martes, 11 de agosto de 2020

"Les Introuvables" de Fr. Liszt. Comentario al CD de Josu Okiñena

 

Texto preparado para la rueda de prensa del CD “Les Introuvables” de Liszt, interpretado por Josu Okiñena. (Sony 2020)

 

¿Que pintó yo aquí entre dos investigadores musicales y uno de ellos además interprete pianista, Josu Okiñena?. Además de lo que se puede leer en la nota para esta Rueda de prensa de su labor de investigador, que no voy a repetir aquí, quiero señalar que Josu editó en el Center for Basque Studies de Reno “The History of the Basque Music” en 2019. Recuerdo en qué apuros me puso cuando me preguntó cómo definiría yo lo que significa música vasca. Al poco que empezar a decirle lo que vino a la cabeza, me di cuenta que él sabía mucho más que yo sobre el tema y me preguntaba por qué me preguntaba a mi lo que él conocía mucho mejor que yo. Hoy me pasa lo mismo hablando de su último disco sobre Liszt. 

Soy un mero melómano. Cierto que adicto a la música. Es una de mis drogas confesables. No puedo vivir sin música. La música, como la experiencia espiritual, es el ámbito que supera la palabra, allá donde no llega la palabra. Más aún, no hay palabras que expresen correctamente la experiencia musical. Yo no encuentro palabras para describir mis vivencias sensoriales, emocionales, anímicas e intelectuales que me ha producido la escucha del CD de Liszt de Josu que hoy nos reúne aquí. Lo que voy a decir, más adelante, no pasa de meras aproximaciones.

Pero, dejemos eso para el final de mi breve intervención.

Melómano si soy, pero Liszt no participa del panteón de mis preferencias musicales. Mi relación con la música de Liszt es muy compleja. Recordarás, Juan Ángel, cuando escribí, por invitación tuya, aquello de Bruckner “una pasión tardía”. Esto de hoy no se corresponde con aquello de Bruckner. Bien al contrario, mi pasión por Liszt empezó en mi primera adolescencia. Permitidme que lo evoque.

 

Yo debía tener 10, 11 o 12 años y fue en Radio Segura una emisora fundada por un sacerdote con turbo, Cesáreo Elgarresta. Radio Segura todavía se escucha en las cercanías de Segura: Beasain, Ordizia, Zegama etcétera. En la emisora viví una de las dos fuentes en la que nació mi pasión por la música. Había dos obras musicales que me impactaron: la Quinta sinfonía de Beethoven y la Rapsodia húngara nº 2 de Franz Liszt. Cómo yo era muy habitual en Radio Segura, y bastante desvergonzado (lo que explica que hoy esté aquí) incluso me permitieron tener un pequeño programa musical en el que emitía una y otra vez la Rapsodia húngara número 2 de Liszt. También un programa de noticias qué, fijaos que originalidad, comenzaba con las primeras cuatro notas de la Quinta de Beethoven. Daba la noticia, volvían a sonar las cuatro primeras notas de la Quinta y seguía con otra noticia etc., etc. Pero fue la rapsodia húngara número 2 de Liszt la que me produjo un impacto impresionante. Era una versión orquestada. Después escuché las versiones en piano. Me acuerdo de las versiones eléctricas de Cziffra. Además de la 2, la 6 y la 9, el Carnaval de Pest, han conformado algunos de los grandes momentos de mi experiencia musical juvenil con Liszt.

Si, empezó en la adolescencia y fue como un arrebolamiento con sus rapsodias húngaras, el inicio del concierto para piano número 1, los Preludios, etc. No puedo olvidar una película en la que un niño con pantalones cortos, Roberto Benzi, interpretaba los Preludios de Liszt. ¡Cómo me proyectaba yo, adolescente entonces, imaginándome a mí mismo como un director que fuera capaz de dirigir como Roberto Benzi los preludios de Liszt y las quintas de Beethoven! Si es una de las frustraciones vitales mías más profundas nunca haber podido dirigir una orquesta.

Ese arrebolamiento adolescente incrusto en mí una concepción de un Liszt siempre grandioso, superficial, grandilocuente. Con esa imagen me fui quedando hasta que escuché por primera vez su inmensa Sonata en sí. Obra exigente, como las del CD de Josu Okiñena, y me di cuenta de que algo de Liszt se me estaba escapando. Pero hizo falta que llegará a los “Años de peregrinaje” para que descubriera otro Liszt completamente distinto. 

 

No creo correcto, si se me permite, distinguir un Liszt de la vejez radicalmente distinto al de los años jóvenes. Radicalmente distinto, he escrito. Cuando uno se acerca a los tres libros de “Los años de peregrinaje” descubre que frente a obras explosivas encontramos otras de una intimidad que es lo que domina el disco “Les introuvables” de Josu. Incluso en una misma partitura vemos al Liszt que alterna la afirmación sonora con la meditación más profunda. Voy a dar ejemplo de la última partitura del primer ciclo, el de Suiza, “Las campanas de Ginebra. Nocturno” en la primera versión de la obra compuesto en los años 1835-1836. Una meditación que, en la parte central trata de “volar” pero que Liszt rápidamente lo devuelve a la meditación intimista, hasta la conclusión de la obra.

Otro ejemplo: “Sunt lacrimae rerum”. Es la anteúltima pieza del tercer libro, dedicada a Hans von Bulow el primer marido de su hija Cósima, compuesta en 1872. One of Liszt's most profound and desolate pieces, after which only silence seems in order” como he leído en un comentarista anónimo y hago mía. Por cierto, el tercer libro se abre con Oración a los Ángeles Guardianes (dedicada a su nieta Daniela von Bülow, primera hija de Hans von Bülow y Cósima Liszt. Las relaciones de Liszt con Wagner son un pozo sin fondo. La corresponden entre ambos, reeditada por Gallimard en 2007 tiene 1344 páginas. Wagner se casaría con la hija de Liszt, Cósima, quién tras la muerte de los dos, defendería con uñas y dientes el Festival de Bayreuth hasta pocos años antes de su muerte. Está enterrada al lado de Wagner, en su Haus Wahnfried. Pasando la carretera, al lado, está la casa de Franz Liszt. Guardo un recuerdo imborrable de cuando la visité.

