmula, en el estudio de 2010, de la juventud española de la Fundación Santa Maria[10]. Ver Tabla 9.

Tabla 9. Dónde se dicen las cosas más importantes en cuanto a ideas e interpretaciones del mundo. Evolución en los últimos años. Respuestas, en porcentajes descendentes de la encuesta de 2010*.


1994
1999
2005
2010
En casa, con la familia
50
53
50
59
Entre los amigos
35
47
39
43
En los medios de comunicación
30
34
37
35
En los libros
20
22
21
25
En la calle ***
-
-
17
22
En los centros de enseñanza (profesores)
21
19
21
20
En los partidos políticos **
4
-
7
15
En Internet ***
-
-
5
13
En chats, foros o blogs
-
-
-
5
En ningún sitio
2
3
3
4
En la Iglesia (sacerdotes, parroquias, obispos)
4
3
2,2
3,3
En otros
1
1
0,1
0,2
N=
2.028
3.853
4.000
3.513
*. La suma de respuestas es superior a 100% en cada columna porque los jóvenes podían dar tantas respuestas, indicar tantos espacios de socialización, cuantos quisieran.
**. No se preguntó por los partidos políticos el año 1999. El año 2005 y el 2010 se preguntó por “la política”.
***. Se incluyen por primera vez en 2005
Fuente:  Estudios de Fundación Santa María.
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La primera reflexión a realizar es esta: en la denominada sociedad líquida, en la sociedad “light”, pese a la omnipresencia de los nuevos agentes de socialización como Internet y las redes sociales, a tenor de lo que dicen los jóvenes, los agentes tradicionales de socialización siguen manteniendo la primacía en el ranking de importancia. Nos referimos a la familia, en destacado primer lugar, a los amigos, y a los medios de comunicación social.

La encuesta es de 2010, y todavía los jóvenes señalan en muy escasa proporción a las redes sociales y a Internet. Hoy lo hacen en notoria mayor medida[11]. Además, como en más de una ocasión hemos señalado, parece claro que tanto Internet como las redes sociales son percibidas por los jóvenes más como instrumentos de entretenimiento, ayuda escolar y de relaciones interpersonales de comunicación que, propiamente hablando, como agentes de socialización. Personalmente disentimos de esta apreciación de los jóvenes pues, estimamos que, en gran medida, precisamente porque no dan un carácter socializador a las nuevas TIC´s, estas pueden tener, y creo que tienen, una influencia mayor.

Centrándonos en el objeto de estas páginas, señalemos que la capacidad socializadora de la Iglesia, y es claro que, en la pregunta, se refiere a la católica, se constata que es muy escasa. Apenas un 3% de jóvenes señalan a la Iglesia (sacerdotes, parroquias, obispos…) como agente socializar donde se pueda encontrar orientación. Y no se olvide que en la formulación de la pregunta se podían señalar tantas opciones de respuesta cuantas se estimaban. No había que optar por este o aquel agente de socialización, sino señalar tantos cuantos estimaba el encuestado le podrían ayudar para orientarse en la vida. Y la respuesta es particularmente dura para la Iglesia católica.

Afortunadamente el Sinodo de octubre de 2018 sobre los jóvenes muestra que la iglesia es consciente de esa situación. Bajo el titular “Las razones de una distancia”, lo dice así: “El Sínodo es consciente de que un número considerable de jóvenes, por diferentes motivos, no le piden nada a la Iglesia porque no la consideran significativa para su existencia. Algunos, por el contrario, piden expresamente que los dejen solos, ya que sienten su presencia como algo molesto e incluso irritante. Esta solicitud a menudo no nace de un desprecio no crítico e impulsivo, pero también tiene sus raíces en razones serias y respetables: escándalos sexuales y económicos; la falta de preparación de los ministros ordenados que no pueden interceptar adecuadamente las sensibilidades de los jóvenes; la falta de cuidado en la preparación de la homilía y en la presentación de la Palabra de Dios; el papel pasivo asignado a los jóvenes dentro de la comunidad cristiana”[12].
8. ¿Cómo hemos llegado hasta aquí?
Me limito a apuntar, de forma casi telegráfica, y muy limitativa, a dos ordenes de factores: uno externo a la iglesia y otro, propio e interno a la dinámica eclesial. Pienso básicamente en los años posteriores al Vaticano II, pero dejando bien claro que no hablo de causalidad sino de concomitancia temporal[13].
a)    Unas notas socio culturales que contribuyeron, directamente, a la mutación socio-religiosa:

