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martes, 24 de julio de 2018

¿También en España los ricos votarían a la izquierda?


¿También en España los ricos votarían a la izquierda?

La izquierda estadounidense sigue lamentándose tras la derrota de Hillary Clinton contra Donald Trump en noviembre de 2016. El ensayista americano Thomas Frank, antes de esa elección, publicó un libro, que acaban de traducir al francés titulado “¿Por qué los ricos votan a la izquierda?” (“Listen, Liberal: Or, What Ever Happened to the Party of the People?, en inglés) en el que acusa a los líderes del Partido Demócrata Bill Clinton y Barack Obama de que, desde 1998, decidieran apoyar a los "ganadores de la economía del conocimiento" mientras desacreditaban a las clases bajas y media-baja, reduciendo el progreso a nociones de meritocracia e innovación.

Así ha emergido una nueva clase social que Frank denomina “profesional” o “creativa”, conformada por el 10 % (cifra ya famosa) de personas (diplomadas en universidades de élite, codiciadas en Wall Street, en Silicon Valley, en las grandes empresas y en los GAFA), dueños de la mitad del PIB de EE. UU., que habría provocado, en la izquierda, la ruptura entre el Partido demócrata y los sindicatos y las clases populares, así como el hundimiento de gran parte de la clase media. Trump habría conseguido que, gran parte de estos últimos, le votaran. Lo que ya pronosticó Frank años atrás cuando publicó otro libro, titulado este, significativamente, “¿Por qué los pobres votan a la derecha?”, lo que en Europa ya sabíamos pues muchos en Francia, de la clase obrera, votan a la extrema derecha de Le Pen.

Pero ¿las tesis de Frank se confirmarían en España? Para tratar de responder a esta pregunta he consultado el Barómetro del CIS de abril del presente año 2018, donde se pueden cruzar las preferencias de voto de los ciudadanos con su estatus socioeconómico. El CIS distingue cinco categorías socioeconómicas: clase alta y media alta; nuevas clases medias; viejas clases medias; obreros/as cualificados/as; y obreros/as no cualificados/as. Es posible saber cómo se distribuyen en estas cinco categorías socioeconómicas los votantes a los diferentes partidos políticos. Por razón de espacio, y seguridad estadística, me limito a presentar algunos aspectos del perfil socio económico de los votantes al PP, PSOE, Podemos y Ciudadanos a nivel estatal.

Trabajo con una pregunta del cuestionario del CIS en la que se pregunta, por cada partido político, en una escala de 0 a 10, donde “0” significaría que “con toda seguridad, no lo votaría nunca” y “10” que “con toda seguridad lo votaría siempre”.  Pues bien, la mayoría de encuestados, en cualquiera de las cinco categorías socioeconómicas propuestas y en cualquiera de los cuatro partidos políticos retenidos se posicionan en el punto “0” de la escala: con toda seguridad, no votarían nunca, a ninguno de los cuatro partidos: PP, PSOE, Podemos y C´s. Es difícil encontrar un dato más fehaciente del alejamiento de la población española de la clase política. En el conjunto poblacional, el 55 % de españoles no votarían nunca ni al PP, ni a Podemos, el 42% no votaría nunca a Ciudadanos y el 38% al PSOE.

Puesto en positivo, esto es, la proporción de ciudadanos que les votarían siempre o casi siempre (puntos 8, 9 y 10 de la escala) dan estos resultados: al PP le votaría el 9,9 % de los ciudadanos, a C´s el 8,4%, al PSOE el 8,1 y a Podemos el 5,9%. El que sale peor parado es, manifiestamente, Podemos: mayor porcentaje, junto al PP, de españoles que nunca le votarían y el menor que con seguridad le votaría. (El cálculo de valores medios lo confirma también), El Partido Popular es muy rechazado, pero es también el que tiene, ligeramente, el mayor voto asegurado. Ciudadanos y PSOE, están en una posición media: son quienes menos rechazos reciben, pero también quienes menos votos tienen asegurados.

Vayamos ya a la relación entre la preferencia política y el estatus socioeconómico. Entre los votantes de la clase alta y media alta, el dato más llamativo es que son los que, en mayor proporción, señalan que no votarían nunca al PP, incluso en clara mayor proporción que el rechazo a Podemos. (Misma conclusión analizando los valores medios de aprobación y rechazo).

Apuntemos también que el principal caladero de votos del PP se encuentra entre los componentes de las “viejas clases medias”, el PSOE entre los obreros, sobre todo entre los “no cualificados”, Ciudadanos en prácticamente todo el espectro socioeconómico, pero particularmente en las “clases alta y media-alta” y en las “nuevas clases medias”. En fin, ¡asómbrense!, el principal caladero de votos de Podemos se sitúa entre los miembros de las “clases alta y media alta” y donde menos le votarían sería entre los “obreros no calificados”. Luego se cumpliría, al menos parcialmente, el diagnóstico de Frank en EE. UU., que yo reformularía así para España: algunos de los más ricos votan, no a la izquierda (PSOE), sino a la extrema izquierda (Podemos), en mayor proporción que a la derecha clásica (PP) aunque no a la nueva derecha (C´s), que algunos ya denominan derecha extrema.

Concluyamos con Th. Frank. Según él, reténgase que es un hombre de izquierdas, la solución en EE. UU. vendría de que emergiera en su país un “populismo de izquierdas”. Algo así como Podemos en España. ¡Ai ene!, ¡lo que hay que ver!, que hubiera exclamado mi abuela Resurrección.

Javier Elzo

(Artículo publicado en “El Correo” el 15 de junio de 2018)

domingo, 14 de enero de 2018

Cuando los jueces son el primer poder



Cuando los jueces son el primer poder

El actual embrollo catalán tiene muchas aristas y actores. Aquí me limito, exclusivamente, a la dimensión judicial, especialmente al Auto de los tres jueces del Tribunal Supremo, constituidos en Sala, del 5 de enero de 2018, denegando la libertad provisional a Oriol Junqueras. Su lectura me ha generado una seria preocupación por la deriva que está adoptando la democracia en España. Al final, en este caso, y no es el único con grandes consecuencias políticas, la decisión judicial resulta ser más relevante que lo que la población haya decidido después de unas elecciones del todo punto legales. Es el primer poder. Nadie tiene más poder en España que un juez, unos pocos jueces, en realidad. Hagamos un poco de historia. Historia reciente.

El poder de unos pocos jueces.

En junio de 2006 se aprobó en Catalunya, en Referéndum, con una mayoría próxima al 74% de los votos emitidos en una participación de casi el 49%, el texto aprobado en las Cortes Españolas, dos meses antes, texto reformado a la baja, del que salió en el Parlament de Catalunya con una abrumadora mayoría de casi el 90 % de sus miembros. Pues bien, el actual
problema catalán comenzó cuando el Partido Popular, haciendo caso omiso a la voluntad popular (hay que insistir en este punto) presentó al Tribunal Constitucional una demanda de inconstitucionalidad del Texto del Estatut aprobado por el pueblo catalán. Después de cuatro años de deliberaciones, los 10 magistrados del Tribunal Constitucional, tras votar por bloques, a veces con mayorías de 6 a 4 recortaron 14 artículos del Estatut. Así una mayoría exigua de 6 a 4 miembros del Tribunal Constitucional tumbó una decisión refrendada por el pueblo catalán. Para quien suscribe, no solamente esto me parece un sinsentido absoluto, sino una grave deriva de uno de los principios básicos de la democracia: la soberanía del pueblo. Eso sí, se recorto el Estatut en nombre de la ley.

El President de la Generalitat en 2010, el socialista José Montilla declaró que "el Tribunal Constitucional está lamentablemente desacreditado y moralmente deslegitimado". Añadió que Catalunya "es una nación" y consideró que "ningún tribunal puede jugar con los sentimientos ni con la voluntad" de los catalanes. Y convocó a una manifestación unitaria tras la "senyera", que tuvo lugar el 9 de Julio de aquel año 2010. En el diario “El País” se podía leer que “el recorte del Estatuto por el Tribunal Constitucional desembocó ayer en la manifestación más grande de la historia de la democracia en Cataluña. Decenas de miles de personas marcharon por el centro de Barcelona (425.000 según el cómputo de EL PAÍS a las 19.30); en un acto que vino a confirmar que cuatro años de rifirrafes en el Tribunal Constitucional sobre el Estatuto han actuado como una verdadera fábrica de soberanistas”.