 

Pero, ya es hora de detenerse en el ultimo CD de Josu que nos reúne aquí hoy. Cuando me envió el disco le contesté, un par de días, después con estas palabras:

 

Querido Josu:

Mil gracias por enviarme tu disco “Les Introuvables” de Liszt. Ayer escuché una parte. Hoy su totalidad.

Es una música, en lo que valga mi opinión de mero melómano, muy bien interpretada, al par que exigente. No hay floritura alguna en ninguna de las 11 obras. 

Creo que es un disco del que escuchar, cada vez, dos, tres o cuatro obras como máximo. La profundidad de la música- yo no hubiera dicho que es Liszt, pese a haberme deleitado con sus Años de peregrinación "- y el tono pausado, meditado, austero, de tu interpretación, exigen una atención sin distracciones.

Incluso el décimo, "En la fiesta de la transfiguración de nuestro señor Jesus Cristo", no tiene nada de festivo. Es una fiesta de la transfiguración vista por un monje trapense.

Este disco abre la puerta a un texto largo sobre el Liszt que se descubre en él. Para empezar sobre el contexto de cada obra.

 

Después he escuchado con atención tu disco. También, con lápiz y papel. Todas las obras son del Liszt de los últimos años, excepto la primera “Apariciones” que está compuesta en 1834, apenas 7 años después de la muerte de Beethoven. En esta obra creo ver reminiscencias de Beethoven, no sé si muy tardío.

 

. 2 “Romance Olvidado”. Con esta obra comienzo a sentir lo que será una constante en el CD: los silencios de Liszt que volveré a encontrar en “Devoción”, en la “Canción de Cuna”, “En la tumba de Wagner” … Estos silencios me evocan los vacíos de Oteiza. El silencio en las palabras y el vacío en la escultura son espacios en los que se manifiesta la Transcendencia, lo más profundo de cada ser humano, tan presente en los últimos años de Liszt y que se refleja en este CD.

 

.3 “Preguntas y respuestas de un Insomne”. Es la búsqueda, la duda, la palpitación de quien se pregunta por el sentido de su vida que le impide conciliar el sueño. ¡Cómo me veo retratado en esta obra!

 

.4 “La celda de Nonnenwert”. Es un monasterio, en la mitad de un islote en el rio, donde pasó sus veranos Liszt con su primer amor Marie d´Angoult los años 1842, 1843. Pero no creo que esté escrito entonces, pues la obra es una meditación al final de su vida cuando decidió entrar en las órdenes. A mí me lleva a la parte central del inmenso adagio del Hammerklavier de Beethoven.

. 5. “Elegia 2”. Es un lamento por la muerte de ser querido. ¿En quien estaría pensando Liszt en 1877 al escribir esta obra?  ¿Estaría pensando en su nieta Daniela von Bülow, primera hija de Hans von Bülow y su hija Cósima, a quien también dedicó, como indico arriba, la primera de las obras del Tercero de los Años de peregrinación, A  Angelus! Prière aux Anges Gardiens (¡Ángelus! Oración a los Ángeles Guardianes, escrito también en 1877)?

.6 Devoción. De la misma factura que la anterior, y del mismo año, interpretada casi sin interrupción

7. “Canción de cuna” Escrita en 1881, cuatro años antes de su muerte, me pregunto también en quien estaría pensando Liszt al escribirla.

 

8. “En la tumba de Wagner”. Es otra elegia. Música grave, sincopada, llena de silencios, escrita en 1883, año del fallecimiento de Wagner. ¿Puedo decir que algunas notas me llevan al inicio del Grial del inmenso final (40 minutos) del primer Acto de Parsifal?

 

9. “Resignación” Otra meditación que lleva al último Beethoven.

 

10.   "En la fiesta de la transfiguración de nuestro señor Jesus Cristo". Ya he dicho que, en mi primera escucha, señalé a Josu que no veía ninguna fiesta en esta obra. Claro. Es también una meditación, una meditación que me hace pensar en el mundo zen, en el rosario cristiano y en Webern pues los casi seis minutos de la obra son un obstinato de cuatro notas, incansablemente repetidas, pero no idénticas. Es una obra que transmite serenidad y paz para dar paso, casi sin interrupción a la última obra del CD,

 

11. Nubes grises. No entiendo el título de la obra que no tiene nada de gris. Hasta he percibido en algún momento, junto a la primera obra de 1834, algo, hasta de juguetón, aun dentro del intimismo, si se me permite el atrevimiento. La obra concluye y, con ella el disco, con dos acordes ascendentes que se abren al infinito. Magistral cierre del disco.

 

El CD mantiene una unidad evidente: el Liszt más espiritual, intimista, profundo, ya en el ocaso de su vida. La escucha del disco de una sentada exige, imperativamente a mi juicio, adoptar una actitud próxima al espacio psicoanalítico, un dejar que la música penetre en tu interior, sin trabas. Dejarte llevar por la emoción, por los sentidos. Después vendrá la reflexión intelectual a la que se presta, - ¡de qué manera! - esta música y este CD. Aquí también vale aquello de la escolástica de que “nada hay en el intelecto que antes no hubiera pasado por los sentidos”. Y eso es lo que nos hace sentir Josu Okiñena con este extraordinario CD. Gracias Josu y gracias a Sony por grabarlo y difundirlo.

 

 

Donostia 11 de agosto de 2020

Javier Elzo

miércoles, 29 de julio de 2020

A la memoria agradecida de Joseph Moingt, S. J

A la memoria de Joseph Moingt S.J

 

Joseph Moingt ha fallecido el 29 de julio de 2020, a la edad de 104 años en París. Fue un gigante del pensamiento cristiano. Dos años antes publicó su último libro “L´esprit du christianisme“, Edit TempsPresent, Paris 2018, 285 p.

 

No encuentro mejor recuerdo a su persona y su obra que trasladar aquí, en mi traducción al castellano, algunas ideas tomadas de las páginas conclusivas de su libro.

 

(p. 276) “El título de este libro podría apuntar hacia la verdad del cristianismo que no está encerrado en sí mismo, en su religión, pero que circula a través del mundo, gracias a la comunicación que los cristianos mantienen con todos los demás hombres : verdad que no es la de la fe cristiana en su particularidad, sino la del hombre creado a la imagen de Dios para constituir su familia; verdad que se revelaba a los hombres bastante antes que el cristianismo,  desde que circulaba entre ellos el nombre de Dios, que es más que una palabra o una representación: es un soplo, un aliento portador de las esperanzas del hombre respecto de sus propios destinos, un sentido, un presentimiento de su trascendencia. ¿Es que no es eso lo que significaban las citas de poetas y de filósofos que jalonan el discurso de Pablo en el Areópago sobre el Dios desconocido, digamos más bien sobre lo desconocido del Dios que él quería revelarles en aquel que Jesús llamaba su Padre? Desconocimiento tanto del hombre como de Dios, ya que Jesús, en el Evangelio de Juan y de acuerdo con la enseñanza de Pablo, nos enseñó a conocer a Dios en tanto que padre de los hombres creados a su imagen, haciendo así entrar la idea del hombre en la revelación de Dios en Jesús. He aquí por qué la fe cristiana, aun tan segura que esté de haber recibido de Jesús la verdadera revelación de Dios, no la encierra en lo que en ella se dice, sino que está siempre en búsqueda de lo que él (Dios) revela directamente al espíritu del hombre, de la que ella (la fe cristiana) no espera otra verdad, sino un mejor conocimiento de la verdad de lo que Dios es en sí mismo y de lo que él quiere ser en nosotros, bien que no podremos alcanzar la plena revelación hasta el fin de los tiempos, cuando ´Dios será todo en todo´ (1 Cor. 15-28)”

 

“…he indicado con fuerza que el ´espíritu´ del cristianismo debía ser buscado en su orientación antropológica y en su novedad histórica, que había creado un impacto tan fuerte, que algunos analistas pudieron detectar en él, el anuncio del ´fin de la religión´”

 

p. 277 y última. La idea de salvación que desarrolla el A. en la tercera parte del libro, no la entiende como si la salvación estuviera en la práctica cultual y en la creencia en los dogmas (práctica y creencias que, explícitamente afirma que no niega) sino “orientando mi investigación en dirección de la ´humanidad´´ que da otro ´sentido´ al culto y al dogma” (….). El A. dice dirigirse “a lectores, creyentes o no, susceptibles de encontrar un ´sentido´ al cristianismo a partir del momento que lo descubran preocupado por los mismos problemas que a ellos mismos les angustien, a saber, las amenazas que pesan sobre el planeta, sobre la calidad de la vida, sobre el respeto de la dignidad humana y de la fraternidad de los hombre entre sí, sobre todo cuando se verán convocados sobre este terreno por los cristianos” no para adoctrinarlos ni ´recuperarlos´, tampoco porque siendo los cristianos poco numerosos necesiten de su ayuda, “sino, ante todo, para pensar el problema y sus remedios, puesto que se trata de un problema esencialmente humano para cuya solución todos los hombres debieran sentirse convidados”

 

(….) (Última frase del libro) “De este modo, el espíritu del cristianismo, entendido como una facultad de juicio, será restaurado a la mente del hombre, independientemente de su religión, y eso es lo que significa el título de este libro: no reivindicación de propiedad, sino hacer partícipe de un bien común y llamada a la entreayuda”.

 

Xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx

 

Descanse en paz y gracias.

Donostia San Sebastian 29 de julio de 2020

Javier Elzo


jueves, 11 de junio de 2020

La utopía de un consumo responsable

La utopía de un consumo responsable

 

Cristianisme i Justícia (@CiJusticia) twitteó a las 6:11 p. m. el pasado 09/06/20 lo siguiente: «Si fuéramos sensatos, los límites del crecimiento deberían estar en las posibilidades del planeta y las necesidades reales de la humanidad, no en las creadas por el sistema de consumo». https://t.co/BRAwRjLCiB
(https://twitter.com/CiJusticia/status/1270403031146721280?s=03)


Es difícil decir más y mejor en menos palabras. Somos esclavos de las necesidades que nosotros mismos, los ricos del planeta, nos hemos creado. No nos limitemos a mirar a otro lado, a los potentados, a los incontrolados (¿incontrolables? circuitos financieros, a los GAFAM y, por supuesto, a los políticos. Todos tienen su parte de responsabilidad en esta deificación del dinero para el consumo por el consumo. Pero mirémonos a nosotros mismos. ¿Nos formulamos al menos la pregunta de si nuestro consumo, el de cada uno de nosotros, nuestro libérrimo consumo, es responsable?


sábado, 6 de junio de 2020

¿Radicales los jóvenes?



 

 

 

 

¿Radicales los jóvenes?

 

Me cuesta trabajo, a mis 78 años de edad, y con muchos trabajos sobre la juventud a mis espaldas hablar de radicalismo en los jóvenes de hoy, sobre todo si echamos la vista a lo que vimos y vivimos cuando nosotros éramos jóvenes.

 

Dándole vueltas a la cabeza, podría citar el 15 M en la Puerta del Sol, bien que sus mentores están hoy, ya en el poder. En la actualidad veo dos radicalidades no violentas protagonizadas por jóvenes: el movimiento #metoo (aunque aquí, hay bastante más que jóvenes) y los Fridays for Future (FFF), en los que jóvenes han tenido un gran protagonismo durante el año 2019, aunque los “Viernes por el Clima” no parece hayan calado mucho en España. Es también evidente que más allá del indiscutible protagonismo de Greta Thunberg, y de muchos adolescentes y jóvenes, el apoyo a este movimiento se manifiesta en todas las franjas de edad.

 

Personalmente vengo defendiendo desde hace años que, en las evoluciones en los valores, luego también en las radicalidades, nos enfrentamos más a un fenómeno de generación y no de edad. Es toda la sociedad la que evoluciona. En mi opinión más hacia una radicalidad (si vale el termino, que no estoy seguro) verbal que la manifestada, en hechos violentos, con excepciones, sea puntuales como las de Barcelona y Catalunya tras la sentencia del procès, sea la de actos violentos de pro-nazis en Alemania, sean los chalecos amarillos en Francia que, no cabe etiquetar como radicalidad juvenil, etc. En realidad, la actual radicalidad se manifiesta particularmente en el desapego político, y más en concreto, en la crítica despiadada a la clase política. Y de forma clara en la desconfianza en las instituciones, lo que los estudios, no solamente de juventud, nuestras fehacientemente.

