martes, 27 de marzo de 2018

La persistente baja natalidad condiciona el futuro de Euskadi






La persistente baja natalidad condiciona el futuro de Euskadi

Los sábados 3 de febrero y 24 de marzo, publiqué sendos artículos en la prensa vasca del Grupo Noticias (que yo sepa los publicaron DEIA y Noticias de Gipuzkoa). Venia a reflexionar sobre el futuro de Euskadi, con la actual tasa de natalidad. Suscitaron, sobre todo el primero, bastantes comentarios, desgraciadamente anónimos, como ya parece instalarse en el “no dialogo”, “no participación” pero sí comentarios agrios y negativos de todo, en nuestros días. Aquí abajo los dos textos, tal y como salieron en la prensa


¿Se extinguirá Euskadi falto de vascos?

El pasado 18 enero tuvimos conocimiento del “Pacto por las familias y la infancia” suscrito por el Gobierno Vasco, las Diputaciones Forales y los municipios vascos. Este Pacto, según leo en la web oficial del Gobierno vasco (http://www.irekia.euskadi.eus/es/news/43329) se asienta en un diagnóstico compartido y articula una acción coordinada de políticas que responden a dos fenómenos de carácter estructural: “la persistencia de los obstáculos que dificultan que las personas puedan iniciar su proyecto familiar y tener el número de hijos e hijas deseado, esto es, las bajas tasas de natalidad”, por un lado, así como “las dificultades para romper la transmisión intergeneracional de las desigualdades como consecuencia de las carencias económicas de las familias con hijos e hijas, esto es, el cuestionamiento del principio de igualdad de oportunidades”. Por razones de espacio me limito aquí, al primer aspecto: las bajas tasas de natalidad en Euskadi. En efecto, las cifras son demoledoras.
La tasa de fecundidad para las mujeres es de 1,38 hijos, una de las más bajas de Europa, se dice, aunque comparando por Comunidades Autónomas en España, es la quinta más alta, siendo Asturias con 0,99 la más baja. La tasa de reproducción de una sociedad siendo algo superior a 2 hijos por mujer, es evidente que, con la tasa de 1,38, la actual sociedad vasca, tiende a extinguirse en unas cuantas generaciones. El Pacto por las familias y la Infancia “se concretará en el Plan de actuación para esta legislatura en el ámbito de apoyo a las familias y a la infancia que se aprobará dentro del primer trimestre”. Esperemos, pues la única medida concreta que se señaló el pasado día 18, decía que “el Plan prevé un aumento de 2 a 3 anualidades en las ayudas por la segunda hija o hijo, lo que supondrá una inversión adicional de hasta 5 millones de euros al año”. Esperemos, sí, pues, con esa sola ayuda, no se fomentará en nada la natalidad como la oposición y algunos colectivos, con toda razón, han señalado.
La cuestión de la natalidad no se circunscribe al País Vasco, como mostraré más adelante, pero quiero referir, brevemente, que es una cuestión que ya se ha abordado, anteriormente y de forma reiterada, en el País Vasco. Así en un estudio de 2005 del Gobierno Vasco, titulado “El envejecimiento de la población vasca” se podía leer que mientras el año 1981 el porcentaje de la población vasca de más de 65 años era de 9,2%, para el año 2020 emitían dos proyecciones que variaban entre 24,4% y el 26,4%. Por su parte la población de menos de 19 años que representaba el 34,2% de la población vasca el año 1981, las proyecciones para 2020 lo sitiaban entre los 12,00 y 17,6 %. Como se puede observar, el cambio en 40 años, de 1980 a 2020, es brutal y ya lo sabíamos hace años. Estamos en una sociedad de personas mayores donde los niños se hacen raros.
Dos años antes, en febrero de 2003, el Gobierno Vasco publicó un excelente “Informe sobre modelos de familia y políticas familiares”, con información comparada sobre lo que se estaba haciendo en Europa. Terminaba, como el Informe de enero del presenta año, no con diez sino con once recomendaciones, algunas de las cuales coinciden, como no podía ser de otra manera. En ese estudio, en base a Eurostat para Europa y a Prospektiker para Euskadi, se proyectaban para Europa en 2050 un 33,5% de personas de más de 70 años y para Euskadi de 40,6 % porcentaje superior al de cualquier otro estado (que no región, ¡cuidado!) de la Europa de entonces.
Podría traer aquí más ejemplos de estudios realizados sobre el tema en el País Vasco. Lo que supone reconocer la enorme dificultad para abordar, y resolver, la cuestión de la muy baja natalidad. En las líneas que siguen, reflexiono, mirando a Europa, y subrayando la excepción francesa que tenemos aquí al lado.
Pero la excepción francesa (el país de Europa, seguido por Irlanda y el Reino Unido, con los mayores índices de natalidad), ya apuntan algunos demógrafos, que quizá esté dejando de serlo. Con los datos de los tres últimos años, en tendencia además descendente, no habría renovación demográfica de la actual población francesa. Como no lo es desde hace años de la población europea, dada la baja tasa de natalidad. ¿Por qué?
Hay acuerdo en decir que no hay una sola causa, ni un solo conjunto de causas que, por sí solas, explicarían esta situación. Subrayaría, para los últimos decenios (desde la generalización de la píldora anticonceptiva), y para Europa Occidental, tres órdenes de factores, dos de ámbito público y otro más de signo personal o privado, aun admitiendo que todo está interrelacionado. De mayor a menor importancia apuntaría a las políticas de natalidad, a la situación del mercado laboral y a la evolución de las mentalidades.
Una política estatal que promueva, de verdad, la natalidad, es el primer factor explicativo. La evolución de la natalidad, desde hace 40 años en Francia, se correlaciona con su política de natalidad, afirman los expertos. Supone un estado que ayude a todas las familias (aunque más a unas que a otras) con sueldos familiares consistentes y durables en el tiempo, promoción de guarderías, protección del puesto de trabajo de la madre, etc., etc. Cuando en 2012, el presidente Hollande, disminuyó de forma nítida las ayudas familiares y no creo las guarderías que había prometido, explicarían, en parte, los descensos en las tasas de fecundidad. En Alemania, Angela Merkel, en su primer mandato, promovió una fuerte política natalista con efectos positivos, aunque ayudados por el peso de la emigración, gracias a las tasas de fecundidad en las mujeres emigrantes: 1,9 en 2015 (idéntica cifra en España).
El mercado laboral es el segundo gran factor explicativo, aunque detrás del anterior pues, por ejemplo, en Francia, la crisis de 2008 no supuso un bajón de la natalidad mientras el Estado mantuvo las ayudas familiares. Pero hay que proteger el trabajo de las madres (mientras la reproducción pase por nueves meses de gestación en el vientre de la madre) y no penalizarlo cuando decidan tener, cuidar y educar a sus hijos, en los primeros años de su vida.
 En fin, los estudiosos, también subrayan otro aspecto más personal, subjetivo, pues dependiente de los objetivos vitales de los padres, padre y madre, pero, obviamente, más de la madre. Las nuevas generaciones prolongan cada vez más sus estudios, retrasan cada vez más la conformación de parejas y más aún, la decisión de tener hijos, que se retrasa pasados los 30 años de la madre; y cuando los tengan quieren dedicarles tiempo, atención y cuidados. De ahí que muchos decidan el primer hijo ya con la pareja y el trabajo, relativamente asentados; Además muchos quieren experimentar la vida con sus primeros salarios, incluso bajos e inciertos, antes de tener el primer hijo.
El primer y fundamental factor está en manos de la administración. El segundo solamente en parte y, el tercero, es cuestión de valores y proyectos de vida, aunque muy condicionado por los dos anteriores. Pero los tres cuentan.
¿Euskadistan y Eurabia en el horizonte?

El artículo que publiqué en estas mismas páginas el pasado tres de febrero sobre la baja tasa de natalidad en Euskadi y la pregunta, - alarmista lo admito, para llamar la atención- de si desaparecería Euskadi falto de vascos, suscitó un numero de comentarios - ¡ay!, casi todos anónimos- como creo que ningún otro artículo mío ha suscitado. Había varias ideas repetidas pero una se llevaba la palma: el riesgo de la posible islamización de Euskadi. De ahí el título de este artículo que lo reproduzco, aunque yo con interrogante, de un comentario afirmativo, al que añado “Eurabia” (Europa arabizada), pues el tema no se limita, en absoluto, a Euskadi.

Comentarios de lectores.  Decía así un comentarista de mi artículo: Euskadistan en el horizonte. Eskerrik asko Urkullu Jauna por seguir islamizando Euskadi. Niños blanquitos solo el 50% de los nacidos en Cruces en 2017. (….). ¿Plan de fomento de natalidad?  ¡Menudo chiste! Para que se lleven las ayudas los de SIEMPRE. -. Urkullu el día de mañana tu nieta o biznieta te preguntaran ¿aitite por qué tengo que ir tapada? (o con el pañuelo)”.

“Los musulmanes que residen en Alemania se aprovechan de las ventajas del sistema de seguridad social de manera rutinaria”.
“Estocolmo, la primera capital europea donde se impone la sharia
La policía sueca pidió asistencia en 62 zonas de la ciudad que ya no controla y en las que se aplica la ley islámica”.

“Suecia ya está desapareciendo con la ola musulmana que tiene. De las miles de violaciones a suecas estos tres últimos años no dicen nada los medios”.

 “Los vascos son una minoría étnica. Lo que la idiotez del nacionalismo ahora gobernante no ha previsto a la hora de llenar el País Vasco de inmigrantes pobres, es que éstos demandarán protagonismo y lo harán con su cultura y religión, especialmente la islámica. La solución para ello era no traerlos, pero los muy tontolabas han hecho lo contrario. Y ahora es ya tarde".

La raza vasca se está diluyendo tanto que a lo sumo nos quedan 5 décadas. Por 2070 todos se llamarán Mohamed, Ali, Hussein, Tarik etc. Ellos se reproducen en progresión geométrica”.