Algo similar puede suceder ahora en Catalunya en la próxima constitución del Parlament, y del Govern. Unos ciudadanos que se presentaban, legalmente, a ocupar escaños en el Parlament de Catalunya, han sido elegidos. Aunque, algunos, no han podido defender convenientemente su candidatura: unos porque decidieron acogerse a la justicia belga, otros porque se encontraban encarcelados. Pero, pese a ser diputados electos, según el auto emitido por el juez Pablo Llarena el 12 de enero, algunos no podrían acceder al Parlament y algunos otros, Puigdemont entre ellos, si lo consiguen, inmediatamente serían detenidos. ¿Es que va a jugar al gato y al ratón, como, cuando el gobierno español hizo lo posible para que no pudiera votar el 1º de octubre y tuvo que cambiar de vehículo en el interior de un túnel, como en una película de buenos y malos, y, ahora, tratar de entrar en el Parlament, sin ser detectado, a lo Santiago Carrillo con una peluca o como Mas en un helicóptero?

No se ha profundizado suficientemente, aunque se haya repetido incesantemente, que las elecciones del 21 de diciembre de 2017 al Parlament de Catalunya, han sido excepcionales. Que un candidato a la presidencia de la Generalitat, ex president cesado por el presidente del gobierno de España, haga campaña electoral desde Bruselas, sea objeto de una eurorden de detención por la justicia española y que la misma justicia (aunque otro juez) la retire, temiendo no poder imputarle lo que le imputa, provisionalmente, la justicia española, pasará a los Anales de la Ciencia Política. Que otro candidato a la presidencia lo haga desde la cárcel, provisionalmente detenido, por riesgo de violencia, riesgo reiterado, en opinión de un el juez el 12 de enero, para impedirle asistir al Pleno de constitución del Parlament, - cuando rara vez se han visto manifestaciones tan numerosas y tan pacíficas, bien distintas a las que tuvimos que padecer en Euskadi-  y cuando consigue pasar un mensaje, sea castigado por la Administración penitenciara, pasará a los anales de la ciencia jurídico procesal. No soy jurista, pero resulta difícil de entender que Puigdemont, Junqueras y Sánchez tengan, según la ley, derecho a presentarse a las elecciones, pero uno debe hacerlo por videoconferencia (porque si entra en España iría a la cárcel) donde están los otros dos, quienes se las ven y se las desean para hacer llegar sus mensajes, limitados por la ley. A mí me cuesta muchísimo entenderlo. Más aún, lo digo francamente, y es lo que origina este texto: me preocupa enormemente, pues veo una justicia en la que no veo que prime la Justicia. Voy a detenerme, más abajo, en un punto concreto, pero antes, un inciso sobre la prensa catalana.

Dos opiniones de la prensa de Barcelona

La edición digital de “El Periódico de Catalunya” del día 4 de enero de 2018, fecha en la que Oriol Junqueras compareció en el Tribunal Supremo, “El Periódico de Catalunya”, en su primera noticia, bajo el titular de “Esperando a Junqueras” comenzaba con esta frase: “El futuro de la legislatura catalana pasa este jueves por el Tribunal Supremo. A partir de las diez y media de la mañana, Oriol Junqueras intentará que tres magistrados estimen contra pronóstico su recurso y le permitan abandonar la cárcel de Estremera, donde cumple prisión preventiva desde el 2 de noviembre. Pase lo que pase, la decisión tendrá un peso determinante en las negociaciones que los partidos independentistas mantienen sobre la composición del Parlament y sobre la investidura de un nuevo 'president' “.

Tras su lectura envié unas líneas a un amigo periodista catalán que escribe habitualmente en “El Periódico” sugiriéndole que sería más correcta la noticia con un cambio en su titular: en vez de “Esperando a Junqueras”, habría de poner “Esperando a los jueces del Tribunal Supremo”.

Dos días después, el 6 de enero, ya conocido el auto de los tres jueces del Supremo, constituidos en Sala, otro gran periódico catalán, “La Vanguardia” en su editorial escribía, en su segundo párrafo, que transcribo en su integridad lo siguiente: “La permanencia del republicano en la cárcel, pasados ya dos meses de su ingreso, no es una buena noticia. Es evidente que el proceso independentista, implementado en las infaustas sesiones parlamentarias del 6 y 7 de septiembre, cuando desde las más altas instancias de la Generalitat se quebró la ley, se acometió de modo erróneo. Es también evidente que el Estado central había advertido sobre los efectos que esta deriva tendría. Es obvio además que ni el Estado ni la judicatura van a relativizar la gravedad de aquellos hechos ni a tolerar que se repitan. Pero, dicho esto, merecen también atención quienes creen que se está haciendo un uso desproporcionado de la prisión preventiva. No suscribimos el tuit de ayer del cesado presidente Puigdemont, según el cual Junqueras y otros encarcelados son “rehenes”. Pero sí nos parece opinable la posibilidad de que Junqueras vaya a reincidir pronto. Porque no se dan las condiciones para reeditar el proceso. Porque Junqueras no ocupa ya los cargos públicos que tuvo. Y porque, dada la inminencia del juicio y las dificultades de JxCat y ERC para pactar su posible alianza, es impensable que Junqueras vaya a enredar más su caso”.

Que estos dos periódicos, en nada independentistas, pero sí buscando la ecuanimidad y una información ponderada a sus lectores, hagan los balances que hacen del ejercicio de la via judicial debiera hacer pensar a los jueces, a los políticos y a la prensa de Madrid. Pero me temo que sea pena perdida, aunque la historia será muy dura con ellos.

Unas frases del auto del Supremo del 5 de enero de 2018

¿De qué les acusan a los independentistas catalanes? De cosas muy serias: rebelión, sedición, malversación de fondos, actos de violencia y hasta de propiciarla, con sus planteamientos en las situaciones de violencia, “tumultuarias” escriben, y de no recuerdo que más incumplimientos de la Ley. Me centro y limito en adelante, por razones de espacio, y porque es una cuestión a la que soy muy sensible, a las acusaciones a los independentistas de violencia y de propiciarla. Transcribo, con extensión, para bien contextualizarlas, unas frases del Auto del Supremo:
 “El día 1 de octubre, previsto para la celebración del referéndum, el recurrente (Oriol Junqueras) y los demás partícipes, con su actuación previa, concretamente el recurrente en declaraciones públicas efectuadas el día 21 de setiembre, impulsaron a intentar abrir o mantener abiertos los locales donde estaba previsto que se hallaran los colegios electorales, y a depositar su voto, a un número altísimo de personas, a pesar de que ya conocían los graves incidentes producidos, entre otros en los días 20 (oponerse a registros en la Consejería de Economía) y 21 de setiembre, y de que sabían que los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad, en cumplimiento de las leyes vigentes, tenían la obligación de impedirlo. En esa fecha, el recurrente sabía que si sus consignas relativas a la participación en el referéndum declarado inconstitucional y fuera de la ley por el Tribunal Constitucional, eran seguidas por sus partidarios, se produciría inevitablemente un enfrentamiento físico entre éstos y el Estado de Derecho, representado por los agentes policiales que defendían el cumplimiento de la ley, esencial en un Estado de esa clase. Constituye una conducta de extraordinaria gravedad incitar a varios millones de ciudadanos a que acudan a votar ilegalmente a sabiendas de que se van a encontrar necesariamente con la oposición física de los agentes policiales que, en representación del Estado de Derecho, van a actuar con el único fin de asegurar el cumplimiento de sus normas más elementales y de las sentencias del Tribunal Constitucional que han ordenado su cumplimiento. No solo porque la referida conducta supone prescindir de las reglas democráticas para intentar imponer por la fuerza (¿qué fuerza?, me permito interrumpir. La única fuerza que se ha sustanciado es la del 20 de septiembre, y en este punto aplaudo la resolución judicial) las propias ideas, sino también por el desasosiego y la intranquilidad que causa en la ciudadanía, dentro y fuera de Cataluña, que confía en el imperio de la ley, y por el elevado riesgo real de que se produjeran resultados lesivos mucho más graves de los que efectivamente se produjeron, lo que afortunadamente no ocurrió.”

