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sábado, 6 de junio de 2020

¿Radicales los jóvenes?



 

 

 

 

¿Radicales los jóvenes?

 

Me cuesta trabajo, a mis 78 años de edad, y con muchos trabajos sobre la juventud a mis espaldas hablar de radicalismo en los jóvenes de hoy, sobre todo si echamos la vista a lo que vimos y vivimos cuando nosotros éramos jóvenes.

 

Dándole vueltas a la cabeza, podría citar el 15 M en la Puerta del Sol, bien que sus mentores están hoy, ya en el poder. En la actualidad veo dos radicalidades no violentas protagonizadas por jóvenes: el movimiento #metoo (aunque aquí, hay bastante más que jóvenes) y los Fridays for Future (FFF), en los que jóvenes han tenido un gran protagonismo durante el año 2019, aunque los “Viernes por el Clima” no parece hayan calado mucho en España. Es también evidente que más allá del indiscutible protagonismo de Greta Thunberg, y de muchos adolescentes y jóvenes, el apoyo a este movimiento se manifiesta en todas las franjas de edad.

 

Personalmente vengo defendiendo desde hace años que, en las evoluciones en los valores, luego también en las radicalidades, nos enfrentamos más a un fenómeno de generación y no de edad. Es toda la sociedad la que evoluciona. En mi opinión más hacia una radicalidad (si vale el termino, que no estoy seguro) verbal que la manifestada, en hechos violentos, con excepciones, sea puntuales como las de Barcelona y Catalunya tras la sentencia del procès, sea la de actos violentos de pro-nazis en Alemania, sean los chalecos amarillos en Francia que, no cabe etiquetar como radicalidad juvenil, etc. En realidad, la actual radicalidad se manifiesta particularmente en el desapego político, y más en concreto, en la crítica despiadada a la clase política. Y de forma clara en la desconfianza en las instituciones, lo que los estudios, no solamente de juventud, nuestras fehacientemente.

 

Los últimos estudios de juventud de la Fundación Santa Maria muestran que, en la evolución histórica de los niveles de confianza en las Instituciones por parte de los jóvenes españoles, se detecta como, tras un largo período de lenta recuperación de la confianza depositada en las instituciones por parte de los jóvenes, entre los años 1984 a 1999, la confianza vuelve a hundirse hasta el Informe de 2016. Incluso si comparamos los datos de 2016 con los de 2005 (que constituye un punto de referencia para poder evaluar el impacto que ha tenido la crisis), llama la atención que, pese a tratarse de un año de mínimos para bastantes instituciones, la gran mayoría de ellas ven caer, más aún, la confianza de los jóvenes.

 

Señalemos que este fenómeno no es exclusivamente español y que también tiene lugar, en el contexto de las culturas occidentales, en la gran mayoría de ellas donde podemos encontrar un desapego de todo aquello que suponga un marco normativo mínimamente rígido. Se ha producido una desinstitucionalización de la vida, especialmente la de los más jóvenes, entendida esta como una flexibilización de las transiciones, circunstancias y episodios vitales que en el pasado estaban marcados por las normas legales y sociales vinculadas y “gestionadas” por las instituciones. Esto ha tenido consecuencias de diferente índole, que afectan especialmente a la continuidad y reversibilidad de los itinerarios juveniles, antes vistos como “hojas de ruta” bien definidas que desembocaban en la madurez y en la emancipación social.

 

El resultado de esta actitud de los jóvenes hacia las instituciones sociales puede ser contemplado, quizá, como una revolución institucional light que poco tiene que ver con la de las primeras generaciones de jóvenes rebeldes de los años sesenta y setenta del siglo pasado. Una forma de resistencia que niega a tomarse en serio el marco de diálogo propuesto por las personas en el poder y que aspira, en el mejor de los casos, a dejar en ridículo sus pretensiones, como constantemente se hace en las redes sociales. Desde esta forma de rebeldía posmaterialista, como ya afirmara, en el estudio de SM año 2005 Juan González-Anleo, las nuevas generaciones plantan cara “volviendo la cara”, convirtiendo su indiferencia y abandono en una forma, su forma, de revolución anti institucional.

 

Esto no solamente resulta negativo para las instituciones sociales y su futura supervivencia, por lo menos a largo plazo, sino también para el funcionamiento de toda la sociedad en su conjunto. Como subrayaba Manuel Castells al hablar de las nuevas redes de solidaridad ciudadana, “la confianza es lo que cohesiona a una sociedad, al mercado y a las instituciones. Sin confianza, nada funciona. Sin confianza, el contrato social se disuelve y la sociedad desaparece, transformándose en individuos a la defensiva que luchan por sobrevivir”

 

Esto es particularmente sensible en las sociedades de tipo capitalista como las nuestras, que viven bajo el peso de la ley del mercado y, por consiguiente, de la solicitud constante del deseo por la publicidad. Lo que hace la gente se sienta desgraciada es que están constantemente llamados a comprar cosas y que se les crea artificialmente la necesidad: las personas se endeudan y al mismo tiempo hacen dar vueltas a la ruleta económica, lo que nos lleva en una especie de esclavitud de la codicia. Nuestra sociedad descansa sobre esta esclavitud de la codicia”

 

Pienso últimamente que vivimos atrapados por dos planteamientos que, en su aparente oposición, entre lo público y lo privado, en realidad refuerzan un individualismo temeroso, desbrujulado, inconstante en sus convicciones que, a menudo no pasan de ser opiniones del momento, muy influenciable por los medios de comunicación y las redes sociales que frecuente. El intento de publificación a ultranza de determinadas instancias centrales de la vida en algunas cosmovisiones, como la educación, por ejemplo, amén de la proliferación de leyes y sanciones (“vigilar y castigar” que ya predijera M. Foucault hace 50 años) se enfrenta al auge irrefrenable, en nuestros tiempos de una internacional “casta” de controladores que nos está dominando, instaurando el imperio del individuo auto sometido a su poder. Me refiero obviamente al imperio de los GAFAM, acrónimo de Google, Amazon, Facebook, Apple y Microsoft. Así el individuo moderno se encuentra atrapado por una legislación absolutista, en la que la perdida de libertad, luego de responsabilidad, es cada día mayor, por un lado, y la incesante incitación al consumo por el otro, en nombre precisamente de esa “libertad” que difícilmente se puede ejercer ante el cúmulo de solicitudes de consumo de lo que sea. Si no detenemos en este último aspecto, en la parte de la pinza que le aboca al consumo, hemos de constatar que millones de humanos, sin cobrar sueldo alguno, dedican gran parte de su vida a generar dividendos para las GAFAM. Y en este campo, los adolescentes y jóvenes que están creciendo en la era digital, tienen un protagonismo indudable. De hecho, jóvenes y adultos digitalizados, damos gratuitamente a los GAFAM lo que necesitan: nuestra vida y milagros, nuestros deseos, nuestras apetencias, lo que hacemos cada vez que decidimos algo, por mínimo que sea. Cada minuto que pasamos en pantalla es dinero para las GAFAM. Se van apropiando de todos los signos que los humanos generamos en el planeta: el presupuesto de una empresa o el cumpleaños de la abuela en Facebook. Cuanta más atención les prestamos, más datos les damos y más rentables son. Los convierten en dinero, acompañándolos de publicidad viralizada, o en información mercancía para venderlos como “big data” a otras empresas. En Silicon Valley se encuentra, en realidad, el centro del poder del mundo que lo manejan, cada vez menos personas. Ya solamente amenazado, no de inmediato, pero sí a corto plazo, por China y quizás por India.

 

Peter Berger escribe que “no es algo accidental que el Cinturón de la Biblia se solape con el Cinturón del Sol; la región más conservadora a nivel religioso de los Estados Unidos coincide en parte con una de las más dinámicas del punto de vista económico”. ¡Ah, la ya más que centenaria tesis de Max Weber sobre la ética del protestantismo y el espíritu del capitalismo, resurge en plena era digital! Y. no se olvide que en ese Cinturón está Silicon Valley.

Éste es el fondo en el que sitúo el contexto en el que nacen y se hacen nuestros jóvenes. Olvidarlo sería letal. Afrontarlo, sin alarma, pero con decisión, es fundamental. Este es el reto para el futuro de los jóvenes.

 

 

(Texto que, ligeramente recortado, ha sido reproducido en la revista “El Ciervo”, n º 781, de mayo- junio 2020, pp. 14-15)

 


domingo, 26 de marzo de 2017

El reconocimiento de los jóvenes

El reconocimiento de los jóvenes


Al inicio de mi intervención en la XXXII Jornada Diocesana de Enseñanza en Madrid, en la que se reflexionó sobre la construcción de la Casa Común, centrada en mi caso, como se me sugirió, en los jóvenes su sociedad y su contexto, hablé sobre la necesidad del reconocimiento de los jóvenes en su unidad y diversidad. Abordo mis trabajos de sociología juvenil desde tres ideas clave: no hay juventud sino jóvenes, (de ahí mi empeño en elaborar tipologías de jóvenes); que los jóvenes son como son según la sociedad y contexto en el que vayan creciendo (así es falaz comparar la juventud española actual, con la de, digamos, hace 40 años, sin, al mismo tiempo, comparar la sociedad española actual con la hace 40 años) y, en tercer y fundamental lugar, determinar cuáles son los agentes socializadores prioritarios en cada momento y lugar, así como su evolución: familia, escuela, grupos de amigos, medios de comunicación, confesiones religiosas, etc., etc.

En este tercer aspecto no debemos olvidar que vivimos en la era Internet. Esto supone que nos podemos comunicar con quién queramos (que esté conectado a la Red). Lo que comunicamos básicamente es información, pero comunicar información, aun siendo importante, no es lo más importante. Lo más importante es comprender al otro en su singularidad. Comprender al otro exige una serie de actitudes y de conocimientos. La actitud es la de reconocer al otro como otro, saber que el otro es diferente a mí y al mismo tiempo es igual que yo, que los dos formamos parte de la misma especie humana. Supone una actitud de escucha de lo que el otro dice, pero no para replicarle sino para entender porque dice lo que está diciendo. Esto último exige, prácticamente siempre, un cierto nivel de conocimiento: conocimiento de la historia de ese otro, o esos otros cuando hablamos de colectivos de personas. Exige saber cuál es su historia, sus creencias, sus religiones, sus planteamientos vitales, su gastronomía, la forma como entre ellos se entiende la relación en pareja, en la familia, la gobernanza etc., etc. En definitiva, el reconocimiento del otro, o de los otros como colectivo, exige una actitud de escucha comprehensiva de sus palabras y un conocimiento de su singular particularidad. El pensamiento binario del yo y los otros, la idea sartriana de que “el infierno son los otros”, lo impide. No se puede construir una Casa Común sobre la base de los “míos” y los “otros”, “nosotros” y “ellos”.

El filósofo canadiense Charles Taylor, a quien sigo en estas líneas, dice que “el problema clave en la relación con los otros es el reconocimiento. Todo ser humano tiene una necesidad fundamental de ser reconocido”. Es una necesidad primaria que se encuentra tanto en los problemas de los chavales de las chabolas, como en los adinerados que viven esclavos del dinero y de la moda, por dar un par de ejemplos. Es fundamental, en cada momento histórico, en cada cultura, luego también aquí y ahora, detectar donde se sitúan, quienes son, particularmente desde una óptica cristiana, los descartados, por utilizar un término caro al papa Francisco. Es una labor fundamental de discernimiento que exige ojos limpios y unos planteamientos de fondo muy claros. Empezando por planteamientos antropológicos básicos.

Todos los seres humanos somos semejantes desde el punto de vista genético, anatómico, fisiológico, cerebral, afectivo, y todos somos al mismo tiempo diferentes. Ningún individuo es igual a otro, cada uno tiene sus humores, su carácter, su cabeza, sus ojos… Pero no solamente hay diferencias entre los individuos. La cultura nunca ha existido en tanto que LA cultura. Las culturas son todas diferentes, los idiomas, las músicas son todas diferentes. Luego la unidad humana produce diversidad. Lo que es algo vital. En consecuencia, el tesoro de la unidad es la diversidad, pero el tesoro de la diversidad es la unidad. Si olvidamos la unidad humana nos encerramos en nosotros mismos y es el universalismo el que sufre. Esto sería letal para una confesión religiosa como la católica. No cabe hablar de la Iglesia española, francesa, alemana etc., sino de la Iglesia Católica en España, en Francia, etc. Pero si se olvida la diversidad humana entonces caemos en una abstracción ciega, fuente de opresión del más poderoso. Ya Maritain, en la segunda década del siglo pasado, lanzaba la alerta de no confundir la universalidad de la Iglesia con lo que denominaba como la latinidad.

En este orden de cosas, me gusta recordar el esfuerzo del Padre Arrupe, que nos recibe en el nuevo puente de la Universidad de Deusto, con su empeño en la aculturación de la fe en las diferentes sociedades donde se inserta la confesión católica. Esto vale también para los jóvenes y para los mayores, para todos. Pienso que debe ser resaltado, como necesidad fundamental del reconocimiento del “otro”, en la construcción de la Casa Común. Todos somos iguales y todos diferentes. Personal y colectivamente hablando. Es en esta dialéctica en la que debemos construir la Casa Común. Los católicos ya vivimos esta dialéctica entre la Iglesia Universal y las Iglesias particulares. E, incluso en el interior, tanto de la Iglesia Universal como en la de la inmensa mayoría de las iglesias particulares. En el actual mundo pluralista, esta es una de nuestras riquezas: la unidad en la diversidad.


Publicado en “Alfa y Omega” el 9 de marzo de 2017

miércoles, 4 de mayo de 2016

La extrema derecha está conquistando a los jóvenes en Francia


 

La extrema derecha está conquistando a los jóvenes en Francia

Pensando que dentro de un año hay elecciones presidenciales en France, una encuesta realizada a los jóvenes en edades comprendidas entre los 18 y los 25 años de edad, de la que se hizo eco “Le Monde” el 3 de mayo, muestra cómo la extrema derecha aparece como la opción preferida de los jóvenes

He aquí algunos resultados mayores

1.     Mostrándoles una lista de personalidades políticas se les preguntaba, para cada una de ellas, si su presencia les incitaría a ir a votar en la elección presidencial de 2017. Estas son las personalidades más mencionadas.

1.     Marine Le Pen (36 % de menciones positivas)

2.     Emmanuel Macron (34%)

3.     Nicolas Sarkozy (32%)

4.     Alain Juppé (32 %)

5.     Jean-Luc Mélenchon (28%)

Hay que llegar al puesto 9º para encontrar al actual Presidente Hollande

Obsérvese que los mencionados en 1º, 3º y 4º lugar son personalidades de la derecha (Sarkozy y Juppé) o de la extrema derecha (Le Pen). También que Macron, en 2º lugar, es uno de los ministros que menos a la izquierda se posiciona. Mélenchon, por el contrario, cabe situarlo claramente en la izquierda, si no en la extrema izquierda.

2.     Después se les pregunta a los jóvenes por las razones por las que las personalidades mencionadas les incitarían a ir a votar el año próximo. Me limito aquí a trasladar las razones dadas en el caso de Marine Le Pen. Son respuestas múltiples.

1.     Sus ideas, su programa (52%)

2.     El hecho de que ella renueva la vida política (37%)

3.     Deseo frenarla (“faire barrage”), (26%)

4.     El hecho de que esté próxima de las preocupaciones de los jóvenes (22%)

5.     Su pertenencia política

6.     Su personalidad (19%)

7.     Ninguna otra razón (24%

 

Salvo el 26% a quienes la presencia de Mari Le Pen les motivaría para ejercer su voto con la intención de frenarla, en todas las demás menciones los jóvenes manifiestan su acuerdo, con la persona, sus ideas y su hacer político. No hay duda posible: la extrema derecha ha conquistado a gran parte de la juventud francesa. Es inevitable preguntarse por qué. También por qué, en la juventud española, se inclinan por la izquierda extrema cuando no la extrema izquierda.

3a. Se les pregunta, en la eventualidad de que tuvieran que votar el próximo domingo en la primera vuelta de las elecciones presidenciales, qué candidato tendría más posibilidades de que le votaran, en la hipótesis de que la derecha presente a Sarkozy. Estos son los resultados. Una sola respuesta.

1ª. Marine Le Pen (27% de sufragios expresados)

2º. Nicolas Sarkozy (21%)

3º. Jean-Luc Mélenchon (17%)

4º. Francois Hollande (13 %)

5º. Francois Bayrou (10%)

 

Nótese que los sufragios expresados a la derecha (Sarkozy) y extrema derecha (Le Pen) suman el 48% mientras que los de la izquierda (Mélenchon y Hollande) el 30 %. Es más difícil situar a Bayrou. Él se dice centristas. Muchos le sitúan en el centro derecha pero, en las últimas elecciones presidenciales, apostó, en la segunda vuelta, por Hollande.

3b. En la hipótesis de que la derecha presente a Alain Juppe, estos son los resultados. Una sola respuesta

 

1º. Marine Le Pen (29%).  + 2% que en abril 2016

2º. Alain Juppé (29%).  – 8% que en abril 2016, por eso lo sitúo 2º

3º. Jean-Luc Mélenchon (15%)

4º. Francois Hollande (14%)

 

Nadie llega a la cifra del 10 % de sufragios expresados, y desaparece Bayrou cuyos votos (preferencias de voto) cabe pensar que han ido a Juppé. En total la derecha y extrema derecha obtendría, en esta hipótesis, el 58 % de los sufragios y la izquierda el 29 %. Claro que aún falta mucho para las elecciones. Pero creo que lo esencial es constatar, al día de hoy, la fuerte presencia de la extrema derecha en la juventud francesa.


 

miércoles, 3 de septiembre de 2014

¿Importan los valores de los jóvenes?


¿Importan los valores de los jóvenes?

 03/09/14

Ayer se presentó en Madrid, en el marco de los trabajos de la FAD y del Centro Reina Sofia de estudios de la adolescencia y la juventud, una investigación sobre “Los valores de los jóvenes españoles de 2014” y su evolución en los últimos años. El estudio anterior databa de 2006. Luego es una ocasión de oro para analizar cómo la crisis ha influido en una juventud de la que se dice que uno de cada dos está en paro (lo que afortunadamente es falso) y que más de 300.000 han tenido que emigrar (lo que también es falso).

El trabaja está dirigido por Eusebio Megías y por mi mismo, pero la verdad es que el peso del trabajo lo llevó Eusebio y todo el equipo que con él trabaja en la FAD. Mi aportación ha sido tangencial. Lo que me permite añadir, sin rubor alguno, que el estudio es excelente y muy significativo de cómo ha toreado la crisis la juventud española: mucho mejor, con más sentido de la responsabilidad, que la población adulta.

Ayer la prensa digital dio cuenta de algunos resultados del estudio. Unos mejor que otros. Como en botica. Esta mañana he comprado la prensa en papel. En concreto he comprado el diario más leído en Madrid (y en España) y el más leído en Catalunya. He En ojeada en un bar el más vendido en Gipuzkoa. Ninguno de los tres hace mención alguna al trabajo sobre “Los valores de los jóvenes en España”. Pero “El País” consagra 3 páginas enteras al futbol, 4 al baloncesto y 1 al ciclismo. En total 8 paginas completas al deporte. “La Vanguardia” algo menos: solamente 5 páginas. En mi ojeada a DV no he podido contabilizar el numero de paginas que habrá dedicado al deporte.

Tal y como es el país ya sé que es imposible que un periódico dedique 8, 7, 6, 5 ,4, 3, o 2 paginas a presentar un trabajo sobre los valores de los jóvenes. Quizás una pagina, según vengan las noticias. O media pagina. O un cuarto de página. Pues, esta vez, ni eso. Nada de nada.

Ya sé que la prensa publica lo que sabe que vende. Luego, de verdad, ¿importan los valores de los jóvenes?.

domingo, 28 de julio de 2013

Cuando Tchaikovsky se topa con los jóvenes


Cuando Tchaikovsky se topa con los jóvenes

(Una versión algo reducida de este texto se publicó en "El Diario Vasco" el sábado 27 de Julio bajo el título de ¡ Qué gozada de concierto!. Solamente accesible previo pago a Vocento)

A poco se me pasa. Gracias a que mi mujer (estaba fuera) me llamó para recordarme que esa noche tenía un concierto en el Victoria Eugenia. Fue este martes pasado. Lloviznaba y, aun viviendo a dos pasos, me costó coger la gabardina y salir a la calle. Sentía como la obligación de ir al concierto. Hay que ayudar a los jóvenes que no tienen muy fácil en estos tiempos. Tanto que tienen que ir a ensayar a Eibar con la de salas de música mal aprovechadas que tenemos en Donosti. Habrán adivinado que estoy escribiendo del concierto de la “Joven Orquesta de Euskal Herria / Euskal Herriko Gazte Orkestra” (E.G.O.)  

Al acercarme al Victoria Eugenia me sorprendió el gentío que se agolpaba a la entrada. Me trajo a la memoria las esperas frente a los templos musicales europeos con motivo de grandes conciertos. Sí, claro, había muchos familiares de los músicos de la orquesta, muchos jóvenes y, también, no pocos melómanos de todas las edades, entre los que me cuento.

Ya habló María José Cano en su recensión del concierto del entusiasmo de los músicos. "Emece", con quien conversé al final, me decía lo mismo: no solamente tocan con entusiasmo es que nos lo transmiten. Lo que hace que el disfrute aun sea mayor. De cuantos conciertos de campanillas, con una Filarmónica de Viena o de Berlín, por ejemplo, con directores que cobran fortunas por actuación, no habré salido frío como un témpano mirando el reloj para ver cuando acabada semejante tormento.

Pero lo que mostró la EGO fue más que entusiasmo. Fue música, hicieron música. No una mera, aunque buena, concatenación de acordes – que la hubo-, entre ellos con su director Juan José Ocón. Se notaba en la seguridad en las entradas, la rotundidad en los tutti y, sobretodo, cómo se escuchaban los músicos, entre sí. Cuando una chica clarinetista aborda, con serena pasión, el tema inicial de la quinta de Tchaikovsky, y te sientes ya vibrar, los chelistas y violas la apoyan, balanceando todo su cuerpo, abrazando sus instrumentos; cuando la trompa (un chico esta vez) inicia, con seguridad y comedimiento expresivo, la difícil y sofocante belleza del segundo movimiento, veo a otra chica que, mirándole de reojo, le tutea con su clarinete, da entrada a la madera y Ocón lo hace con la cuerda, eso, ¡eso es música!.

