domingo, 1 de abril de 2018

Sobre el derrumbe final del estado de cristiandad


Sobre el derrumbe final del estado de cristiandad
Anotaciones personales tras la lectura de un gran libro.

En “Religión Digital”, me han reproducido, “en bonito”, este texto de 11 páginas con algunos subrayados y fotos para hacer menos austera su lectura. El enlace está justo aquí abajo.

Aprovecho esta entradilla para significar que mi texto responde a primeras consideraciones tras la lectura del libro que exigen profundización en más de un punto. (JE 01/04/18)


Guillaume Cuchet : “Comment notre monde a cessé d´être chrétien. Anatomie d´un effondrement”. Ed du Seuil, Paris, febrero de 2018

Guillaume Cuchet es profesor de historia contemporánea en la universidad de Paris-Est-Creteil. Este libro impacta por la erudición que muestra el autor, con conocimiento de casi todos, si no todos, los estudios socio religiosos de Francia hasta el Concilio Vaticano II. Así como por los medios de los que dispuso para redactar su libro. Pura envidia, lo admito.

El libro se centra en Francia, pero muchas de sus realidades son aplicables entre nosotros.

Datos para Francia

. Si hacia 1965 el 94 % de la población francesa estaba bautizada y el 25 % iban a misa todos los domingos, en la actualidad solamente el 2% va a misa (y la mayoría de edad avanzada) y no pasa del 30 % los menores de 7 años que están bautizados.

. Una iglesia conservadora, de gente mayor, y de derechas. Los católicos de izquierda (“les cathos de gauche”, de hace dos o tres décadas) han desaparecido en la iglesia, o son una minoría muy minoritaria en medios urbanos e intelectuales, con casi nula capacidad de influencia social. Están ahora, secularizados, en las ONG´s progresistas o en partidos claramente de izquierdas o verdes.

Su tesis de fondo: Más allá de mayo del 68 (fuera de la iglesia) y de Humanae Vitae (dentro de la Iglesia, el mismo año 1968, el 25 de julio), el Concilio Vaticano II, desencadena (más que impulsa o genera) el desplome del cristianismo en Francia. El año 1965 sería el año de inflexión.

Pero el tema viene de lejos. Desde la revolución francesa, dice Cuchet. Desde la Ilustración digo yo. En mi opinión el tema de fondo es el derrumbe, no tanto del cristianismo, sino del Estado de cristiandad.

Chuchet apunta varias causas, razones o motivos de este derrumbe que yo completo con ideas propias.

En las páginas que siguen, en su mayor parte sigo el trabajo de Cuchet pero me permito, aquí y allá, insertar mis propias ideas o comentarios al texto y reflexiones de Cuchet. Distingo, por mi cuenta, argumentos extra-eclesiales e intra-eclesiales. A veces telegráficamente, a veces con cierta extensión, pero siempre breve. Habrá algunas, pocas, pero centrales, ideas repetidas.

1.    Algunos factores socio culturales, más allá de la evolución interna de la Iglesia Católica

. Las consecuencias de la Revolución Francesa. Marca la cartografía socio religiosa francesa todavía hoy en día.
. La lectura de la ciencia como respuesta valida a determinadas prácticas religiosas (las rogativas) con efecto de arrastre a otras cuestiones.
. Una sociedad que está terminando de salir del estado de cristiandad. Una sociedad que se dice secular (pero secular, añado yo, de lo religioso cristiano, pues aceptando otras sacralidades: políticas, deportivas, vestimentarias, alimenticias…)
. En Francia al menos, (y creo que en España también) antes del Vaticano II se vivió el boom demográfico lo que hizo que, en los años del Concilio y hasta una década después en España, hubiera más niños y menores que hacía difícil percibir la caída de la práctica religiosa.
. La transmisión en general, luego también la familiar en particular ha cambiado: se aplaude la moral autónoma sobre la heterónoma, incluso familiar (en el terreno religioso particularmente).
. Transformaciones en las uniones familiares: del matrimonio canónico a las parejas de hecho.
. Las relaciones sexuales más allá de la reproducción. Reivindicación del eros, por sí mismo.
. Es capital tener en cuenta las diferencias socioculturales en general y socio-religiosas en particular a la hora de abordar la evolución de la religiosidad de la gente. Euskadi no es Andalucía, ni Oyarzun Irún.
. Mas allá de la infravaloración de la práctica religiosa por parte de determinadas corrientes en alza en la Iglesia católica dominante en los años del Concilio, también cambió la significación social y sociológica de la práctica religiosa. Básicamente, es mi hipótesis de fondo, porque se está dejando atrás el estado de cristiandad y se avanza, resueltamente hacia la era secular que diría Charles Taylor.
. En ámbitos sociológicos, en muchos lugares de España y Francia, se hable del catolicismo sociológico, un catolicismo de herencia histórica, correspondiente a un momento en el que se era “naturalmente” católico.
. En la sociología francesa, pensando en Europa Occidental en general y en Francia más en particular, suelen distinguir tres momentos en los cambios socioculturales después de la segunda guerra mundial (no quiero repentizar aquí, ahora, algo similar para España o Euskadi):
-        1945-1949, la reconstrucción en la inmediata postguerra
-        1950- 1960, modernización de los países
-        De 1960 en adelante el gran cambio cultural con un punto álgido, en Francia, en mayo de 1968

2.    Algunos factores socio culturales que contribuyeron, directamente, a la mutación socio-religiosa:

. El final de las reservas de la ruralidad religiosa por el éxodo hacia las ciudades. La religión católica, a diferencia de la protestante, es una religión de masas, comunitaria.
. La caída de la natalidad, también, entre los católicos practicantes. En este aspecto me parece esencial recordar el papel clave, fundamental a mi juicio, que supuso la generalización de la píldora anticonceptiva que hacía, por primera vez en la historia de la humanidad, a la mujer dueña de la procreación. Que coincidiera, en el tiempo, con Humanae Vitae fue devastador para la Iglesia Católica. 
. Los efectos de la inmigración, aunque no suficientemente estudiados, han tenido consecuencias para los inmigrantes (a menudo con convicciones diferentes en la segunda generación y tercera generación de inmigrantes respecto de la primera) y en los países de acogida que, en principio, los recibían con recelo, pero no podían no preguntarse por el ardor religioso de algunos de los inmigrantes. El pluralismo religioso era más que una teoría: una realidad cotidiana, como insiste Peter Berger.
. Estadísticamente se da una concomitancia entre el auge de la televisión en las familias y el desmoronamiento de la practica social de la religión. Algo similar cabe decir también del aumento del parque automovilístico y los desplazamientos de fin de semana y el desplome de la práctica religiosa. Pero de ahí no cabe concluir en una relación de causalidad pura. Veamos.
-        En el caso de la televisión, en Francia, ya desde los años 60, en un canal mayoritario (A2), las mañanas de los domingos estaban reservadas a las confesiones religiosas: judaísmo, iglesias de la reforma y la Iglesia católica con una misa mayor a las 11.00 que se podía presentar como “la primera parroquia de Francia” que logró “recuperar a una parte del público practicante desestabilizado por las transformaciones post-conciliares” a decir de Cuchet (p.157), aunque no tengo el recuerdo de que de que esas celebraciones televisadas fueran pre-conciliares, en absoluto. Pero si es cierto que la misa era seguida, casi exclusivamente, por personas enfermas o de edad avanzada. Ya se había producido el desenganche de los más jóvenes.
-        La idea del derrumbe de la practica dominical, en razón del auge del parque automovilístico y de los desplazamientos de fin de semana, fue sostenida durante un tiempo por el inmenso estudioso del fenómeno socio-religioso en Francia, el canónigo Boulard, heredero del pionero en estas lides, Gabriel Le Bras. La influencia de estos dos estudiosos traspasó los límites de Francia. Recuerdo haberlos estudiado en Lovaina de la mano de Jean Remy, entre otros, que publicó un libro importante junto a Boulard. Pero la tesis de la correlación entre el auge de los desplazamientos de fin de semana con el derrumbe de la práctica religiosa dominical sufre un mentís rotundo al constatar que no son las clases pudientes, las que en mayor proporción pudieron comprarse un coche y utilizarlo para el recreo de los fines de semana, quienes en mayor proporción abandonaron la práctica religiosa dominical. (No continuo aquí en las correlaciones entre clase social y práctica religiosa, que me llevaría demasiado espacio. Baste decir que estas correlaciones varían en razón del lugar considerado y del transcurso del tiempo).   