. El final de las reservas de la ruralidad religiosa por el éxodo hacia las ciudades. La religión católica, a diferencia de la protestante, es una religión de masas, comunitaria.
. La caída de la natalidad, también, entre los católicos practicantes. En este aspecto es fundamental a mi juicio, lo que supuso la generalización de la píldora anticonceptiva que hacía, por primera vez en la historia de la humanidad, a la mujer dueña de la procreación. Que coincidiera, en el tiempo, con “Humanae Vitae” fue devastador para la Iglesia Católica. 
. En España la corriente dominante, de signo anti eclesial, en el mundo más progresista que coadyuvo a la creación de un constructo social que hacía que lo religioso fuera visto como algo caduco, obsoleto, de gentes de derechas y que, en lo que a la Iglesia se refiera, se relacionaba, más o menos explícitamente, con los años del franquismo y del nacional catolicismo.
. Estadísticamente se comprueba (en Francia) una concomitancia entre el auge de la televisión en las familias y el desmoronamiento de la practica social de la religión. Algo similar cabe decir también del aumento del parque automovilístico y los desplazamientos de fin de semana y el desplome de la práctica religiosa. Pero de ahí no cabe concluir en una relación de causalidad pura. Al menos en Francia. En España no tenemos estudios para confirmarlo o infirmarlo.

b)    Algunos factores internos a la propia Iglesia (de forma telegráfica)

. Una iglesia elitista cuando todavía era rural. Minusvaloración de la religiosidad popular. La gente sencilla, sin estudios, no se reconoce en la iglesia post-conciliar.
. Un Iglesia marcadamente clerical y masculina, aun diciendo valorar al laico y a la mujer.
. Infravaloración, por parte de la Iglesia, de las prácticas religiosas y de la dimensión cultual de lo religioso, tras el Vaticano II. La misa y la confesión, de entrada: no hace falta ir a misa para ser un buen cristiano, ni pasar por el confesonario. Después, de forma sorpresiva, no pensada ni querida, y sin solución de continuidad, caída del matrimonio religioso y del bautismo. Ahora ya los funerales: el último bastión.
. Una teología y unos lenguajes de otros tiempos y contextos. Hoy obsoletos. Un Credo del siglo IV. Salmos de hace treinta y más siglos. Textos ininteligibles para la inmensa mayoría de creyentes.
. Dificultad de la generación del Concilio Vaticano II en admitir que, al menos cronológicamente, haya coincidido con la caída espectacular de las prácticas religiosas. Además, admitirlo supondría dar la razón a la rama más conservadora y tradicional de la Iglesia que había quedado en minoría en el Vaticano II.
. En algunos sectores y en algunos momentos en la Iglesia se vivía, como una necesidad, la ocultación o, al menos, la no excesiva visibilización de la matriz cristiana de determinadas obras, en cuya fuente u origen estaba la Iglesia. La argumentación era doble: la Iglesia no buscaba colgarse medallas, y, sobre todo, en las obras de la iglesia no se hacía acepción de personas. Además, visibilizar la marca iglesia (así lo viví en Proyecto Hombre en Gipuzkoa) podría retraer a posibles drogodependientes no creyentes.
. Este rasgo de ocultación, de retraimiento se ha manifestado también en la dificultad para muchas personas de manifestar públicamente sus convicciones religiosas o, más simplemente, de ser tenido por católico. Todavía hoy en día, para muchos creyentes, es más fácil decirse cristiano que católico. Por considerar que se trata de algo íntimo y personal que no debe por qué tener visibilidad social, aunque habrá menos dificultad, o ninguna dificultad en decirse nacionalista (según dónde, y según nacionalista de qué nación, estado, pueblo…), de izquierdas, progresista etc., etc. En otras palabras, ser católico no está en el aire del tiempo.
. Cambios en la piedad: las novenas, las adoraciones al santísimo, los primeros viernes de mes, las imágenes de santos circulando de casa en casa, el rezo del rosario en familia y un largo etcétera, desaparecieron de la noche a la mañana quedando como residuos de tiempos pasados.
. Al exigir más condiciones intrínsecas a la propia fe, y cierta renuencia al carácter festivo o familiar del acto religioso (primero en la comunión solemne, después en el bautismo y en las bodas), potenciando ceremonias más austeras, aceleró el desenganche de la práctica religiosa.
. Etc., etc.

