sábado, 23 de diciembre de 2017

El rechazo al nacionalismo

El rechazo al nacionalismo

Una versión reducida de este texto se publicó en DEIA y en “Noticias de Gipuzkoa” el 15 de diciembre de 2017


El nacionalismo tiene mala prensa. Muy mala. Hay que buscar con lupa un texto en el que se alaben las virtudes del nacionalismo. Incluso quienes se dicen nacionalistas, cuando están fuera del círculo de amigos o de otros nacionalistas, se expresan, frecuentemente, como tales nacionalistas, con toda suerte de circunloquios: nacionalista abierto, en nada etnicista ni xenófobo, menos aún racista; nacionalista sí, pero de izquierdas (ser nacionalista y de derechas puede ser lo peor de lo peor y tildado de fascista como poco) moderadamente nacionalista etc., etc. Por el contrario, la crítica al nacionalismo aparece por doquier, en la derecha como en la izquierda, en el poder como en la oposición, entre laicos como entre religiosos, etc. Pero, según desde donde se hable, se puede tildar como nacionalistas a colectivos bien diferentes. Es lo que trato de mostrar en estas líneas, con textos recientes, provenientes de ámbitos y sensibilidades políticas diferentes. Básicamente retendré, con alguna excepción, posiciones anti- nacionalistas por personas o colectivos tenidos como bastante moderados o, al menos, no extremistas. 

El líder del PSC, Miquel Iceta, ha reprochado al alcalde de Gimenells, Dante Pérez, que se haya ido con "los nacionalistas del PP", después de que el edil leridano fichara ayer por el PP horas después de romper el carné socialista por "no querer compartir partido, dijo, con los nacionalistas de Unió". (EFE 10/11/17). Para Iceta, la maldad no parece residir en que el alcalde de su partido lo haya abandonado para pasarse al PP, sino que lo haga prefiriendo el nacionalismo del PP al de Unió.

Según refiere la misma agencia EFE (19/11/17), el presidente de Ciudadanos, Albert Rivera, ha llamado a aprovechar el 21D para "poner fin al nacionalismo y su idea caduca", que ha definido como "un veneno que puede enfermar a Europa", y acabar con "40 años donde el nacionalismo nos ha marcado la agenda". Rivera ha dicho a los "nostálgicos", en alusión a PP y PSOE, que "el bipartidismo y el pasteleo con los nacionalistas ha muerto" porque "el pueblo español ya no lo tolera" y porque "ha llegado Ciudadanos".
"Ciudadanos es la alternativa ciudadana frente a la hegemonía nacionalista" ha añadido, y la apuesta por "valores cívicos no identitarios". y es la garantía para lograr una "Cataluña libre, sí: pero de corrupción, de imposición y de nacionalismo". Recuérdese que votó en contra del Cupo vasco el pasado 23 de noviembre en el Parlamento de Madrid.
Claro que la idea de que el nacionalismo es un veneno ha debido tomarla, Albert Rivera, nada menos que de Juncker, el presidente de la Comisión Europea quien en una entrevista al diario “El País” del día anterior declaraba que “el nacionalismo es veneno. (…) Estoy a favor de la Europa de las regiones: de respetar la identidad, la diferencia. Pero eso no supone que vayamos a seguir a esas regiones en todas sus aventuras, que a veces son un tremendo error”. Y ya refiriéndose a Catalunya, añade: “El Gobierno y la Generalitat pueden discutir el grado de autonomía, pero Europa es un club de naciones, y no acepto que las regiones vayan contra las naciones. Menos aún fuera de la ley”. ¡Acabáramos! El nacionalismo malo es el de las regiones, no el de las naciones estado. Pero, como veremos inmediatamente, no piensa lo mismo, Enrico Letta, quien fuera primer ministro de Italia.

No entro hoy, aquí, en el tema del cumplimiento de la ley, aunque no sin señalar, que hay muchas leyes no cumplidas. El Estatuto de Gernika es un clamoroso ejemplo de ello. (Ya sé que no es lo mismo, pero no hay nunca dos situaciones históricas idénticas). Quiero subrayar la idea clave de una concepción de Europa como club de naciones, club frente al que las regiones solo les queda doblegarse.

He concluido la lectura del reciente libro de Enrico Letta “Hacer Europa y no la guerra”, Península 2017. Letta es un político de cultura democristiana, que además de primer ministro en Italia, tras haber sido ministro de Asuntos Exteriores, actualmente, entre otras cosas, es el presidente del Instituto Jacques Delors. Letta tiene un perfil con el que “a priori” yo comulgaría. Ha escrito un breve libro, con aspectos interesantes, otros criticables. Al final, la lectura de libro, junto a algunos capítulos francamente interesantes, suscita más preguntas de las que pretende resolver. A mi juicio, obviamente.

Para Letta, uno de los principales problemas de Europa radica en los nacionalismos. Pensando en la Unión Europea, escribe que “se perfila un nuevo bipartidismo político entre globalistas y nacionalistas, como vimos en la última campaña presidencial francesa” (P. 72). Léase todo el capítulo y se constatará que Letta piensa, exclusivamente, en los nacionalismos de Estado, el francés, inglés, alemán, italiano etc. No menta en absoluto los nacionalismos de los países sin estado, como el vasco, catalán, escocés, flamenco etc. Y cuando habla de vascos, bretones, andaluces, alsacianos, lombardos o sicilianos, lo hace como “hijos de una misma familia” (p. 95): la familia del estado al que pertenecen. Para Letta esto es muy claro. La familia es el Estado, lo que, así dicho, sin matiz alguno, es insostenible. Doy un ejemplo fuera de España para no cortocircuitar la lectura de estas líneas.

Habiendo estudiado en Lovaina y manteniendo relación desde hace 50 años con Bélgica, resulta imposible decir que flamencos y valores pertenecen a la misma familia. Son circunstancias concretas (entre otras que Bruselas en territorio flamenca se habla básicamente francés, aunque en la actualidad también inglés, árabe, español…). En la misma página 95 del libro de Letta podemos leer que “la misión de Europa no es borrar los Estados. Tampoco constituye un superestado. Cuanto se aborda a nivel europeo debe hacerse así porque no puede hacerse a nivel nacional (…). Pero no es posible reducir a Europa a un nivel pertinente de acción, a una escala eficaz (…) sino también a un sentimiento de pertenencia a Europa que podamos experimentar en el interior”.