3.    Algunos factores internos a la propia Iglesia (de forma telegráfica)

. Una iglesia elitista cuando todavía era rural. Minusvaloración de la religiosidad popular. La gente sencilla, sin estudios, no se reconoce en la iglesia post-conciliar.
. Un Iglesia marcadamente clerical y masculina, aun diciendo valorar al laico y a la mujer.
. Infravaloración, por parte de la Iglesia, de las prácticas religiosas y de la dimensión cultual de lo religioso, tras el Vaticano II: la misa y la confesión, de entrada: no hace falta ir a misa para ser un buen cristiano, ni pasar por el confesonario. Después, de forma sorpresiva, no pensada ni querida, y sin solución de continuidad, caída del matrimonio religioso y del bautismo. Ahora ya los funerales: el último bastión.
. Una teología y unos lenguajes de otros tiempos y contextos. Hoy obsoletos. Un Credo del siglo IV. Salmos de hace treinta y más siglos. Textos ininteligibles para la inmensa mayoría de creyentes.
. Dificultad de la generación del Concilio Vaticano II en admitir que, al menos cronológicamente, haya coincidido con la caída espectacular de las prácticas religiosas. Además, admitirlo supondría dar la razón a la rama más conservadora y tradicional de la Iglesia que había quedado en minoría en el Vaticano II.
. En algunos sectores y en algunos momentos en la Iglesia se vivía, como una necesidad, de ocultación o, al menos, de no excesiva visibilización de la matriz cristiana de determinadas obras, en cuya fuente u origen estaba la Iglesia. Lo viví el año 1986 en el Congreso Mundial Vasco, en la sección de drogodependencias, cuando un periodista nos preguntó por qué ocultábamos que “Proyecto Hombre” había venido a Gipuzkoa de la mano de la Iglesia, “Proyecto Hombre” donde, en su cuna en Italia, estaba la figura de un sacerdote. La argumentación era doble: la Iglesia no buscaba colgarse medallas, y, sobre todo, en las obras de la iglesia no se hacía acepción de personas. Además, visibilizar la marca iglesia en Proyecto Hombre podría retraer a posibles drogodependientes no creyentes.
. Este rasgo de ocultación, de retraimiento se ha manifestado también en la dificultad para muchas personas de manifestar públicamente sus convicciones religiosas o, más simplemente, de ser tenido por católico. Todavía hoy en día, para muchos creyentes, es más fácil decirse cristiano que católico. Por muchas razones o motivos. Su connotación de retrogrado, en gran parte. Por considerar que se trata de algo íntimo y personal que no debe por qué tener visibilidad social, aunque habrá menos dificultad, o ninguna dificultad en decirse nacionalista (según donde), de izquierdas, progresista etc., etc. En otras palabras, ser católico no está en el aire del tiempo.

4.    Primer avance de elementos para una hipótesis global.

Durante los años del Concilio Vaticano II, los años anteriores y los inmediatos posteriores, en el interior de la Iglesia se impuso un modelo, digamos progresista, sobre otro minoritario, tradicional, que se reflejó también en los propios documentos conciliares. La Iglesia estaba en ebullición, con planteamientos enfrentados. En pocos años se produce, en la cúspide de la Iglesia, un cambio radical: una serie de teólogos y pensadores católicos que habían tenido dificultades con el Santo Oficio, de pronto, se vieron reconocidos y aparecieron en Roma, durante el Concilio, como grandes asesores y redactores de algunos de los documentos que después refrendarían los obispos en el Aula Conciliar con sus votaciones.

En gran parte del catolicismo pensante de matriz progresista se vivieron aquellos años con autentica efervescencia. Se miraba el futuro con esperanza. Se esperaba un renacer de la Iglesia y de su presencia en el mundo. Pero muy pronto, coincidiendo con la conclusión del Concilio, en 1965, se produce de forma brusca un cambio importante, una ruptura sobre lo de siempre que, sin embargo, cuesta ver, pues apunta a cambios imprevistos. Más todavía, a cambios en el sentido contrario a los previstos antes del inicio del Concilio. Algunas notas de esa ruptura serían las siguientes:

. La caída en picado de las prácticas religiosas, particularmente de la eucaristía y de la confesión individual (aun me veo yendo de la escuela a la iglesia, todos a una, a confesarnos los primeros jueves de mes, de preferencia con D. Pedro, de avanzada edad, algo sordo, breve en sus prédicas y benévolo con la penitencia).
. Cambios en la piedad: las novenas, las adoraciones al santísimo, los primeros viernes de mes (no puedo olvidar la iglesia llena de jóvenes en la misa de las 8.30 de la mañana en mi parroquia de Beasain), las imágenes de santos circulando de casa en casa, el rezo del rosario en familia y un largo etcétera, desaparecieron de la noche a la mañana quedando como residuos de tiempos pasados en algunos centros, como excepciones de otro modo de ver la piedad.
. Cambios en las creencias religiosas empezando por la idea misma de Dios. Pasar del Jaungoikoa (El Señor de arriba) que todo lo ve, y todo lo juzga, al Dios de Jesus, amigo de los excluidos, azote de los poderosos, es un salto que no se da sin más ni más. Añádase el trastueque total que se ha vivido con el imaginario del más allá.
 . La reforma de la liturgia. La desaparición del latín en la misa, celebrada de cara al público, sin boato alguno (desaparecen las campanillas, no se eleva la casulla al sacerdote cuando se arrodilla en la consagración, el incensario prácticamente desaparece, la comunión se hace mayoritariamente en la mano, etc., etc.,) modifican la antropología y la psicología religiosa del creyente. Una cierta aura del más allá, de lo radicalmente otro, se difumina, quedando una celebración más pedestre, más terrenal. La dimensión mistérica de lo religioso queda suplantada por encuentros dominicales en los que lo racional impera sobre lo emocional. Esto último fue particularmente llamativo en la suplantación de canticos populares, ciertamente de teología del siglo XIX, con modernas composiciones que no llegaban al corazón de los fieles. Cabría también hacer un inciso al intento de misas con guitarras, flautines etc., en un intento de animar a los más jóvenes a participar en las celebraciones dominicales.   
. Pero, quizá más importante todavía que la reforma litúrgica, sostiene Cuchet, la primera que se aplicó tras el Concilio, es el texto de Dignitatis Humanae, el documento sobre la libertad de la conciencia también en la dimensión religiosa que se promulgó en diciembre de 1965. Fue leído por no pocos cristianos como una autorización oficial a remitirse al juicio de su propia conciencia en materia de creencias, de comportamientos y de prácticas. El teólogo Louis Bouyer resumió esta situación diciendo el año 1968 “cada cual no cree, no practica más que lo que parece” (“…plus que ce qui lui chante”)
. La insistencia en la primacía de la conciencia personal (nada nuevo en realidad en la teología, pero rara vez mentada, y cuando lo era se le añadía el calificativo de la “recta” conciencia, o de la conciencia “rectamente” formada), conllevaba un aumento o una insistencia en las condiciones requeridas a los fieles para acceder a determinadas prácticas religiosas. Así en el caso de la comunión solemne, antes de reconvertirse en la confirmación, ya en plena adolescencia. Se pretendía que no se limitara a un acto social, sino que hubiera un mínimo interés, o atisbo religioso, del menor y de los padres. Algo similar sucedería, inmediatamente con el bautismo y, cuarenta años después, con las bodas religiosas.
. Al exigir más condiciones intrínsecas a la propia fe, y cierta renuencia al carácter festivo o familiar del acto religioso (primero en la comunión solemne, después en el bautismo y en las bodas), potenciando ceremonias más austeras, aceleró el desenganche de la práctica religiosa. No puedo no recordar cómo, en ámbitos y contextos en los que la fe religiosa había desaparecido, al menos formal y exteriormente (pienso en colectivos de refugiados vascos en Lovaina a finales de los años 60) se mantenía la ceremonia religiosa para satisfacer a miembros de la familia que ya padecían la separación, lejanía y más cosas de algunos de sus miembros. Recuerdo conversaciones en este sentido con sacerdotes vascos y no vascos en Lovaina.
. En el caso del bautismo, tengo viva en la memoria, la idea dominante en la sociedad y secundada por algunos clérigos, de posponerlo al momento en que la persona (el bebé en realidad) fuera adulto y decidiera con arreglo a su propia conciencia. Este planteamiento se trasladó, al mismo tiempo, a la enseñanza religiosa escolar (y no hemos salido de ahí, con algunos cambios argumentativos, a tener en cuenta) e, incluso, en la transmisión de la fe. En todo caso, esta línea de pensamiento sigue muy presente en nuestros días y, en determinados ámbitos muy influyentes, ha conducido a una pedagogía que exigía dejar al educando libre de toda transmisión de valores (no solamente los religiosos) por parte de los adultos a los menores. Así la escuela de Summerhill o cierta lectura de la misma, de hecho tuvo y sigue teniendo, gran influencia entre nosotros.
. Primacía de la conciencia individual, exigencias ante los sacramentos, minusvaloración de la práctica religiosa en detrimento de una vida más justa y concienciada con un comportamiento en favor de los más desfavorecidos condujeron a estos resultados:
-        Salida de la cultura de la práctica religiosa: de la misa dominical de entrada
-        Otra concepción de la autoridad. Ahora esta radica en la propia conciencia individual. Lo que diga la jerarquía o los curas queda relegado a un segundo, muy segundo, plano. Lo mismo sucede con la autoridad de los padres quienes, además, se sienten deslegitimados para trasmitir la fe. (Renglón aparte exigiría la pérdida de la madre como principal agente de socialización religiosa en la familia)
-        La gente sencilla, sin habito de pensar demasiado estas cosas, se siente perdida. Obedecer da seguridad. Incluso libertad si se decide bien a quién, y en qué contextos, obedecer, para no caer en la tiranía de la mayoría, (Tocqueville y Arendt)
-        La insistencia en la ortopraxis (más allá de la ortodoxia) hacia los más necesitados y marginados (prostitutas, ladrones de pequeña monta, presos, obreros, despedidos etc., etc.) ahuyentó también a gran parte de la feligresía habitual, conformada mayoritariamente por feligreses de clase “media”, en los sub-colectivos de clase “media alta”, “media media” y “media baja”, según las parroquias. Feligreses que acabaron no reconociéndose en las predicas, o más aun, sintiéndose molestos, pues interpelados por las mismas. Pues ese era el objetivo de tales prédicas: sacar a los fieles del “ron ron” adormecedor de una vida cuyo objetivo era vivirla con cierto desahogo y expansión, tras años de trabajo.
-        Estas predicas no han desaparecido en absoluto. Siguen siendo habituales en nuestros días. La predicación es, frecuentemente, un aguijón moral, una exhortación a mejorar en los comportamientos solidarios con los más necesitados o, descartados en terminología bergogliana, más que una profundización en el kerigma o una muestra de misterio divino. La prédica es moralista. Así, la iglesia ha perdido a gran parte de la clase media. Y a los cristianos tibios. (El documento presinodal del Sínodo de los Obispos sobre los jóvenes que tendrá lugar en octubre de 2018, dado a conocer el 24 de marzo de 2018, lleva este significativo titular "Queremos una Iglesia menos moralista, que admita sus errores")
-        No se olvide que todo esto sucede en un momento en el que la sociedad deja de ser rural, de forma casi total, para hacerse urbana y de grandes o medias ciudades. Básicamente en torno a la costa. Con lo que supone de desarraigo de hábitos ancestrales y de controles sociales.

. La transmisión en la familia era muy grande. Según Cuchet, del 100% cuando, tanto el padre como la madre, eran practicantes en la sociedad anterior a la década de los sesenta del siglo pasado.
. En France, el desenganche se habría producido en torno al año 1965, luego antes de mayo del 68 y de Humanae Vitae de julio de ese mismo año 1968. Coincide sí, con el Concilio, pero no es causado por el Concilio (finalizó en diciembre de 1965), aunque, lo repetimos, según Cuchet el Concilio fue el desencadenante (“declencher”, es el término que utiliza Cuchet) de un movimiento que venía de tiempo atrás.
. Cuchet insiste en el aumento de la escolaridad en los menores y adolescentes, en el desenganche de la significación social de la práctica religiosa, tal suerte que, en algún momento, estos menores y adolescentes, tienen unos conocimientos adquiridos e incluso un ejercicio de reflexión que puede superar el nivel de conocimiento de sus padres, que, básicamente, se fundamente en la experiencia. Es la disputa entre un saber experiencial con una autoridad natural (más cercana a la “potestas” que a la “auctoritas”) frente a un saber adquirido en la escuela principalmente, en un contexto en el que ya se apunta a la primacía de la moral autónoma (autoconstruida) sobre la heterónoma (recibida a través de los mayores). Este cambio es tan rápido en los años 60 que, en el seno de una misma familia, todavía con cuatro, cinco o más hijos, el menor se verá menos coaccionado por sus padres para ir misa que los hijos mayores, dirá Cuchet. (No puedo no avalar su apunte pues yo mismo lo he vivido en mi familia con mis hermanos). Este fenómeno es uno de los factores que explican el radical desenganche de los jóvenes.