Mis reflexiones tras la lectura del auto

Tras la lectura de este texto me quedo estupefacto.  Resulta que los responsables de la increíble actuación de la policía el 1º de Octubre, contra unos pacíficos ciudadanos que iban a manifestar sus opciones políticas, sin hacer daño a nadie, son exclusivamente los responsables políticos que les incitaron a votar. ¿Por qué la policía actuó como actuó, sabiendo que la votación era inválida, legalmente hablando? ¿Qué ley es esa, en la que, para hacer cumplir la ley, hay que agredir a ciudadanos indefensos y que, encima, los máximos guardianes de la ley, en su Auto, no tengan ninguna consideración hacia las víctimas?. (Releyendo mi texto días después, añado que ni los jueces, ni el Presidente de Gobierno ni el Rey, tuvieron en cuenta, lo mas mínimo, el daño injusto causado a unas victimas indefensas. La historia juzgará.)

En el argumentario del Auto se subraya el incumplimiento de la ley por parte de los independentistas catalanes. No seré yo el que defienda el incumplimiento de las leyes legales y legitimas. Con dos considerandos. La primera, que hay que cumplir todas las leyes. Lo que no es el caso. En Euskadi nos basta con recordar el incumplimiento de las trasferencias del Estatuto de Gernika, en más de un caso por la nula voluntad del gobierno de Madrid. Pero, además, el argumentario sobre la violencia en el Auto de la Sala del Supremo se nos antoja un cuento de hadas cuando aquí, en Euskadi, hemos tenido que soportar que nos griten a la cara “ETA mátalos” durante tantos años, antes de que la justicia moviera ficha.

La segunda, que la ley se aplique con proporcionalidad y contextualización, según el artículo 3º del vigente Código Civil, en el que se dice que “las normas se interpretarán según el sentido propio de sus palabras, en relación con el contexto, los antecedentes históricos y legislativos y la realidad social del tiempo en que han de ser aplicadas, atendiendo fundamentalmente al espíritu y finalidad de aquellas”. Sin embargo, hemos leído que fuentes de la Sala consideraban "altamente improbable" la excarcelación de Junqueras (…) con las consecuencias políticas que eso conlleva y que los magistrados conocen, pero que "son ajenas a la estricta función jurisdiccional". (El Periódico de Catalunya 01/01/18). Discrepo radicalmente de este razonamiento. En las decisiones judiciales, si se quiere que sean actos de Justicia, más allá de exquisitas disquisiciones en torno a la letra de la ley, no se puede, ni debe, no tener en cuenta, la terrible tensión en la que vive Catalunya, ni lo que la soberanía popular ha decidido en unas elecciones democráticas. No se trata, como se apunta en el Auto, correctamente, que el hecho de haber sido elegido suponga impunidad alguna, pero si proporcionalidad, mesura, contextualización de las decisiones etc., etc. Y yo no he visto nada de esto en el Auto de la Sala.

El ámbito judicial se mueve en parámetros muy concretos y limitados, a la postre, sesgados: valorar y juzgar si determinados actos, dichos o escritos se mueven en el marco de la letra de la ley. Y aquí dependemos de la lectura que el juez de turno, en su leal saber y entender, valore los actos, dichos o escritos que se les someta a su consideración. Será lo que juzgue, sin tomar en consideración, ni el contexto en el que han tenido lugar los hechos o dichos objeto de su valoración, ni tampoco las consecuencias de su decisión con tal de que su resolución la estime ajustada a derecho, esto es, a la letra de la ley. No discuto la honradez y profesionalidad de los jueces, sino el hecho de que viven en una torre de marfil, con lo que es imposible hacer justicia. Me recuerdan, a menudo, a los rabinos en el Talmud, que leen y releen los textos bíblicos y las interpretaciones que han dado sus predecesores creando monumentales disquisiciones que hacen las delicias de los expertos. Sospecho que algo así sucede con lo que se denomina la jurisprudencia: analizar, por estudiosos de la ley, los razonamientos que anteriores magistrados han dado a determinadas cuestiones, creando así precedentes, creando así jurisprudencia. 

A fin de cuentas, lo que se pretende es que Catalunya no se independice. Pues eso, y no otra cosa, es el auténtico problema: el temor a que se desgaje de España. La cuestión es política. No legal. No creo que Catalunya sea nunca un Estado soberano, pero, como no lo es, ya, España, aunque es algo más soberana que Catalunya. Pero España es cada vez menos España, cada vez menos ciudadanos con DNI español se dicen y sienten españoles y cada vez más rechazan decirse y sentirse españoles. ¡Vaya victoria la del nacionalismo español!

Donostia 14 de enero de 2018
Javier Elzo


(Una redacción muy resumida de este texto, se publicó en DEIA y en “Noticias de Gipuzkoa” el 13 de enero de 2018)

jueves, 4 de enero de 2018

¿Tres pueden más que dos millones?



¿Tres pueden más que dos millones?

Admito que el título de estas líneas pueda ser tildado de demagógico. De acuerdo, pero verán.

La edición digital de “El Periódico de Catalunya” del día de hoy, en su primera noticia, bajo el titular de “Esperando a Junqueras” comienza con esta frase: “El futuro de la legislatura catalana pasa este jueves por el Tribunal Supremo. A partir de las diez y media de la mañana, Oriol Junqueras intentará que tres magistrados estimen contra pronóstico su recurso y le permitan abandonar la cárcel de Estremera, donde cumple prisión preventiva desde el 2 de noviembre. Pase lo que pase, la decisión tendrá un peso determinante en las negociaciones que los partidos independentistas mantienen sobre la composición del Parlament y sobre la investidura de un nuevo 'president'.”

Decir que esta idea me produce un profundo desasosiego es poco decir. Pero ahora, aquí, solamente sugiero que sería más correcta la noticia con un cambio en su titular: en vez de “Esperando a Junqueras”, habría de poner “Esperando a los jueces del Tribunal Supremo”.


Cuando una decisión del calado de la elección de un president entre unas personas que, legal y legitimanente se han presentado y obtenido el aval de la voluntad de la pretendida soberanía popular en unas elecciones democráticas con dos millones de votos que les han votado, depende de la decisión, igualmente legal y legítima de tres jueces, algo muy serio falla en esa democracia.

miércoles, 27 de diciembre de 2017

Los otros dos bloques en Catalunya


Los otros dos bloques en Catalunya


Una versión reducida de este texto, concluida la misma noche electoral, fue publicada en “El Correo” de Bilbao el día siguiente, 22 de diciembre. Manteniéndolo prácticamente idéntico, con algunos añadidos que retiré del texto que envié a “El Correo” por razones de espacio, lo llevo a este Blog el día hoy, una semana después, con el mismo título.

El artículo de “El Correo” lo envié a varios amigos, bastantes de ellos catalanes. Los comentarios recibidos, todos muy correcta y amigablemente redactados, me confirman, si falta hacía, de la polaridad reinante: “ha ganado el independentismo y él debe gobernar”, “hemos vencido al Estado” etc., sin que falte otro amigo constitucionalista que me dice que, “a fin de cuentas, el 155 ha sido un éxito” y que “como nadie podrá formar gobierno habrá nuevas elecciones en mayo” y entonces se desfondará totalmente el independentismo. Aunque también algunos juzgan positivamente mi texto como “sensato”, y abriendo horizontes. Mientras otros, guardan silencio.

Personalmente, aun consciente de la enorme dificultad de que lo que propongo, o algo similar, salga adelante, sin embargo, me reafirmo, en la bondad intrínseca de mí propuesta: hoy Catalunya necesita un gobierno transversal lo más amplio posible.

El lector de este Blog juzgará.

Los datos definitivos, resultado de la consulta electoral del 21 de diciembre pasado nos dicen que ha aumentado claramente la participación; que este aumento ha sido mayor en Barcelona y en la zona metropolitana, donde se concentra el mayor voto unionista; que sin embargo “JxCat” y ERC se mantienen y suman cuatro escaños más que en 2015; que C´s gana 12 escaños mientras el PP se hunde, en fin que el independentismo, a pesar de perder unos pocos apoyos, por la debacle de la CUP, sigue superando claramente al voto constitucionalista y mantiene la mayoría en el Parlament. En fin, los Comunes bajan un poco.

