(Publicado en Misión Joven. Nº: 428 Septiembre 2012,
páginas 5-15)
Introducción y presentación
de mi tesis central, ya formulada el año 2001.
Rastreando en mis papeles
para redactar este texto, encuentro otro mío, que redacté con motivo de un
Curso de Verano en San Sebastián el año 2001, titulado Dificultades de emancipación de los hijos. Trabajo y
vivienda, en el que sostenía que la desmesurada prolongación de la estancia en la
familia de origen por parte de la juventud española es una de sus
características más llamativas cuando se la compara con la de los jóvenes de
otros países europeos. Las explicaciones de este fenómeno son múltiples y
complejas, escribía, pero hay una extremadamente importante, a nuestro juicio,
y es el peso de la tradición familiar en España y la particular relación entre
padres e hijos. Así se constata que los
padres son extremadamente renuentes a ver salir a los hijos de sus
casas, compartiendo y experimentado una convivencia, relativamente autónoma
y prolongada con su pareja, en edades
que, los padres adultos, consideran como muy tempranas, lo que no empece para
que, en estos últimos tiempos especialmente, cuando ya sus hijos se han
habituado a la “fonda y refugio-económico-afectivo- familiar” no vean la forma
de desprenderse de sus padres, cuando llegan a los 29 y 30 años. Añado ahora en
2012, que a este factor hay que añadir otros, como el incremento del paro en
los jóvenes en estos tiempos de crisis, el continuado precio de la vivienda,
aliado a unas elevadas tasas de escolaridad universitaria, de las mayores de
Europa pero, lo digo formalmente, estos factores que parecían secundarias el
año 2001 y, aunque con menor rotundidad, también lo sostengo ahora el año 2012
en que, como entonces, los jóvenes, en su gran mayoría, no están dispuestos a
dejar la casa familiar hasta que tengan una situación económica y social con
cierta estabilidad y nivel económico.
Una de las consecuencia de este estado de cosas es
evidente: los jóvenes buscan espacios y tiempos propios y prolongados de
distensión en los que se sientan solos, con su grupo de pares, sin el control,
real o supuesto, (más supuesto que real pienso yo, no tanto por liberalismo o
tolerancia cuanto por incomprensión, cuando no indiferencia), de los adultos en
general (que solo desean en el fondo que los jóvenes no les molesten en su
ritmo de vida) y de sus padres en particular, manifiestamente desbrujulados
frente a sus hijos y con serios problemas de ajuste en sus relaciones de pareja
ante los nuevos roles del padre y de la madre en la sociedad de nuestros días.
En otras palabras, los jóvenes, los chicos y las chicas, buscan espacios
propios de diversión, desinhibición, desfogue y encuentro (no pocas veces
íntimo), con un modo, maneras, músicas, luces, horario etc. distintos a los de
sus progenitores que les sirve, al mismo tiempo, de búsqueda de identidad y
afirmación, curiosamente (luego precisamente), en un periodo histórico en el
que, sostengo también, las diferencias en los sistemas de valores entre padres
e hijos son menores que en otros tiempos próximos.
1. Desglosando
sumariamente los factores de la tardía emancipación juvenil, diez años después.
En febrero de 2011, invitado
por no recuerdo bien qué departamento del Ayuntamiento de Ermua ordené un poco
mis ideas sobre las motivaciones para la emancipación tardía de los jóvenes. Me
serví, además de mis trabajos anteriores, de parte de un estudio de la Consultora Ernic-Etic ,
sobre los “Indicadores de la Juventud 2009” que creo que recoge
bien los diversos abordajes a realizar para estudiar esta cuestión. Son estos: