domingo, 3 de enero de 2016

Decibelios y falta de respeto a los vecinos de “La Consti” en Donostia


Decibelios y falta de respeto a los vecinos de “La Consti” en Donostia

 

Sábado 26 de diciembre de 2015. Pasadas las doce del mediodía me acerco a la Plaza de la “Consti” en Donosti con mi hija y nieto a tomar un aperitivo. Magnífico ambiente. De pronto, un ruido ensordecedor me impide seguir conversando con mi hija y hacer carantoñas al nieto. Una deliciosa melodía vasca, gratamente armonizada a los ritmos actuales y muy bien interpretada, sale vomitada a altísimos decibelios en unos altavoces. Sin terminar la consumición abandonamos la plaza. Alterado me topo en la salida con un buen amigo a quien le espeto, - perdón Jesús- , que para qué se hacen estudios, manifestaciones y protestas sobre los ruidos en la Parte Vieja. ¿Por qué los vecinos de la “Consti” deben padecer esa violación continuada, noche y día, de la intimidad de su hogar?. (Dicho sea entre paréntesis yo no resido en la Parte Vieja, aunque soñé en hacerlo antaño y bien que agradezco ahora que no me decidiera). El Ayuntamiento de la ciudad debiera poner coto a estos desmanes. Pero, ¡ya!. Basta multar seriamente a quienes se pasen de decibelios. Los vecinos de “La Consti” merecen otro respeto.

 

Hasta aquí el texto, ligeramente retocado, que envié el mismo día 26 a la redacción de “Noticias de Gipuzkoa”, con acuse de recibo de que lo publicarían en Cartas. No lo he visto- lo que no quiere decir que no lo hayan publicado- pero por si acaso lo subo a mi blog. No es la primera vez que un texto mío sobre los ruidos en la ciudad no es publicado en los medios de comunicación. Plenamente consciente de que este tema de los ruidos en la Parte Vieja donostiarra, como en otro sitios de la ciudad, exige un tratamiento más profuso y detallado, valgan estas líneas como anécdota de lo que merece elevar a la categoría de análisis de la mala convivencia en la ciudad y de la desidia, o cosas peores, de sus gobernantes. De todo color político.

jueves, 31 de diciembre de 2015

Lo indecible de la música


Lo indecible de la música

 

(31 de diciembre de 2015)

 

Esta tarde de fin de año he escuchado, en casa, dos joyas de la música de todos los tiempos: los últimos cuarenta minutos (aproximadamente) del primer acto de Parsifal (la primera exposición del Grial) de Wagner en la versión dirigida por Knapperbutch en Bayreuth el año 1951y las Variaciones Goldberg de Bach con Celine Frisch al clave, en grabación de hace pocos años. Dos obras bien distintas de dos compositores bien diferentes. Y, cada vez que vengo al teclado queriendo trasladar mis sensaciones al término de alguna audición o escucha de una obra, me quedo sin términos para hacerlo con un resultado mínimamente convincente. Es lo indecible de una experiencia que siempre embargo es bien real. Me digo que, si fuera un escritor y no un mero redactor, quizás encontraría las palabras para describir la experiencia musical pero, constato leyendo lo que otros, algunos grandes escritores, han reflejado sobre el papel comentando determinadas obras musicales, que no son capaces de trasladarme y, menos aún hacerme partícipe, de sus emociones y sensaciones. Con lo que poco puedo añadir sino reiterarme en lo indecible, aunque bien real y trascendente, de la experiencia musical.

Correos cerrado la mañana del 31 de diciembre


Correos cerrado la mañana del 31 de diciembre

 

Tengo un “Aviso de Llegada” de Correos que me indican que proviene de “Eusko J.”. No sé qué pueda ser pues no espero ningún paquete del Gobierno Vasco. Me indican de Correos solamente que debo pasar a recogerlo antes del 6 de Enero o llamar a un teléfono por si deseo que me lo traigan a casa, obviamente con el coste correspondiente. Esta mañana, a las 11,00 me acerco a Correos. Y, ante mi sorpresa, está cerrado a cal y canto, sin ninguna indicación de nada. (En la librería de enfrente me dicen que esos avisos los ponen en el interior…). Algunos dirían que, siendo 31 de diciembre, como buen servicio público que se precie, está cerrado. Por cierto, ¿al servicio de quienes?, pues los servicios privados de este 31 de diciembre están repletos de gente haciendo colas.

domingo, 27 de diciembre de 2015

La locura de la Navidad


La locura de la Navidad

 