Me viene a la memoria lo que en más de una ocasión ha afirmado Alfonso Aijon, Alma Mater de Ibermúsica y que ha escuchado a las mejores orquestas del mundo: las compuestas por jóvenes, si el director las dirige, ofrecen la mejor música. Alfonso adora la “Gustav Mahler Jugendorchester” y con los grandes directores. ¡Qué conciertos no he escuchado con ellos!. Una séptima de Mahler, por ejemplo, en los Prom´s londinenses, hace dos o tres años, un lugar donde se aplaude cuando se quiere, con un Ingo Metzmacher a la batuta que los electrizó.  

Volviendo al concierto de E.G. O la pantomima final en base a la célula central del primer tema del cuarto movimiento fue un colofón que ya quisiéramos en otros conciertos de campanillas. Mi última 5ª de Tchaikovski en directo fue con Gergiev y su orquesta Mariinski en Vitoria, hace pocos meses, en un teatro con plazas libres. ¡País!. No voy a hacer comparaciones musicales, obviamente, pero si quiero decir que el martes con la EGO disfruté más, mucho más. Musicalmente hablando. Gracias, chavales. Espero que la administración y los melómanos no os olvidemos.

lunes, 15 de julio de 2013

La juventud quiere sonreír


La juventud quiere sonreír

(Por una economía del bienestar, más allá del crecimiento).


Hace unos meses la responsable de opinión de la revista “El Ciervo”, revista que, aunque muy minoritaria, acaba de cumplir los sesenta años de presencia pública, preguntaba cual era al juicio de algunos que escribimos en ese medio, el principal problema en el que estábamos embarcados en Occidente. Nos pedía que escogieramos uno, solamente uno. Me hizo pensar y concluí que era el "consumerismo" (Un buen amigo me dice que utilizo mal el termino consumerismo y que debo escribir consumismo. El consumerismo es lo contrario de lo que yo doy a entender. Puede considerarse como "la dimensión pública de la relación que mantiene la ciudadanía en la defensa de sus derechos como consumidor" me refiere mi amigo José Mari, a quien agradezco su rectificación al par que ofrezco mis excusas a los lectores del blog).

 (Los textos de los invitados a la reflexión puede leerse en el número de “El Ciervo” de mayo de este año 2013)  

Limitándome a la Unión Europea, escribía yo, no sé si es “la” gran cuestión para nuestro tiempo. De hecho, salvo minorías, entre las que hay algunas muy meritorias, no conforma un tema central en la reflexión pública y publicada en los grandes medios de comunicación europeos. La formularia así: de verdad ¿se precisa un aumento, una aceleración, del consumo, no solamente para salir de esta crisis sino proyectándonos para un futuro próximo?. Desde mi incompetencia en temas economíco- financieros (que no me importa reconocer sin vergüenza alguna, pues los pretendidos entendidos no dan una) veo la lógica que subyace en la inquietud por la ausencia o descenso del consumo. Si no se consume, no se compra; si no se compra, no se vende; si no se vende, no se fabrica; y si no se fabrica, no hay trabajo. Ergo, “necesitamos relanzar el consumo”.

El problema, a mi juicio obviamente, radica en que gran parte las personas de la clase media acomodada que teniendo ya más de lo necesario para bien vivir, (la sociedad opulenta de Galbraith) han pasado de la demanda de “nivel de vida” al de la “calidad de vida”. Y han (hemos) llegado a la conclusión que no necesitamos consumir más de lo que ya consumimos para mantener el nivel de vida que ya tenemos. Mas aún, algunos hemos llegado a la convicción profunda de que consumir algunos de los nuevos productos que nos ofrecen es reducir nuestra calidad de vida. Por ejemplo, con algunos artilugios de las nuevas tecnologías. Es lo que observo a mí alrededor en bastantes personas, y no solamente de edad avanzada como yo, sino también en jóvenes doctores, tanto en ciencias humanas como experimentales. Temo, en consecuencia, concluía mi reflexión en “El Ciervo”, escribiendo que la burbuja inmobiliaria de los primeros años del siglo XXI sea una nadería comparada con la burbuja consumerista del momento actual, cuando estalle.

He aquí que el suplemento de Le Monde (07/07/13) publica la reflexión de Hugo de Gentille estudiante de un centro de emprendedores de Lyon (EMLyon). Participó con otros cien estudiantes, en edades comprendidas entre los 18 y los 28 años, seleccionados por un Circulo de Economía francés, en un Encuentro para responder, en 15.000 caracteres máximo, a esta pregunta: “Inventar 2020; la palabra a los estudiantes”. De Gentille comienza así: "En qué mundo quisiéramos vivir en 2020 ?. Sin la menor duda todos diríamos: en un mundo más comprensible, menos cerrado, más sonriente. Sí, más sonriente. Somos unánimes: el comandante del barco ha perdido la finalidad de nuestro viaje. ¿El crecimiento?. No, en absoluto sino el bienestar (le bonheur). ¿Quién manda en el barco?. ¿Quién lleva las riendas?. No tenemos ni idea.(….). Pero no comprendemos la finalidad del trabajo que se nos propone.

"En nuestra sociedad hemos intentado maximizar el bienestar individual y el colectivo y hemos llegado a un sistema de producción, de consumo y de relaciones que entendemos como el menos malo de todos: el capitalismo. Además financiero. Sin embargo, si la búsqueda del bienestar nos ha conducido a preferir ese sistema de económico, en ningún caso su consecuencia directa (la búsqueda del crecimiento) engloba, en su totalidad, su causa primera (la búsqueda del bienestar). En consecuencia, racionalmente, sería un error confundirlos: no hay reciprocidad en esta relación de causalidad, aunque la mejora de nuestras condiciones de vida, durante mucho tiempo, ha ido de consuno con el crecimiento económico. De ahí la amalgama actualmente imperante. Sin embargo, en la actualidad, hemos entrado en una fase invertida, consecuencia de un reequilibrio progresivo de las relaciones de fuerza neoeconómicas, en cuyo interior batirse por unas décimas de crecimiento puede engendrar una pérdida significativa del bienestar social. No somos tan solo “Homo economicus”.

 

"¿Buscar el crecimiento? Sí, y solamente sí, si tiene un impacto positivo sobre nuestra calidad de vida. No queremos perder de vista lo que realmente nos hace más felices o, por el contrario, desgraciados. El hecho de que no sea fácil medir cuantitativamente nuestro nivel de felicidad no nos sirve como excusa para situarla por delante del crecimiento económico.

En otras palabras, pensamos que las actuales prioridades están mal jerarquizadas. Somos conscientes de haber alcanzado la cumbre de la pirámide de Maslow. Pero estamos cansados de dar vueltas en la cúspide de la pirámide. Estamos encerrados en ella, bloqueados. Al menor patinazo nos imaginamos caer rodando todos los escalones al mismo tiempo. Empleo, dinero, coche, domicilio, hasta la familia a veces. La exclusión acecha. En consecuencia nos sentimos condenados a vivir a toda velocidad contra nuestro deseo. Sentimos el viento del cañonazo y comprendemos que, en nuestra sociedad, no hay medias medidas y que hay que correr con todas nuestras fuerzas.

Sí, los elementos de los escalones inferiores (de la pirámide de Mawlow) caen en ruina (alojamiento, salud, seguridad…). La situación nos parece absurda. Estamos desconcertados cuando nos encontramos con jóvenes sonrientes que provienen de países en desarrollo como nunca nosotros hemos sonreído en nuestra vida. Aún a riesgo de parecer primarios, nosotros los "djeuns" (expresión que designaría a los jóvenes de hoy que tienen las tecnologías más novedosas pero que viven instalados en la precariedad) queremos sonreír. Nosotros, ¡queremos ser felices!. ¡Queremos una economía del bienestar y no solamente una economía del crecimiento!. Queremos un modelo duradero para sentirnos en seguridad.

La idea de la confusión existente en nuestra sociedad entre crecimiento y bienestar está fuertemente anclada en el inconsciente de la juventud francesa. Pero no comprendemos la finalidad del trabajo que se nos propone. Desde nuestro punto de vista todo esto es irracional: el trabajo para el crecimiento, el crecimiento al infinito, la competitividad con los ojos cerrados. ¡No !. ¡Crecimiento y bienestar, definitivamente, no son sinónimos !.

Soñamos con escapar de todo esto pues nos sentimos todo menos libres. En Bengladesh en Gabón no encontraremos el confort al que estamos habituados, pero trabajar en una ONG y ver sus sonrisas reconforta tanto nuestro corazón que abandonamos voluntariamente todos nuestros bienes materiales.

Tres propuestas para comenzar:

1ª Propuesta: crear un estatus legal de empresa conforme a la definición ofrecida por el premio Nobel M. Yunus de “social business” de tipo I: “Una empresa rentable, que no distribuya dividendos y cuyo objetivo sea social, ético y medioambiental”. Esto ya se hace en los EEUU.  

2ª Propuesta: crear una Bolsa de “social business”, gestionada públicamente, a fin de ofrecer dar la necesaria visibilidad a esas empresas y facilitarlas el acceso a los fondos.

 3ª Propuesta: lanzar, en complemento a las dos propuestas anteriores, "social impact bonds", instrumentos financieros de una remarcable inteligencia, que presentaría ventajas, no solamente para el Estado: la iniciativa privada se involucraría en los problemas sociales, éticos y medioambientales, y sería recompensada financieramente si su gestión fuera exitosa.

En consecuencia, las empresas del “social Business, en teoría deberían, a largo plazo, suplantar las empresas clásicas pues, aun desarrollándose más lentamente, reinvertirían la totalidad de su ganancias, sea en la mejora de calidad del producto o del servicio, sea en la disminución del precio del precio propuesto a sus clientes. Los accionistas, vigilarían que la empresa estuviera correctamente gestionada”

Hasta aquí una largo resumen de las ideas principales de Hugo Gentille que pueden encontrarse, en su totalidad, en Le Monde del 7 de julio pasado.

Comentado este jueves pasado, 11 de julio, este texto en Madrid en un grupo de “expertos” del “Centro Reina Sofía de estudio de la adolescencia y juventud”, me decían que “el texto era muy bonito pero, en España con tantos jóvenes en paro, ¿cuántos estarían de acuerdo con Hugo de Gentille?”. Pues no lo sé pero estoy absolutamente seguro que más de uno en nuestras universidades lo estaría. Conozco a más de uno y dos. Habría que darles, en mayor grado, la palabra, como lo ha hecho el Círculo francés de empresarios. Creo que nos llevaríamos una agradable (y desafiante) sorpresa.

viernes, 7 de junio de 2013

¿Pagar los padres las borracheras de sus hijos?


¿Deben pagar los padres las borracheras de sus hijos?

Sobre este tema me pidieron opinión el jueves 6, en Zoom News. Les contesté lo que sigue
Les responsables de esta situación están muy repartidos. Los padres, ciertamente, pero la administración mucho más pues, desde hace décadas, ha privilegiado legalmente la diversión nocturna (permitiendo que se cierren cada vez mas tarde los establecimientos donde acostumbran beber los jóvenes) que el descanso de los vecinos que, en muchos casos, son personas mayores o tienen que trabajar al día siguiente. Es una decisión que, conscientemente (y pese a que “los expertos” lo hemos criticado reiteradamente), ha adaptado el legislador español (en gran parte por presión de los establecimientos de hostelería que, saben bien que cuanto mas tarde cierren, el control de los jóvenes con la bebida es menor). Insisto: el primer responsable es el legislador.

Penalizar económicamente a los padres no me parece la mejor solución.  Cabría, aceptarlo en estos casos:

-        cuando sea una situación habitual (varios fines de semana)

-        Cuando los padres tengan recursos económicos elevados. Jamás, jamás, lo adoptaría en familias con padres en paro o viviendo de subsidios y ayudas del Estado.

Pero no se puede penalizar de esa forma a unos padres, sin recursos, cuando, insisto, ellos no son los primeros responsables de que España haya adoptado el modo de beber nórdico. Sería un enorme injusticia que además muchos no podrían pagar.

¿Qué cabría hacer?

A medio y largo plazo trabajar por comenzar la fiesta antes y terminarla antes. Paulatinamente, cerrando cada año los establecimientos quince minutos antes, por ejemplo. En doce años hubiéramos vuelto, al menos parcialmente, al modo mediterráneo de beber. (Pero no te harán caso. Lo llevo diciendo hace 20 años y ha pasado lo contrario. Cada vez los cierran más tarde)

En lo inmediato: trabajos a favor de la comunidad a esos jóvenes. Durante los fines de semana para que no pierdan clases los que estudian ni el trabajo los que trabajan. ¿Quién les puede encauzar, dirigir y controlar en la ejecución de esos trabajos por la comunidad?. Obviamente los parados. Los que reciben un subsidio en contraprestación del subsidio recibido, quizás con un suplemento económico. Los que no reciban subsidio abonándoles el trabajo que realizan

Además así, los jóvenes, y no sus padres, verían las consecuencias de sus actos lo que supondría un acto pedagógico de primer orden y recibirían el castigo por su comportamiento al que, en muchos casos, hay que añadir el coste que supone su atención por la administración (ambulancia, médicos etc.)
 
Con mis respuestas y las de otros “expertos” (amigos míos por cierto), difundieron el viernes 7 de Mayo el texto que puede consultarse en la dirección de aquí abajo http://www.zoomnews.es/56441/actualidad/sociedad/gobierno-estudia-multar-padres-consumo-alcohol-sus-hijos-menores

lunes, 29 de abril de 2013

La crisis y la emancipación familiar


La crisis y la emancipación familiar


Un texto reducido de la primera parte de este texto se publicó en “El Diario Vasco” el sábado 27 de abril, bajo el título de “Sàra, una chica danesa” solamente accesible previo pago a Vocento

 
Estamos trabajando en la sede de la FAD (Fundación de la Ayuda contra la Drogadicción), en Madrid, el equipo de redactores en el nuevo trabajo sobre “Jóvenes y Valores” que verá la luz dentro de un año, aproximadamente. Personalmente, entre mis lecturas previas para esta reunión acabada de consultar con cierto detalle un Informe francés publicado por “Alternatives Economiques” en febrero de 2013 titulado “El Estado de la juventud en Francia” pero donde también hay capítulos sobre cómo negocian jóvenes de diferentes países europeos su inserción laboral. En la página 126 del Informe leo el itinerario vital de Sàra Zachariasardottir, adolescente danesa de 22 años desde que cumplió 13 hasta la actualidad.

Hija de un policia y de una enfermera, con 13 años ya comenzó a trabajar (edad minima laboral en Dinamarca), mientras cursaba los estudios secundarios. A los 17 años, hace un alto en sus estudios y se va a vivir a una familia de acogida en Francia (para dominar el idioma) y vuelve a Dinamarca para terminar su Bachillerato con 19 años. Entonces se va al sur de Italia “a conocer mundo” (y aprender algo de italiano). Trabaja  durante cuatro meses en la hostelería y después vuelve a su país natal donde pasa nueve meses, en pequeños trabajos, para pagarse sus estudios superiores. Dice que “le parece normal ganarse sus propios dineros y que en Dinamarca muy pocos padres financian los estudios superiores de sus hijos”. En la actualidad cursa estudios de medicina en la universidad pero no sabe aun en qué especialidad. Dice que “tiene mucho tiempo por delante”.

