Mostrando entradas con la etiqueta Breverias. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Breverias. Mostrar todas las entradas

jueves, 11 de junio de 2020

La utopía de un consumo responsable

La utopía de un consumo responsable

 

Cristianisme i Justícia (@CiJusticia) twitteó a las 6:11 p. m. el pasado 09/06/20 lo siguiente: «Si fuéramos sensatos, los límites del crecimiento deberían estar en las posibilidades del planeta y las necesidades reales de la humanidad, no en las creadas por el sistema de consumo». https://t.co/BRAwRjLCiB
(https://twitter.com/CiJusticia/status/1270403031146721280?s=03)


Es difícil decir más y mejor en menos palabras. Somos esclavos de las necesidades que nosotros mismos, los ricos del planeta, nos hemos creado. No nos limitemos a mirar a otro lado, a los potentados, a los incontrolados (¿incontrolables? circuitos financieros, a los GAFAM y, por supuesto, a los políticos. Todos tienen su parte de responsabilidad en esta deificación del dinero para el consumo por el consumo. Pero mirémonos a nosotros mismos. ¿Nos formulamos al menos la pregunta de si nuestro consumo, el de cada uno de nosotros, nuestro libérrimo consumo, es responsable?


martes, 1 de octubre de 2019

¿Cómo jubilar a un Dios, si se admite que nos ha creado?


¿Cómo jubilar a un Dios, si se admite que nos ha creado?

En realidad, cómo escribir la historia cuando, tras la Ilustración, la razón deviene, o se propone devenir, autónoma, pero sin renunciar al Dios creador. Es lo nos ofrece Didier Le Fur en su libro "Et ils mirent Dieu à la retraite. Une brève histoire de l'histoire". Passés/Composés, París 2019, 233 p.

Un libro, muy franco-francés en su contenido, pero europeo en la intención y planteamientos del autor. Un regalo para el intelecto. Lo he leído coincidiendo con una intervención, felizmente superada, de una hernia enrevesada, y aprovechando las largas noches de hospital, sin nada ni nadie que me distrajera.

El libro describe, con detalle, los esfuerzos de los historiadores, cuando en el Renacimiento decidieron autonomizarse de Dios a la hora de hacer historia, las diferentes formas y maneras de hacer historia y/o filosofía de la historia. Muchos, hasta bien entrado el siglo XIX, a lo sumo aceptaban al Dios creador, pero que después dejó al hombre (hoy diríamos hombre y mujer) decidir a su guisa. El título del libro, que puede traducirse "Y jubilaron a Dios" expresa bien el pensamiento dominante desde comienzos del siglo XVII. Se aceptaba al Dios creador, incluso Voltaire, pero no al Dios providencia con la excepción de algunos cristianos como Bossuet.

La concepción de la historia de Descartes, Spinoza, Vico, Bossuet, Bayle, el ya mentado Voltaire (ya he encargado su increíble "Filosofía de la historia", cuyo antisemitismo hace bueno al propio Wagner, ver pp. 90 y ss.), F. Bacon, Condorcet, Guizot, Malebranche, Michelet, Lessing, Hobbes, Herder, Febvre etc., etc., es analizada en este más que remarcable libro.

Pero no esperen encontrar en él una discusión sobre la utilidad o futilidad de Dios a la hora entender, no solamente la historia, sino también la acción humana. No es, en absoluto la pretensión del autor. Se limita como buen historiador de nuestros días, a dar cuenta, cómo, en los siglos posteriores al Renacimiento, se las ingeniaron en su labor de hacer historia, en un mundo en el que ya habían jubilado a Dios, en una sociedad, en la que cual adolescente que busca ser adulto emancipado de su padre, de cuya existencia, como origen de su vida, toma nota, sin más. Como con Dios que ya no interfiere en el devenir de los hombres (y mujeres añado, en nuestro tiempo). Es fascinante constatar todas las argucias – término de Le Fur- para hacer historia en pro del progreso de la humanidad, y “tranquilizar colectivamente sobre el por qué de la existencia humana y contribuir a tranquilizar el miedo de la muerte, en una vida sin Dios”, párrafo con el que Le Fur concluye su libro.