 

En la vida de las personas hay momentos fuertes, momentos intensos que se mantienen a lo largo de su existencia: la fecha de nacimiento, el aniversario de bodas por ejemplo... cuando ha ido bien.  Lo mismo sucede con las sociedades: las fiestas del pueblo, la tamborrada en Donosti, las Semanas Grandes aquí y allá, la Mare de Déu de la Mercè en Barcelona, San Isidro en Madrid, etc., etc. Pero algunas fechas van más allá de las personas, de las sociedades locales, y hasta de los estados. En el mundo occidental una de esas fechas es la Navidad. Todo ese mundo celebra la Navidad. Las fechas de Semana Santa no alcanzan tanta extensión, salvo en Andalucía. Quizás quepa equipar el Carnaval a la Navidad aunque tampoco creo que llega a tanta gente. Pero, ¿qué celebramos en Navidad? ¿Es simplemente una rutina, una costumbre o es algo más?. Porque hay rutinas y costumbres que desaparecen y otras, como la Navidad, que se mantienen a lo largo de los siglos y en todo el mundo occidental.

 

Navidad y Carnaval. La primera explicación que me viene a la cabeza tiene que ver con algo que me parece elemental: la Navidad es una fiesta amable. Es un periodo en el que todos hemos interiorizado que hay que manifestarse amables, que hay que procurar aparcar nuestras diferencias, nuestros cabreos, nuestros problemas y ofrecer nuestra mejor cara. Es como un alto en nuestra vida en el que parece que decimos: ahora vamos a ser buenos, vamos a hacer eso que sabemos que le va a gustar a mi pareja, a mis hijos, a mis padres, a mis amigos, al vecino, al compañero de trabajo. Y nos juntamos a comer, nos hacemos regalos, nos deseamos felices fiestas y próspero año.

 

Pero también hay quienes piensan que la Navidad es un periodo de hipocresía en el que olvidamos nuestras desavenencias y, si es posible, escamoteamos hasta nuestros odios. Hay quienes piensan que la Navidad es el periodo de la falsedad por excelencia. No niego que algo de eso pueda haber pero ¿no es acaso la manifestación, como el Carnaval, de que queremos ser de otra manera, de que deseamos que nuestra sociedad sea de otra manera, que nuestras relaciones sean de otra manera? Aunque la diferencia con el Carnaval es capital: en la Navidad actuamos a cara descubierta, sin más fachada que la cara que sepamos poner. No nos enmascaramos, como en Carnaval. Queremos ser de otra manera, sin caretas.

 

En la Navidad gastamos en manjares que sabemos que estarán más baratos pocos días después, penaremos para subir la cuesta de enero, los obsesos de la línea se la saltarán por unos días haciendo, en enero, el agosto de los gimnasios, de los médicos expertos en desengordamientos.

 

Navidad y Familia. Pero la navidad es más que comilonas, caras bonitas, fiestas y regalos. La Navidad es, todavía, una fiesta familiar. El anuncio televisivo de “vuelve a casa por Navidad” nos lo muestra. Los vascos, si podemos desanudar la garganta, cantamos en Navidad el entrañable “Hator, hator mutil etxera gaztaina ximelak jatera, Gabon gaua ospatutzeko aitaren eta amaren ondoan. Ikusiko duk aita barrezka amaren poz ta atseginez”[1].

 

Yo creo que mientras haya familia habrá Navidad. Se habla mucho de la crisis de la familia. Pero si crisis hay es crisis de éxito, de exigencia. Porque somos seres sociables y queremos compartir nuestra vida con otra persona. No queremos vivir solos. Queremos vivir con otra persona. Y queremos vivir felices con otra persona. Y queremos que nuestro amor, no sólo perdure sino que se traslade a nuestros hijos. Lo que sucede es que, en una sociedad que cada día es más agresiva, donde la intemperie, fuera del hogar familiar, se hace a menudo hostil, pedimos más y más a la familia. De ahí su éxito, de ahí su fragilidad. De ahí que muchas veces no logremos lo que nos hemos propuesto. El amor se marchita, se rompe y lo que se pensó como un espacio de cariño y ternura se convierte en flor mustia, cuando no en corona de espinas. La separación se hace inevitable. Se ponen tantas esperanzas en la familia, que no podemos soportar que nos hayamos equivocado. La familia se rompe a nuestro pesar, hasta con alivio cuando la situación se hace insoportable.