Con la victoria parlamentaria, aunque pequeña, sería legal y legítimo, que el independentismo, tratara de conformar un gobierno. Por otra parte, C´s, siendo la lista más votada en escaños y en votantes, podría intentar, también legítimamente, conformar un gobierno unionista, aunque los números se lo ponen mucho más difícil. Pero no me gusta ninguna de las dos soluciones. Perpetua unos bloques.
Catalunya lleva meses, incluso años, viviendo momentos dramáticos. Un buen amigo mío, profesor en la Universidad Ramon Llull de Barcelona, Josep Carbonell, próximo a los socialistas, habla de “descenso a los infiernos”. Escribe: “he visto cómo las amistades se han roto, las familias han puesto líneas rojas en sus encuentros para evitar hablar de política y no romperse, he visto a mucha gente gritando tener razón y otros callando perplejos”. Catalunya está rota en dos bloques y los resultados de ayer lo confirman.

Por otra parte, en las últimas fechas se han alzado voces, en el campo académico, social, cultural, religioso, etc., pidiendo restablecer los puentes rotos de la convivencia en Catalunya, así como de “reencontrar el camino de una verdadera y respetuosa cooperación entre el gobierno del Estado y el de la Generalitat, para recomponer el entendimiento, asegurar el bien común de todos los ciudadanos y garantizar el respeto a las legítimas instituciones del autogobierno sin humillaciones", escribe el Arzobispo de La Seu d´Urgell, otro buen amigo catalán, Joan-Enric Vives, según leo en “La Vanguardia” el lunes pasado.
Así mismo, el organismo Justicia y Pau, de clara coloración catalanista y próxima a la Iglesia en un comunicado del pasado 14 de diciembre declaraba que “sean cuales sean los resultados electorales, será urgente abrir un diálogo sincero y una negociación política seria entre los múltiples actores implicados que permita buscar con voluntad y constancia una solución justa, duradera y democrática. Para hacer posible este diálogo y negociación es necesario un escenario que revierta las condiciones de excepcionalidad actuales, reconozca el conflicto, evite la judicialización y garantice el pleno respeto a los derechos humanos. El diálogo sólo será fructífero si se destierran actitudes de confrontación, que usan un lenguaje agresivo o que pretenden la derrota o la humillación del adversario. Con una firme actitud de respeto y escucha hacia las posiciones distintas de la propia y la voluntad de llegar a una solución que cuente con el máximo apoyo social posible”.
Joan Carbonell, ya citado arriba, escribe que “nos hará falta una etapa de reconciliación, de encuentro, de respeto, de afecto. Las heridas tardarán años a cicatrizar, pero no podemos renunciar a buscar la unidad en lugar de la división. Si volvemos a ser un solo pueblo, lo podremos todo”.
En las personas y miembros de los partidos catalanes he percibido talantes diferentes. Entre los miembros de “C´s”, “PP”, la CUP y en no pocos de “JxCat”, hay que mirar con lupa para encontrar un planteamiento realmente conciliador. En el PSC, los Comunes y muchos del ERC, sin embargo, aun defendiendo cada cual sus posiciones, he constatado otro talante. Para mí, estos son los dos bloques principales hoy en Catalunya. El bloque de la intransigencia frente al bloque del entendimiento, más allá de las diferentes opciones políticas acerca de la independencia de Catalunya, en cada uno de los bloques. Creo capital situar el contencioso catalán en el ámbito de la convivencia civil antes que en el de la, por otra parte, legítima divergencia política que, sin embargo, veo radicalizada en una polaridad que lleva, al final, a la ruptura de la sociedad. Algunos, muchos, incluso la mayoría, verán mi planteamiento, mi lectura de la realidad como quimérica, del ámbito de los buenos deseos y no en el de las realidades tangibles. Pero yo defiendo que no es quimérico, sino realistamente utópico lo que sugiero. La quimera es un cuento de hadas, como un articulado de buenos propósitos. La Utopía es otra cosa. La utopía, amén de una ilusión a alcanzar y unos ideales por los que luchar, presupone la toma de conciencia del camino a recorrer, del esfuerzo a invertir, de las inercias a superar, de los conciudadanos a convencer. Para una Catalunya razonablemente cohesionada.  
Políticamente hago mía la opinión de Joan Rigol, ex presidente del Parlamento catalán, quien afirmaba que ha llegado el momento de "recuperar las instituciones y desde allí trabajar para la reconciliación. Se necesita tiempo para digerir estos últimos meses, pero creo que el Estado ha aprendido de lo que ha sucedido. Y nosotros también. Tendremos que renovar el diálogo, pero, como punto de partida, con el reconocimiento de que Cataluña es un sujeto político en sí mismo". (Le Monde, 18/12/12)
Pero, aun si se pusieran de acuerdo, tendrían que superar un escollo de los de 8.000 metros: el sistema judicial que no entiende de otra lógica que la interpretación por cada juez de la letra de la ley. En España, nadie tiene tanto poder, con tantas consecuencias sociales y políticas como la de algunos jueces a tenor del cargo que ocupan. Pero este gravísimo tema exige tratamiento propio.


sábado, 19 de noviembre de 2016

Tras el ‘Brexit’, Colombia y Trump, ¿una nueva clase social?