9. Otra Iglesia posible en la era global, plural secular y cada vez más postsecular.

Afirmaba el año 1999 el Papa Benedicto, en San Juan de Letrán, que a los laicos no se les puede considerar solamente como “colaboradores” del clero, sino reconocerles realmente como “corresponsables” del ser y del actuar de la Iglesia. El papa Francisco, en 2015 en Filadelfia, afirmó que “el futuro de la Iglesia pasaba por los laicos y por las mujeres”. Y se podrían multiplicar sus referencias al respecto. Así en el Texto final del Sinodo sobre los jóvenes de 2018 donde podemos leer la conveniencia de “avanzar hacia una Iglesia participativa y corresponsable capaz de aumentar la riqueza de la variedad de la que está compuesta, recibiendo con gratitud la contribución de fieles laicos, incluidos jóvenes y mujeres, la de la vida consagrada de mujeres y hombres, y la de colectivos, asociaciones y movimientos. Ninguno debe ser ignorado o a ninguno se debe ignorar. Esta es la manera de evitar el clericalismo, que excluye a muchos de los procesos de toma de decisiones, y la clericalización de los laicos, que los encierra en lugar de lanzarlos hacia el compromiso misionero en el mundo[14].

Imposible no estar de acuerdo con las palabras del Sínodo, pero, todavía hoy, veo una iglesia piramidal, con un papa de poderes prácticamente ilimitados, una iglesia gerontocrática, masculina, clerical, occidental, iglesia de la que se dicen pertenecientes más mil trescientos millones de personas pero que es gobernada, en última instancia, por unas pocas personas: el papa, los obispos en ejercicio, y la burocracia de la Curia. Mujeres (laicas y religiosas) y los hombres no clérigos tenemos derecho a la opinión (sobre todo, si nos la solicitan) pero en absoluto en la decisión, que compete, exclusivamente a los “sagrados pastores” en su propio nivel de decisión. ¿Cómo ser corresponsable de lo que no se ha decidido?

Por eso vengo propongo en mis dos últimos libros[15], otro modelo de iglesia para el siglo XXI: una iglesia en red, al modo de un gigantesco archipiélago que cubra la faz de la tierra, con diferentes nodos en diferentes partes del mundo, interrelacionados entre sí y, todos ellos, religados a un nodo central, que no centralizador que, en la actualidad, está en el Vaticano. En el Vaticano, (o en otras partes del planeta), todos los años, se reuniría, tras una selección lo más democrática posible, una representación universal de obispos, sacerdotes, religiosas y religiosos, laicos de ambos sexos, miembros de la curia, todos bajo la presidencia del Papa, para debatir sobre la situación de la iglesia en el mundo y adoptar, si es el caso, las decisiones pertinentes. Decisiones que, en determinadas circunstancias, obligarían al mismo papa.

Luego exige reformas en la Iglesia católica. Reformas “de” y “en” la iglesia, que las presento en mis trabajos distinguiendo tres ámbitos: la reforma de las personas, la de los que nos decimos creyentes, la reforma “ad intra” de la iglesia y la reforma “ad extra” de la Iglesia.

La reforma es una constante conversión personal. Conversión misionera en feliz expresión de Francisco. Hay que comenzar por un examen de conciencia, personal y colectivo. Creo que el viejo esquema de “ver, juzgar y actuar”, pese a las cuestiones que plantea, sigue siendo muy válido.

A nivel interno, “ad Intra” de la Iglesia, las tres reformas que considero prioritarias serían, resolver el papel de la mujer, la apuesta decidida por la sinodalidad, y la superación del clericalismo. A nivel externo, en la actuación en el mundo, subrayaría estas tres: erradicar la nostalgia del estado de cristiandad; participar con firmeza, pero, sin prepotencia, en la construcción de un mundo más justo, convivial y solidario con los más necesitados, y avanzar en una iglesia propositiva sin limitarse, aun sin olvidarlas, la dimensión caritativa y la denunciativa.

Defiendo cuatro dimensiones que, a mi juicio, deben tener las acciones de los cristianos en el mundo. La dimensión personal, la conversión misionera en palabras de Francisco, ya lo hemos señalado; la dimensión caritativa directa de ayuda a los más necesitados; la dimensión denunciativa de las injusticias, particularmente las estructurales y la dimensión propositiva, el denodado esfuerzo de proponer y trabajar por otra sociedad, más justa, más convivial, más humana, en suma. Quiero subrayar aquí esta cuarta dimensión.

Hace tiempo que ya no basta con denunciar las injusticias. Ya no es suficiente criticar sin proponer alternativas, pero que sean viables y sostenibles.
Esta labor no es exclusiva del cristiano. Por supuesto. Menos aún debe pretenderse que los cristianos tienen, tenemos, una varita mágica para llevar la tarea a buen término. Pero un cristiano que pretenda serlo no puede no estar en esta labor de humanizar la sociedad, con una acción prioritaria hacia los más necesitados, denunciando las injusticias de la sociedad del Dinero y la Tecnología a su servicio (no perdamos de vista el Movimiento Transhumanista), trabajando, con otros, creyentes o no creyentes, para que la nueva sociedad no sea una quimera sino una utopía.