 

Pero esta situación no supone en absoluto la muerte de la familia. Lo que puede acabar con la Navidad (o dejarla exclusivamente en manos de los publicistas, y habría que ver cuanto duraría, entonces) es la muerte de la familia y la familia puede morir cuando ésta se agote en la pareja. Entonces no habría nadie a quien desear ver en casa por Navidad. La cosa será inevitable cuando, de forma mayoritaria -pues siempre habrá circunstancias y casos particulares- la pareja no se constituya como un proyecto de vida en común, abierta a la educación de hijos, propios o adoptados, sino como una mera unión de dos personas que deciden vivir juntos, a veces sin convivir, y ello mientras el otro o la otra me ayude a seguir viviendo. En el fondo, “mi” pareja solo me interesa en función de que me sirva a “mí”. Es una pareja instrumental. Es como una prótesis psicológica que, si falla, o ya no es necesaria, se tira.

 

Tras una lectura de Karl Rahner. Hace unas semanas, tomándome un café en la peatonalizada plaza del Callao madrileño, en este invierno veraniego que nos acompaña, devoré un librillo del inmenso Karl Rahner, a decir de muchos el mejor teólogo católico del siglo XX, sobre “El significado de la Navidad”. (Herder 2015). ¡Qué delicia de libro!. Eso sí, hay que leerlo dos veces. Contiene dos brevísimos textos. Del segundo, titulado “La respuesta del sosiego. Carta a un amigo” con motivo de la Navidad (publicado en un diario vienés en 1962), traslado estas líneas: “Jesús es un hombre verdadero, es decir, un hombre como tú y como yo; un hombre que asume obedientemente el insondable misterio de su existencia. (…) Así fue también aquel cuyo comienzo quieres celebrar y festejar. Lo que él aceptó como hombre, también tú puedes atreverte a hacerlo: decir sosegada y creyentemente “Padre” a lo insondable y aceptarlo no como una lejanía matadora sino como una proximidad sin medida y perdonadora. (….). Por tanto, convendría conjurar la experiencia de nuestro corazón para vislumbrar venturosamente lo que se quiere decir con la encarnación del Dios eterno. Convendría que esto ocurriera en medio del sosiego en el que el hombre se halla consigo mismo, buscando el conocimiento de sí mismo. Este sosiego bien entendido en la fe del mensaje de Navidad es una experiencia existencial del hombre infinito, una experiencia que nos dice algo que solo es así porque el propio Dios se ha vuelto hombre. Si nos experimentáramos de otra manera, Dios no habría nacido como hombre”. Sí. Si nos experimentáramos de otra manera, Dios no habría nacido como hombre. Insondable misterio. Un Dios humano.

 

El Dios cristiano es el único Dios que se hace hombre divinizando así, de alguna manera, los hombres y mujeres, todos unidos en una fraternidad que va más allá de nuestras diferencias. Eso es la Navidad desde la perspectiva cristiana. En nuestras categorías le decimos Hijo de un Dios, Padre de todos y, para los que le llamemos padre, anhelante demanda de sosiego de nuestra finitud. Ese niño es Hijo de Dios, es la manifestación de un Dios nacido hombre. De tanto oírlo no nos damos cuenta de ello, resbala en nuestra cotidianidad. Pues, ¿hay insensatez mayor que esa?.¿Hay locura mayor que esa?. ¡Bendita locura!

 

Feliz Navidad. Mis mejores deseos para 2016

 

(Una redacción reducida de este texto se publicó el 26 de diciembre en DEIA y en Noticias de Gipuzkoa)



 (1) Texto en castellano del “Hator, hator” que muchos escriben “Ator, Ator”.“Ven, muchacho, ven a casa, a comer castañas pilongas, a celebrar la Nochebuena, junto al padre y la madre...Verás al padre reír, verás la alegría y dicha de la madre.//Muchacho, empuja ese tamboril mientras se tuestan las castañas, mientras se tuestan las castañas...¡txipli txapla... pum!//¡¡Que pasemos una feliz Nochebuena!!”
 

viernes, 25 de diciembre de 2015

España como problema para el futuro de España


España como problema para el futuro de España

 

(25 de diciembre de 2015)

 

Acabo de leer el discurso del rey Felipe de esta noche. Me ha sorprendido particularmente el uso reiterado, a veces cacofónico, de los términos España y españoles. Aplicando la oportunidad que las actuales tecnologías nos ofrecen de contabilizar el uso de determinadas palabras he constatado que en su discurso, relativamente breve (1761 palabras), el rey ha utilizado en 17 ocasiones el termino España, en 12 el de españoles a los que cabe añadir la referencia inequívoca a España en las palabras nación y país, tres veces cada uno de estos dos términos en su discurso. En total 35 apelaciones a España y los españoles en un discurso de 35 párrafos.

