viernes, 23 de noviembre de 2012

50 horas en Madrid


50 horas en Madrid
El martes 20 tras un vuelo sin problemas (Iberia se porta mejor últimamente) llego a mi hotel, Don Pío, en Pío XII, pasadas las 6 de la tarde, y en él me quedo leyendo. Los aeropuertos y los aviones me irritan y agotan. Salgo a cenar al Restaurant Doña Paca, al final de Príncipe de Vergara y, como siempre, me deleito con unos sesos ya muy difíciles de encontrar. La señora de la casa, con la que me enrollo casi toda la cena, me dice que desde las “vacas locas” los han quitado de las cartas y que ella es de las pocas que lo mantiene. Me dice que es gallega y que se ha especializado en guisos y comidas preparadas a la antigua usanza (callos, cola de ternera, sesos etc.), aunque no sé porqué, en las guías aparece como cocina andaluza, pues también hay arroces en el menú, pero los arroces no salen en nuestra conversación. Lo que me sirve es una delicia. Claro que es un martes de noviembre por la tarde-noche, cené a las 20,40, con un servicio y una cocina impecables.

El miércoles 21 por la mañana me dirijo a la FAD, razón de mi viaje para trabajar en el Centro Reina Sofía de Análisis sobre Adolescentes y Jóvenes. Sus mentores Ignacio Calderón y Eusebio Megías han formado un Consejo Asesor del Centro al que me han invitado. Con ellos me siento como en casa, pues es uno de los espacios donde más he investigado y más he aprendido. Es un ámbito de emulación y de libertad intelectual que ya no existe en la mayoría de centros controlados por la clase política o la iglesia. Y no digo todos porque no los conozco a todos. Están (estamos, ya) preparando un Proyecto de estudio y análisis sobre los adolescentes y jóvenes que sirva a los padres, educadores, formadores, agentes que trabajen con adolescentes y, loa propios adolescentes y jóvenes. Me ilusiona mucho. Aunque ya tengo 70 años, 71 cuando se haga público el Proyecto…. Pero los demás miembros del Consejo Asesor, catedráticos con ilusión y sobrados de competencia, son bastante más jóvenes que yo. Lo que me tranquiliza. Aunque más aun me tranquiliza saber que cuando, rara vez desde que estoy jubilado de dar clases, hablo a/con los jóvenes engancho con ellos y ellos conmigo.

Hay mucho que hacer en este tema de los adolescentes y jóvenes. ¿Volverá la emigración a Alemania, a Gran Bretaña, Holanda, Suecia, China, Latinoamérica., etc., como en los años 60 del siglo pasado, pero ahora con nuestros jóvenes diplomados?. Tengo la intuición de que debemos escucharles más y hablar menos de ellos, sin haberles escuchado en profundidad. Volveré al tema en este blog.

Tras haber almorzado con el equipo del Centro de Adolescentes, una vez más en “El Puchero”, (menestra recomendada fuera de la carta, soberbia, y media ración de sus sublimes habitas) y obedecer al médico con mi siesta, a las 19,30 estaba incómodamente sentado en el segundo piso del Auditorio Nacional. Pagué la entrada 118 Euros en vez de los 180, creo recordar. La próxima vez pagaré los 180, o me quedaré en casa. Concierto de repertorio con la Filarmónica de Munich y Lorin Maazel. Solo Beethoven al programa. La Obertura Egmont (¡qué música!), el concierto para violín con Michael Barenboim (con dos cadencias que nunca había escuchado, realmente buenas, ¿serían suyas?) y la Quinta. Un Beethoven, románticamente más melódico que motriz, otoñal, muy otoñal, sin violencia sí, sin pasión también. En el adagio o andante (no sé bien),  Maazel sesteo, marcando mucho, demasiado, a mi juicio, los fortísimos. Pero el fraseo, los escarceos de la cuerda con instrumentos de viento, los diálogos de violín y flauta, la musicalidad que arranca Maazel de su orquesta, fueron maravillosos. Y cuando Maazel, tras sus tics, encuentra a  Beethoven, el prodigio salta y te arrebola. ¡Qué belleza!. Así a lo largo de todo el concierto con un final, siempre complicado, que Maazel resuelve con notable alto: sin desbordamientos si, sin “fuoco” también. Otoñal, muy otoñal como un whisky de entretiempo. Eso si, de calidad. Oban por ejemplo. Al terminar la Quinta no aplaudí. La señora que tenía al lado, una abonada de siempre de Ibermusica, sorprendida de verme en ese asiento, que debía ocupar otra persona, me interpeló: ¿es que no le ha gustado?. Apenas respondí afirmativamente con la cabeza. Es que salí conmocionado. ¡La Quinta!.

(Port Data. Un amigo de la FAD, melómano, me dice el 23 de Noviembre  que el concierto del 22 que comenzaba cuando yo aterrizaba en Hondarribi, fue sensacional. "La Mer" realmente insuperable, me decia. Ya sabíamos que Maazel es un mago con la musica francesa. Habñia transmitido mis temores a mi amigo por la interpretaciona que pudiera hacer de "La Consagración". Hace uno o dos años le escuché la Pastoral y la Consagracion y me resultaron, en gran parte, plumbleas. Y la orquesta era la Filarmónica de Viena. Pero mi amigo me señala que hizo una Consagracion magnífica y que el público (lo que no sucedio con Beethoven) se cayó. De lo que me alegro obviamente. Maazel es un grandissimo director. Auque con sus tics, ciertamente, hace musica. Buena musica. Pero tiene el mal gusto de dar como propina, como con la Fil. de Viene una danza hungara de Brahms. Supongo que la quinta, ¡Despues de la Consagración de la Primavera!. Es como beberse un Glenfiddich despues de un Talister)

El jueves 22, a primera hora, visito la exposición de Gauguin en Thyssen. Más que la pintura en sí, de la que me declaro lego total, me interesan los objetivos de Gauguin, quien, sintiéndose solo en el ruido de la ciudad, persigue el “salvaje” no contaminado por la civilización del hombre occidental, y viaja en busca del paraíso inexistente en la tierra para acabar buceando en el último rincón del interior de si mismo pensando ahí encontrarlo. ¡Misión imposible!. Casi el último cuadro de la exposición, “Paisaje con perro”, ya Gauguin enfermo, se me aparece (dice la guía auditiva que se presta a múltiples interpretaciones) como la constatación del mundo como cárcel, el muro en verde del lienzo presentándose infranqueable ante lo que se adivina, al fondo, como la salida al horizonte sin límites.

Me impresiona Emil Nolde: sus “Retratos de nativos”, “Madre y Niño” y su “Selva Tropical” tenebrosa, colgada junto a otro lienzo de Gauguin, de singular temática, cuyo titulo no he retenido, mucho más amable Gauguin con la naturaleza.

Ciertamente las mujeres que pinta Gauguin son maravillosas y se comprende su arrobamiento que consigue trasladarnos en sus lienzos: “Dos mujeres tahitianas”, “Mujer con abanico”, “Mata mua”….

Del Thyssen vuelo en taxi para una importante reunión en torno al Centro Reina Sofía sobre adolescentes y jóvenes con la particularidad de que participan en la reunión, además de los que ya trabajamos ayer, el Presidente de la FAD, Sánchez Asiain, y la persona que ha aceptado dar su nombre al Centro. La Reina, a quien conozco de otras reuniones y Congresos de la FAD, como siempre se muestra interesada en toda la problemática de los adolescentes y jóvenes. Nos somete a un bombardeo de preguntas, nos pide explicaciones sobre nuestros propósitos, no se conforma con respuestas protocolarias e interviene en nuestro intercambio de opiniones, entre miembros del Consejo Asesor y los que conforman el equipo de la FAD, intercambio franco y cordial si, pero no necesariamente coincidente. Lo que creo que aprecia la Reina más habituada, por el protocolo, a encuentros públicos encorsetados en los que, en no pocas ocasiones, se limita a decir “Declaro inaugurado este Congreso”. Aunque, también habitualmente, en los Congresos, se queda a escuchar la primera conferencia y después dialoga con los participantes. La persona que le acompaña señala discretamente que el tiempo pasa y, más allá del previsto para el encuentro, éste concluye con los ánimos de la Reina para que la singladura del “Centro Reina Sofía de Análisis sobre Adolescentes y Jóvenes”, cuya botadura pública (aunque se lleve ya trabajando más de un año) se prevé para febrero de 2013, sea un éxito.

De nuevo Iberia cumple sus horarios y llego a casa para cenar. Pero, al hacer una consulta sobre un próximo viaje, intercambio unas palabras con una empleada de Iberia que me muestra su gran preocupación por su futuro. Me dice que los ingleses se han comido Iberia. ¡Ay, la soberanía!.

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