Estamos, en efecto, ante una gran tentación identitaria. En gran parte de Europa. Lo ilustra muy bien Robert Ménard, alcalde de Béziers, una ciudad occitana de más de 70.000 habitantes, cuando, en el registro religioso, afirma que “los cristianos esperan del Papa que él defienda la cristiandad, no su sumersión por la inmigración”.

No tengo tiempo, ni espacio en estas líneas para contestar a cada afirmación de los textos de los comentaristas a mi artículo. Ahora es una cuestión central en Europa. Alemania, donde Merkel es cuestionada por su política migratoria, Francia, con “Front National” y Le Pen, sin olvidar a Holanda (¡ay, la Holanda de Erasmus!), Bélgica, Austria, Hungría etc., etc.

Una buena novela, a menudo, describe mejor que unos Informes, cual es el estado de ánimo de una población, o de una de sus partes. Les sugiero la lectura de la novela de Michel Houllebecq, “Sumisión” (Anagrama 2015) que describe lo que sucede en Francia cuando, el año 2.022, un líder islamista, tras conquistar en las urnas el poder en Francia, transforma de punta a cabo la sociedad: la Sorbona universidad islámica, se instaura la poligamia, las mujeres van cubiertas…Tuvo un éxito fulgurante en Francia. También en España. Yo la he leído en su quinta edición en castellano. Muy bien escrita y traducida. Algunos la comparan con “Un mundo feliz” de Huxley y “1984” de Orwell. Pero creo que exageran. Volvamos a Euskadi.

¿Cuántos musulmanes hay en Euskadi?

Centrado en nuestro tema, según la Unión de Comunidades Islámicas de España, en base al Padrón Municipal de 2016, en el País Vasco residen 51.654 musulmanes (a no confundir con los inmigrantes de África o Asia): 10.359 son españoles; 41.295, extranjeros. Por territorios históricos Bizcaya es la que más musulmanes acoge, un total de 19.539, en Gipuzkoa 16.345 y Álava 15.770. Por nacionalidades, en Euskadi destaca la presencia de musulmanes provenientes de Marruecos (18.885), Argelia (5.476), Pakistán (4.911), Senegal (3.798) y Nigeria (3.684). En porcentajes sobre el total de 2.100.000 habitantes de la CAV, los musulmanes son del orden 2,5 % de la población vasca. De los que la inmensa mayoría no son en nada radicales. En fin, en 2014, los colegios vascos atendieron a 6.065 niños musulmanes sobre un total de 300.000 escolares en enseñanzas iniciales y secundaria obligatoria. Las cifras, como se ve, no son precisamente alarmantes. Pero la población musulmana no está homogéneamente repartida. Lo dice, hasta con rabia, este comentarista a mi artículo anterior: “Intelectuales con filiación, que nos quieren mantener como una ciudad experimento, con los bilbaínos, vitorianos o donostiarras como rehenes de su buenismo que no les afecta en la convivencia diaria, porque viven, o lejos de aquí (los que vivimos en los barrios periféricos de las grandes ciudades vascas) o sin ese mestizaje que tanto añoran para los demás. Muchos de ellos, auténticos pijitos aburguesados (forrados por la gestión de las ayudas) que jamás se relacionarán con aquellos a los que supuestamente defienden (los multiculturales del RGI), ni sus hijos van a los mismos colegios que los beneficiarios de las RGI´s, ni compiten en recursos del sistema público”.
Habría mucho que hablar sobre esto. La concentración de inmigrantes en determinados lugares es evidente, como la habitación del espacio físico por razones económicas. Sin ser emigrante. Un piso en la Gran Via cuesta más que en determinadas zonas de la periferia de Bilbao. Pero también hay concentraciones de inmigrantes por otras razones. Así, los casi mil rumanos en Ordizia, que tiene una población de 9.500 habitantes. Es “otro” efecto llamada.
Voy a cerrar estas líneas con dos ideas que, estas también, requerirían más espacio. La primera para decir que necesitamos a los inmigrantes. Hay trabajos que los autóctonos no queremos hacer. Miremos cuantos inmigrantes pasean a nuestros mayores, trabajan en la construcción, en la hostelería…

La segunda para subrayar, como concluía un artículo en Hermes (nº 55, mayo 2017), que, “no podemos pensar la identidad como algo cerrado, inmutable, que todo el mundo habría compartido en el pasado, como si los movimientos de personas no hubieran existido siempre. ¿Quién, en su genealogía, no tiene una rama que viene de otra parte? Hemos devenido pluriculturales y debemos tener capacidad de vivir juntos, entre nosotros, aun siendo diferentes, y amar a este país. Pero, además, es preciso que las personas que acojamos amen también nuestro país. Si les ofrecemos una visión negativa, ellos no pueden amarle. Sin embargo, si los vemos como personas que nos pueden aportar algo, lograremos crecer juntos y que, ellos también digan “ni euskalduna naiz”. Me gusta recordar la frase de Kennedy aplicada a Euskadi: “No preguntes qué puede hacer Euskadi por ti, sino qué puedes hacer tú por Euskadi”. Nos va en ello el futuro de la nación vasca”.


No hay comentarios:

Publicar un comentario