Quiero añadir un par de cosas más, al margen de lo esencial del libro.

Para quienes piensen que cualquier tiempo pasado fue mejor, traigo está citación del historiador Jean-Baptiste Bouchez quien, en 1833, luego en plena restauración tras la Revolución y el Imperio Bonaparte, escribió que "en este siglo, tan satisfecho de sí mismo, lleno de grandes promesas de futuro, el hambre conformaba la única ley soberana de conducta de ley moral, racional e industrial para la inmensa mayoría de los seres humanos" (p. 172). Y poco más adelante escribirá que "en este mundo de hombres, las mujeres no contaban para casi nada. Estaban las mujeres con dote y sin dote". Estas últimas "debían trabajar como los hombres" (...) " con un salario que era la mitad, si no un tercio, del de los hombres".

Quiero citar a Renan de quien solamente conocía su celebrada crítica de los orígenes del cristianismo como la presentaba el pensamiento católico. Pero Le Fur se entretiene mucho más en otro libro de Renan, para mi desconocido, “Dialogue Philosophique” publicado después del final de la guerra franco prusiana de 1870, en el que propugna un gobierno de tiranos con la inestimable ayuda de los intelectuales. Un gobierno de terror absoluto que hace pensar, inevitablemente, en el terror nazi o en el estaliniano. (Véanse las paginas 192-194). Cientista convencido, en una de sus cartas a Gobineau (el autor de “La desigualdad de las razas humanas”, muy utilizado por los nazis) escribe que “la raza blanca debía conseguir eliminar a los Semitas, pueblo declarado inútil”, escribe Le Fur.

Libro altamente recomendable. Me ha impactado la actualidad de Condorcet y de Lessing. La distancia en el tiempo, permite leerlo sin "a priori", lo que resulta muy instructivo para nuestro tiempo. Con esta filosofía de la historia me he quedado al cerrar la última página de un libro a leer con un lápiz para subrayados y anotaciones.

1 de octubre de 2019
Javier Elzo

domingo, 2 de septiembre de 2018

Brevería 6: Entender no significa justificar




Entender no significa justificar

Muchas veces en mi vida, por ejemplo, cuando analizaba los crímenes de ETA, he solido escribir que, para mejor afrontar tales crímenes, entre otras cosas, me parecía fundamental entender por qué actuaban como actuaban, y qué tipo de legitimación utilizaban. A menudo se me respondía diciendo que tal planteamiento venia de alguna manera a justificar sus planteamientos. Pues he aquí que leyendo este verano de 2018 un libro, recién editado, de mi admirado amigo Arnoldo Liberman, “Heidegger y yo, judío”, (Sefarad Editores, Madrid 2018, 258 páginas), en el que ajusta sus cuentas con el filósofo pro-nazi, encuentro una reflexión sobre el tema arriba mentado. Traigo aquí sus reflexiones.

Escribe Liberman en las p. 135-136: “Entender no significa disculpar; mejor dicho, significa lo contrario. (…) Pero, siempre me intrigó que, en Si esto es un hombre, Primo Levi, escribe refiriéndose a Auschwitz: ´Tal vez lo que ocurrió no deba ser comprendido, en la medida en que comprender es casi justificar´. Viniendo de cualquier otro la frase quizá no tendría importancia, no así viniendo de Levi, a quien debemos acaso el mejor testimonio del Holocausto. ¿Entender es justificar? ¿O es que Auschwitz come aparte? ¿Se equivocó Arendt y no hay que tratar de entender el mal extremo? ¿No es contradictoria la frase de Levi con el hecho de que él mismo se pasase la vida tratando de entender el Holocausto y por eso declarara: “para un hombre laico como yo lo esencial es comprender y hacer comprender”?

Añade continuación Arnoldo Liberman: “Solo Tzvetan Todorov, que yo sepa, ha explicado convincentemente esa contradicción. Según él la advertencia de Levi no vale más que para el propio Levi y los otros supervivientes de los campos nazis: estos no tienen que intentar comprender a sus verdugos, porque la comprensión supone una identificación con ellos, por parcial y provisional que sea, y eso puede acarrear su propia destrucción. Pero los demás no podemos ahorrarnos el esfuerzo de comprender el mal, sobre todo el mal extremo, porque, como concluye Todorov, y con él Liberman, “comprender el mal no significa justificarlo, sino darse los medios para impedir su regreso (…) Eso casi nunca es fácil. No solo porque entender exige talento: también porque exige coraje”.