Hay que añadir que en Dinamarca los estudiantes tiene derecho a una beca del estado de 570 Euros que ya cubre los gastos de alojamiento en una residencia de estudiantes (250 € al mes) pero Sàra, según las semanas, trabaja entre ocho y veinte horas para cubrir sus necesidades.

Este tema de la tardía emancipación familiar es España lo llevo trabajando hace muchos años. De hecho el Estado de Bienestar español gasta menos que otros países en juventud y familia, ya que considera que las familias deben ocuparse de sus miembros y que la responsabilidad de los jóvenes es ante todo de sus padres. Los jóvenes españoles no se implican en defender las ayudas públicas pero podemos pensar que esto se debe a que tienen, por ejemplo, menos beneficios que “sacar” del Estado de Bienestar. No dependen fuertemente de dicho Estado y no cuentan con él para que les resuelva gran parte de sus problemas, sobre todo los económicos. No cobran subsidios constantemente y, por tanto, podríamos decir que “ahorran” dinero al Estado.

Esto es posible gracias a la familia, que apoya a sus hijos lo más que puede. La consecuencia está en que tienen una gran dependencia de los familiares cercanos y menos libertad individual. Por otro lado, experimentan menos precariedad y exclusión social que los jóvenes de otros países. España es un país en el que hasta finales de los años 70 había un Estado paternalista pero no un Estado de Bienestar como ocurría en otros países europeos. En éstos, con el paso de los años, el Estado ha sido cada vez menos generoso por falta de dinero. Las ayudas dependen cada vez más de lo que se llama una solidaridad vertical (de los que más tienen a los que menos tienen) y no horizontal (para todos los ciudadanos las mismas ayudas independientemente de su situación económica y familiar). Esto hace que los jóvenes españoles, al fin y al cabo, nunca hayan recibido una gran ayuda de los gobiernos, como tampoco sus padres, y por tanto, no esperan tanto del Estado.

A menudo suele trasladar unas reflexiones pronunciadas el año 2007 (luego antes de la crisis) en el Congreso de la FAD sobre Familia y Ciudadanía en Madrid, donde compartí una Mesa Redonda con una colega española, Sandra Gaviria, que trabaja (o trabajaba entonces) en la universidad francesa de Le Havre. Comparando los hábitos de los jóvenes españoles y franceses afirmaba refiriéndose a los españoles que “los jóvenes españoles se quedan durante años viviendo con sus padres incluso cuando tienen un empleo estable. A menudo se ha atribuido este fenómeno a causas materiales como el paro, el precio de la vivienda, la ausencia de políticas sociales, la localización de las universidades, etc. Hoy en día constatamos que la tasa de empleo ha aumentado (recuérdese que la autora habla el año 2007, luego todavía en periodo de bonanza) y que, sin embargo, siguen permaneciendo en casa de los padres. Se van generalmente en el momento del matrimonio. Esto no es, a nuestros ojos, únicamente el resultado de factores materiales sino también la consecuencia de un modelo de construcción de uno mismo, específico a España y, en cualquier caso, distinto del existente en países como Francia o como los países nórdicos. En este modelo latino, aprobado generalmente por los padres y por los hijos, se defiende que uno permanezca tiempo con los suyos para así devenir uno mismo, conservando una parte importante de la identidad familiar”.

Continuaba Sandra Gaviria afirmado que “se considera que un joven que se queda durante tiempo en la casa familiar podrá, cuando sea adulto, tener una identidad de “hijo de” importante. Los jóvenes no muestran que tienen ganas de irse de casa. La familia española es cada vez más democrática y resulta agradable el vivir juntos como ya indicada la profesores Inés Alberdi, el año 1999. No consideran la casa como un hotel y dan afecto y cariño a los suyos.

Sus progenitores aceptan esta situación e incluso la viven con orgullo. Si un hijo se marcha pronto, lo viven como una decepción o como si hubiesen hecho algo mal. Los que trabajan y conviven con sus padres no se consideran ni son considerados como adolescentes tardíos o como adultos inmaduros. El trabajo es una condición necesaria pero no suficiente para irse, ya que desean marcharse en buenas condiciones económicas, tener ahorros e, incluso, en algunos casos, haber empezado ya a pagar una hipoteca para comprar un piso. No existe la idea de que un individuo que se asume económicamente es más autónomo de su familia y que tiene menos obligaciones hacia ella. Las obligaciones familiares no tienen nada que ver con los ingresos de sus miembros o con su autonomía económica. Por lo tanto, las obligaciones de un joven hacia los suyos, que trabaje o no, que se vaya o que se quede, no cambian.

Durante los años de la convivencia con los padres conservan con ellos un mundo común importante. A menudo los amigos conocen a los padres de sus amigos, e incluso celebran juntos algún cumpleaños o alguna cena. Ser adulto o ir hacia el mundo de los adultos no significa separar los diferentes mundos a los que pertenecen los individuos. Al contrario, una persona que se construye correctamente como adulta es aquella que va a poder seguir conciliando las distintas esferas de la vida a las que pertenece. Esto permite a los jóvenes tener una fuerte unidad de su identidad. Por ejemplo, si están al mismo tiempo delante de sus amigos y de sus padres, deben conciliar su identidad de “amigo de” con la de “hijo de”. Todo este proceso lo realizan acompañados por sus padres y con una seguridad afectiva”[1].

Traigo aquí esta larga cita de Sandra Gaviria porque se trata de una española que por serlo conoce la realidad familiar española y al residir en Francia, la francesa y, al ocuparse en la universidad de los temas familiares también conoce la realidad familiar europea. Estando plenamente de acuerdo con ese diagnóstico, en el momento actual cabe añadir el correctivo estructural del número creciente de núcleos familiares con procesos de separación o divorcio, de tal suerte que se convierten en núcleos familiares monoparentales lo que podría conllevar, muchas veces, una aceleración en la emancipación de los hijos. Sin embargo la crisis financiera (y de valores) que padecemos hacen que la familia todavía siga siendo el gran refugio de las situaciones complicadas en la vida.

Es lo que sucede en este año 2013. El diario “Le Monde” (26/04/3013) además de afirmar en su titular que “en España sin la economía subterránea (que estima entre el 20-25 % del producto interior bruto) ya hubiera habido una revolución”, habida cuenta la proporción de paro existente, añade, de entrada, la importancia de lo que denomina la “solidaridad familiar que impide que muchas personas se encuentren literalmente en la calle”. Aunque habría que introducir más factores para explicar la situación actual qué duda cabe que el modelo familiar español es un gigantesco colchón para aliviar el escandaloso paro existente. Pero también sirve para explicar la sobre-dependencia familiar de los jóvenes y menos jóvenes, fenómeno anterior a la actual crisis, insisto en ello.



[1] Puede consultarse el texto completo en el Aula Virtual de la WEB de la FAD, en el Congreso “Familia y Ciudadanía de Madrid” de 20-22 de noviembre de 2007-

viernes, 23 de noviembre de 2012

50 horas en Madrid


50 horas en Madrid
El martes 20 tras un vuelo sin problemas (Iberia se porta mejor últimamente) llego a mi hotel, Don Pío, en Pío XII, pasadas las 6 de la tarde, y en él me quedo leyendo. Los aeropuertos y los aviones me irritan y agotan. Salgo a cenar al Restaurant Doña Paca, al final de Príncipe de Vergara y, como siempre, me deleito con unos sesos ya muy difíciles de encontrar. La señora de la casa, con la que me enrollo casi toda la cena, me dice que desde las “vacas locas” los han quitado de las cartas y que ella es de las pocas que lo mantiene. Me dice que es gallega y que se ha especializado en guisos y comidas preparadas a la antigua usanza (callos, cola de ternera, sesos etc.), aunque no sé porqué, en las guías aparece como cocina andaluza, pues también hay arroces en el menú, pero los arroces no salen en nuestra conversación. Lo que me sirve es una delicia. Claro que es un martes de noviembre por la tarde-noche, cené a las 20,40, con un servicio y una cocina impecables.