Tras el ‘Brexit’, Colombia y Trump, ¿una nueva clase social?
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EN los últimos meses hemos visto cómo planteamientos que se suponían mayoritarios han resultado relegados, precisamente, por la mayoría de la población: el referéndum sobre la paz en Colombia, el Brexit, el triunfo de Trump. En los tres casos, las encuestas de opinión, la opinión expresada en los medios de comunicación y lo que la gente pensadora (o al menos con altavoz en los medios de comunicación) vaticinaban y defendían después no ha sido verificado en las urnas. En los tres casos, la mayoría publicada no ha correspondido con la mayoría resultante de las consultas, referendo, o votación correspondiente. En los tres casos, los urbanitas han sido derrotados por la ruralidad, entiéndase la Colombia profunda, la Gran Bretaña profunda, la América profunda. En los tres casos, muchas personas tenidas por no pocos como ciudadanos de segunda clase, soterradamente humillados e internamente ofendidos, se han manifestado, se han rebelado, a través de las urnas, en el silencio del anónimo voto emitido. En muchos casos, personas bien lejos de estar en el lumpen de la pobreza, en muchos casos personas cuyo nivel de vida y estatus socioeconómico no les permitía ser acreedores de las subvenciones del estado de bienestar, personas que no formaban parte de minorías de todo tipo (religión, raza, género, recursos vitales, origen social, emigrantes, etc.) pero sí personas que se percibían decayendo en la escala social, personas que se sentían bajando escalones en esa escala social, sin las ayudas de otros, otros que quizás están en un peldaño más bajo que ellos, pero que, con el rabillo del ojo, los veían, a los protegidos, a los recipiendarios del estado de bienestar, asomarse a su escalón, a su peldaño social, gracias a sus dineros, a sus impuestos.
Si este planteamiento es básicamente correcto (lo que exige mucho trabajo empírico pero tampoco demasiado complicado pues en gran parte bastaría con escudriñar, con detalle y rigor científico, el perfil sociológico -en el sentido amplio del término- de los votantes en Colombia, Gran Bretaña y Estados Unidos, y podríamos continuar con Francia, Alemania, Austria, Suecia y, claro está, también entre nosotros, aunque aquí creo que el registro es algo diferente), si mi intuición es básicamente correcta, repito, querría decir que estamos ante un fenómeno relativamente novedoso. En todo caso, emergente en el estado actual de la civilización occidental y que quizás aún no se haya visualizado, luego analizado, suficientemente. Tendría, entre otras, estas características:
Hablamos de la población autóctona de clase media-media y media-baja, que ha sufrido, en carne propia, los hachazos de la crisis de 2007-2008, de la que unos han salido mejor parados que otros. Unos porque estaban ya más armados, otros porque han sido subsidiados, los terceros porque ya antes de la crisis, viviendo ya en crisis, esta les ha sobrevenido y se han adaptado y surfeado mejor, lo que no quiere decir que la hayan superado, materialmente hablando. Pero la percepción es diferente de la de los que han bajado de escalón.
Avanzaría, también, que estaríamos ante un segmento poblacional que ha dejado en segundo plano la novedad de Internet. En algunos casos, viven la era digital con inquietud, desasosiego, y cabreo pues cada día, por ejemplo, le envían más información (vía tuits, por ejemplo) que referencia enlaces electrónicos que no alcanzan a controlar. Así se enrabietan, se sienten desplazados, arrinconados y se refugian en lo de siempre, en lo de otros tiempos que, para ellos, indubitablemente, eran mejores. Además, la lógica comercial de optimización máxima de beneficios que impera particularmente en ese mundo les hace, bajo el mantra de la innovación, modificar sistemas y modelos de funcionamiento que irritan cada día más a más gente. Ya las maquinitas les pueden, maquinitas que se han convertido en lo que, en otros tiempos, se llamaba Sacamantecas.
No viven en las grandes ciudades, salvo en las zonas de clase media baja. Pues en las zonas bien de esas ciudades vive la gente guapa, la que está en la cresta de la ola. En las grandes ciudades, en todo caso, residen los grandes medios de comunicación, los gurús intelectuales, las Bolsas y, no se olvide, las grandes empresas de sondeos de opinión, que se miran unas a otras para no equivocarse o para equivocarse todas al mismo tiempo.
Tampoco son ellos, ciertamente, los urbanitas que han salido a la calle en las grandes ciudades americanas para protestar y manifestar su desaliento, desazón y disconformidad al día siguiente de la elección de Trump. La prensa internacional habla de miles de personas que han salido a la calle en Nueva York, Filadelfia, Seattle, Chicago, Oakland, Washington y Boston y en la costa oeste de los Estados Unidos. En las fotos hemos visto básicamente a gente joven de clase media con aspecto de estudiantes universitarios. Ahí no están los blancos trabajadores manuales. Tampoco los negros, ni los hispanos, afroasiáticos, inmigrantes etc., a los que la arrogante Hillary obviamente no ha conquistado, es lo menos que cabe decir.
Leen prensa local. Ven televisión local. Se interesan por lo local, lo próximo y lo inmediato. No se hacen grandes elucubraciones sobre el futuro del planeta. Tampoco sobre las grandes confrontaciones electorales. Salvo que les incomoden en su runrún cotidiano, semanal, anual, sin respeto a sus fiestas y acontecimientos de siempre. No se les aplique la categoría de conservadores frente a la de los progresistas. Lo sentirán como una ofensa más. Porque no se sienten anquilosados en el pasado, pero tampoco quieren comulgar con ruedas de molino de los que, en nombre de la progresía, quieren hacer tabla rasa del pasado. Son modernos. No posmodernos. No rechazan al de fuera, a condición de que les respeten en su cosmovisión y se acomoden a ella. Piden que se integren, sin asimilación, en la sociedad a la que, por una u otra razón (algunas con exigencia de apoyo) han emigrado. A la sociedad en la que ellos llevan mucho tiempo. No dirán necesariamente que “primero ellos” (primero los británicos, primero los blancos americanos), pero tampoco detrás de los nuevos, menos aún menos que los nuevos, sintiéndose discriminados por las ayudas a los nuevos. ¿Hay que poner ejemplos? ¿Hay que recordar episodios?
En definitiva, ¿es que estamos viviendo otra fractura social, una de cuyas características, solamente una, sería la dicotomía urbano versus rural, englobando en lo rural todo lo que no es la gran ciudad (o peri-ciudad) de más de medio millón, o de un millón de habitantes? ¿Estamos ante una nueva clase social, autóctona, ni pobre, ni rica, pero en declive en la escala social? ¿Cómo se viviría esto, si mi intuición es correcta, en España y en Euskadi?


(Texto publicado en DEIA y en Noticias de Gipuzkoa el jueves 17 de noviembre 2016, y en Noticias de Álava el viernes 18)

domingo, 17 de julio de 2016

Porqué el PNV ganará las elecciones autonómicas vascas de otoño


 

 

Porqué el PNV ganará las elecciones autonómicas vascas de otoño

 Al menos es lo que se concluye del análisis de la encuesta post-electoral que realizó los días 27 y 28 de junio pasado el Gabinete de Prospección Sociológica del Gobierno Vasco. Las encuestas, como se vio el 26J se pueden equivocar. (Al lector interesado por los motivos por los que estrepitosamente fallaron las encuestas me permito remitirle a mis reflexiones en http://javierelzo.blogspot.com.es/2016/06/por-que-se-han-equivocado.html). El 26J, en Euskadi ganó Unidos Podemos. Pero tras análisis de la encuesta postelectoral del Gobierno Vasco me atrevo a decir que en otoño ganará las elecciones, claramente, el PNV. La encuesta aporta datos que permiten realizar esta y otras afirmaciones con más que razonable fiabilidad.

Para el conjunto poblacional votar es más un “derecho” (54%) que un “deber” (37%). Pero hay diferencias según el perfil de los votantes. Las mujeres en mayor proporción que los hombres consideran que es un deber. Y más claramente todavía las personas de 65 y más años de edad. Para los votantes de Unidos Podemos (UP en adelante) y para los EH Bildu se trata en claro mayor grado un derecho más que un deber. Para los votantes al PNV y al PSE es tanto un derecho como un deber. Una nota general y en nada tangencial pues estimo que es importante: la denominada fractura generacional, si tal fractura existiera, en estos temas (y otros más) se sitúa en torno a los 60-65 años de edad.

¿En qué pensaban los vascos a la hora de ir a votar?. Esta cuestión es clave. Traslado literalmente la pregunta: “Personalmente a la hora de decidir su voto (o decidir votar o no votar) en estas elecciones, ¿qué ha tenido Ud. más en cuenta o qué ha influido más en su decisión?”. Se les ofrecía dos respuestas: “los temas del País Vasco” (es lo que señala el 44% del conjunto poblacional) y “los temas de España” (25%). Pero la encuesta también recoge estas respuestas que voluntariamente les daban los encuestados, “ambos temas por igual” (18%) y “ninguno de los dos” (5%).  Luego, a todas luces, aún tratándose de elecciones al Parlamento Español, los votantes vascos lo hicieron mayoritariamente pensado en los temas del País Vasco. Tanto en Gipuzkoa (49%) como en Bizkaia (42%) y en Álava (39%). También lo hicieron en la misma proporción (44%) mujeres y hombres. Pero de aquí en adelante las diferencias según el perfil de los votantes son notorias. Empezando, dato a retener de nuevo, por la edad. Destacan claramente sobre los demás en señalar su preferencia por los temas del País Vasco las personas de 65 y más años (54%) y los de 18 a 29 años los que menos (37%). Dato este que requiere un análisis, sincrónico (en el momento actual) como diacrónico (desde la restauración de la democracia). Tema fundamental donde los haya. La cuestión es saber si estamos ante una cuestión de edad o de generación.

Así y todo donde se dan las mayores diferencias es en las opciones políticas. El 82% de los votantes al PNV y los 76% de los que lo hacen a EH Bildu, afirman haber pensado en Euskadi a la hora de depositar su voto al Parlamento Español. Esta cifra se queda en el 13% entre los votantes a UP y en el 9 % entre los del PSE. Las diferencias son astronómicas, luego sumamente significativas. Hay que apuntar también que para el 59% de los votantes a UP los temas de España han sido prioritarios y para el 21 %, España y el País Vasco por igual. En el caso del PSE-EE: para el 37 %, los temas de España fueron prioritarios y para el 39 %, tanto los de España como los del País Vasco. Personalmente estos datos me aclaran nítidamente una duda que rondaba mi cabeza: ¿en qué universo piensan los votantes a Podemos, cuál es su horizonte geográfico prioritario?. La respuesta es rotunda e indubitable: piensan en España. No sé si para arrojar a Rajoy de la Moncloa (pero eso también, aun con acentos distintos piensan los votantes al PSE- EE, a EHBildu y al PNV), conquistar la Moncloa, o llevar a cabo la “revolución pendiente”.  En resumen, el PNV y EHBildu tienen la cabeza puesta en Euskadi mientras que Unidos Podemos y el PSE-EE en España.