¡Ay!, no salimos de la Europa de los estados, de las naciones-estado, más que por razones de eficacia ante el poderío de los países emergentes, de Asia y del traslado del centro de gravedad del planeta del Atlántico al Pacifico. Los países sin estado, incluso los que tienen un gran sentimiento europeísta como Escocia, Flandes, Euskadi, Catalunya etc., quedan sencillamente arrinconados y como protesten … miren lo que está pasando en Catalunya. Algún día habrá que detenerse a pensar el porqué de la mala fama del término nacionalista y a qué realidades sociopolíticas se aplica, y quién las aplica. 

En la Iglesia Católica, en España, a cuenta del conflicto catalán se ha vuelto a escuchar aquello de que “la unidad de España es un bien moral”. Y cosas aún más fuertes. He aquí un par de ejemplos. El cardenal Fernando Sebastian ha escrito un artículo que ha titulado “Catalunya querida”, titular que, a juicio del historiador y monje de Monserrat Hilari Raguer, suena a sarcasmo. En efecto escribe Sebastián: “El nacionalismo es siempre victimista, pero es victimista porque antes, y más profundamente, es egoísta, se cree más que los demás y quiere más que los demás. Es egoísta e insolidario. Pretende estar solo para vivir mejor (…) Y algo tiene que ver también en todo esto la descristianización galopante que está sufriendo Cataluña en estos años. El independentismo descristianiza y la descristianización favorece el independentismo”. (En Vida Nueva nº 3.056, Octubre-Noviembre 2017). ¡Qué cosas hay que leer! No había leído nunca que independentismo y descristianización hacían pareja.

Pero no se queda atrás el Cardenal Cañizares. En una entrevista a la pregunta de si “se puede ser independentista y un buen católico”, responde esto: “En el caso de la secesión, no. Lo digo cuando se trata de países democráticos. No se puede ser católico en Italia y defender el secesionismo”. Pero piensa en España cuando declara “que (en la Conferencia Episcopal española) deberíamos entrar más a fondo en el tema de la unidad de España, del valor moral de la unidad de España. El problema de los nacionalismos no es exclusivo de nuestro país. Está en Italia con el norte, en Francia con Córcega, en Alemania con Baviera, en Bélgica con Flandes, en Reino Unido con Escocia.... Es un tema muy actual. Sería muy oportuno que en estos momentos se hiciese una calificación de la no legitimidad del secesionismo en países democráticos”. (De una entrevista en “La Razón”, 26 /11/17)

Para Sebastián independentismo y descristianización van de la mano. Para Cañizares un buen católico no puede ser independentista. Si, la sombra del nacional - catolicismo español es muy alargada y sigue vigente.

Ya que este artículo iba de citaciones, permítanme que lo concluya con el gran Edgar Morin cuando escribía (Le Monde 30/04/17) que “la división izquierda-derecha es invisible en la economía y en la política exterior. y, en su lugar vivimos una alternativa estéril entre la globalización y la región, entre Europa y la nación, entre americanización y soberanismo, cuando habría que promover la independencia en la interdependencia, aceptar la globalización en todo lo que suponga cooperación y cultura, mientras que los territorios están amenazados de desertificación” (…) “Se trata de mantener y proteger la nación en la apertura a Europa y al mundo. Debemos ir más allá de la alternativa estéril entre la globalización y el nacionalismo”.


Pero pocos políticos y cardenales leen a Edgar Morín quien defiende la independencia en la interdependencia. Si les parece un trabalenguas quédense con la soberanía compartida. Es que además no hay otra, aunque los unionistas quieran no verlo. Claro que algunos independentistas tampoco.

sábado, 2 de diciembre de 2017

Una mirada rigurosa al planeta de 2050

Una mirada rigurosa al planeta de 2050

(Una redacción bastante abreviada de este texto se ha publicado en DEIA y en Noticias de Gipuzkoa el 02/12/17)

En un libro excepcional, todavía no traducido al castellano, - pero ¿lo traducirán? - , del bearnés afincando en Baiona, Michel Camdessus, quien fuera director general del FMI y gobernador del Banco de Francia, titulado “Vers le monde de 2050”. Fayard 2017, traigo aquí lo que él considera (en reflexión con un grupo de trabajo planetario de primer nivel) las grandes tendencias del mundo con la vista puesta en 2050. Son estas:

La cuestión demográfica: un mundo de viejos (Europa), un continente de jóvenes (África). Las previsiones demográficas son formales. En Europa, de 738 millones de personas en 2015 pasaremos a ser 640 en 2100, y muy envejecidos. África de 1.200 millones en 2015 se prevé que tendrá 4.400 millones en 2100, en una población mundial estimada en 11.200 millones de personas. Será la reserva juvenil del planeta. Y el mar Mediterráneo es el “rio Grande” que nos separa de ellos. Y no hay, ni habrá, muro ni Trump que impida que los tengamos entre nosotros. Camdessus lo dice así: “de la forma como gestionemos en los próximos 35 años la caída demográfica de Europa y el doblamiento de la población africana, dependerá el futuro de la humanidad”.

Un mundo en crecimiento continuado. El escenario más probable habla de un crecimiento medio anual del 4%, en el periodo 2016-2050, en los países emergentes y en desarrollo. El mundo será mucho más rico. La renta media mundial por persona habrá pasado de 15.000 euros en la actualidad a 35.000 Euros en 2050. Insisto que las cifras hablan de rentas medias, pues la desigualdades sociales irán en aumento, aunque, salvo bolsas de pobreza, hasta los más pobres, serán menos pobres. Pero, insisto en ello, en valores absolutos, no en comparación con los más ricos. Los índices de pobreza son relativos, relacionados con los niveles de bienestar del conjunto poblacional de referencia.

El gran avance de las economías emergentes. Los países llamados emergentes (China, India, Brasil, Indonesia, México, Rusia y Turquía) pesarán más del 50 % del PIB mundial, mientras que los del G7 (Estados Unidos, Canadá, Gran Bretaña, Francia, Alemania, Italia y Japón) disminuirán al 20 %, cuando en 1980 representaban el 52 % del PIB mundial. El centro del mundo ya ha basculado del Atlántico al Pacifico. Sin embargo, el PIB por cabeza será de 78.700 dólares en los países del G7, mientras que en los países emergentes se quedará en 29.000. Camdessus señala, y será una de sus ideas básicas, que una nueva gobernanza mundial se impone. También apunta, con datos, que ningún país europeo en 2050, tendrá peso suficiente para sentarse en el Club de dirigentes del planeta, salvo que se unan en una Europa fuerte. Lo que exige, añado yo, acabar de una vez por todas con la pretendida soberanía de los Estados-Nación. Actuales o futuros.

Una urbanización galopante. Peor aún, si todo sigue igual, vamos a un gigantismo de grandes urbes: Tokio 38 millones de habitantes, Shanghái 35, Yakarta 31, Delhi 25…. Gigantismo de empresas, con poderes en pocas manos, desertización rural de personas que van a mal vivir en inmensas concentraciones urbanas. En 2050, en una población mundial de 9.700 millones de personas, 2.000 millones corren el riesgo (según Naciones Unidas) de vivir en bidonvilles, en favelas, ciudades de miseria…¡Y se organizan Congresos millonarios, a 990 € la entrada, sobre los “Smart city”!. ¡Ciudades inteligentes!

Globalización de las finanzas: mercados financieros más integrados y estables. Este es un tema en el que Camdessus invierte, en la segunda parte de su libro, bastantes páginas. Por algo fue director del FMI. Dos de sus ideas retengo aquí: la absoluta necesidad de regular los mercados financieros si no queremos car de nuevo en otra crisis mundial (hipótesis que no descarta y que apunta en varios momentos del libro) y la absoluta necesidad de que las finanzas estén al servicio de la economía, luego de la sociedad. La fluctuación endogámica de las finanzas, en busca de aumentar los números en las pantallas del ordenador, destruyendo las economías de algunos países, sin regulación alguna, es un potente factor criminógeno, todavía no controlado.

La explosión de las clases medias en las economías en desarrollo. Nada de eso ocurre entre nosotros (en Euskadi como en España), donde, como consecuencia de las crisis de 2008, parte de la clase media baja ha descendido hacia la clase baja. Pero, nosotros, formamos parte de las economías ya desarrolladas y no de las “economías en desarrollo”, en las que, según prospectivas que aporta Camdessus, en 2050, el 82% de la población mundial pertenecerá a las clases medias o altas. El gran salto se producirá, sobre todo en América Latina y en Asia. Camdessus es rotundo: “por primera vez en la historia, la mayoría de la humanidad la conformará la clase media” (p.62). Claro que habrá que ver tener en cuenta para ello el aspecto que refiere a continuación.
 
La escasez creciente de los recursos naturales. En efecto algunos bienes básicos como el agua, fuentes de energía, ciertos minerales para las últimas tecnologías, terrenos cultivables etc., etc., serán insuficientes si los nuevos miembros de las clases medias, adoptan el modelo de consumo desenfrenado y el estilo de vida de las actuales clases medias del mundo opulento. Esta situación nos lleva a una “guerra” por el control de esos bienes. Para superar ese riesgo, Camdessus aboga por una moderación en los hábitos de vida y una gobernanza planetaria. Apuestas que desarrollará en la segunda parte de su libro.

El cambio climático: es urgente actuar. La conferencia de Paris de diciembre de 2015 alcanzó un consenso inaudito en 196 países, sobre las causas del cambio climático en la que la acción humana, en gran parte con la fuerte emisión de gas carbónico, es determinante. Si los compromisos de Paris se mantuvieran “la perspectiva de aumento en los próximos cincuenta años, sería mas de tres que de dos grados, lo que haría inhabitable parte del planeta, particularmente África” donde reside la mayor concentración de población joven. Pero, con Trump en EEUU y con los comportamientos de China, ya se puede decir que no se van a cumplir los acuerdos de Paris de 2015. El 13 de noviembre de 2017, 15.364 científicos de 184 países publicaron un grito de alarma sobre el estado del planeta, apelando a la acción de la sociedad civil. Proponen una serie de medidas concretas.  http://abonnes.lemonde.fr/planete/article/2017/11/13/le-cri-d-alarme-de-quinze-mille-scientifiques-sur-l-etat-de-la-planete_5214185_3244.html

He aquí algunas:

        Privilegiar las reservas naturales y. si es posible, conectarlas
        Suprimir toda deforestación en el planeta
        Impedir la eliminación de animales en extinción, particularmente los grandes depredadores para mantener el equilibrio ecológico
        Reducir el despilfarro alimenticio y reducir el consumo de carne animal y reorientarla hacia la alimentación de origen vegetal
        Reducir la tasa de fecundidad en determinados países.
        Sensibilizar y educar a los niños en la relación con la naturaleza
        Promover fuentes de energía verdes
        Reducir las desigualdades sociales en el planeta


Un progreso tecnológico fulgurante. Los microprocesadores doblan su velocidad cada 18 meses, reduciendo el precio. En 2050, un solo ordenador tendrá la capacidad de todos los actuales ordenadores de Silicon Valley. Las ventajas para la sanidad parecen gigantescas. No pocos apuestan por el movimiento transhumanista, que no solamente prolongará vida a los 200 y más años. Algunos sueñan con abolir la muerte. Además, ya estamos en la era eugenésica. Ya es posible manipular el embrión para que salgan “chicos rubios con ojos azules” o producir Bill Gates en cadena, esto es, personas super - inteligentes. El mundo feliz de Aldous Huxley. Entre tanto trabajamos gratis para las GAFA, siglas de G-oogle, A-pple, F-acebook y A-mazon. Sin cobrar y algunos hasta pagamos por trabajar para ellas. “La técnica incontrolada sirve básicamente para esclavizar al hombre. La economía está igualmente incontrolada” (Edgar Morin, Paris 21/09/14).