5.    Tres cuestiones que plantea Cuchet en los últimos capítulos del libro

Me limito a señalarlos sin más. Los traigo aquí con mis propias palabras:

-        Subrayar la evolución no lineal de las practicas religiosas desde la Revolución Francesa hasta nuestros días y con ella la curva de las ordenaciones sacerdotales. (Permítaseme el desahogo de señalar que el año 2004 publiqué un trabajo “Jóvenes Españoles y Vocación” de 250 páginas, del que me pregunto si alguien lo ha leído).
-        En Francia se produce un leve descenso continuado (hasta el punto de inflexión de 1965), pero con momentos de reflujo y de auge, tanto de la practica religiosa como de las ordenaciones, para sorpresa de algunos como Renan. Vale la pena detenerse también en los comentarios al respecto de Tocqueville, Montalembert, … En España a finales del siglo pasado, Ignacio Sotelo, entre otros, apuntaba lo mismo.
-        La caída en picado del sacramento de la penitencia. ¿Causas o motivos?
o   El elemento desencadenante sería, de nuevo, la caída de la práctica religiosa y de su lectura social
o   El silencio de la Iglesia sobre el “más allá”
o   La desconexión entre la confesión y la comunión
o   La cuestión de la contracepción
o   El cansancio de los curas jóvenes
o   La secularización de muchos curas y religiosos vistos por algunos como una desafección en momentos de gran turbulencia religiosa con Vaticano II. 
-        ¿En que consiste la salvación cuando el cielo y el infierno (ya desaparecidos el limbo y el purgatorio) no son espacios físicos sino estados de espíritu de mayor o menor cercanía de un Dios al que nadie ha visto jamás, Juan 1, 18?


Donostia San Sebastián, 26 de marzo de 2018
Javier Elzo

De “Euskaldun fededun” a la Euskadi atea




De “Euskaldun fededun” a la Euskadi atea

Hace ya tiempo, décadas, que en Euskadi hemos pasado del “Euskaldun fededun” a la Euskadi, en gran parte atea y anti-eclesial. Con un derrumbe de las prácticas religiosas, en medio de una indiferencia generalizada en la mayoría, sin que falten quienes juzguen lo religiosos como algo caduco, cosa de otros tiempos, cuando no subrayando los aspectos negativos en la práctica de la iglesia católica. Pero, no siempre fue así, entre nosotros.

En un estudio dirigido por el sociólogo Rogelio Duocastella el año 1965, sobre la diócesis de Vitoria, se puede leer que el 83,5 % de los nacidos en Vitoria-Gasteiz, iban regularmente a misa los domingos. Esta cifra descendía al 34 % entre los que, se habían trasladado a Álava habiendo nacido en Andalucía, Extremadura, Murcia y Canarias. Cincuenta años después, el año 2016, solamente el 13 % de los habitantes de la CAV, nacidos en el País Vasco, se consideraban “católicos practicantes” (lo que no significa que fueran a misa todos los domingos) cifra que entre los que habían nacido en otras partes del España, habitando en la CAV, subía al 27 %. La tortilla había dado completamente la vuelta.

Otro dato de 2017, todavía no publicado, de una investigación en Deusto en la que participo. No llega al 10 % el porcentaje de escolares vascos de la ESO, Bachillerato y Formación Profesional que se dice “católico practicante”. Si le adicionamos los que se dicen “católicos poco o nada practicantes” llegamos a la cifra del 35 % de nuestros escolares que se denominarían “católicos”. Pues bien, el 16 % de estos escolares se “consideran ateos” y otro 31 % “no creyentes” lo que, sumándolos, nos da la cifra de un 47 % de escolares que se significan como “no creyentes” o “ateos”, cifra muy superior al 35 % que se posicionarían como católicos. Ahora entenderán el titular de este artículo.

¿Qué ha pasado? Sencillamente que en Euskadi se ha producido un gigantesco proceso de secularización en un breve periodo de tiempo que suelo circunscribir, en lo esencial, entre los años 62-63 hasta comienzos de los 70 del siglo pasado y que, después, cual mancha de aceite, se ha extendido, de forma indolora, sin apenas consciencia ni trauma alguno, hasta nuestros días. Desde el Congreso de Eusko Ikaskuntza de 1998, vengo proponiendo tres órdenes de factores explicativos de este fenómeno: 1. la secularización general, que se produjo en torno a los años 60 del siglo pasado, especialmente en Europa Occidental y más particularmente en el sur católico de Europa. 2, el nacional catolicismo español propio del franquismo que influyó, y sigue influyendo mucho, en la secularización del País Vasco y 3, el MLNV en general y ETA en particular con un cambio de objeto de culto: de Dios a Euskadi.

Este fenómeno no es privativo de Euskadi. En febrero de este año se ha editado en Francia un estudio soberbio del historiador Guillaume Cuchet, cuyo título (traducido) lo dice todo: “Cómo nuestro mundo ha dejado de ser cristiano. Anatomía de un derrumbe” (Seuil 2018). Fascinante trabajo en cuyo análisis estoy. Más todavía, en la revista “La Vie” de marzo del presente año, ofrecen el avance de una encuesta sobre la religiosidad de los jóvenes de varios países europeos bajo este titular: “Generación atea”.

¿Cabe decir algo mirando al futuro? ¿Seguirá el descalabro de la dimensión socio- religiosa entre nosotros hasta quedar reducida a unos pocos, un “pequeño resto”, pero eso sí, éste muy calificado, concienciado, exigente con la radicalidad evangélica? Esta tesis la defienden algunos, pero yo la veo con renuencia y cierto temor, incluso. Tengo miedo de una Iglesia de puros, de perfectos. De ahí a la secta, apenas hay un paso. Prefiero un Iglesia de tibios, imperfectos y pecadores, con conciencia de ello y que, con humildad, sin prepotencias de tiempos pasados, pero conscientes de que “su producto es de calidad”, colaboran, desde sus valores religiosos, en la construcción de un mundo más justo, más humano, más convivial.

¿Qué pasará en el futuro? Nadie lo sabe. Es realidad sabemos lo que fenece, pero apenas vislumbramos lo que nace, o renace. Mi hipótesis, a la que he consagrado un libro de más de 300 páginas, (“Morir para renacer”. Edit. San Pablo 2017) subraya que es preciso que muera una determinada Iglesia, incluso una concreta forma de entender la dimensión religiosa propia del “estado de cristiandad”, para que renazca en otra Iglesia, con otra fe. Claro que no preveo un cambio rápido. Cambiar las estructuras y las mentalidades arraigadas desde hace muchos siglos, lleva tiempo. Y en una sociedad que se pretende tan secular y tan anti-eclesial, como la vasca, no bastará con una generación. Harán falta dos como poco, si se hacen bien las cosas y se muestra, con paciencia e inteligencia, que la innegable demanda de espiritualidad en nuestra sociedad tiene una buena respuesta, entre otras, en la fe católica. Una religión que es histórica. Y si ha perdurado veinte siglos y, en la actualidad, es la más numerosa y está más extendida, y más libre del poder, que nunca en el planeta, es porque sabe adaptarse a los tiempos. Un bilbaíno de pro, el jesuita Pedro Arrupe, que recibe a los que acceden a la Universidad de Deusto por la última pasarela, hablaba de la “inculturación de la fe” y su traslado a la Iglesia. Pues eso.


Publicado en “El Correo” el 30 de marzo de 2018
Javier Elzo
Catedrático Emérito de Sociología. Universidad de Deusto,  


martes, 27 de marzo de 2018

La persistente baja natalidad condiciona el futuro de Euskadi






La persistente baja natalidad condiciona el futuro de Euskadi

Los sábados 3 de febrero y 24 de marzo, publiqué sendos artículos en la prensa vasca del Grupo Noticias (que yo sepa los publicaron DEIA y Noticias de Gipuzkoa). Venia a reflexionar sobre el futuro de Euskadi, con la actual tasa de natalidad. Suscitaron, sobre todo el primero, bastantes comentarios, desgraciadamente anónimos, como ya parece instalarse en el “no dialogo”, “no participación” pero sí comentarios agrios y negativos de todo, en nuestros días. Aquí abajo los dos textos, tal y como salieron en la prensa


¿Se extinguirá Euskadi falto de vascos?

El pasado 18 enero tuvimos conocimiento del “Pacto por las familias y la infancia” suscrito por el Gobierno Vasco, las Diputaciones Forales y los municipios vascos. Este Pacto, según leo en la web oficial del Gobierno vasco (http://www.irekia.euskadi.eus/es/news/43329) se asienta en un diagnóstico compartido y articula una acción coordinada de políticas que responden a dos fenómenos de carácter estructural: “la persistencia de los obstáculos que dificultan que las personas puedan iniciar su proyecto familiar y tener el número de hijos e hijas deseado, esto es, las bajas tasas de natalidad”, por un lado, así como “las dificultades para romper la transmisión intergeneracional de las desigualdades como consecuencia de las carencias económicas de las familias con hijos e hijas, esto es, el cuestionamiento del principio de igualdad de oportunidades”. Por razones de espacio me limito aquí, al primer aspecto: las bajas tasas de natalidad en Euskadi. En efecto, las cifras son demoledoras.
La tasa de fecundidad para las mujeres es de 1,38 hijos, una de las más bajas de Europa, se dice, aunque comparando por Comunidades Autónomas en España, es la quinta más alta, siendo Asturias con 0,99 la más baja. La tasa de reproducción de una sociedad siendo algo superior a 2 hijos por mujer, es evidente que, con la tasa de 1,38, la actual sociedad vasca, tiende a extinguirse en unas cuantas generaciones. El Pacto por las familias y la Infancia “se concretará en el Plan de actuación para esta legislatura en el ámbito de apoyo a las familias y a la infancia que se aprobará dentro del primer trimestre”. Esperemos, pues la única medida concreta que se señaló el pasado día 18, decía que “el Plan prevé un aumento de 2 a 3 anualidades en las ayudas por la segunda hija o hijo, lo que supondrá una inversión adicional de hasta 5 millones de euros al año”. Esperemos, sí, pues, con esa sola ayuda, no se fomentará en nada la natalidad como la oposición y algunos colectivos, con toda razón, han señalado.
La cuestión de la natalidad no se circunscribe al País Vasco, como mostraré más adelante, pero quiero referir, brevemente, que es una cuestión que ya se ha abordado, anteriormente y de forma reiterada, en el País Vasco. Así en un estudio de 2005 del Gobierno Vasco, titulado “El envejecimiento de la población vasca” se podía leer que mientras el año 1981 el porcentaje de la población vasca de más de 65 años era de 9,2%, para el año 2020 emitían dos proyecciones que variaban entre 24,4% y el 26,4%. Por su parte la población de menos de 19 años que representaba el 34,2% de la población vasca el año 1981, las proyecciones para 2020 lo sitiaban entre los 12,00 y 17,6 %. Como se puede observar, el cambio en 40 años, de 1980 a 2020, es brutal y ya lo sabíamos hace años. Estamos en una sociedad de personas mayores donde los niños se hacen raros.
Dos años antes, en febrero de 2003, el Gobierno Vasco publicó un excelente “Informe sobre modelos de familia y políticas familiares”, con información comparada sobre lo que se estaba haciendo en Europa. Terminaba, como el Informe de enero del presenta año, no con diez sino con once recomendaciones, algunas de las cuales coinciden, como no podía ser de otra manera. En ese estudio, en base a Eurostat para Europa y a Prospektiker para Euskadi, se proyectaban para Europa en 2050 un 33,5% de personas de más de 70 años y para Euskadi de 40,6 % porcentaje superior al de cualquier otro estado (que no región, ¡cuidado!) de la Europa de entonces.
Podría traer aquí más ejemplos de estudios realizados sobre el tema en el País Vasco. Lo que supone reconocer la enorme dificultad para abordar, y resolver, la cuestión de la muy baja natalidad. En las líneas que siguen, reflexiono, mirando a Europa, y subrayando la excepción francesa que tenemos aquí al lado.
Pero la excepción francesa (el país de Europa, seguido por Irlanda y el Reino Unido, con los mayores índices de natalidad), ya apuntan algunos demógrafos, que quizá esté dejando de serlo. Con los datos de los tres últimos años, en tendencia además descendente, no habría renovación demográfica de la actual población francesa. Como no lo es desde hace años de la población europea, dada la baja tasa de natalidad. ¿Por qué?
Hay acuerdo en decir que no hay una sola causa, ni un solo conjunto de causas que, por sí solas, explicarían esta situación. Subrayaría, para los últimos decenios (desde la generalización de la píldora anticonceptiva), y para Europa Occidental, tres órdenes de factores, dos de ámbito público y otro más de signo personal o privado, aun admitiendo que todo está interrelacionado. De mayor a menor importancia apuntaría a las políticas de natalidad, a la situación del mercado laboral y a la evolución de las mentalidades.
Una política estatal que promueva, de verdad, la natalidad, es el primer factor explicativo. La evolución de la natalidad, desde hace 40 años en Francia, se correlaciona con su política de natalidad, afirman los expertos. Supone un estado que ayude a todas las familias (aunque más a unas que a otras) con sueldos familiares consistentes y durables en el tiempo, promoción de guarderías, protección del puesto de trabajo de la madre, etc., etc. Cuando en 2012, el presidente Hollande, disminuyó de forma nítida las ayudas familiares y no creo las guarderías que había prometido, explicarían, en parte, los descensos en las tasas de fecundidad. En Alemania, Angela Merkel, en su primer mandato, promovió una fuerte política natalista con efectos positivos, aunque ayudados por el peso de la emigración, gracias a las tasas de fecundidad en las mujeres emigrantes: 1,9 en 2015 (idéntica cifra en España).
El mercado laboral es el segundo gran factor explicativo, aunque detrás del anterior pues, por ejemplo, en Francia, la crisis de 2008 no supuso un bajón de la natalidad mientras el Estado mantuvo las ayudas familiares. Pero hay que proteger el trabajo de las madres (mientras la reproducción pase por nueves meses de gestación en el vientre de la madre) y no penalizarlo cuando decidan tener, cuidar y educar a sus hijos, en los primeros años de su vida.
 En fin, los estudiosos, también subrayan otro aspecto más personal, subjetivo, pues dependiente de los objetivos vitales de los padres, padre y madre, pero, obviamente, más de la madre. Las nuevas generaciones prolongan cada vez más sus estudios, retrasan cada vez más la conformación de parejas y más aún, la decisión de tener hijos, que se retrasa pasados los 30 años de la madre; y cuando los tengan quieren dedicarles tiempo, atención y cuidados. De ahí que muchos decidan el primer hijo ya con la pareja y el trabajo, relativamente asentados; Además muchos quieren experimentar la vida con sus primeros salarios, incluso bajos e inciertos, antes de tener el primer hijo.
El primer y fundamental factor está en manos de la administración. El segundo solamente en parte y, el tercero, es cuestión de valores y proyectos de vida, aunque muy condicionado por los dos anteriores. Pero los tres cuentan.
¿Euskadistan y Eurabia en el horizonte?

El artículo que publiqué en estas mismas páginas el pasado tres de febrero sobre la baja tasa de natalidad en Euskadi y la pregunta, - alarmista lo admito, para llamar la atención- de si desaparecería Euskadi falto de vascos, suscitó un numero de comentarios - ¡ay!, casi todos anónimos- como creo que ningún otro artículo mío ha suscitado. Había varias ideas repetidas pero una se llevaba la palma: el riesgo de la posible islamización de Euskadi. De ahí el título de este artículo que lo reproduzco, aunque yo con interrogante, de un comentario afirmativo, al que añado “Eurabia” (Europa arabizada), pues el tema no se limita, en absoluto, a Euskadi.