Se pregunta en la encuesta si dieron su voto “convencidos”, “con dudas” o pensando que era “la opción menos mala”. En Gipuzkoa y los más jóvenes fueron los que más dudas tenían y dieron su voto, en mayor proporción, a la opción que consideraban menos mala. El voto más convencido, el voto aportado “sin dudas”, lo dieron las personas de 65 y más años. No extraña que añada que es el PNV el partido que recoge más “votos convencidos”, seguido por EH Bildu (que hace años dejó de ser el partido de los jóvenes). El voto más dubitativo, el voto que se dio en mayor grado pensando que era la menos mala de las opciones, está en los votantes a UP y, aun con más nitidez, en el PSE. Lo que nos permite decir que, según la encuesta (y no esta únicamente) se me antoja evidente la percepción de indefinición en muchos potenciales votantes al PSE. Actualmente es un partido desnortado con un líder, en España, internamente muy cuestionado. Máxime con una distribución etaria que, salvo error por mi parte, (no se puede comprobar tal y como están dados los datos), muy similar a la del PNV.
 
El modelo de gobierno preferido en España, a tenor de los resultados del 26 de Junio, nos dice que el 34% de vascos optarían por el conformado por el PSOE-UP, el mismo porcentaje de los que se posicionan como “No Sabe/No Contesta” a esta cuestión, quedando las otras posibilidades en porcentajes siempre menores al 6%. Pero hay diferencias según los partidos políticos. Los votantes al PNV (haciendo abstracción de los se abstienen o no indican sus preferencias políticas) son, por diferencia, quienes en mayor grado (37%) no se posicionan en este punto. El tema no va con ellos, como ya sabemos. Pero llamativamente, los que lo hacen, apuestan por la formula PSOE-UP (28%), bastantes más que por la formula PP+PSOE (12%). Personalmente diría dos cosas. Primero que están diciendo “NO” a Rajoy pero también que la irrupción de Podemos en Euskadi, CAV y Navarra, también ha alcanzado, y con fuerza entre los votantes al PNV y a Geroa Bai en Navarra.  Por su parte UP (60%) y EH Bildu (51%) apuestan por la coalición PSOE-UP. Los votantes al PSE-EE se distribuyen en diferentes fórmulas: las mayoritarias PSOE-UP (31%) y “Otras” sin especificar (21%). Añadamos que el 11% de los votantes al PSE se decantan por la fórmula PSOE-Ciudadanos y 10% PP+PSOE. Otro ejemplo más de la dispersión del PSE en sus opciones políticas.  

Preguntar por qué partido le gustaría que tuviera más votos en las autonómicas vascas, es otra forma de indicar sus propias preferencias. Y las respuestas ofrecen datos muy claros y significativos. El 90 % de los votantes (el 26/J) al PNV, dicen que quisiera que fuera el PNV el que más votos obtuviera en otoño en las autonómicas vascas. Una proporción similar (87%) entre los votantes de EH Bildu. Luego voto decidido. Nada de esto sucede en UP y en el PSE. Solamente el 41% de los votantes (el 26J) a Unidos Podemos y el 37% de los que votaron al PSOE vuelen a mostrarles sus preferencias para las autonómicas, muy lejos del 90 % y 87 % que lo hacen al PNV y EH Bildu respectivamente sus votantes para el Parlamento Español. ¿A dónde van las otras preferencias de UP y PSE?. Pues mayoritariamente al PNV o al NS/NC. Así el 21% de los votantes a UP señalan que prefieren que el PNV sea el más votado en otoño, en Euskadi, el 16 % al PSE, y de nuevo el 21 %, “No sabe o no contesta”. Entre los votantes al PSOE, el 34 % dicen que les gustaría que fuera el PNV el partido que más votos obtuviera en las autonómicas de otoño. Casi la misma proporción (37%) de los que manifiestan su preferencia por el PSE. El dato es más que llamativo y muestra sin duda que, a día de hoy, el voto del PSE es el más volátil e incierto de todos pues, además el 23 % se posicionan en la casilla “No sabe/no contesta”. Para ser completos digamos que solamente el 6% votaría a UP. Manifiestamente el PNV es el partido refugio para los indecisos de los demás partidos excepto EH Bildu.

Me atrevo a apuntar que lo mismo parece suceder entre los votantes al PP y Ciudadanos, pese a la bajísima submuestra pues solamente, de la muestra de 1000 personas de la encuesta, 18 afirman votar al PP y 11 al Ciudadanos. Lo que explica y justifica que nada haya dicho de ellos pues las submuestras correspondientes son tan escasas que no permiten decir nada con fiabilidad. Aunque en esta cuestión en concreto, uno de cada dos votantes el 26 J al PP y a Ciudadanos afirman que les gustaría que ganara el PNV en las próximas elecciones vascas de otoño.

En resumen, el PNV y EH Bildu, y por este orden tiene el voto más consolidado. El de Unidos Podemos y el del PSE es el más incierto y el más volátil. Por otra parte, los votantes al PNV y EH Bildu, a la hora de votar, lo hacen pensando en el País Vasco. Los que votan al PSE y a Podemos en España. En fin, a la hora de señalar sus preferencias por el partido que desearía que ganara las elecciones vascas próximas, la inmensa mayoría de los votantes al PNV y EH Bildu en las pasadas elecciones al Parlamente Español el 26 de junio, afirman que volverán a hacerlo, respectivamente, al PNV y EH Bildu. Pero no cabe decir lo mismo, en absoluto, de los votantes a Unidos Podemos y al PSE entre los que hay una gran incertidumbre hasta el punto de que muchos afirman que preferirían que ganara el PNV.

Así las cosas, si en las elecciones de otoño, se mantienen estos datos, el PNV ganará claramente las elecciones pero, al día de hoy, hoy no me atrevo a decir en qué orden quedarán PSE, UP y EHBildu. Básicamente por la gran volatilidad del voto en el PSE y en UP y la duda, que no se disipa del todo en mi cabeza, del porqué de la gran pérdida de votos de EHBildu. Quizás cuando salgan las encuestas preelectorales se podrá ser más preciso, particularmente para conocer el perfil sociológico de los votantes a las diferentes formaciones políticas.

Una redacción bastante reducida de este texto se publicó el 14 de Julio en DEIA y en Noticias de Gipuzkoa.

lunes, 16 de mayo de 2016

Perfil sociológico de los votantes a las cinco formaciones mayores el 26J


 

 

Datos sobre el perfil sociológico de los votantes a las cinco formaciones mayores de España

(Trabajamos con el estudio 3134, Barómetro del CIS de Abril de 2016, publicado online el 5 de mayo del mismo año. Por seguridad estadística me limito a analizar los perfiles de los cinco partidos de ámbito estatal con mayor previsión de votos: PP, PSOE, Podemos, Ciudadanos e IU-UP)

 

A). La dimensión cuantitativa

Atendiendo a la edad el electorado más joven (entre 18 y 34 años) es a Podemos el que en mayor proporción señala haber dado su voto en las elecciones generales de diciembre pasado (36%), después a Ciudadanos (26%), PSOE (18%), IU-UP (13%) y es al PP (11%) al que menos jóvenes habrían votado. Si nos detenemos en los que tienen 65 y más años, el PP tendría al 41% de sus votantes en esas edades, el 28% el PSOE, el 13 % C´s, y el 10 % tanto IU-PP como Podemos. Luego es innegable que Podemos y Ciudadanos y por este orden, tienen en sus filas al electorado más joven y el PP y el PSOE, también por este orden, el de más edad. Aunque si nos detenemos en las edades intermedias (35 a 64 años) las diferencias no son tan evidentes lo que amortigua en parte el efecto edad a la hora de dirimir el resultado electoral. Por ejemplo, en esas edades intermedias IU-PP tiene más electores que las otras cuatro formaciones retenidas y, ojo al dato pues en esa franja de edad se concentra el 55% de voto, Podemos supera por 5 puntos porcentuales al PP, está igualado al PSOE, pero recoge menos votos que Ciudadanos. Luego, repito, el factor edad, todas las franjas de edad consideradas, puede no ser tan importante como se dice a menudo, aun siéndolo indudablemente entre los más jóvenes y los de más de 65 años.