Las nuevas caras de la violencia. Básicamente con esta expresión se está pensando en la violencia terrorista de signo islamista que ha adquirido una dimensión prácticamente planetaria. Esta violencia se caracteriza más por el miedo que provoca (de ahí la apelación de terrorista) que por el número de muertos que genera. No recuerdo quien dijo que la violencia tradicional, particularmente las guerras entre países, matan estadísticamente, la violencia terrorista simbólicamente. Actualmente hay pocas guerras entre países. Hay mas guerras civiles en el interior de algunos países y la violencia terrorista. Quiero añadir que, a menudo, la lucha antiterrorista no respeta los DDHH. Así, el 15 de noviembre de 2017, la Liga de los DDHH en Francia ha sometido al Tribunal Constitucional de su país cuatro cuestiones acerca de una ley, muy mayoritariamente aprobada, apenas 15 días antes en el Parlamento francés.   

Mirando al futuro

Michel Camdessus dedica dos terceras partes de su libro a presentar los 5 objetivos más urgentes para las próximas tres décadas. En primer y principal lugar “erradicar la pobreza”. Estima que es posible lograrlo en más del 80 % del planeta, previendo en 2050, todavía, una gran bolsa de pobreza en África. 2º objetivo: unas finanzas controladas y al servicio de la economía, luego de la sociedad, con los paraísos fiscales ya eliminados. 3º Una nueva gobernanza para un mundo multipolar, multiétnico para no caer en un G2: EEUU y China (con permiso de India). 4º. Aplicar un poso de sabiduría ante los cambios climáticos y la escasez de recursos energéticos y 5º, pero no el menos importante, otro estilo de vida más sobrio, otra ética mundial, a nivel social y personal.


Libro magistral. Confío que lo traduzcan pronto. Entre tanto, que traigan a Camdessus a Hegoalde para darnos un par de conferencias en castellano. 

lunes, 13 de noviembre de 2017

Víctor Urrutia: un modelo para el futuro

Víctor Urrutia: un modelo para el futuro

Sabíamos de su enfermedad. Sabíamos que se encontraba mal, aunque, como siempre trabajando. Víctor Urrutia, sociólogo, profesor en la UPV/EHU, socialista de sensibilidad cristiana, o cristiano de sensibilidad socialista, poco importa, era sobre todo un hombre de bien, buscada el bien, por encima de sus ideas, pero sin renunciar a ellas. Bien al contrario, eran sus convicciones políticas y religiosas las que le llevaron a abrirse a todas las personas de buena voluntad, fueran del color que fueran, y que trabajaran en pro de una sociedad más justa, más convivial, más humana. Yo veo en Víctor un prototipo del ideal, de la esperanza que me hago del hombre (y de la mujer) del nuevo siglo: que ponga los Derechos Humanos por delante de las legítimas y diversas opciones políticas, religiosas, sociales, culturales etc. Vivimos en un mundo multicultural, multiétnico, en una sociedad plural. Por eso necesitamos personas, como Víctor, con raíces tan profundas como firmes en el respeto a las de los demás. Ese es su mayor legado. Mi abrazo más cordial a su mujer y a sus hijos.

Donostia San Sebastián, 12 de noviembre de 2017
Javier Elzo


Texto enviado, conjuntamente, a “El Correo” y a “DEIA”

sábado, 4 de noviembre de 2017

Catalunya. Para tratar de superar la desesperanza

Superar la desesperanza

He vivido estas semanas de septiembre y octubre pasados preocupado e incluso angustiado ante la sucesión de los acontecimientos en Catalunya. En mi vida profesional he llevado a cabo bastantes estudios empíricos sobre diversos aspectos de la realidad catalana. He visto, con cifras, el aumento del independentismo, también en mis propios trabajos. Tengo amigos y conocidos en Catalunya. Independentistas, unionistas o constitucionalistas, como se quiera llamarlos. También entre los que no son ni una ni otra cosa, buscándose un espacio, sabiendo que, en situaciones de polaridad, serán tildados de ambiguos, equidistantes o cosas peores. Pero muchos de mis amigos, sean de la opción política que sea, están sufriendo mucho, algunos, particularmente los de edad avanzada, lo indecible. Catalunya está rota, dolorosa y profundamente rota.

Esta triste tarde del 2 de noviembre, cual mazazo, recibo la noticia de la decisión de la juez de la Audiencia Nacional Carmen Lamela, a instancias de la Fiscalía del Estado, de que ha decretado prisión incondicional para los miembros del Govern de Catalunya cesado, entre ellos el vicepresidente de la Generalitat Oriol Junqueras, que habían acudido el día de hoy a prestar declaración, en una citación que habían recibido el día anterior.

Parece ser que Lamela considera que existe alto riesgo de reiteración delictiva, alta probabilidad de destrucción de pruebas y considera que dado el nivel adquisitivo de los investigados pueden salir del país, según leo en agencias. No voy a entrar en este huerto que no es el mío, pero ¿a qué viene tanta prisa, tanta precipitación para tan grave decisión? Es difícil sustraerse a la idea de que la decisión estaba tomada antes de escuchar a los investigados. ¡Qué mal huele todo esto!

No solamente mal olor. Ojalá me equivoque, pero con la decisión de la juez, (a instancias de la fiscalía, órgano jerárquico, cuyo fiscal general nombra el gobierno, no se olvide) y la más que probable encarcelación próxima del cesado president Puigdemont, el conflicto político catalán adquiere dimensiones que superan no solamente a Catalunya sino que afectan, y de qué manera, a España y, también a la Unión Europea que, en todo este conflicto se ha puesto de perfil, perdiendo una excelente oportunidad de afirmar su alicaída presencia y escaso reconocimiento que le conceden los ciudadanos. ¡Pobre Europa!

En Catalunya, más allá de manifestaciones ya organizadas, declaraciones de unos y otros, quiero destacar hoy, aquí, a dos mujeres. Poco antes de que la jueza diera a conocer su decisión la alcaldesa de Barcelona Ada Colau, en el pleno municipal de este jueves ha afirmado que es Carles Puigdemont quien "ostenta la legitimidad de las instituciones catalanas hasta que se recupere el autogobierno" en Catalunya. Ada Colau, una mujer, que no era santo de mi devoción, y que he descubierto estas semanas pasadas, fue etiquetada por Josep Borrel como “la emperatriz de la ambigüedad”. Ada Colau defendió, en efecto, que ni DUI, ni 155. ¡Bendita ambigüedad! También me impactó Núria Marín, alcaldesa socialista de l´Hospitalet de Llobregat quien, en nombre de su capacidad de decidir, decidió no colaborar con el 1-O, pero se encaró con la Policía Nacional cuando entró, por la fuerza, en un Instituto de 2ª Enseñanza de la ciudad de la que es alcaldesa. He aquí dos ejemplos de actitudes que aplaudo, sin ser yo socialista, ni del espectro ideológico de “Barcelona en Comú”.

Pero si Catalunya está rota, España está desmembrada. España está jurídicamente unida, sostenida como tal España por una mayoría de españoles, (y la burocracia europea, con el apoyo de las empresas y gran parte de la jerarquía católica con la excepción de algunos obispos catalanes) pero está profundamente desmembrada, con una parte de sus ciudadanos que, no solamente no se sienten españoles, sino que detestan, ahora más que nunca, todo lo que sea España. El rey Felipe VI ya es rey de, solamente, una parte de los españoles: gran parte de los catalanes y la gran mayoría de los vascos ya le han dado la espalda. Sospecho que definitivamente. Sí, España también está rota. No sé porque me viene a la cabeza aquello que dijo, no recuerdo quién, que prefiere una España roja a una España rota. Pues bien, España ahora es azul y está rota.

Perdonen que concluya estas apresuradas líneas con una auto cita. De un artículo que publiqué en estas mismas páginas, hace 14 años, abogando por “el mínimo común múltiplo de lo que sostienen el Plan Ibarretxe, el PSC de Maragall, las propuestas de Mas, las intuiciones del PSE vasquista, el federalismo de libre asociación de IU, algunos del PP del que solamente me atrevo a mentar a Miguel Herrero, ...Aralar, en el caso vasco, y del BNG en Galicia, y hasta del propio Fraga en el conjunto del Estado”. (Correo/DV 29/V/2003). Actualizado a 2017, sigo pensando lo mismo, tratando de superar la infinita desesperanza que me corroe.

Se trata de buscar ese mínimo común en el que podamos encontrarnos la inmensa mayoría, nacionalistas incluidos, en otra España posible, en una Europa fuerte en construcción, donde prime el principio de subsidiariedad y respetando a los pueblos que la conforman.



(Publicado el 3 de noviembre en “El Correo”)

domingo, 29 de octubre de 2017

Catalunya rota, España desmembrada, Europa, otra vez, ausente


Catalunya rota, España desmembrada, Europa, otra vez, ausente

Estos días han sido, están siendo para mí, de una tristeza y preocupación infinitas. Tengo amigos desgarrados internamente. Otros enrabietados a más no poder. Pocos, muy pocos, apelan a la calma sin reclamar humillaciones o victorias, cuando todos hemos perdido.

Este jueves pasado, el fatídico 26 de octubre tuve una reunión en Madrid, por la mañana, en una Fundación a la que pertenezco desde hace más de una década. Observé un número importante de banderas españolas en los balcones. El taxista me confirmó que había muchas por lo de Catalunya. En la reunión, estábamos cuatro catedráticos de medicina, economía, psicología y yo junto a dos expertos en otros temas. Nos reunimos varias veces al año, desde hace años y, entre nosotros, hay una relación excelente y, puedo decir que una verdadera amistad. Pero nunca los vi tan alterados como el jueves. Y siendo yo el único vasco de la reunión tuve que escuchar sus reprimendas, apenas veladas, acerca de nuestros “privilegios” con el Concierto Económico…Ya se sabe, aquello de aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid. Sali dolorido y apenado de la reunión.

En el Alvia de vuelta a casa, seguí con el corazón en un puño, la dramática tarde del jueves 26. Cuando parecía que se había llegado a un apaño, y leía el titular de “La Vanguardia” pasadas las 16,30, que decía que Puigdemont convocada elecciones para el 20 de diciembre, vino el chorro de agua helada de la declaración de Puigdemont a las 17.00. Tuve que contenerme para no llorar, como tengo que contenerme leyendo la prensa dominante en España, y los comentarios de amigos cercanos con los que mantengo contactos electrónicos.

Rajoy ha ganado la partida, como era previsible y así lo pronostiqué en alguno de mis textos y correos anteriores y en este blog. Entre otras razones porque es la ley del más fuerte. Pero todos hemos perdido. Catalunya está rota, malherida por una parte y rabiosa por desquitarse por la otra. Algunas consignas que se han escuchado en la manifestación de hoy domingo, (“Puigdemont a la cárcel”, por ejemplo), lo muestran claramente. Algunas declaraciones de políticos, cuyo nombre quiero no mentar, me preocupan enormemente. Veo poca gente ecuánime. Tampoco en la España publicada que diría Felipe Gonzalez. Particularmente la editada en Madrid. España está jurídicamente unida, sostenida como tal España por una mayoría de españoles, (y la burocracia europea, con el apoyo de las empresas y gran parte de la jerarquía católica con la excepción de algunos obispos catalanes) pero está profundamente desmembrada, con una parte de sus ciudadanos que, no solamente no se sienten españoles, sino que detestan, ahora más que nunca todo lo que sea España. El rey Felipe VI ya es rey de, solamente, una parte de los españoles: gran parte de los catalanes y la gran mayoría de los vascos ya le han dado la espalda. Sospecho que definitivamente. Sí, España está rota. No sé porque me viene a la cabeza aquello que dijo, no recuerdo quién, que prefiere una España roja a una España rota. Pues bien, España ahora es azul y está rota.

Europa, ¡pobre Europa! Estoy leyendo de Enrico Letta “Hacer Europa y no la guerra”, Península 2017. Está bien, con algunos aspectos criticables. A mi juicio, obviamente. Para Letta uno de los principales problemas de Europa radica en los nacionalismos. Pensando en la Unión Europea, escribe que “se perfila un nuevo bipartidismo político entre globalistas y nacionalistas, como vimos en la última campaña presidencial francesa” (P. 72). Léase todo el capítulo y se constatará que Letta piensa, exclusivamente, en los nacionalismos de Estado, el francés, inglés, alemán, italiano etc. No menta en absoluto los nacionalismos de los países sin estado como el vasco, catalán, escocés, flamenco etc. Y cuando habla de vascos, bretones, andaluces, alsacianos, lombardos o sicilianos, lo hace como “hijos de una misma familia” (p. 95): el estado al que pertenecen. Para Letta esto es muy claro. En la misma página 95 podemos leer que “la misión de Europa no es borrar los Estados. Tampoco constituye un superestado. Cuanto se aborda a nivel europeo debe hacerse así porque no puede hacerse a nivel nacional (…). Pero no es posible reducir a Europa a un nivel pertinente de acción, a una escala eficaz (…) sino también a un sentimiento de pertenencia a Europa que podamos experimentar en el interior”. ¡Ay!, no salimos de la Europa de los estados, de las naciones-estado más que por razones de eficacia ante el poderío de los países emergentes, de Asia y del traslado del centro de gravedad del planeta del Atlántico al Pacifico. Los países sin estado, incluso los que tienen un gran sentimiento europeísta como Escocia, Flandes, Euskadi, Catalunya etc., quedan sencillamente arrinconados y como protesten … miren lo que está pasando en Catalunya. Algún día habrá que detenerse a pensar el porqué de la mala fama del término nacionalista y a qué realidades sociopolíticas se aplica, y quien las aplica. 

Xxxxx

En una revista valenciana me piden unas líneas sobre qué aspectos de la constitución habría que modificar. Les he contestado en este tenor. Con la que está cayendo (el conflicto con Catalunya) mi reflexión, meramente sociológica, se centrará en la posible modificación de la Constitución española que ayude a solventar la cuestión.

Salvo error por mi parte, hasta la tarde-noche del martes 10 de octubre pasado, tras la Declaración de Puigdemont en el Parlament, Rajoy no aceptó, a instancia de Pedro Sánchez, que habría que crear una Comisión que propusiera una reforma de la Constitución. Pero ¿desde hace cuántos años, cuanta gente no estaba hablando de un acomodo, lectura, reforma etc., de la Constitución, entre otras cosas para desatascar la cuestión territorial, a todas luces uno de los principales problemas, con el paro, en España? Habrá hecho falta llegar al abismo para crear esa bendita Comisión que, me temo, llegue demasiado tarde. Si se hubiera realizado hace años, después del desastroso pronunciamiento del Tribunal Constitucional de 2010, no estaríamos donde estamos ahora.

Pero quizá ni sería necesaria la modificación de la Constitución para solventar la cuestión territorial en España. Dos figuras, nada sospechosas de ser independentistas, hace casi 20 años, ya formularon “otra” lectura posible de la Constitución. Me refiero a Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón y Ernest Lluch con su tesis sobre “Derechos históricos y constitucionalismo útil”. No les hicieron caso. Y así nos va.

Poniendo las luces largas, no veo otro horizonte que Europa. Otra Europa más allá de la Europa de los actuales estados. Tampoco defiendo la Europa de los pueblos. Es demasiado complejo. Creo, como he escrito muchas veces, en una Europa fuerte, una Europa donde el Parlamento Europeo tenga más capacidad de decidir que en la actualidad, y en el que se aplique el sabio principio de la subsidiariedad. Habrá siempre, siempre, tiras y aflojas, con constantes disputas sobre la atribución de competencias (a las ciudades, a las autonomías, a los pueblos, a los estados) y todo ello en el marco de un mundo cada vez más planetario cuyo centro de gravedad ya ha transitado del Atlántico al Pacífico. Una Europa y, en ella, una España, Catalunya, Euskadi, Comunidad Valenciana, etc., etc., envejecida sin remedio a lo que parece, con riesgo de convertirse, a breve plazo, en el museo y el geriátrico del mundo. Y, al otro lado de nuestro Rio Grande, el mar Mediterráneo, la población más joven y más pobre del planeta. Insoportable el telediario de hoy viendo pateras llenas de personas a punto de hundirse. (Por cierto, otra ley incumplida, sin que fiscalía alguna diga nada. ¡Vergüenza!)

Volviendo al tema territorial creo que lo que estamos viendo y viviendo en Europa, exige superar, tanto las demandas de independencia como de soberanía. Ya no son aplicables, no solamente a Euskadi, por mentar donde yo resido, sino tampoco a España, a Francia, Alemania, etc. Vivimos ya en un mundo interdependiente en el que la soberanía absoluta ya no existe. Afortunadamente. Más aún, a poco que se piense, todas las identidades son múltiples, aunque demasiado frecuentemente, demasiada gente no lo quiera reconocer. Así surgen y se alimentan los ¡American first!, ¡D´abord la France!, ¡Deutschlan uber alles!, ¡Euskadi ala hill! (Euskadi o muerte), ponga el lector el correspondiente en castellano.

Añado una idea fuerza para mi desde hace años: la soberanía, como la independencia, amén de falsas, son polemógenas. Debemos superarlas en pro de un planeta más solidario en el respecto a las diferencias. Y solventar los inevitables conflictos mediante la deliberación continuada. Lo que exigirá cesiones. Nadie está en posesión de la verdad absoluta. ¡Ay la verdad! Mi profesor en Lovaina, Paul M. G. Levy, nos decía que, en una situación sociopolítica en grave conflicto, la pretensión de poseer la verdad era, también, polemógena. Sigo pensando lo mismo, casi 50 años después.

Al rato de la declaración de independencia (o lo que fuese) del viernes día 27, envié este tuit: “Un abrazo a todos los catalanes. A todos. Las diferencias con la negociación, sin violencias. Votando. Hoy no termina la historia”.