 

Es evidente, a mi juicio, que el Rey ha querido subrayar, sin citarlo, el riesgo-peligro-alarma etc., que le suscita el contencioso catalán. Y lo hace insistiendo machaconamente en la realidad de una España que, pese a la referencia al artículo 2 de la Constitución la considera uni-nacional con una soberanía única y que reside en “las Cortes Generales, como depositarias de la soberanía nacional, (que) son las titulares del poder de decisión sobre las cuestiones que conciernen y afectan al conjunto de los españoles”.

 

Este planteamiento, me parece esclavo del concepto de soberanía española como indivisa y única cuando tal soberanía ya está, de facto, compartida con otras entidades diferentes a las de las Cortes españolas. Concretamente con el Parlamento Europeo. La obcecada reiteración de esta esclavitud semántica, con toda su connotación política, me parece que imposibilita que muchos catalanes y vascos se sientan españoles. De tal suerte que la invocación continuada de España y de la unicidad de su soberanía en las Cortes Generales (falsa en la realidad), conlleva a la desmembración emocional de España en los sentimientos de pertenencia de muchos ciudadanos.

 

¿Por qué tanto miedo a la soberanía compartida intra-estatal cuando se acepta la soberanía compartida  inter-estatal a favor de la Unión Europea?. Así se explica la resiliencia de las naciones sin Estado abocadas a constituirse como estados para gozar de la soberanía de la que gozan los estados, incluso plurinacionales, como España.

viernes, 18 de diciembre de 2015

La conciencia de un juez, treinta años después


La conciencia de un juez, treinta años después


Javier Ibarrategui habría nacido en Zestoa el año 1940 y participado en el asesinato del torturador Melitón Manzanas en 1968. Después, huido a Francia, donde se habría insertado socialmente, se aleja de ETA y llega a condenar el atentado que acabó con la vida de Carrero Blanco, lo que le supuso problemas con la organización terrorista. Giscard d´Estaing, al alcanzar la presidencia, decreta que España es ya un país democrático y que no cabe hablar de refugiados políticos en el caso vasco. Convocado Ibarrategui. habría declarado a la Comisión que debe decidir de su suerte, que sabe que será “ejecutado” si vuelve a España, a donde irá, si no obtiene el estatus de refugiado, pues no quiere vivir escapado en Francia. La Comisión el año 1982 revisa su caso y decide no concederle el estatus de refugiado. Pocos meses después Ibarrategi es asesinado en Pamplona por un militante del GAL. Uno de los que participaron, como ponente, en la decisión de no concederle tal estatus, tiene problemas con su conciencia por la decisión adoptada y treinta años después relata el suceso en un pequeño libro que, ya llamó la atención cuando se editó en Francia en 2013. Acaba de publicarse en castellano. El libro: “El camino de los muertos”, (Periférica 2015). El autor, el jurista François Sureau. (“El Camino de los muertos” como señala el autor en su libro era una realidad en los enterramientos en nuestros caseríos, al menos hace un par de generaciones. De ahí el titulo de su libro)

En España, y en parte se entiende, muchos críticos han puesto el acento en la inexactitud de la historia que se narra en el libro. Digo que se entiende pues el “relato” que se describe (Sureau define su libro no, como “roman”, novela, sino como “recit”, relato), es históricamente hablando, inexacto. Baste decir que no hay ningún Ibarrategui nacido en Zestoa. Tampoco ningún miembro de ETA que el año 1982 el gobierno francés haya transferido a España tras un juicio en Francia. Tampoco un miembro de ETA asesinado por los GAL en Pamplona. Pero constatado que la historia del relato del libro no es verídica, hay que añadir que tampoco es esa la intención del autor. En varias de las entrevistas orales que he tenido ocasión de visionar a propósito de este libro (por ejemplo http://www.blog-laprocure.com/tag/francois-sureau/) el autor confiesa que su libro tiene un perfil autobiográfico pero no en el sentido de que relate una historia verídica en sus detalles. De hecho Sureau, al comienzo de su carrera profesional, fue ponente de la Comisión Nacional de Derecho al Asilo a la que recurrían los refugiados solicitando el asilo político que habría sido denegado en primera instancia. Luego pudo estatuir sobre algún caso de un miembro de ETA pero el detalle de su relato no pretende ser real. Lo que quiere significar el autor es que, en su vida profesional, adoptó una decisión que, con el paso del tiempo, se le ha aparecido, quizás, como injusta. El libro es fruto de esa descarga de su conciencia. Lo hace relatando un caso en el que incluso el juez que preside la Comisión, George Dreyfus, es un nombre ficticio, aunque su perfil corresponde con el que él conoció y con el que decidió bastantes casos de refugiados.