Tamaño de la población. El PP destaca por tener muchos votos en localidades de menos de 2000 y bastantes menos en las de más de un millón, siguiendo en el resto de localidades la media de su presencia global. Luego no cabe decir que su voto sea mayoritariamente rural. Es urbano con la excepción de las ciudades de más de un millón de habitantes. El PSOE se reparte prácticamente por igual con la excepción de una mayor presencia en localidades entre 400.000 y un millón de habitantes donde su presencia es notoriamente superior. No hay diferencias significativas en la presencia de Podemos según el tamaño poblacional. Señalar quizás una menor presencia en las localidades de más de 400.000 y de más de un millón de habitantes. Es lo contrario de lo que sucede con C´s que, también se reparte de forma bastante uniforme, pero con menor presencia en las localidades de menos de 10.000 habitantes.  Algo similar, e incluso acentuado, sucede con IU-UP: menor presencia en localidades de menos de 10.000 habitantes y mayor en las de más de 400.000 y más de un millón. En definitiva, todas las formaciones políticas se reparten con mayor o menor uniformidad en toda la geografía española a tenor del tamaño poblacional. No se puede decir, por ejemplo, que el PP es partido rural y Podemos urbano. Cabe sin embargo apuntar que los partidos más urbanos son IU-UP y C´s y quien de forma más uniforme se reparte es el PSOE. De todas formas la variable “tamaño del hábitat”, como la denomina el CIS, es poco discriminante del voto a los partidos políticos.

Respecto del nivel de estudios. El 36 % de los votantes al PP declara no tener estudios o solamente primarios. Esta cifra es del 35% entre los votantes al PSOE, del 14 % a IU-UP, 11 % a Podemos y 10 % a C´s. Con estudios superiores encontramos al 38% de los votantes a IU-UP, 36% a C´s, 26% a Podemos, 18 % al PP y 16 % al PSOE. Dos comentarios. El primero y fundamental: los datos anteriores se explican en gran medida por la edad de los votantes a los diferentes partidos. Los de más edad han tenido menos posibilidades educativas. Para establecer una correlación sociológicamente válida y no caer en el error de la mera correlación estadística habría que neutralizar la variable edad. El segundo es para significar que no es entre los votantes de Podemos donde entramos el nivel medio educativo más elevado sino en C´s y en IU-UP. 

Respecto del estatus socioeconómico controlado por el CIS mediante la clase social a la que cada encuestado se asigna (clase social subjetiva), llegamos a unos resultados que pueden sorprender a quienes no estén habituados a desentrañar encuestas sociológicas. El 29% de los votantes a C¨s se posicionan en la clase social alta o medio-alta, dato este que no sorprenderá a nadie. Pero sí, y a no pocos, que entre votantes de IU-UP la cifra apenas desciende al 27% y que entre los de Podemos se sitúe, casi a la par, en un 26%. Entre los votantes del PP la cifra está en el 19% y entre los del PSOE en el 15%. Si ahora leemos el otro extremo de la escala que el CIS denomina como “Obreros no cualificados” siguen las, “a priori” sorpresas. Si bien la cifra más baja la encontramos, claramente, entre los votantes a C´s, 6,1 %, sorprenderá a algunos que a continuación se sitúen como “Obreros no cualificados” similares porcentajes de votantes al PP, 11%, al IU-UP, 13%, y a Podemos, 15%, destacando claramente al alza, el PSOE, 21%. En consecuencia, los votantes a Ciudadanos son claramente quienes se posicionan en la parte más alta del estatus socioeconómico y, también claramente, los votantes al PSOE en la parta más baja. Por el contrario, la clase social, el estatus socioeconómico, es bastante similar entre los votantes al PP, a Podemos y a IU-UP. Por lo que la clase social no es particularmente discriminante salvo en el PSOE (a la baja) y en C´s (al alza). Otra vez el factor edad puede ser, quizás, antecedente entre PSOE y C´s pero queda diluido en la comparación entre PP, Podemos e IU-UP. Hay que buscar en otro lado para encontrar variables realmente discriminantes. Serán las variables cualitativas.

Su situación económica. La consideran, en la actualidad, muy buena o buena, el 42 % de votantes al PP y a C´s, el 38 % de los votantes a IU-UP, 33% a Podemos y, de nuevo farolillo rojo en su estatus socioeconómico los votantes al PSOE, 25%. Los porcentajes que ven su actual situación económica mala o muy mala son estos: el 28% de los votantes a Podemos, 22% al PSOE, 17% a IU-UP y 13% tanto a C´s como al PP. En resumen, los votantes al PP y a C´s son quienes, en la actualidad, tendrían la mejor situación económica y la peor los de Podemos y, todavía peor, cerrando la escala, los del PSOE, quedando en una posición intermedia los votantes a IU-UP. Ahora bien, preguntados cómo ven su posición económica dentro de un año, si mejor, igual o peor, destacan de nuevo claramente al alza, a mejor, lo votantes a C´s, 25% pero, pisándoles los talones, el 22 % de los votantes a Podemos distanciados de los votantes al PP, al PSOE y a IU que solamente un 15% de entre ellos ver el futuro en positivo. Para ser completos, añadamos que en negativo, creen que su situación económica ira a peor el año próximo, encontramos, de mayor a menor, proporción a los votantes a Podemos, 13%, al PSOE, 11%, 8% IU-UP, 7% PP y 6% C´s. Los lectores acostumbrados a cifras se habrán dado cuenta, a) que, en cualquier formación política, la mayoría entiende que su situación económica será igual el año próximo que el actual y b) que son, notoriamente más, también en cualquier formación política, quienes ven mejor que peor su situación económica el año próximo.  Dato de lo más válido pues refleja cómo ven su situación económica los propios ciudadanos, dato pero que no veo reflejado en los medios, tertulianos etc. ¿Por qué es positivo? Sospecho que sí.

Situación laboral. Según la encuesta del CIS, la distribución laboral para el conjunto de españoles sería esta: 43% trabajan, 26% jubilados o pensionistas (el 23% habían trabajado antes), 18% en paro (de los que el 1% buscando el primer empleo), 5% son estudiantes y el 7% con un trabajo doméstico no remunerado. Nos detenemos seguidamente, distinguiendo los votantes de las cinco formaciones retenidas en este texto, en el perfil sociológico de los parados y en el de los que trabajan.

Perfil de los parados. Dos cuestiones abordamos. Por un lado, el porcentaje de parados en cada formación política y, por el otro, su estimación de la probabilidad de que encuentren trabajo los próximos doce meses. Del total personas que se posicionan como parados en la encuesta, en comparación con el peso de sus preferencias políticas, el PSOE y Podemos, tienen más parados que votantes, comparativamente hablando, Así el 23 % del total de parados en España se sitúa en el PSOE cuando solamente el 18% manifiestan su voto o su simpatía por el PSOE. Lo mismo sucede con Podemos: el 14 de los parados estarían en Podemos cuando la suma de su voto y simpatía, no llega ni al 10% en la encuesta del CIS. La situación es inversa en el PP donde habría menos parados que votantes: 13 % de parados se reclaman del PP cuando el 19% le votan o manifiestan simpatía. En fin, Ciudadanos (13% y 13%) e IU-UP (5% y 6%) tienen un porcentaje similar de parados al de las preferencias de voto de los españoles.

Estos datos son más fiables que los que medirían la proporción de parados que habría en cada formación política pues, aquí también, la variable edad sería antecedente particularmente en el caso del PP y, aunque en menor medida, también en el PSOE. Además en ambas formaciones llegamos al 50 % de personas con trabajo doméstico no remunerado. Porcentaje que se sitúa en más del 75 % si nos limitamos solamente al voto expresado en la encuesta pues el 23 % de quienes no indican voto alguno se posicionan como trabajadores domésticos no remunerado. En otras palabras, más de tres de cada cuatro mujeres, que otrora se les denominada como “amas de casa”, votarían al PP, o al PSOE. 

¿Salir del paro? Casi uno de cada dos parados de C´s (48%) tienen la esperanza de encontrar trabajo los próximos doce meses, 34% los parados de Podemos, 33% del PP, 30% del PSOE y 27% IU-UP.

¿Perder el trabajo? Entre los que tienen un trabajo, el 19% de los votantes a IU estiman muy o bastante probable que puedan perder su trabajo los próximos doce meses, proporción que es del 15% entre los votantes al PSOE y a Podemos, del 11% al PP y del 9% a Ciudadanos. Del conjunto de datos es claro que son los votantes de Ciudadanos quienes, mirando al presente y al futuro, presentan la mejor situación laboral. En los demás partidos las diferencias no son muy grandes. Cabe situar en ligera mejor situación laboral a los votantes al PP, a continuación prácticamente igualados Podemos e IU-UP y, en la situación más desfavorable, a los votantes al PSOE.  