El miércoles 21 por la mañana me dirijo a la FAD, razón de mi viaje para trabajar en el Centro Reina Sofía de Análisis sobre Adolescentes y Jóvenes. Sus mentores Ignacio Calderón y Eusebio Megías han formado un Consejo Asesor del Centro al que me han invitado. Con ellos me siento como en casa, pues es uno de los espacios donde más he investigado y más he aprendido. Es un ámbito de emulación y de libertad intelectual que ya no existe en la mayoría de centros controlados por la clase política o la iglesia. Y no digo todos porque no los conozco a todos. Están (estamos, ya) preparando un Proyecto de estudio y análisis sobre los adolescentes y jóvenes que sirva a los padres, educadores, formadores, agentes que trabajen con adolescentes y, loa propios adolescentes y jóvenes. Me ilusiona mucho. Aunque ya tengo 70 años, 71 cuando se haga público el Proyecto…. Pero los demás miembros del Consejo Asesor, catedráticos con ilusión y sobrados de competencia, son bastante más jóvenes que yo. Lo que me tranquiliza. Aunque más aun me tranquiliza saber que cuando, rara vez desde que estoy jubilado de dar clases, hablo a/con los jóvenes engancho con ellos y ellos conmigo.

Hay mucho que hacer en este tema de los adolescentes y jóvenes. ¿Volverá la emigración a Alemania, a Gran Bretaña, Holanda, Suecia, China, Latinoamérica., etc., como en los años 60 del siglo pasado, pero ahora con nuestros jóvenes diplomados?. Tengo la intuición de que debemos escucharles más y hablar menos de ellos, sin haberles escuchado en profundidad. Volveré al tema en este blog.

Tras haber almorzado con el equipo del Centro de Adolescentes, una vez más en “El Puchero”, (menestra recomendada fuera de la carta, soberbia, y media ración de sus sublimes habitas) y obedecer al médico con mi siesta, a las 19,30 estaba incómodamente sentado en el segundo piso del Auditorio Nacional. Pagué la entrada 118 Euros en vez de los 180, creo recordar. La próxima vez pagaré los 180, o me quedaré en casa. Concierto de repertorio con la Filarmónica de Munich y Lorin Maazel. Solo Beethoven al programa. La Obertura Egmont (¡qué música!), el concierto para violín con Michael Barenboim (con dos cadencias que nunca había escuchado, realmente buenas, ¿serían suyas?) y la Quinta. Un Beethoven, románticamente más melódico que motriz, otoñal, muy otoñal, sin violencia sí, sin pasión también. En el adagio o andante (no sé bien),  Maazel sesteo, marcando mucho, demasiado, a mi juicio, los fortísimos. Pero el fraseo, los escarceos de la cuerda con instrumentos de viento, los diálogos de violín y flauta, la musicalidad que arranca Maazel de su orquesta, fueron maravillosos. Y cuando Maazel, tras sus tics, encuentra a  Beethoven, el prodigio salta y te arrebola. ¡Qué belleza!. Así a lo largo de todo el concierto con un final, siempre complicado, que Maazel resuelve con notable alto: sin desbordamientos si, sin “fuoco” también. Otoñal, muy otoñal como un whisky de entretiempo. Eso si, de calidad. Oban por ejemplo. Al terminar la Quinta no aplaudí. La señora que tenía al lado, una abonada de siempre de Ibermusica, sorprendida de verme en ese asiento, que debía ocupar otra persona, me interpeló: ¿es que no le ha gustado?. Apenas respondí afirmativamente con la cabeza. Es que salí conmocionado. ¡La Quinta!.

(Port Data. Un amigo de la FAD, melómano, me dice el 23 de Noviembre  que el concierto del 22 que comenzaba cuando yo aterrizaba en Hondarribi, fue sensacional. "La Mer" realmente insuperable, me decia. Ya sabíamos que Maazel es un mago con la musica francesa. Habñia transmitido mis temores a mi amigo por la interpretaciona que pudiera hacer de "La Consagración". Hace uno o dos años le escuché la Pastoral y la Consagracion y me resultaron, en gran parte, plumbleas. Y la orquesta era la Filarmónica de Viena. Pero mi amigo me señala que hizo una Consagracion magnífica y que el público (lo que no sucedio con Beethoven) se cayó. De lo que me alegro obviamente. Maazel es un grandissimo director. Auque con sus tics, ciertamente, hace musica. Buena musica. Pero tiene el mal gusto de dar como propina, como con la Fil. de Viene una danza hungara de Brahms. Supongo que la quinta, ¡Despues de la Consagración de la Primavera!. Es como beberse un Glenfiddich despues de un Talister)

El jueves 22, a primera hora, visito la exposición de Gauguin en Thyssen. Más que la pintura en sí, de la que me declaro lego total, me interesan los objetivos de Gauguin, quien, sintiéndose solo en el ruido de la ciudad, persigue el “salvaje” no contaminado por la civilización del hombre occidental, y viaja en busca del paraíso inexistente en la tierra para acabar buceando en el último rincón del interior de si mismo pensando ahí encontrarlo. ¡Misión imposible!. Casi el último cuadro de la exposición, “Paisaje con perro”, ya Gauguin enfermo, se me aparece (dice la guía auditiva que se presta a múltiples interpretaciones) como la constatación del mundo como cárcel, el muro en verde del lienzo presentándose infranqueable ante lo que se adivina, al fondo, como la salida al horizonte sin límites.

Me impresiona Emil Nolde: sus “Retratos de nativos”, “Madre y Niño” y su “Selva Tropical” tenebrosa, colgada junto a otro lienzo de Gauguin, de singular temática, cuyo titulo no he retenido, mucho más amable Gauguin con la naturaleza.

Ciertamente las mujeres que pinta Gauguin son maravillosas y se comprende su arrobamiento que consigue trasladarnos en sus lienzos: “Dos mujeres tahitianas”, “Mujer con abanico”, “Mata mua”….

Del Thyssen vuelo en taxi para una importante reunión en torno al Centro Reina Sofía sobre adolescentes y jóvenes con la particularidad de que participan en la reunión, además de los que ya trabajamos ayer, el Presidente de la FAD, Sánchez Asiain, y la persona que ha aceptado dar su nombre al Centro. La Reina, a quien conozco de otras reuniones y Congresos de la FAD, como siempre se muestra interesada en toda la problemática de los adolescentes y jóvenes. Nos somete a un bombardeo de preguntas, nos pide explicaciones sobre nuestros propósitos, no se conforma con respuestas protocolarias e interviene en nuestro intercambio de opiniones, entre miembros del Consejo Asesor y los que conforman el equipo de la FAD, intercambio franco y cordial si, pero no necesariamente coincidente. Lo que creo que aprecia la Reina más habituada, por el protocolo, a encuentros públicos encorsetados en los que, en no pocas ocasiones, se limita a decir “Declaro inaugurado este Congreso”. Aunque, también habitualmente, en los Congresos, se queda a escuchar la primera conferencia y después dialoga con los participantes. La persona que le acompaña señala discretamente que el tiempo pasa y, más allá del previsto para el encuentro, éste concluye con los ánimos de la Reina para que la singladura del “Centro Reina Sofía de Análisis sobre Adolescentes y Jóvenes”, cuya botadura pública (aunque se lleve ya trabajando más de un año) se prevé para febrero de 2013, sea un éxito.