 

Los últimos estudios de juventud de la Fundación Santa Maria muestran que, en la evolución histórica de los niveles de confianza en las Instituciones por parte de los jóvenes españoles, se detecta como, tras un largo período de lenta recuperación de la confianza depositada en las instituciones por parte de los jóvenes, entre los años 1984 a 1999, la confianza vuelve a hundirse hasta el Informe de 2016. Incluso si comparamos los datos de 2016 con los de 2005 (que constituye un punto de referencia para poder evaluar el impacto que ha tenido la crisis), llama la atención que, pese a tratarse de un año de mínimos para bastantes instituciones, la gran mayoría de ellas ven caer, más aún, la confianza de los jóvenes.

 

Señalemos que este fenómeno no es exclusivamente español y que también tiene lugar, en el contexto de las culturas occidentales, en la gran mayoría de ellas donde podemos encontrar un desapego de todo aquello que suponga un marco normativo mínimamente rígido. Se ha producido una desinstitucionalización de la vida, especialmente la de los más jóvenes, entendida esta como una flexibilización de las transiciones, circunstancias y episodios vitales que en el pasado estaban marcados por las normas legales y sociales vinculadas y “gestionadas” por las instituciones. Esto ha tenido consecuencias de diferente índole, que afectan especialmente a la continuidad y reversibilidad de los itinerarios juveniles, antes vistos como “hojas de ruta” bien definidas que desembocaban en la madurez y en la emancipación social.

 

El resultado de esta actitud de los jóvenes hacia las instituciones sociales puede ser contemplado, quizá, como una revolución institucional light que poco tiene que ver con la de las primeras generaciones de jóvenes rebeldes de los años sesenta y setenta del siglo pasado. Una forma de resistencia que niega a tomarse en serio el marco de diálogo propuesto por las personas en el poder y que aspira, en el mejor de los casos, a dejar en ridículo sus pretensiones, como constantemente se hace en las redes sociales. Desde esta forma de rebeldía posmaterialista, como ya afirmara, en el estudio de SM año 2005 Juan González-Anleo, las nuevas generaciones plantan cara “volviendo la cara”, convirtiendo su indiferencia y abandono en una forma, su forma, de revolución anti institucional.

 

Esto no solamente resulta negativo para las instituciones sociales y su futura supervivencia, por lo menos a largo plazo, sino también para el funcionamiento de toda la sociedad en su conjunto. Como subrayaba Manuel Castells al hablar de las nuevas redes de solidaridad ciudadana, “la confianza es lo que cohesiona a una sociedad, al mercado y a las instituciones. Sin confianza, nada funciona. Sin confianza, el contrato social se disuelve y la sociedad desaparece, transformándose en individuos a la defensiva que luchan por sobrevivir”

 

Esto es particularmente sensible en las sociedades de tipo capitalista como las nuestras, que viven bajo el peso de la ley del mercado y, por consiguiente, de la solicitud constante del deseo por la publicidad. Lo que hace la gente se sienta desgraciada es que están constantemente llamados a comprar cosas y que se les crea artificialmente la necesidad: las personas se endeudan y al mismo tiempo hacen dar vueltas a la ruleta económica, lo que nos lleva en una especie de esclavitud de la codicia. Nuestra sociedad descansa sobre esta esclavitud de la codicia”

 

Pienso últimamente que vivimos atrapados por dos planteamientos que, en su aparente oposición, entre lo público y lo privado, en realidad refuerzan un individualismo temeroso, desbrujulado, inconstante en sus convicciones que, a menudo no pasan de ser opiniones del momento, muy influenciable por los medios de comunicación y las redes sociales que frecuente. El intento de publificación a ultranza de determinadas instancias centrales de la vida en algunas cosmovisiones, como la educación, por ejemplo, amén de la proliferación de leyes y sanciones (“vigilar y castigar” que ya predijera M. Foucault hace 50 años) se enfrenta al auge irrefrenable, en nuestros tiempos de una internacional “casta” de controladores que nos está dominando, instaurando el imperio del individuo auto sometido a su poder. Me refiero obviamente al imperio de los GAFAM, acrónimo de Google, Amazon, Facebook, Apple y Microsoft. Así el individuo moderno se encuentra atrapado por una legislación absolutista, en la que la perdida de libertad, luego de responsabilidad, es cada día mayor, por un lado, y la incesante incitación al consumo por el otro, en nombre precisamente de esa “libertad” que difícilmente se puede ejercer ante el cúmulo de solicitudes de consumo de lo que sea. Si no detenemos en este último aspecto, en la parte de la pinza que le aboca al consumo, hemos de constatar que millones de humanos, sin cobrar sueldo alguno, dedican gran parte de su vida a generar dividendos para las GAFAM. Y en este campo, los adolescentes y jóvenes que están creciendo en la era digital, tienen un protagonismo indudable. De hecho, jóvenes y adultos digitalizados, damos gratuitamente a los GAFAM lo que necesitan: nuestra vida y milagros, nuestros deseos, nuestras apetencias, lo que hacemos cada vez que decidimos algo, por mínimo que sea. Cada minuto que pasamos en pantalla es dinero para las GAFAM. Se van apropiando de todos los signos que los humanos generamos en el planeta: el presupuesto de una empresa o el cumpleaños de la abuela en Facebook. Cuanta más atención les prestamos, más datos les damos y más rentables son. Los convierten en dinero, acompañándolos de publicidad viralizada, o en información mercancía para venderlos como “big data” a otras empresas. En Silicon Valley se encuentra, en realidad, el centro del poder del mundo que lo manejan, cada vez menos personas. Ya solamente amenazado, no de inmediato, pero sí a corto plazo, por China y quizás por India.

 

Peter Berger escribe que “no es algo accidental que el Cinturón de la Biblia se solape con el Cinturón del Sol; la región más conservadora a nivel religioso de los Estados Unidos coincide en parte con una de las más dinámicas del punto de vista económico”. ¡Ah, la ya más que centenaria tesis de Max Weber sobre la ética del protestantismo y el espíritu del capitalismo, resurge en plena era digital! Y. no se olvide que en ese Cinturón está Silicon Valley.