Comentarios de lectores.  Decía así un comentarista de mi artículo: Euskadistan en el horizonte. Eskerrik asko Urkullu Jauna por seguir islamizando Euskadi. Niños blanquitos solo el 50% de los nacidos en Cruces en 2017. (….). ¿Plan de fomento de natalidad?  ¡Menudo chiste! Para que se lleven las ayudas los de SIEMPRE. -. Urkullu el día de mañana tu nieta o biznieta te preguntaran ¿aitite por qué tengo que ir tapada? (o con el pañuelo)”.

“Los musulmanes que residen en Alemania se aprovechan de las ventajas del sistema de seguridad social de manera rutinaria”.
“Estocolmo, la primera capital europea donde se impone la sharia
La policía sueca pidió asistencia en 62 zonas de la ciudad que ya no controla y en las que se aplica la ley islámica”.

“Suecia ya está desapareciendo con la ola musulmana que tiene. De las miles de violaciones a suecas estos tres últimos años no dicen nada los medios”.

 “Los vascos son una minoría étnica. Lo que la idiotez del nacionalismo ahora gobernante no ha previsto a la hora de llenar el País Vasco de inmigrantes pobres, es que éstos demandarán protagonismo y lo harán con su cultura y religión, especialmente la islámica. La solución para ello era no traerlos, pero los muy tontolabas han hecho lo contrario. Y ahora es ya tarde".

La raza vasca se está diluyendo tanto que a lo sumo nos quedan 5 décadas. Por 2070 todos se llamarán Mohamed, Ali, Hussein, Tarik etc. Ellos se reproducen en progresión geométrica”.

Estamos, en efecto, ante una gran tentación identitaria. En gran parte de Europa. Lo ilustra muy bien Robert Ménard, alcalde de Béziers, una ciudad occitana de más de 70.000 habitantes, cuando, en el registro religioso, afirma que “los cristianos esperan del Papa que él defienda la cristiandad, no su sumersión por la inmigración”.

No tengo tiempo, ni espacio en estas líneas para contestar a cada afirmación de los textos de los comentaristas a mi artículo. Ahora es una cuestión central en Europa. Alemania, donde Merkel es cuestionada por su política migratoria, Francia, con “Front National” y Le Pen, sin olvidar a Holanda (¡ay, la Holanda de Erasmus!), Bélgica, Austria, Hungría etc., etc.

Una buena novela, a menudo, describe mejor que unos Informes, cual es el estado de ánimo de una población, o de una de sus partes. Les sugiero la lectura de la novela de Michel Houllebecq, “Sumisión” (Anagrama 2015) que describe lo que sucede en Francia cuando, el año 2.022, un líder islamista, tras conquistar en las urnas el poder en Francia, transforma de punta a cabo la sociedad: la Sorbona universidad islámica, se instaura la poligamia, las mujeres van cubiertas…Tuvo un éxito fulgurante en Francia. También en España. Yo la he leído en su quinta edición en castellano. Muy bien escrita y traducida. Algunos la comparan con “Un mundo feliz” de Huxley y “1984” de Orwell. Pero creo que exageran. Volvamos a Euskadi.

¿Cuántos musulmanes hay en Euskadi?

Centrado en nuestro tema, según la Unión de Comunidades Islámicas de España, en base al Padrón Municipal de 2016, en el País Vasco residen 51.654 musulmanes (a no confundir con los inmigrantes de África o Asia): 10.359 son españoles; 41.295, extranjeros. Por territorios históricos Bizcaya es la que más musulmanes acoge, un total de 19.539, en Gipuzkoa 16.345 y Álava 15.770. Por nacionalidades, en Euskadi destaca la presencia de musulmanes provenientes de Marruecos (18.885), Argelia (5.476), Pakistán (4.911), Senegal (3.798) y Nigeria (3.684). En porcentajes sobre el total de 2.100.000 habitantes de la CAV, los musulmanes son del orden 2,5 % de la población vasca. De los que la inmensa mayoría no son en nada radicales. En fin, en 2014, los colegios vascos atendieron a 6.065 niños musulmanes sobre un total de 300.000 escolares en enseñanzas iniciales y secundaria obligatoria. Las cifras, como se ve, no son precisamente alarmantes. Pero la población musulmana no está homogéneamente repartida. Lo dice, hasta con rabia, este comentarista a mi artículo anterior: “Intelectuales con filiación, que nos quieren mantener como una ciudad experimento, con los bilbaínos, vitorianos o donostiarras como rehenes de su buenismo que no les afecta en la convivencia diaria, porque viven, o lejos de aquí (los que vivimos en los barrios periféricos de las grandes ciudades vascas) o sin ese mestizaje que tanto añoran para los demás. Muchos de ellos, auténticos pijitos aburguesados (forrados por la gestión de las ayudas) que jamás se relacionarán con aquellos a los que supuestamente defienden (los multiculturales del RGI), ni sus hijos van a los mismos colegios que los beneficiarios de las RGI´s, ni compiten en recursos del sistema público”.
Habría mucho que hablar sobre esto. La concentración de inmigrantes en determinados lugares es evidente, como la habitación del espacio físico por razones económicas. Sin ser emigrante. Un piso en la Gran Via cuesta más que en determinadas zonas de la periferia de Bilbao. Pero también hay concentraciones de inmigrantes por otras razones. Así, los casi mil rumanos en Ordizia, que tiene una población de 9.500 habitantes. Es “otro” efecto llamada.
Voy a cerrar estas líneas con dos ideas que, estas también, requerirían más espacio. La primera para decir que necesitamos a los inmigrantes. Hay trabajos que los autóctonos no queremos hacer. Miremos cuantos inmigrantes pasean a nuestros mayores, trabajan en la construcción, en la hostelería…

La segunda para subrayar, como concluía un artículo en Hermes (nº 55, mayo 2017), que, “no podemos pensar la identidad como algo cerrado, inmutable, que todo el mundo habría compartido en el pasado, como si los movimientos de personas no hubieran existido siempre. ¿Quién, en su genealogía, no tiene una rama que viene de otra parte? Hemos devenido pluriculturales y debemos tener capacidad de vivir juntos, entre nosotros, aun siendo diferentes, y amar a este país. Pero, además, es preciso que las personas que acojamos amen también nuestro país. Si les ofrecemos una visión negativa, ellos no pueden amarle. Sin embargo, si los vemos como personas que nos pueden aportar algo, lograremos crecer juntos y que, ellos también digan “ni euskalduna naiz”. Me gusta recordar la frase de Kennedy aplicada a Euskadi: “No preguntes qué puede hacer Euskadi por ti, sino qué puedes hacer tú por Euskadi”. Nos va en ello el futuro de la nación vasca”.


domingo, 25 de marzo de 2018

Violencia, ¿qué violencia? Justicia, ¿qué justicia?



Violencia, ¿qué violencia? Justicia, ¿qué justicia?