De nuevo Iberia cumple sus horarios y llego a casa para cenar. Pero, al hacer una consulta sobre un próximo viaje, intercambio unas palabras con una empleada de Iberia que me muestra su gran preocupación por su futuro. Me dice que los ingleses se han comido Iberia. ¡Ay, la soberanía!.

jueves, 30 de agosto de 2012

Jóvenes y católicos


Jóvenes y católicos
 
En « La Croix » del 29 de agosto de 2012 leo un resumen de un encuentro en una universidad de Verano en Fontainebleau donde varios centenares de jóvenes buscar conciliar su fe y la política. He aquí unos pocos ejemplos.

Una chica de Nantes, de 26 años de edad, de familia de derechas, decidió votar socialista tras una discusión con amigos que decían que iban a votar el Frente Nacional de Marine Le Pen. “Me dije que tenía un papel a jugar en la política” y se comprometió en los “Poissons rose” corriente cristiana del Partido Socialista Francés.

Un joven de 21 años que había participado en la campaña a favor de Sarkozy, piensa que, sin duda, el candidato derrotado es el que mejor representa sus convicciones católicas.  

Una joven médico, cercana a la comunidad de Taizé y miembro del partido del bearnés François Bayrou, (hombre de fe, lo define) sostiene que “los cristianos nos debemos hacer visibles en los medios de comunicación y en los partidos políticos”

Un estudiante de ingenieros en Brest reconoce que  “que no tengo claro cual es mi posición política y la campaña presidencial me defraudó”. Pero, esa decepción le ha llevado paradójicamente, afirma el periodista de “La Croix”, a comprometerse en política y intentar religar “este compromiso con mi fe”.

Este hombre de 33 años, comprometido en un partido cristiano demócrata (PCD) padre ya de dos niños, afirma que “algunos católicos perciben la política como un factor de división en el seno de la Iglesia”. (…) “Algunos curas me miraban mal”, añade.

Un estudiante de Derecho en París, de 21 años de edad, muy de derechas, tras afirmar que “no ha encontrado un solo estudiante católico practicante” sostiene que, “en este contexto solo queda explicar, exponer con argumentos susceptibles de ser entendidos por la mayoría”

Otra chica dice que “al saber que iba a votar por Hollande algunos me decían que cometía casi un crimen contra la fe. Pero el hecho de que yo vote a la izquierda no quiere decir que esté necesariamente a favor de la eutanasia”

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¡Qué envidia!. ¡ Cuando tendremos encuentros de cristianos, jóvenes o menos jóvenes, de ese calado, aquí, en Euskadi!. ¡Cuando tendremos una prensa así en Euskadi!. Porque  cristianos así, tan plurales como en Francia, haberlos haylos. Estoy convencido. Pero dudo que haya, entre cristianos, tal talante de tolerancia y respeto al diferente.   

domingo, 15 de julio de 2012

El negro futuro de un millón de jóvenes y valores de los jóvenes ante el trabajo


El negro futuro de un millón de jóvenes y valores de los jóvenes ante el trabajo

 Texto ampliado del artículo que ayer sábado 14 publiqué en El Diario Vasco”

El lunes próximo, día 16, participo en un Curso de Verano de la Universidad Complutense de Madrid en El Escorial,  organizado por el CES de España, sobre “La juventud: transición de la formación al empleo”, con una conferencia sobre el paro juvenil y los valores de los jóvenes ante el trabajo.

  1. Sobre el paro juvenil
Presento unos datos del Informe de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) de mayo pasado (“Global Employment Trends for Youth 2012) y los del ultimo estudio de IVIE de la Universidad de Valencia (lo mejor a mi juicio en España), del presente año, en relación al empleo juvenil. He aquí algunas conclusiones mayores.

Según el estudio de la OIT, en todos los países, y en todo tiempo, a mayor formación menos paro. Ahora bien, en España, el año 2000, esa correlación era relativamente reducida, aunque después se haya disparado. El año 2000 vivíamos en la burbuja del ladrillo. Muchos escolares abandonaron los estudios para ganar unos dineros. Es lo que, a veces, se engrosa en las estadísticas del fracaso escolar aunque el fracaso escolar es otra cosa.

Los datos de IVIE, espeluznantes, muestran cómo el paro de jóvenes activos, entre los 16 y los 30 años de edad, con solo estudios primarios casi se multiplica por tres entre 2005 y 2012. De poco más del 20 % el año 2005 a cerca del 60 % el año 2012. Mientras que los que tienen, sea estudios universitarios, sea formación profesional avanzada (FPII y CFGS), y que van a la par en las tasas de paro, pasan de algo más del 10% de parados en 2005 a poco más del 20 % en 2012. Como ven la diferencia es espectacular. Lo remacho: los jóvenes que tienen estudios avanzados, sea universitarios, sea de Formación Profesional, tienen en la actualidad unas tasas de paso tres veces inferiores a las de los que están sin estudios o con solamente la enseñanza primaria.

Del análisis de las dos informaciones que nos suministra la OIT e IVIE constataremos que la crisis ha pillado a todos los jóvenes pero especialmente a los que, hace cinco o diez años, en plena burbuja inmobiliaria, abandonaron los estudios con el espejismo momentáneo de encontrar un trabajo que no exigía formación y llevarse unos dinero al bolsillo. No pocos educadores, sociólogos, psicólogos sociales etc., levantamos entonces la voz, (sin sospechar en absoluto la gravedad de la crisis que ahora padecemos) del riesgo para el futuro de estos adolescentes. Desgraciadamente, aquellos adolescentes ahora, en julio de 2012, son jóvenes, del orden de 800.000 a un millón en España, sin trabajo, sin formación y con un futuro muy negro.

2. Sobre los valores de los jóvenes ante trabajo he aquí tres cuestiones diferentes

2.1. Sobre las condiciones que se piden al trabajo

A la hora de precisar cuales son las condiciones que exigen al trabajo, uno y otro según su edad hay que decir, de entrada, que no hay grandes diferencias entre los jóvenes y entre los mayores. No hay ruptura generacional en las condiciones al trabajo. Así y todo, cabe decir que:

•        Los más exigentes son los trabajadores en edades comprendidas entre los de 35 y los 44 años, seguidos por los de 18 a 24. Los menos exigentes, los de 65 y más años.

•        Los más jóvenes acentúan algo más que los demás

•        Tener una buena jornada de trabajo

•        Ser bien tratados en el trabajo

•        Tener un trabajo interesante

•        Poder lograr algo en el trabajo

•        Los de más edad acentúan algo más

•        Seguridad de empleo

•        Los edades intermedias destacan en su demanda de

•        Conciliar trabajo y familia

 2.2. Sobre cómo debe ser considerado el trabajo

En otros aspectos, sin embargo se observa que hay una correlación muy clara y siempre en el mismo sentido: al avanzar en edad se está más de acuerdo con estas ideas:

–       El que no trabaja se hace perezoso

–       El trabajo es un deber con la sociedad

–       El trabajo es más importante que el tiempo libre

–       Es humillante recibir dinero sin haber trabajado para ello.

2.3. Sobre cómo explicar que haya personas con serias dificultades económicas en la vida

En fin, a la hora de señalar porqué hay gente con dificultades en la vida en su situación económica, los jóvenes (menos de 44 años) destacan sobre los mayores (más de 55 años) en subrayar

–       La injusticia de la sociedad

–       Consecuencia del progreso humano

•        La mala suerte la acentúan los de 65 y más años

•        La pereza y falta de fuerza de voluntad por igual en todas las edades


Concluya el lector