Un apunte sobre una cuestión grave: la pederastia en el clero

No quiero cerrar este texto sin una referencia, aún mínima, al doloroso tema de la pederastia en el clero. Le he dedicado, en una primera reflexión, abierta a aportaciones críticas o complementarias, unas largas páginas que pueden consultarse en mi blog[16]. Obviamente desde la perspectiva de un sociólogo que es creyente. Tras abordar la información que pude consultar hasta mediados de octubre lo concluí proponiendo unas reflexiones sobre estos temas: 

        El celibato del clero
        Los conflictos en el interior de la iglesia.
        El clericalismo de la Iglesia Católica
        La colusión (por aclarar) entre la homosexualidad y la pederastia
        El eclesiocentrismo
        El tema del encubrimiento y ocultación de datos
        La distinta valoración del niño y de los diferentes actos sexuales. La necesidad de la contextualización
        La masculinidad en el staff clerical

10. Cerrando que no concluyendo

Ya decía Santo Tomas que no se puede saber y creer al mismo tiempo, pero ¿por qué habría de limitarse el conocimiento y la sensibilidad al mero razonamiento científico-técnico? Pues de ahí acabamos divinizando la sociedad, como nos recuerda Calasso (y ya sostenía Durkheim), y someternos así a la conciencia colectiva de la sociedad, cual dios todopoderoso. Personalmente, ya superado, al menos en mi mente, el estado de cristiandad, me siento más libre con el Dios de Jesus que con el dios de la sociedad. Y busco aplicar la inteligencia de la razón a mis creencias religiosas.

Personalmente no veo por qué se haya de optar entre las Luces, el Mundo de las Luces, la Ilustración, por un lado y la fe cristiana, por el otro, como si fueran dos departamentos estancos. El mundo de la Ilustración me exige abordar, con las armas de la razón, también el mundo de las ideas religiosas para no hacer de Dios, mi dios, para una continuada búsqueda de lo inefable en la vida, de lo no inmediatamente accesible, de la zona de sombra vital. Pero esto vale tanto para el fundamentalismo religioso como para el fundamentalismo cientista y para el secularismo radical, que ya han dado mil y una muestras de ser tan fundamentalistas y acríticos como puede serlo, y lo es, el fundamentalismo religioso. Si no es aceptable el axioma de que “fuera de la iglesia no hay salvación” tampoco lo es que lo que no fuera científicamente demostrable con las armas de la ciencia empírica, sea, necesariamente falso. Precisamente por la definición-delimitación de lo que puede conocer la ciencia: lo empírico, lo medible. Recordemos a Pascal cuando decía aquello de que “el corazón tiene razones que la razón no tiene”. Pero además de la razón y el corazón tenemos el sentido de la vida, la búsqueda de plenitud, el anhelo por entender quién soy yo, por qué he de hacer el bien y no el mal, si hay algo más allá de lo que vemos, oímos, sentimos… 

Traigo la reflexión de mi querido amigo Arnoldo Liberman quien escribe, en su soberbio libro sobre Heidegger, esto: “El mundo no es el emergente de una interpretación racional de la realidad que disipa la oscuridad en un acto de magia, lo que implica suponer que el mundo es en esencia racional, bueno, justo, ordenado y bello. La razón sucumbe, cuando en su afán de dotar a la interpretación de la vida instrumentos ordenadores, queda reducida a las leyes de la lógica y se desmarca de la auténtica existencia, la que incluye la oscuridad, el absurdo, la nada, lo ilógico, lo ininteligible, lo que algunos llaman ´el abismo de la existencia´ y lo que Nietzsche llama ´el conocimiento trágico´. El racionalismo instrumenta la razón, pero no responde a las exigencias totales de la vida, sobre todo a la exigencia de sentido”[17]. 

Con todo esto no pretendo ninguna apologética de la creencia religiosa. Menos aún una supuesta superioridad (como un “plus”) de la religión, como otros pretender atribuirlo a la ética laicista. Sencillamente quiero afirmar que creer es algo perfectamente razonable. Tan razonable como no creer para otros. Y en esa guerra de dioses, incruenta esperemos, nos encontramos los católicos. En nuestro ámbito, el de occidente del sur de Europa, entre el Dios de los cristianos y los dioses, más o menos seculares, de la sociedad. Y ahí está la iglesia católica.