Éste es el fondo en el que sitúo el contexto en el que nacen y se hacen nuestros jóvenes. Olvidarlo sería letal. Afrontarlo, sin alarma, pero con decisión, es fundamental. Este es el reto para el futuro de los jóvenes.

 

 

(Texto que, ligeramente recortado, ha sido reproducido en la revista “El Ciervo”, n º 781, de mayo- junio 2020, pp. 14-15)

 


domingo, 31 de mayo de 2020

Reanudando el blog tras pasar el Covid 19


Reanudando el blog tras pasar el Covid 19


Llevo meses sin añadir nada a mi blog. He pasado por la experiencia del aislamiento hospitalario por el coronavirus. Que me ha dejado baldado y, teniendo otros compromisos previos adquiridos, he abandona el blog. Ya cubiertos mis compromisos lo reanudo, precisamente con el epilogo a un nuevo libro que se editará, en ed. San Pablo, en la otoñada y que he titulado ¿“Tendrá futuro el cristianismo en España? Precisamente el epilogo parte de mi peripecia con el Covid 19 en la Policlínica Gipuzkoa.

Epilogo en tiempo de coronavirus.

La primera redacción completa de este libro, a falta de redactar el Prólogo y revisar la redacción del texto la concluí el 19 de marzo, día de san José. Poco después, al final de aquella mañana, baldado desde hace días, aunque sin fiebre, decidí acudir a urgencias de la Policlínica de Gipuzkoa, donde trabaja mi médico de cabecera desde hace más de veinte años. Tras una auscultación, una placa y una analítica, aun con dudas, me enviaron a casa en espera de lo que diera el test en coronavirus, el famoso PCR. Al día siguiente me llamo mi médico, indicándome que había dado positivo y debía ingresar. Viendo la cara de mi médico tras otras prospecciones y su diagnóstico de que había que verlas venir, me entró algo más que una gran preocupación.
No sé cómo, un amigo jesuita, Ignacio Arregui, que lleva la WEB LoilaXXI, que sigo con sumo interés, se enteró de mi situación y me pidió unas líneas sobre mi situación. Publicó esta nota en su WEB el 25 de marzo, bajo este titular: El sociólogo Javier Elzo ante la posibilidad, que esperamos remota, de la muerte.

“Puedo escribir poco. Me canso.

Yo no creo en un “Deus ex machina” que me librará del coronavirus. ¿Por qué a mí y no a tantos que ya han sucumbido? Pero cuando hace 4 días me dijeron que mi futuro no estaba seguro, por primera vez en mi vida, como un choc, vi que la muerte no era un concepto, una realidad que nos llegará un día. No. Vi a la muerte en el segundo recodo de mi vida. Una muerte próxima.

Me sirvió de gran alivio y serenidad dejarme, abandonarme, en el misterio del Dios qué nos ha creado por amor. En el Dios que nos revela Jesús de Nazaret cuando trata de Abba a su Padre, y, en la cruz, muestra su doble condición de hombre (que pase de mi este cáliz) y su filiación divina (hágase su voluntad y no la mía).

Por eso mi oración frecuente es esta: “en tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu, mi cuerpo y mi vida”.

Lo más duro es no poder abrazar a los míos, en particular mis nietas y mi nieto.

Un abrazo, querido Ignacio
Javier”

Este texto se difundió entre los lectores de LoiolaXXI y recibí bastantes correos de amigos que me fueron de gran ayuda en mi aislamiento hospitalario.

La ciencia médica pudo, en mi caso, con el coronavirus y once días después, pude volver a casa a seguir el aislamiento hospitalario, algo aliviado al ver y hablar con mi mujer, aún con las precauciones debidas. Quince días después mi médico diagnóstico que ya había sobrevivido al coronavirus. Tuve suerte, y un cuadro sanitario al que nunca agradeceré suficientemente.

Pero, entre tanto, en alguno de los dos primeros días en el hospital me acordé de este libro. Temí que si pasaba lo peor quedara olvidado para siempre en un archivo de mi ordenador. Pedí a mi mujer que enviara copias a Maria Ángeles López Romero , directora de la editorial San Pablo y a dos amigos, Jesús Martinez Gordo, teólogo, y Rafael Díaz-Salazar, sociólogo, con ruego de que se hicieran cargo de lo ya escrito y, si la editorial estaba de acuerdo, escribieran el Prólogo y corrigieran la redacción, para edición. Recibí de los tres, correos alentadores a los que agradezco enormemente.

Pero, pasados unos días en casa, pude volver al libro, escribir este Prólogo y corregir, lo que pude, de la redacción del libro. Aunque, como ya he escrito en el Prólogo, tras unas reflexiones de Rafael Díaz-Salazar, modifiqué el orden del libro, redacté un nuevo capítulo y este epilogo.

Mi familia y mis amigos se volcaron en mí. Lo sentí en la cantidad de whatsapp que recibí. Todos los días: fragmentos musicales, videos divertidos, fotos de lugares entrañables para mí, reflexiones sesudas, muchas palabras de ánimo y cercanía. Mi aislamiento hospitalario, no lo llevé en soledad. Además del médico y del personal que entraba a mi habitación, bien protegida, siempre con cercanía y profesionalidad, las llamadas telefónicas, los correos y whatsapp que recibí, llenaron mis horas en la Policlínica.



Quiero destacar, ya como estudioso del fenómeno religioso, un video que un amigo hizo circular en una red de amigos, Xagu, que llevamos reuniéndonos 21 años, video largo de casi 5 minutos, en el que un italiano pretendidamente anónimo, escribe una carta, supuestamente redactada por el virus Covid 19. Es demasiado larga para transcribirla en su integridad en este Prólogo. Quizá más de un lector ya la conozca. Me limito, así y todo, a reproducir bastantes de sus frases:

 El COVID 19 se explica ante el mundo

“He reflexionado mucho estos días intentando encontrarle un sentido, porque algún sentido deberá tener esta absurda situación que nos hemos visto obligados a vivir: he imaginado que el virus podría hablar y he imaginado lo que diría a través de una carta, si pudiera hacerlo. Y estas son las palabras que he conseguido plasmar sobre un folio.

HOLA SOY COVID 19. Muchos de vosotros me conoceréis simplemente como coronavirus. Y si…soy yo. Perdonad el poco preaviso, pero no he podido avisar de cuando llegaría o en qué forma o fuerza me presentaría ante vosotros. ¿Por qué estoy aquí? Bien, digamos que estoy aquí porque estaba cansado de ver como os agredís en vez de ayudaros, estaba cansado de veros continuamente destruir con vuestras manos. Estaba cansado de cómo tratáis el planeta (…) estaba cansado de los abusos, de vuestra violencia, de las guerras, de vuestros conflictos interpersonales y de vuestros prejuicios, …estaba cansado de vuestra envidia social, de vuestra hipocresía y de vuestro egoísmo.

(…) Estaba cansado de vuestra superficialidad, estaba cansado de la importancia que a menudo le dais a las cosas superfluas, a costa de aquellas esenciales. Estaba cansado de vuestra continua y obsesiva búsqueda del vestido más bonito, o del último modelo de smartphone o del coche más bello, solo para parecer realizados. (…) Estaba cansado de veros discutir y pelearos por motivos banales. Estaba cansado de las continuas luchas de los que os gobiernan, y de las decisiones erróneas que a menudo toman aquellos que os deberían representar. Estaba cansado de ver gente que se insulta y que se mata por un partido de futbol.

Lo sé …seré duro con vosotros., quizá demasiado, pero no tengo consideración con ninguno, soy un virus. Mi acción os costará vidas, pero quiero que entendáis de una vez por todas que debéis cambiar el rumbo por vuestro bien. El mensaje que quiero dar es simple (…) He querido pararlo todo a propósito para que entendáis que la única cosa importante a la que tenéis que dedicar vuestras energías de ahora en adelante es simplemente una: la VIDA, la VUESTRA Y LA DE VUESTROS HIJOS (…).

Os he querido lo más recluidos y aislados posible: lejos de vuestros padres, de vuestros abuelos, de vuestros hijos y nietos, para que entendáis lo importante que es un abrazo, el contacto humano, el diálogo, dar la mano, una noche entre amigos, un paseo por el centro, una cena en cualquier local o correr por el parque al aire libre. Desde estos gestos se ha de retomar todo. Sois todos iguales, no hagáis diferencias entre vosotros. (…) Vivid vuestras vidas lo más sencillamente posible, caminad, respirad profundamente, haced el bien porque el bien os volverá siempre con intereses. Disfrutad la naturaleza, haced aquello que os satisfaga y cread las condiciones para no tener que depender de nada. Cuando lo celebréis yo habré marchado. Pero recordad. No intentéis ser mejores personas solo en mi presencia. ADIOS. DANILO CALABRESE” [1] .

Hasta aquí la transcripción parcial del video que ha recibido los parabienes de mucha gente. También entre mi grupo de amigos. Lo entiendo. Toca el corazón y ha encontrado un chivo expiatorio, el COVID 19, que cual “Deus ex machina”, expresión que viene del teatro antiguo cuando alguien de fuera, montado en una gran grúa (machina) irrumpe para salvar la representación. Aparece, de incognito, para, desde fuera, dar salida al teatro. Según el video, en la actualidad, en el teatro del mundo, el que irrumpe, con pretensiones salvíficas, es el COVID 19. Pero para ello el mundo tendrá que sufrir. Con dureza. Tendrá que tomar medidas duras, habrá que estar recluido y aislado en casa, no pudiendo estar con todos los suyos, muchos de los cuales el virus matará.

Pues bien, la lectura y visionado del video me trajo a la cabeza la destrucción de Sodoma y Gomorra que se narra en el libro del Génesis en los capítulos 18 y 19. Me limito a recordar aquí unas pocas frases. "Dijo, pues, Yahveh: «El clamor de Sodoma y de Gomorra es grande; y su pecado gravísimo. ¡Ea!, voy a bajar personalmente, a ver si lo que han hecho responde en todo al clamor que ha llegado hasta mí, y si no, he de saberlo.» Y marcharon desde allí aquellos individuos camino de Sodoma, en tanto que Abraham permanecía parado delante de Yahveh. Le abordó Abraham y dijo: «¿Así que vas a borrar al justo con el malvado? Tal vez haya cincuenta justos en la ciudad. ¿Es que vas a borrarlos, y no perdonarás a aquel lugar por los cincuenta justos que hubiere dentro? Tú no puedes hacer tal cosa: dejar morir al justo con el malvado, y que corran parejas el uno con el otro. Tú no puedes. El juez de toda la tierra ¿va a fallar una injusticia?» Dijo Yahveh: «Si encuentro en Sodoma a cincuenta justos en la ciudad perdonaré a todo el lugar por amor de aquéllos.". Y así continua el texto bíblico hasta los 10 justos que Abraham no encontró.

(…..) "Entonces Yahveh hizo llover sobre Sodoma y Gomorra azufre y fuego de parte de Yahveh. Y arrasó aquellas ciudades, y toda la redonda con todos los habitantes de las ciudades y la vegetación del suelo."

Es la concepción religiosa de un Dios que nos castiga porque nos comportamos mal. Es Yahveh el dios justiciero de los judíos en Sodoma y Gomorra, que se nos aparece en el Génesis en su modalidad antropomórfica en regateo con Abraham. En el video, el COVID 19 se nos aparece como un dios laico, en un mundo secular, que ha arrinconado, eliminado, la divinidad de los siglos (como muestro en el cuerpo de este libro siguiendo a Roberto Calasso). El Dios bíblico de Abraham y el dios laico del COVID 19 nos muestran en su comparación varias cosas:

1.    Los dos son “Deus ex machina”, interrumpiendo el día a día de los hombres y mujeres sin previo aviso. Son externos a la humanidad.
2.    Y lo hacen al modo justiciero. Por los malos comportamientos de los hombres y mujeres, vienen a castigar a la humanidad. Por un castigo en el que rivalizan en crueldad. Y lo hacen, claro está, por nuestro bien.
3.    Personalmente soy ateo de ambos dioses. Del sagrado Yahveh antropomórfico de Abraham, aunque ha evolucionado; así, para Lévinas, “el gobierno de Dios (para los judíos) consiste en someter a los hombres antes a la ética que a los sacramentos”, como cito, via Liberman, en el capítulo 7º de este libro. También soy ateo del dios secular, al que, una vez eliminado, no solamente el “Deus ex machina” que ha imperado en gran parte de la era de la cristiandad, sino también la posibilidad de la divinidad misma, echamos mano, para buscar un sentido a la pandemia que estamos padeciendo, como dice el autor del video, al coronavirus, que nace en un capricho de la Naturaleza: una infección de un animal a un homínido, haciendo así de él, un dios, engendrado en la propia Naturaleza, en sus propias leyes. La Naturaleza, para no pocos, es uno de los grandes dioses (con el Dinero) de la alta modernidad. Rebelarnos contra la Naturaleza, supondría rebelarnos contra dios y entonces seríamos expulsados del paraíso terrenal sagrado (como Adam y Eva) o secular, por el COVID 19.
4.    De ahí que me parezca fundamental distinguir la imperiosa necesidad del respeto a la naturaleza, la protección debida a la naturaleza, el rechazo a la depredadora acción de los hombres contra la naturaleza, de la idea de hacer de la Naturaleza un Dios ético, pues la naturaleza no tiene ética ni raciocinio, solamente leyes. Leyes naturales, por supuesto, las leyes de la naturaleza.
5.    Añadamos que los dos dioses, el del Yahveh antropomórfico de Abraham, y el del virus COVID 19 fruto de un capricho de la Naturaleza, nos dejarían desnudos. Nos muestran nuestras limitaciones y nuestra dependencia de un dios externo a la condición humana que puede actuar sobre nosotros, como le venga en gana, y del que hay que defenderse.
6.    Esto nos muestra que podemos encontrarnos en otra guerra de dioses. La cosa, para mí, no tendría mayor importancia si la lucha se realizada entre el Dios de Sodoma y Gomorra y el dios de la Naturaleza que se expresa en el COVID 19. Pues ya lo he dicho. Soy ateo de ambos dioses.
7.    Pero me preocupa, y mucho, si la confrontación se estableciera entre el dios de la Naturaleza, y este dios, lo repito, tiene muchos adeptos más allá del que se nos aparece en el COVID 19, y el Dios que se nos manifiesta en Jesús de Nazaret tal y como los cristianos, en los primeros siglos, vieron en EL, el Dios, a la vez, absolutamente humano y absolutamente divino. Un Dios humano, o si prefieren un humano Dios, divinizándonos de alguna manera, haciendo de Jesús de Nazaret algo así como nuestro Hermano Mayor y revelación del Dios de los cristianos, el Dios del Amor.

Así se entiende la expresión castellana que he visto reproducida, por ejemplo, en algún miembro de Aranzadi ahora que andan buscando restos humanos en las fosas de la guerra civil española, y que el papa Francisco ha utilizado varias veces, en su redacción más sencilla, en la pasada Semana Santa: “La Naturaleza no perdona jamás. El hombre, tiene capacidad de perdonar y lo hace a veces. Dios perdona siempre. Porque es padre y los padres siempre perdonan. Bueno, Dios perdona si es que existe. Que no lo sé. Si existiera ¿cómo podría permitir tantos horrores, tanto terror?”[2] La fórmula del miembro de Aranzadi, introduce en la pregunta la incombustible cuestión del mal si se acepta un Dios que ha creado el mundo por amor. El papa Benedicto, entre otros, ha dado una buena respuesta a esta cuestión, precisamente rechazando la binariedad de un Dios bueno y otro malo, como Satanás o, en un registro laico, el COVID 19. La reflexión de Benedicto XVI la pueden leer al final del capítulo 5º de este libro.

Envié el texto que acabo de reproducir sobre la “comparabilidad” del Dios antropomórfico de Abraham y el no menos antropomórfico del Covid 19, a mi amigo, y teólogo de cabecera, Jesús Martinez Gordo por si tenía algo que decirme. Un par de días después, recibo su respuesta que, con su permiso, traslado aquí:

“(….), he leído tu texto un par de veces
Ya te había escuchado, el día que viniste a Vitoria, tu “ateísmo” de esos dos imaginarios de Dios.
Tal y como lo has formulado, se entiende perfectamente
Yo no tendría problemas, incluso, en firmarlo
Sin embargo, la cuestión que queda en el aire, supongo que, para los dos, es cómo articular el imaginario de Dios Padre-Madre de la parábola del hijo prodigo con el de Mateo 25, el juicio final
Éste es el asunto, teológicamente significativo, para que Dios, Padre-Madre, no acabe siendo un aitite (abuelo en Bizkaia) o una amama (abuela también en Bizkaia) calzonazos e irresponsable
La superación de un Dios cruel o juez despiadado no puede llevarnos al aitite-amama calzonazos que mata a su nieto (diabetes) regalándole todos los días una tonelada de chuches
Creo que por aquí va la propuesta del examen de amor “al atardecer de la vida”
No me parece mala.
Y no me lo parece porque conjuga el Dios solo misericordia de Lutero con el justiciero implacable, tradicionalmente católico
En todo caso, la salida a tu “ateísmo” (no olvides que compartido) es de conjunción teológica y espiritual: tengo que ser bueno, porque Dios es bueno conmigo.
Y siéndolo, disfruto del regalo de la vida.
Por eso, no temo ese juicio de amor
Pero creo sensato que exista
Y me da, que comienza en cuanto fallezcamos
Las primeras mediaciones de ello, serán las personas que nos han conocido y, sobre todo, las más cercanas
Esto es lo que me sale a vuela pluma”

Tras agradecerle su comentario le prometí una segunda botella (ya le debía una) de vino de Rioja de maceración carbónica que tanto aprecia. Pero no quiero olvidar dos cosas. La primera para recomendar vivamente, el último libro de Jesús Martinez Gordo, “Ateos y Creyentes”, ya citado en este libro y en segundo lugar, lo que a través de varias conversiones con él, y con un amigo común, le he escuchado repetir. Lo digo con mis palabras: el Dios de Jesús, es el Dios de tres montes: El monte de las Bienaventuranzas, donde nos transmite sus enseñanzas, su cosmovisión, su ética; el Dios del Gólgota donde nos muestra su disponibilidad a compartir el sacrificio extremo de todos los hombres y mujeres que sufren (le gusta repetir a Jesús Martinez Gordo que el primer creyente cristiano es el centurión del Gólgota), y el Dios del Monte Tabor donde quizá, más que en otro pasaje de los evangelios, antes de su ejecución y posterior experiencial pascual, nos permite vislumbrar, atisbar, el misterio divino de Jesús de Nazaret.      