En un articulo que publiqué en la prensa vasca y después subí con algunas consideraciones más a mi blog, me referí a la argumentación sobre la violencia ejercida por el independentismo catalán, para denegar la libertad a Oriol Junqueras. Transcribí, con extensión, para contextualizarlas, unas frases del Auto del Supremo al respecto, que comenté con estas palabras: “Tras la lectura de este texto me quedo estupefacto.  Resulta que los responsables de la increíble actuación de la policía el 1º de Octubre, contra unos pacíficos ciudadanos que iban a manifestar sus opciones políticas, sin hacer daño a nadie, son exclusivamente los responsables políticos que les incitaron a votar. ¿Por qué la policía actuó como actuó, sabiendo que la votación era inválida, legalmente hablando? ¿Qué ley es esa, en la que, para hacer cumplir la ley, hay que agredir a ciudadanos indefensos y que, encima, los máximos guardianes de la ley, en su Auto, no tengan ninguna consideración hacia las víctimas?”. Este es el enlace a ese texto en mi blog: http://javierelzo.blogspot.com.es/2018/01/cuando-los-jueces-son-el-primer-poder.html

Podría haber añadido que, ni los magistrados, ni la cúpula del PP, de Ciudadanos y del PSOE tuvieron consideración alguna hacia las víctimas, hacia “esas víctimas” para ser más preciso. Y para ser completo en mi percepción de las cosas, añadiré que tampoco el rey actual la tuvo en su discurso del 6 de octubre. Ese día, el rey Felipe VI, dejo de ser, me temo que definitivamente, un rey que pueda apoyar.

Llarena vuelve a mandar a la cárcel a cinco políticos catalanes.

Y ahora me encuentro con el increíble auto del Juez Llarena, del 23 de marzo, volviendo a mandar a prisión a cinco políticos catalanes salidos de las urnas, uno de los cuales, iba a ser votado en el Parlament catalán para poder ser investido President de Catalunya. Y lo hace arguyendo, de nuevo, a la violencia ejercida por los independentistas a los que acusa nada menos que de rebelión violenta. Esta vez no voy a citar párrafos de su Auto. Lo voy a hacer trascribiendo párrafos del editorial de “La Vanguardia” del día de hoy, siguiente al del Auto, medio de comunicación catalán que, como es bien sabido, sostiene tendencias rabiosamente independentistas (confío que algún despistado lector entienda mi sarcasmo). Podemos leer estos párrafos:

“El auto de procesamiento contiene reiteradas alusiones a una presunta situación de violencia en Catalunya ante la cual no podemos sino expresar nuestra discrepancia. La amplia corriente de opinión en favor de la soberanía de Catalunya, que durante más de cinco años ha movilizado a centenares de miles de personas, no ha tenido comportamientos violentos, ni ha apelado nunca a la violencia. En las multitudinarias manifestaciones del Onze de septiembre no se ha roto ni un cristal, ni una papelera. El independentismo catalán –en nuestra opinión, responsable de graves equivocaciones políticas estos últimos años– no ha sido, ni es, un movimiento de matriz violenta. En este sentido llama poderosamente la atención que el juez instructor Llarena llegue a afirmar que la manifestación que tuvo lugar el pasado 20 de septiembre frente a la sede de la conselleria de Economía en Barcelona, era en algún modo equiparable a la “toma de rehenes con disparos al aire”. Asimismo, no entendemos las órdenes de prisión dictadas ayer, ni la reciente decisión de mantener en la cárcel al exconseller Joaquim Forn, cuya puesta en libertad ha sido solicitada por la Fiscalía.
(…)

La misión de la justicia no es fabricar soluciones para los problemas políticos, sino investigar y juzgar los actos presuntamente delictivos. Lo sabemos. Pero el lenguaje y las decisiones de la justicia tienen siempre repercusión política, sobre todo cuando no valoran correctamente el contexto social. Catalunya vive un grave problema de fondo. El apoyo social al independentismo no es una anécdota, como quedó perfectamente demostrado el pasado 21 de diciembre. La inmensa mayoría de la sociedad catalana rechaza la violencia y no aceptará ser tratada como un sujeto violento. Una vez más, reclamamos iniciativa política para resolver la cuestión de fondo, con diálogo, paz y concordia”.

Hasta aquí el editorial de “La Vanguardia” del 24 de marzo que aplaudo sin reservas. Pero dudo que en la prensa de Madrid haya un editorial con ese grado de ecuanimidad. Yo al menos no lo he encontrado. España está rota. Mejor dicho, la han roto. Básicamente el ultra nacionalismo español: el rey, los partidos políticos, la prensa madrileña, muchos intelectuales que hacen pequeño al nacionalismo vasco, aunque sin tiros en la nuca, afortunadamente. Les basta meter a la gente a la cárcel. Es el poder de los fuertes. ¡Ah! ¡En nombre de la ley!

Un texto mío de 1995 en el que critico la inacción de la justicia.

Por encargo de la Consejería de Interior del Gobierno Vasco, dirigí, el año 1995, una investigación sobre la subcultura de la violencia en una parte de la juventud vasca. Al inicio del Informe redacté, yo mismo, un resumen de lo esencial del trabajo. Ese resumen, de cerca de 40 páginas, se puede consultar en mi blog en este enlace:  http://javierelzo.blogspot.com.es/1995/09/subcultura-de-la-violencia-en-la.html

La dirección de aquel Informe me supuso diez años, dos meses y dos días de protección policial de los cuales, cuatro años y medio con un escolta permanente. Sé muy bien lo que es la violencia y padecerla y, déjenme decirlo ya, la violencia a la que se refieren los Autos de la Justicia de hoy, encarcelando un juez de instrucción a muchos políticos electos y personas que hacían política en Catalunya, es un juego de niños, en comparación con la violencia que padecíamos aquellos años en Euskadi. En medio de la indolencia (siendo muy suave en el epíteto) de la Justicia de entonces.

De aquel resumen traslado aquí los párrafos relacionados con la dimensión judicial de la de subcultura de la violencia en algunos jóvenes vascos próximos al MLNV y al terrorismo de ETA en particular.

“6º. Otro ámbito de especial importancia es el que se refiere al judicial.

6.1. Corrección del déficit de legitimidad. Hay demasiadas dudas de anticonstitucionalidad en más de un aspecto de la actual legislación, olvidar los pronunciamientos del propio Tribunal Constitucional derogando más de un artículo de la legislación antiterrorista. No hay que olvidar, tampoco, que Amnesty International lleva años reclamando la derogación de determinados aspectos del sistema procesal español (incomunicación de los detenidos durante 72 horas). Piénsese en la consecuencia de este estado de cosas a la hora de la socialización política de jóvenes por parte de los agentes del MLNV.

6.2. Hay una evidente contradicción en algunos aspectos del planteamiento penal del denominado problema vasco. Por un lado, se dice que los delincuentes y detenidos de ETA son “una simple banda de criminales” y que como tales deben ser considerados, cuando al mismo tiempo se arguye y defiende una ley antiterrorista y un tratamiento penitenciario diferenciado. Resulta difícil convencer a un joven de que no estamos ante presos “diferentes”, lo que a su entender no es otra cosa que “presos políticos”.

Ya hemos señalado reiteradamente en estas páginas nuestra convicción de que en el contencioso vasco hay también un componente político y que como tal debe ser tratado, pero no pensamos que ello deba tener su traslado en su aspecto penal y procesal donde el principio de la igualdad ante la ley debe primar sobre toda otra consideración. Hay, por lo demás, suficientes ejemplos en la historia penal y judicial de Occidente donde se ha comprobado que los Tribunales y Jurisdicciones Especiales han sido más perniciosos, a la larga, que beneficiosos pueden parecer a la corta.

6.3. Si la mayor parte de los delitos son cometidos en el País Vasco y, en todo caso, realizados desde la perspectiva primera de promover cambios en el País Vasco, ¿por qué juzgar esos delitos fuera del País Vasco, y más concretamente en Madrid, propiciando así la interesada lectura de que estamos en una pretendida guerra entre el País Vasco y España?