Quiero concluir esta entrada al blog, trasladando la pregunta y la respuesta que dio Salvador Paniker, recientemente fallecido, a una cuestión sobre la situación catalana, con la estoy básicamente de acuerdo, más allá de su valoración genérica (y mayoritariamente plebiscitada) sobre lo que nacionalismo significa que requiere, a mi juicio, distinciones y matizaciones.

Me gustaría preguntarle por la situación de Cataluña; ¿cómo lo está viviendo usted?
- Yo no soy nacionalista. El nacionalismo fue útil para mantener la cohesión social, a partir de la Revolución Francesa. Ahora, en un mundo globalizado, y yo soy muy partidario de la globalización, el nacionalismo separa y va en contra de la marcha de la tecnología, de la cultura. A mis amigos independentistas les respeto, pero les digo que nos dejen en paz a todos y tengan un poco de paciencia, porque si España se incorpora del todo a Europa, ese problema se solucionará, porque Cataluña será ya más parte de Europa que de España. Y por ahí debe ir la solución. (En una entrevista en ABC el 20/11/2015).

Ya se ha producido el choque de trenes. Mañana veremos las consecuencias del descarrilamiento, o más bien, de la embestida del tren más fuerte al más débil. Nadie sabe nada esta noche de domingo lo que a partir de mañana vaya a suceder. ¿Será posible no crear víctimas innecesarias? Con la experiencia de los dos Jordis en la cárcel, no me hago muchas ilusiones y me temo lo peor. Con consecuencias del todo punto imprevisibles a medio y largo plazo. ¡Con lo fácil que era atenerse a lo que deseaba el 80 % de los catalanes, una consulta pactada! ¿Qué democracia es esa en la que la voluntad pacífica del 80 % de una población de expresarse en una consulta no es tenida en cuenta? ¿Dónde queda la legitimidad de una ley que, supuestamente, la prohíbe o la impide?

domingo, 8 de octubre de 2017

Catalunya ante el precipicio: el fracaso de esta Europa

Catalunya ante el precipicio: el fracaso de esta Europa

Lo urgente e importante hoy es parar la Declaración Unilateral de Independencia. Ya lo he dicho en las anteriores entradas a este blog. (http://javierelzo.blogspot.com.es/2017/10/como-decir-no-la-independencia-de.html) Pero se está haciendo muy mal. Si pongo las luces largas, como intento hacer estos días en este tema (aunque he de reconocer que la acción policial el 1º de Octubre me impactó enormemente), me reitero en mi idea de la desmembración sentimental de España. No solamente de Catalunya como ha reconocido hoy, domingo 8, Josep Borrel al final de la manifestación anti-independentista en Barcelona, también en España. Un detalle menor pero significativo. Vi el día pasado en TVE cómo, en Alicante, Gerard Piqué era aplaudido y silbado al entrar al hotel. No solamente hay división emocional entre Catalunya y Euskadi con España, sino también en el interior de España.

Si lo urgente e importante es lograr que no se declare la independencia, considero también que, junto a la defensa de la legalidad, es precisa, tal y como están las cosas, una salida que permita abordar, con tiempo, la no resuelta cuestión territorial en España. Hoy, esto exige también, por parte del Estado, una deliberación seria sobre la cuestión territorial. De ahí la apelación de muchos, entre los que me incluyo, al diálogo y, si cabe, a la mediación. Lo contrario es un choque frontal de trenes en el que ganará, sin duda alguna, el más fuerte, el Estado Español, pero habrá creado una herida, no solamente en Catalunya, que no veo cómo ni cuando se cerrará. El diálogo exige, de entrada, que se sienten, aunque no tengan nada de qué hablar. Acabo de oírselo a Serrat, hablando desde Rosario, en Argentina.

La Iglesia parece que ha intervenido. “La Vanguardia” ha propuesta algo así como un Comité de sabios. El Colegio de Abogados en Catalunya también se ha ofrecido. Ayer sábado hubo muchas manifestaciones en España, de personas vestidas de blanco, pidiendo dialogo. Me parece muy bien, pero, personalmente, creo que es la Unión Europea, (no sé bien qué organismo) la que debe intervenir. Decir que este es un tema exclusivamente interior al Estado Español, lo considero, más que un grave error: es una dejación de responsabilidades. No sé si jurídicas, pero sí- ¿cómo denominarlo? – éticas o políticas, al menos si creemos en una Europa como una bella utopía (que no quimera) en construcción. Una Europa que se desentiende, o se pone de perfil, o dice generalidades (cumplir la ley sin violencia etc.) es una Europa que no se atreve a intervenir cuando, en su seno, hay un problema del calado que ahora hay en España. Necesitamos más Europa, otra Europa más fuerte, que se implique cuando hay problemas, si realmente queremos que Europa entre en el corazón de los europeos. Lo que desgraciadamente no es el caso.

Un buen amigo mío, que en su día trabajó en un organismo de la UE, y que ha echado raíces en Bélgica y a quien trasladé alguna de estas ideas me contesto que describo muy bien lo que me gustaría que fuera la UE. Y añade, “Es más, los que hemos trabajado durante años en ese sentido, compartimos el mismo ideal y muchísimos de sus objetivos.
No cabe duda de que la UE es algo extremadamente importante que interviene (y a veces gestiona) la vida diaria de los europeos. Y no por no ser consciente o desconocer su papel es menos necesaria.
Sin embargo "no se puede pedir peras al olmo". Los Estados miembros no han delegado su soberanía en estas cuestiones. (Mira la reacción de Polonia, Hungría y algún otro estado báltico en relación con los inmigrantes). Por consiguiente, si no tienes mandato para actuar, no puedes reaccionar a demandas de responsabilidades. Y cuando no hay mandato me resulta bastante arriesgado apelar a la ética y pedir responsabilidades”.
¡Ay la soberanía! Me pregunto, hace mucho tiempo, y lo he escrito reiteradas veces, si el concepto, lo que históricamente ha representado, y sigue representando en un contexto de pluralismo y globalización, no es ya un concepto no solamente obsoleto sino, también, contraproducente, incluso polemógeno que diría mi profesor lovaniense, Paul M. G. Levi que tanto me influyó en mis años de formación.

Ahí estamos. El martes el choque de trenes, salvo milagro, se consumará. Evidentemente el responsable será “el otro”. Yo no lo creo, hay unos más responsables que otros, pero, hoy, al menos, no quiero echar más leña al fuego. Aunque este texto lo lea poca gente, sabiendo que su influjo será nulo, y aceptando, plenamente, que mis análisis pueden ser erróneos, al menos quiero tener la conciencia tranquila de no haberme callado.

lunes, 2 de octubre de 2017

¿Cómo decir no a la independencia de Catalunya tras la violación de DDHH del 1-O?



¿Cómo decir no a la independencia de Catalunya tras la violación de DDHH del 1-O?

El día de ayer vivimos, a través de las televisiones (excepto TVE que decidió no informar de lo que estaba informando toda la prensa occidental), la vergüenza de ver cómo, policías encapuchados, maltrataban a una población pacifica que blandía una papeleta de voto en la mano. Vergüenza en primer y principal lugar para el ejecutivo español. Vergüenza de ver a Rajoy a las 20,20 hablar de la ley incumplida (como si no llevaran cuarenta incumpliendo otras leyes), cual extraterrestre que no se hubiera enterado de la gravísima y continuada violación de los derechos humanos que “su” policía y bajo “sus” ordenes (no las de la jueza que eran mucho más moderadas) contra personas indefensas de toda edad. Quizás porque se limitó a ver TVE. Yo seguí casi todo el día pegado a la televisión, básicamente la Sexta y ETB, con el móvil a mano, leyendo cómo “Le Monde”, en su edición para suscriptores, informaba minuto a minuto lo que sucedía en Barcelona. También vi, un rato, el Telediario de TVE.

De todo lo que vi y leí ayer quiero destacar las intervenciones de dos alcaldesas, principalmente la de Ada Colau. Confieso de entrada que tenía un “a priori” negativo hacia ella. Pero ayer mis “a prioris” saltaron por los aires. No sé si su gestión como alcaldesa de Barcelona está siendo buena o mala. Cuando toque, en las elecciones, los ciudadanos de Barcelona lo decidirán y punto. Pero, ayer, colocó el tema donde, a mi juicio, obviamente hay que situar: en una agresión reiterada, durante horas, a una población indefensa ocasionando multitud de heridos algunos de consideración. Llamó cobarde a Rajoy (quizá sobró el calificativo) pero, con claridad le señaló, justamente a mi juicio, como el principal responsable de la violación de DDHH que se vivió ayer en Barcelona. No defendió a ultranza a Puigdemont (Colau se declaró no independentista), pero no recurrió a la cómoda afirmación de decir que todos eran culpables de lo que estaba pasando en Catalunya. Señalo bien claramente que unos (Rajoy entre ellos) eran más responsables que otros (Puigdemont y los independentistas, en su comportamiento los días 6 y 7 de septiembre en el Parlament), por el otro. ¡Chapeau!.

La otra alcaldesa que me impactó fue Núria Marín, alcaldesa de l´Hospitalet de Llobregat quien, en nombre de su capacidad de decidir, decidió no colaborar con el 1-O, pero se encaró con la Policía Nacional cuando entró, por la fuerza, en un Instituto de 2ª Enseñanza de la ciudad de la que es alcaldesa. También tuvo que soportar, dando la cara, las imprecaciones de algunos ciudadanos. Aquí también, ¡Chapeau.

Y, ahora, ¿qué? En la anterior entrada a este blog ya expresé mi opinión sobre la situación en Catalunya y las condiciones que, obviamente a mi juicio, debe cumplir una proclamación de independencia. No las voy a repetir. Este es el enlace. http://javierelzo.blogspot.com.es/2017/09/sobre-situacion-en-catalunya.html

Comprenderán, si lo consultan, que añada hoy que, tras la jornada de ayer del 1-O, aunque mi corazón lata cada vez más independentista de “esa” España, considere, aun tras haber escuchado a Puigdemont ayer noche, y el inequívoco avance provisional de resultados del Referéndum posible, considere que una declaración unilateral de independencia de Catalunya, los próximos días, constituiría un error, incluso para los catalanes. Sería un salto en el vacío sin paracaídas. Entiendo, pero no comparto plenamente, la argumentación de un opinador de la Sexta, (cuyo nombre no he retenido, pido disculpas) que decía que los partidos que habían prometido la declaración unilateral de Independencia, si había una mayoría de “síes” en el Referéndum, estaban “obligados” a pronunciarla.  Lo entiendo todavía más cuando no veo, ni leo, ni escucho, (quizás se me haya escapado) proposición alguna seria, repito que seria, no una mera exhortación al diálogo, de políticos o medios de comunicación de ámbito estatal español (excepto, ¿quién me lo iba a decir hace un año? de Podemos), para solucionar la cuestión catalana en el marco de “otra” España posible. Porque hay otra España posible, como tantas veces he escrito. Solamente en la prensa catalana que he consultado (La Vanguardia y El Periódico de Catalunya) y en la vasca del Grupo Noticias, y en el lehendakari Urkullu, he visto la que se me antoja como la única solución posible: una consulta clara y pactada a la población catalana y vasca. Me remito, de nuevo, a mi anterior entrada a este blog, para las condiciones que, una vez más, a mi juicio, debiera tener esa consulta.

Algunos dirán que llega demasiado tarde. Desgraciadamente quizá tengan razón. Razón de más para que se eleven voces sensatas y propositivas, en España principalmente, pues es en España donde radica prioritariamente el problema, en el respeto a la singularidad vasca y catalanas. Al menos si quieren que Euskadi y Catalunya no se vayan, no nos vayamos, como poco a poco, pero claramente, ya nos estamos yendo de “esa” España. Incluso, los que, como yo, no hemos partido desde posiciones independentistas.

Donostia 2 de octubre de 2017
Javier Elzo