Pero no quiero cerrar este Epilogo, ya demasiado largo, sin presentar al cuarto amigo que mencioné en el prólogo del libro. Es un amigo de los últimos tiempos: Arnoldo Liberman. Pensador, psicoanalista, judío, prolífico escritor de libros magníficos, aunque exigentes, musicólogo eminente, fervoroso de Mahler, Schönberg, Weinberg, que respeta mi culto a Bruckner y nos encontramos en Wagner, aunque él prefiera Tristán y yo Parsifal, pero coincidamos en que el Wagner más penetrante está en el diálogo de Wotan y Brunilda en el final de La Valquiria.

Le mandé mi texto que reprodujo Ignacio Arregui en su WEB LoilaXXI, que he trasladado al inicio de este epílogo. Me contestó Arnoldo con lo que denominó un “textito”, largo de cinco páginas, que tituló “¿Delirio o verdad?”, una lúcida y penetrante reflexión sobre el poder de la música en nosotros del que reproduzco unas líneas y mi respuesta, prolongada después, para cerrar este epilogo.

Escribe Liberman. “Ningún análisis racional ni ninguna pretensión de laboratorio puede dejarnos ver qué se oculta en ese enigma que habita en todo oyente o melómano, allí donde algunos consideran que un don se nos ha otorgado, pero que, por su misma esencia, ese don se consume a sí mismo. No obstante, nuestra búsqueda de una respuesta es empecinada y pretenciosa, porque lo que está en juego es nuestra inquietud de preguntar por el misterio del sentir, la corchea que algo definitivo nos dice, la ansiedad ante lo equívoco, las vicisitudes de cada día y el último terror de la muerte. Y en este preguntar (¿infructuosamente o humanamente necesario?) está el desafío que nos arrastra a buscar una respuesta que, aunque provisional, amaine nuestra ansiedad. Sabemos bien que el ser humano es no sólo un generador, a veces, de situaciones imposibles sino de autoengaños tramposos. Y quizá esa terca búsqueda de respuesta sea sólo una estrategia para estar del lado de las corcheas, protegernos del vacío y acompañarnos de su existencia”

Le respondí así: “Perdona la confidencia, querido Arnoldo, pero yo también “necesito protegerme del vacío” que provoco con mis preguntas, y quizá me auto engaño con mis respuestas. Déjame añadir, que te diga que, desde que sentí la vivencia de la muerte, con el coronavirus, me ha acompañado, amén de mi inconsciente, aunque reflexionado, religioso, los dos libros del Clave Bien Temperado de Bach. Daniel Barenboim en el Primer Libro y Edwin Fischer en una grabación de 1934 en el Segundo. Es la única música que escuché en el hospital, y varias semanas después al comienzo de mi convalecencia, ya en mi domicilio. Todo está en Bach, que le escuche decir a Chillida en una ocasión.

Parafraseando tu texto escribo que en tus corcheas (la obra musical), Bach, Dios (¿qué Dios?) está el desafío que nos arrastra a buscar una respuesta que, aunque provisional, amaine nuestra ansiedad, incluso consintiendo que puedan ser autoengaños tramposos, que nos protejan del vacío, especialmente cuando el vacío es definitivo”.

Y, después, he añadido para este Epílogo:

Pero hay una diferencia colosal entre la corchea (la obra musical) aunque sea la de Bach, la de la sima sin fondo y sin fin del Clave Bien Temperado (y la de los idolatrados por ti y por mí, Mahler, Schönberg, Weinberg, Bruckner, Wagner….) cuando los ponemos junto a Dios, al menos el Dios que, tras mil y una vueltas, tras haber percibido sus mil y una caras, es ahora el Dios en el que deposito lo que llamaré la fe; fe que para mí equivale a confianza; y, la fe y la confianza en ese Dios, provocan el abandono cuando el vacío definitivo está a la vuelta de la esquina. Cuando vi la incertidumbre en mi médico con los primeros análisis tras la confirmación de mi infección por el Covid, cuando a mi angustiada interrogación respondió “verlas venir, tocar madera” no encontré otra madera que la del Innombrable, la madera del Inasible, al que nadie ha visto nunca jamás, más que en fogonazos, en destellos, en susurros, en zarzas ardientes y de espaldas…y me entró una paz y una tranquilidad con la que logré conciliar el sueño, acompañado por la música del Clave Bien Temperado.

La respuesta a mi ansiedad se tradujo en un abandono en eso que, falto de palabras, denominaré el misterio de Jesús de Nazaret, quien llamó Abba a su Padre y que, las generaciones de cristianos que me precedieron, me transmitieron un Espíritu de Dios, cual Misterio sin palabras (como es la música, dixit George Steiner), para no desconcertarme en demasía, en mi buscado anhelante de sosiego. En efecto, para amainar mi ansiedad, en la provisionalidad de todo lo que quepa decir de Dios (un “absoluto relativo” lo denomina Paul Ricoeur) me digo, en abandono protector del vacío, “en tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu, mi cuerpo y mi vida”. Lo acompaño con la música del Clave Bien Temperado, los lieder de Mahler, los motetes de Bruckner y tantos más, soñando con nuevos conciertos en vivo, seguidos por mesa y mantel contigo y con Susi, tu esposa, con Juan Ángel y Concha, su mujer, y con la mía, y bucear gustosos en otro pozo sin fondo, la conversación en la amistad franca, sincera y confiada.







[1] Recibido el 2 de abril. El Video, en italiano con traducción al castellano está en Youtube. Aquí:  
[2] El papa Francisco lo dice así: “Dios perdona siempre, el hombre a veces, la naturaleza nunca”