6.4. Hay un arsenal de normas que manifiestamente no se aplican. Por ejemplo, las manifestaciones ilegales, sin hablar de los daños causados a personas y bienes en no pocas de esas manifestaciones. ¿No existe acaso un sentimiento de impunidad en no pocos jóvenes (y menos jóvenes) ante la certeza, real, de que hagan lo que hagan prácticamente no va a tener consecuencias para su quehacer cotidiano? Una revisión, sea de las normas, sea de las dificultades de su aplicación, sea de ambas cosas, se impone urgentemente. Lo contrario es una constante burla del sistema legal y, lo que es más grave, de la legitimidad democrática de la aplicación de la ley, pues queda como arsenal de utilización arbitraria.

7. El paso de planteamientos abstractos a otros más concretos ha sido señalado, con denominaciones distintas, por la práctica totalidad de los miembros del grupo de investigación. Los jóvenes que practican la violencia rara vez se ven enfrentados a las consecuencias de sus actos, y en concreto en las secuelas que dejan en las víctimas y en los familiares y amigos de las víctimas. Se vive el problema desde lo colectivo (el pueblo vasco, la injusticia social, la opresión del Ejército español, etcétera, hasta se invoca genéricamente a los presos vascos), pero no hay un afrontamiento concreto con la acción llevada a cabo.

Desde esta perspectiva debe reclamarse una actuación más eficaz de poder judicial y, singularmente, de la fiscalía que hasta la fecha ha desarrollado un comportamiento excesiva e irresponsablemente falto de compromiso en la pacificación de Euskalherria. Sucesos como los recientes de Hernani, Rentería o Pasajes (que hoy en 2018 soy incapaz de recordar), exigen una acción judicial decidida que no genere un sentimiento de impunidad en sus autores. A los efectos de limar la tradicional y secular desconfianza de los cuerpos policiales con el poder judicial se plantea como urgente y necesaria la creación de espacios y foros de encuentro que tiendan a presentar a sus miembros las distintas perspectivas desde las que abordar el problema de la delincuencia de cobertura política.

Nuestra propuesta va en el sentido de enfrentar a los jóvenes con las consecuencias reales de sus actos, de la forma más directa y posible, y, por ello, consideramos que debiera incluirse entre las normas de enjuiciamiento penal, al menos para jóvenes responsables de delitos no especialmente graves, procedimientos de conciliación entre autor y víctima al modo de los establecidos en otros países, como por ejemplo Alemania”. Hasta aquí los párrafos del Informe de 1995

Unas pocas reflexiones finales

¿Qué violencia?, ¿Qué justicia?, titulo estas líneas. Creo que queda claro que tras una violencia menor (en definitiva la del 20 de septiembre en la conselleria de Economia en Barcelona y algunas frases encontradas en unos documentos ocultos) que ha llevado a la cárcel a políticos elegidos en las urnas y a personas que la ejercían, democrática y pacíficamente, mientras que una violencia mayor, la de centeneras y miles de personas próximas a ETA y el MLNV, que quemaban librerías (Lagun cuyo 50 aniversario hemos aplaudido) nos gritaban a la cara “ETA mátalos”, desfilaban orgullosos profiriendo insultos y amenazas por doquier, etc., etc., la justicia miraba a otro lado. Peor aún, cuando se pretendió instalar cámaras para poder determinar las personas concretas que proferían tales amenazas, esa justicia se opuso, en nombre - ¡asómbrense- de la libertad de expresión. Concluyan Ustedes. La rabia me lleva a decir cosas impublicables. Y con miedo de que me acusen, ¡vaya Usted a saber de qué! Y nos les cuesta nada meterte en la cárcel. Sí, el eterno retorno de los fascismos que dijera Rob Riemen.

Donostia 25 de marzo de 2018
Javier Elzo


jueves, 25 de enero de 2018

Sister Helen: "Los criminales tienen derecho a la dignidad"

Traigo aquí, con mi asentimiento total, este texto recogido hoy en Noticias de Gipuzkoa, firmado por la agencia ETE.

Me pregunto cuantos estarán de acuerdo y cuantos en desacuerdo con la postura de esta mujer 10. Vaya aquí mi admiración a su labor
xxxxxxxxxxxx
Sister Helen: "Los criminales tienen derecho a la dignidad"


La religiosa es autora de Pena de muerte, convertida ahora en ópera
Noticias de Gipuzkoa Jueves, 25 de enero de 2018
Sister Helen, autora del libro Pena de muerte, en el que narra su experiencia con un condenado en el corredor de la muerte en Estados Unidos, defiende que "cualquier criminal es un ser humano y tiene derecho a la dignidad".
Helen Prejean visitó España con motivo del estreno en el Teatro Real de la ópera Dead man walking (inspirada en su libro, con el título original en inglés) y, en un encuentro con la prensa acompañada de la soprano Joyce DiDonato, abordó la vigencia de su relato en contra de la pena de muerte. "La pena de muerte se acabará pronto en Estados Unidos, no sé cuándo, pero ya es algo que se está empezando a mover y gracias al aspecto humano, se conseguirá. En este aspecto tenemos mucho que aprender de Europa, donde ya se ha superado esto y siguen adelante", afirmó la monja católica.
Para Prejean conocida como Sister Helen, la lucha actual se centra en "dejar de ser coautores" de estas muertes junto al Estado. "La gente está empezando a despertar: en situaciones de vida o muerte no hay que dejar las decisiones en manos del Gobierno. Poco a poco nos alejamos de esto", aseveró.
En este sentido, recordó su experiencia en el corredor de la muerte, donde ha tratado con criminales de los que ha podido conocer "su lado humano". "Yo nunca tuve la sensación de que los criminales pudieran ser buenos, incluso les tenía miedo. Pero como dice el papa Francisco, cuando empiezas a conocerlos es cuando sabes que son personas y, si les miras a los ojos, son muy hermanos", dijo. Prejean reconoció ser consciente de los sentimientos de los familiares de las víctimas cuando conocen al autor del asesinato de sus seres queridos. "Se siente rabia, furia y deseos de venganza, pero los criminales también tienen sus familiares. Esos sentimientos forman parte de la reacción humana, hay un instinto de venganza tremendo y transformarlo en compasión no es fácil, pero se consigue", destacó.
Cabe señalar que la producción llega a España en un momento en el que se ha avivado el debate sobre la conveniencia o no de mantener las penas de prisión permanente revisable aunque, preguntada por ello, Sister Helen no se pronunció específicamente al respecto.
Sister Helen recordó cómo la adaptación de su libro a la gran pantalla cambió la recepción de su obra. "Todo ocurrió muy rápido: el libro se publicó en 1993 y en 1995 ya estaba la película de Tim Robbins protagonizada por Sean Penn y Susan Sarandon, que se llevó un Óscar por su trabajo", defendió.

El libro estuvo numerosas semanas en la lista de más vendidos y, según su autora, cambió "totalmente" la percepción sobre la pena de muerte, que en 1993 contaba con el respaldo del 80% de la población en EEUU. "Es una obra sobre una historia real, no es ficción, es mi viaje. Otras películas eran más documentales y no lograron implicar tanto a la gente", apuntó. Efe

miércoles, 24 de enero de 2018

Rajoy, la justicia y Catalunya, según Ferreres


Es difícil decir más en un gráfico.

Ferreres en "El Periódico de Catalunya" del día de hoy, 24 de enero de 2018