La distinción que realiza Primo Levi, y aprueba Liberman, en la actitud de las víctimas y en la de los estudiosos me parece muy pertinente. Yo he solido escribir, defendiendo la importancia de entender la violencia, que no debemos pedírselo a las propias víctimas, pues supondría victimizarlas por partida doble. Por otra parte, como nos recuerda Hannah Arendt, "intentar comprender no significa perdonar, pero comprender lo veo como mi deber". En efecto, otra cosa es que, en su gestión del dolor, las víctimas decidan perdonar al verdugo, que siempre seguirá siendo verdugo.    

domingo, 1 de julio de 2018

Breverias 3. Roberto Calasso y la interrogación de Stuart Mill


Roberto Calasso y la interrogación de Stuart Mill
Breverías 3 

La lectura, relectura y anotaciones del primer capítulo (pp. 9 - 84) del excepcional libro de Roberto Calasso. “La actualidad innombrable”. Anagrama, Barcelona, 2018, 173 p., me están ocupando no pocas horas de estos meses. Aunque volveré más adelante a este libro en mi blog, quiero traer hoy aquí, sin comentario alguno, unos párrafos que consagra a una reflexión de Stuart Mill. Están en las paginas 51-52 de su libro.

Escribe así Roberto Calasso:

“Stuart Mill contó: ´Desde el invierno de 1821, cuando leí a Bentham por primera vez, y especialmente desde los comienzos de la Westminster Review, yo había tenido lo que con verdad podría llamarse una meta en la vida: ser el reformador del mundo. Mi concepción de mi propia felicidad estaba completamente identificada con ese objetivo (….) Solía felicitarme por la certeza de haber encontrado un modo feliz de vivir por haber situado mi ideal de felicidad en algo duradero y distante, en el que siempre cabía realizar algún progreso, sin llegar nunca a agotarlo por haberlo conseguido por completo´. Esta situación se mantuvo durante cinco años ´a lo largo de los cuales la mejoría general que tenía lugar en el mundo y la idea de que otros y yo estamos entregados a la lucha por promover esa mejoría, me parecía suficiente para llenar de interés y animación mi existencia´.

Hasta que un día, continúa Stuart Mill, ´desperté de todo eso como de un sueño´. ¿Qué había pasado? Había llegado el momento de realizar una pregunta: ´suponte que todas las metas de tu vida se hubieran realizado: que todas las transformaciones que tú persigues en las instituciones y en las opiniones pudieran efectuarse en este mismo instante: ¿sería eso el motivo de gran alegría y felicidad para ti?´.  Apesadumbrado, Stuart Mill cobró conciencia de que su decidida respuesta a esa pregunta era: ¡No!. Entonces experimentó una sensación desconocida y aguda: ´Los fundamentos sobre los que había construido mi vida se desmoronaron´. De pronto todo era ´insípido e indiferente´. Siguieron meses de una profunda depresión que abarcó el invierno de 1826 - 1827. Visto desde fuera nada había cambiado. Stuart Mill seguía llevando una vida plena de actividad: ´Durante ese periodo no dejé de dedicarme a mis ocupaciones usuales (….) Estaba tan habituado a cierto tipo de ejercicio mental que podía seguir en esa línea incluso cuando el espíritu se había desvanecido. Compuse y pronuncié unos discursos para la Sociedad de Debates. Cómo pude hacerlo y con qué resultado son cosas que ignoro´.”

“Stuart Mill es considerado todavía hoy una de las luminarias del progresismo. El hecho es que a los progresistas de todas las especies - laicas y religiosas - les faltó siempre la capacidad y la lúcida audacia para hacerse la pregunta que se formuló Stuart Mill en su integra honradez, y que lo precipitó a un estado que solo Coleridge supo describir: ´un dolor sin espasmos, vacío, oscuro y desolado´”.