 

Su intención, explícitamente señalada en las entrevistas arriba mentadas, es poner de manifiesto el riesgo de “inatención e indiferencia en el mundo del derecho” como a él le sucedió al inicio de los años 80. Sureau plantea el problema de la relación entre “la obediencia a la ley y sus consecuencias en la vida de las personas” y lo plantea como “un problema de conciencia”. Esto, y no el relato de lo sucedido al supuesto etarra del libro, conforman el meollo del texto.

 

Meollo que se vislumbra ya en las primeras páginas cuando insiste el autor en las reflexiones del juez principal de la Comisión Nacional de Derecho al Asilo de los riesgos que tienen en su profesión de caer en la rutina, de la inatención debida a cada caso, de la indiferencia de lo que resulte de los refugiados a tenor de sus decisiones. Meollo que aparece en todo su crudeza en la forma como Sureau relata, tras la defensa que hace Ibarrategui de su causa, el impacto que sus palabras produjeron en el jurado. Inmediatamente después continua Sureau su relato con estas palabras (que yo traduzco del francés, idioma en el que he leído el texto) “Georges Dreyfus se quedó en silencio, como para dejar que toda esta emoción se disipara. Luego, en un par de frases breves, nos dijo que no nos veía a nosotros cuatro condenando al nuevo gobierno democrático de España. (La Comisión la formaban cuatro personas, aclaro). En esta ironía, que no era su costumbre, tuve la fugaz impresión de que no había llegado tan fácilmente a adoptar esta decisión. Yo estuve a punto de preguntarle si estaba seguro de la elección que íbamos a adoptar. Me había tranquilizaba al constatar que él había tomado la misma posición que yo, pero me sentía interpelado por esa duda que creía haber adivinado. Esa vacilación, en cuya explicación creía ver la causa de la forma de actuar del juez (obsesionado por la posible indiferencia hacia las personas que juzgaban), hacía que apreciara y respetara a George Dreyfus. Pero él me pidió que leyera la resolución que yo había preparado”, rechazando la demanda de acordar el estatus de refugiado a Ibarrategui y que, con algún cambio de detalle, fue adoptada.

 

Habrá comprendido el lector que realmente el fondo del tema está en la afirmación del juez de que “no nos veía a nosotros cuatro condenando al nuevo gobierno democrático de España”. Es la razón de Estado. Pero además, y en toda su crudeza, el dilema entre la ley y la conciencia del juez en su aplicación. No entro en el campo del derecho. No es el mío. Menos todavía en la conciencia de los jueces. No tengo derecho a hacerlo. Pero sí puedo entrar en mi conciencia, como persona y como sociólogo. Me pregunto, ¿cómo determino yo que este Estado sí, y aquel otro no, tiene un gobierno democrático?. Pongo un ejemplo para que se me entienda: yo tendría muchas dudas en firmar una extradición a Estados Unidos (y añadiría una larga lista de otros países, por supuesto), digamos, de un traficante de droga, sin delitos de sangre. Sencillamente porque estoy en contra de la cadena perpetua. Y si tuviera delitos de sangre también, pues estoy en contra de la pena de muerte.

 

¿Es esto caer en el “buenismo” que algunos están aduciendo en los últimos tiempos cuando se critican algunas de las medidas que gobiernos de países democráticos, Francia y Bélgica en particular, y después toda Europa, están adoptando tras la masacre de Paris del 13 de noviembre pasado en la, por otra parte, más que justa y necesaria, lucha contra el terrorismo yihadista?. En absoluto. Simple, pero fundamentalmente, defiendo, como siempre he sostenido, que toda persona, incluido el terrorista más deleznable (por seguir en este registro), es sujeto de unos derechos inalienables que no pueden ser conculcados mediante la cadena perpetua o la pena de muerte. El lugar natural de un terrorista es la cárcel. Siempre lo he dicho. Particularmente cuando ETA campaba a sus anchas. No debe quedar duda de ello. Como tampoco de que todo movimiento terrorista ha sido siempre derrotado. Pero la cárcel, en un país democrático, debe tener, también, la misión de buscar la resocialización del condenado. Lo que es imposible, a decir de criminólogos eminentes, con penas de prisión muy elevadas. Y no digamos con cadenas perpetuas, aún revisables, pasados 20 o 30 años en prisión como es el caso en España, actualmente.