Javier Elzo
Donostia San Sebastián 3 de noviembre de 2018



[1] Roberto Calasso, “La actualidad innombrable”, Anagrama, 2018. Ver sobre todo las páginas 9-84
[2] El libro se editó el año 1912. En mi biblioteca he encontrado la edición de 1968, PUF, que leí y anoté en Lovaina en mis años de estudiante, edición con la que trabajo en estas líneas. Obviamente hay edición castellana de esta obra magna de la sociología: “Las formas elementales de la vida religiosa”. Alianza, Madrid, 1983. Pero las citas de mi texto provienen de la traducción que yo mismo he realizado del original en francés. 
[3] Peter Berger, “Los numerosos altares de la modernidad. En busca de un paradigma para la religión en una época pluralista”. Ediciones Sígueme. Salamanca 2016. 254 p.
[4] Es la tesis de Marcel Gauchet, no siempre bien comprendida, del cristianismo como “la religión de la salida de la religión”, tesis a la concedo una parte relevante en el tercer capítulo de mi último libro, “Morir para renacer…”
[5] Newman: “Lectures on the Doctrine of Justification”, Rivington, 1840, p. 368-369
[6] Un brevísimo resumen con accesos a una sustancial información en castellano y al documento completo en ingles puede consultarse en este enlace: http://www.pewforum.org/2018/05/29/ser-cristiano-en-europa-occidental/

[7] European Values Study se ha convertido, con similar propósito y cometido, en European Values Survey, con el mismo acrónimo de EVS. Esta es su entrada electrónica www.europeanvaluesstudy.eu/
[8] Ver, por ejemplo, en Javier Elzo y María Silvestre (dirs), Iratxe Arístegui, Miguel Ayerbe, Edurne Bartolomé, Javier Elzo, Francisco Garmendia, José Luis Narvaiza, Raquel Royo, María Luisa Setién, María Silvestre, Manuel Mª Urrutia, “Un individualismo placentero y protegido”. Cuarta Encuesta Europea de valores en su aplicación a España. Edit. Universidad de Deusto.411 páginas, Bilbao 2010, También he trabajado estos temas en “Religión y religiosidad” (paginas 435-470), en Salustiano del Campo y José Félix Tezanos (editores) “La Sociedad” Volumen 1º de “España Siglo XXI”, editorial Biblioteca Nueva, Madrid 2008, 950 páginas y en “La evolución socio-religiosa en España en los últimos 30 años: una aproximación empírica” (paginas 57-77) del Libro de Ponencias de las II Jornadas de Sociología de junio de 2007 en Sevilla, publicadas bajo el título de “El fenómeno religioso” (Eduardo Bericat, editor) por el Centro de Estudios Andaluces, Junta de Andalucía, Sevilla 2008, 316 páginas.

[9] Este es el enlace al estudio de Metroscopia de diciembre de 2016: http://metroscopia.org/confianza-en-las-instituciones-espana-en-perspectiva-comparada/
[10] AA.VV., “Jóvenes Españoles 2010”. O. c. Ver el capítulo de Juan María González Anleo.
[11] En más de 4000 cuestionarios recogidos entre escolares del final de la ESO y del Bachillerato en la Comunidad Autónoma del País Vasco, en el estudio “Drogas y Escuela IX” que se realiza en la Universidad de Deusto y que esperamos publicar en breve, los primeros datos nos muestran el incremento exponencial del peso de las nuevas tecnologías, los smartphones en particular, en la socialización de los escolares. Estamos, ya de pleno, en la era Internet.
[12] Sinodo de los Obispos sobre los jóvenes de octubre 2018. Ver punto 53
[13] Soy tributario en este apartado del extraordinario trabajo de Guillaume Cuchet, “Comment notre monde a cessé d´être chrétien. Anatomie d´un effondrement”. París Seuil, 2018.
[14] Es el punto 123. La traducción es defectuosa. Esperemos otra más correcta.
[15] En el ya referenciado “Morir para renacer…” básicamente en el quinto capítulo. En el cuarto presento unos datos de la lectura que hacen los españoles de la Iglesia. También he abordado estas cuestiones en la publicación Javier Elzo, ¿Quién manda en la Iglesia? Notas para una sociología del poder en la Iglesia Católica del siglo XXI”. Editorial PPC, 2016. Ver particularmente el capítulo 8º del libro, Por una iglesia representativa de su universalidad, páginas 250 a 304.
[16] En este enlace: https://javierelzo.blogspot.com/2018/10/para-una-sociologia-de-la-pederastia-en.html. Quizá mas cómodo, entrando en Google, escribir Javier Elzo blog.
[17] Arnoldo Liberman, “Heidegger y yo, judío”. Sefarad Editores, Madrid, 2018, p. 106-107