 

El libro de Francois Sureau obliga a pensar. Y se lee en una corta sentada. Pero olvídense de Ibarrategui, si pueden, y les invito a reflexionar sobre el dilema que plantea el libro.

 

Una redacción algo más reducida de este texto se publicó en Noticias de Gipuzkoa y en DEIA el 15 de diciembre de 2015

martes, 15 de diciembre de 2015

¿Quién ha ganado, según la prensa, el debate - pugilato Rajoy-Sánchez?


¿Quién ha ganado, según la prensa, el debate-pugilato Rajoy-Sánchez
según once periódicos?

 

He definido la campaña electoral para el 20 de diciembre próximo con tres notas:

-        la campaña del pensamiento débil, el reino de twitter (144 caracteres) y de los titulares de prensa.

-        La gobernanza como espectáculo televisivo

-        La competitividad – ¿quien gana en los debates- frente a la competencia de quien es más capaz para liderar un país durante los próximos 4 años.

 

Presencié gran parte del debate-pugilato entre Rajoy y Sánchez del lunes 14 de diciembre. Me perdí lo que todos los medios resaltan: los insultos de Sánchez a Rajoy y la réplica, también con insultos, de Rajoy. (Déjenme añadir, como muestra de que yo también tengo mala leche, que estuve más de media hora peleándome, primero con las cintas telefónicas de American Express y después con dos “técnicos” de Amex que estaban… en Argentina. Tengan mucho cuidado con Amex).

 

Esta tarde, con los restos de la mala leche del día de ayer, de Amex y, sobretodo, del pugilato Sánchez-Rajoy, he consultado quién, según los medios de comunicación, ganó la contienda. He consultado once medios. Aquí abajo tienen los resultados:

  

Quien venció en el debate-pugilato entre Rajoy y Sánchez del 14 de diciembre de 2015

 

Tabla 1.

Venció:
La Razón
El Correo
Público
Eldiario.es
El Confidencial
Rajoy
67
41
25
22
43
Sánchez
33
41
75
78
33
Ninguno de los dos
-
18
-
-
24 *
Total
100 %

* Hemos perdido todos.

Fuente: Consultados en su web a las 21.00 horas del día 15 de diciembre.

 

Tabla 2.

Venció:
El Periódico
El Mundo
La Vanguardia
El País
ABC
Huffington Post
Rajoy
34 %
62
43
46
78
19
Sánchez
66 %
38
38
49
17
44
Ninguno de los dos
-
-
19
¿?
6
37
Total
100 %

 

Fuente: El Periódico de Catalunya, martes 15 diciembre a las 17.11. Consultado a las 20.00.

 

Cuatro comentarios y una sugerencia- recordatorio.

 

  1. Premio Nobel para quien, tras leer los resultados de los once medios de comunicación consultados, sea capaz de saber quién ganó el debate-pugilato.
  2. Es sabido que estas encuestas no tienen nada de científicas. Responden a ellas quienes quieren aunque, normalmente, son más los habituales que leen cada medio de comunicación los que lo hacen en ese medio. Sin olvidar, a) que los afines a cada opción política no se privan de pedir a sus suyos que voten por el candidato de su elección en esas encuestas y b) que los más jóvenes, siendo más duchos en estos artilugios electrónicos, están sobrerepresentados en estas encuestas. Factor clave para el éxito, en esas encuestas, de Pablo Iglesias.
  3. Ganar un debate- en la televisión y en las encuestas- nada tiene que ver con que el vencedor vaya a ser el mejor gobernante.
  4. En fin, ¿no les llama la atención que los medios de comunicación más proclives a Sánchez le den vencedor en el debate-pugilato y quienes más cercanos a Rajoy, den vencedor a Rajoy?. Comparen, por ejemplo, los resultados de las encuestas de “Público” y “Eldiario.es” con los de ABC y “La Razón”.

 

La sugerencia, que será un recordatorio para quienes tienen la amabilidad de leerme es obvia: si quieren tener criterio propio, ¡por favor!, ¡por favor!, no se limiten a leer un solo medio de comunicación. Lean, como poco, dos pero, eso si, de ideologías diferentes. Y si son tres y cuatro, - pero de ideologías diferentes insisto- mejor. Es el precio a pagar si quieren ser dueños de su pensamiento.