Resumen de datos sociodemográficos. El factor edad es clave en varios supuestos. En sí mismo considerado lo es en las franjas extremas: más jóvenes (18-34 años) en Podemos y, aunque en menor medida, también en Ciudadanos, y personas de más de 65 años en el PP y en PSOE. Lo de partidos nuevos y viejos se corresponde con las diferencias de edad en las franjas extremas: jóvenes y muy mayores. Pero se difumina en las personas de edad media (35 a 64 años) donde se concentra más del 55% del potencial electorado que es también, sospecho, el que acude en mayor grado a votar. Pero además la edad es muy importante, antecedente, prioritaria, a la hora de entender los diferentes “niveles de formación” de los perfiles de los cinco partidos políticos que analizamos en este texto. Como lo es también, al menos en parte, para entender los perfiles económicos, laborales e, incluso de clase social auto-asignada.

La clase social, en la que se posiciona cada persona, es particularmente discriminante en el PSOE (a la baja) y en C´s (al alza) pero queda diluido en la comparación entre PP, Podemos e IU-UP.

El mayor nivel de formación no lo encontramos en el electorado de Podemos sino en el de C´s y, teniendo en cuenta su estructura etaria aún más elevado en el de IU-UP. Los votantes a Ciudadanos son los que presentan la mejor situación socio-laboral: mejor situación económica, presente y futura; menor tasa de parados y, entre los que están en paro, la mayor esperanza de encontrar un puesto de trabajo los próximos doce meses; así mismo entre quienes tienen trabajo la menor probabilidad de perderlo el año próximo. En el extremo opuesto y con el conjunto de datos considerados son los votantes al PSOE quienes tienen una situación vital más complicada: la peor situación económica; mayor tasa de parados y con malas perspectivas de salir de él. La comparativa entre PP, IU y Podemos no es sencilla a establecer en gran parte, lo repito, por la diferencia en la distribución etaria: Mucha gente de edad muy avanzada en el PP (y en trabajo doméstico no remunerado) y más gente joven en Podemos y, aunque en menor medida, también en IU-UP.

 

B). La dimensión cualitativa

 

Preguntados si se sienten felices en la vida, en contra de la idea machaconamente repetida de que la gente lo estaría pasado muy mal, los datos muestran lo contrario: en una escala donde 0 sería considerarse completamente infeliz y 10 completamente feliz, el conjunto de la población española se posiciona en el punto 7,34. En el sistema educativo diríamos que Notable y las diferencias entre formaciones las políticas,  júzguelas el lector. Son estas: C´s, 7,62; PP, 7,50; IU-UP, 7,23; PSOE 7,18; Podemos 7,16. Evidentemente la media, como es bien sabido, oculta muchos datos. Particularmente los extremos. Si en la escala anterior sumamos los porcentajes de los que se dicen “infelices” en todos los grados posibles (“0”, completamente infelices, hasta “4”, siendo “5” la posición de “ni felices ni infelices”), llegamos estos resultados: el 5% de la población española en su conjunto se diría “infeliz”. Según los cinco partidos políticos que hemos retenido para este trabajo estas son las cifras: en los votantes a Podemos en encontramos la mayor proporción de quienes se dicen o sienten infelices (8%), entre los votantes al PSOE el 6%, a IU-UP, 4% y, con la menor proporción de votantes claramente infelices los del PP y los de C´s (3%).

Estos datos nos abren ya la segunda parte de este texto: el perfil sociológico de los votantes a las cinco formaciones políticas atendiendo esta vez a indicadores de preferencias, de valores, de ideologías etc. La dimensión cualitativa, en suma.

Las preferencias políticas y los rechazos a los partidos. Según la encuesta del barómetro del CIS de Abril de 2016, las intenciones de voto (voto indicado, más simpatía a la formación política) arrojaría estos resultados: 19% de votos al PP, 18% al PSOE, 13 % a C´s, 10% a Podemos y 6% a IU-UP. Luego vendrá la “cocina” y las estimaciones del CIS.

Pero vamos a detenernos en el grado de rechazo a cada formación política. Se mide mediante la escala que pregunta sobre la probabilidad de votar a cada partido “con toda probabilidad lo votaría siempre”, puntuado como 10 y “con toda probabilidad no lo votaría nunca” puntuado como 0. Tomando como referencia los valores medios, constatamos que como tales valores medios no hay grandes diferencias. Son estos (téngase en cuenta que cuanto más bajo sea el número, mayor es el rechazo): Podemos, el que mayor valor medio de rechazo suscita, 2,26; después IU-UP, 2.40; el PP 2,65; C´s,2,72 y el menos rechazado el PSOE, 3,12.

Pero quizás sea más significativo (y a la hora de confeccionar coaliciones de gobierno, en la hipotética hipótesis de que se respetara la voluntad de los votantes) y limitándome esta vez al punto”0” (no les votarían nunca), los dos partidos que mayor rechazo suscitan son el PP y Podemos, seguidos, y por este orden, por IU-UP y C´s, siendo el PSOE la formación política que claramente menos rechazo provoca entre los votantes de los demás partidos políticos. Algunas cifras. El 87% de los votantes de Podemos “con toda probabilidad no votaría nunca” al PP, el 85% de los de IU, el 73% de los del PSOE y el 35% de los votantes de C´s. Por su parte el 85% de los votantes al PP nunca lo haría a Podemos, el 67% de los de C´s, 52% del PSOE y 29% de IU-UP. A estos últimos, IU-UP, no le votaría nunca el 75% de los votantes del PP, el 54% de los de C´s, 39% del PSOE y 21% de Podemos. A Ciudadanos no le votaría nunca el 57% de votantes de IU, 55% de Podemos, 39% de PSOE y 33% de PP. Por último, al PSOE no le votaría nunca algo más de la mitad de los votantes al PP, el 53%, el 37% de los de IU-UP, misma proporción entre los de Podemos y 35% en el electorado de C´s.

Parece claro que tendríamos como un frente anti PP conformado por una elevada mayoría de los votantes de Podemos, IU-UP y PSOE que nunca le votarían. Además algo más de un tercio de los votantes de C´s también señalan que no le votarían nunca. Lo que hace muy difícil que pueda formar gobierno si se mantienen las expectativas de voto que se muestra en la encuesta del CIS. Algo similar, aunque en menor grado sucede con Podemos. No solamente no le votaría la gran mayoría de los votantes al PP (que a veces olvidamos que es el partido más votado) sino tampoco casi tres de cada cuatro votantes a C¨s y, dato clave, algo más de la mitad de los votantes al PSOE. De ahí que solamente logre alianzas (y complicadas) con IU-UP. Pero dejemos aquí la cuestión de la gobernabilidad pues, con el panorama actual parece claro que hay que tener en cuenta las formaciones de ámbito autonómico lo que, a mi juicio, sería muy deseable si se quiere resolver (al menos por una generación) la cuestión territorial y la desmembración emocional de España. Pero aquí no podemos trabajar con los datos que nos ofrece esta encuesta del CIS pues los tamaños muestrales de los partidos o formaciones políticas de ámbito autonómico, PNV, ERC, CIU, EHBildu, las “Mareas”, CC, UPN, etc., etc., son muy pequeña y con elevados márgenes de error.

La variable religiosa. El 94 % de los votantes al PP se dicen católicos, el 80 % entre los votantes al PSOE, 74% a C´s, 45 % a IU-UP y 42 % a Podemos. Por el contrario solamente el 5% de los votantes al PP se posiciona como “no creyente” o ateo, 16% de los votantes al PSOE, 22% a C´s, y 51 % tanto en los votantes a Podemos como a IU-UP. Como habitualmente sucede no encontraremos un indicador tan discriminante como el factor religioso, sin embargo, habitualmente también, olvidado y relegado. Ahora bien, dicho esto, quiero subrayar que, en el caso de Podemos y de IU-UP, no sabría decir qué es más relevante: si el hecho de que sean más los que se dicen “no creyentes” o ateos que católicos, o subrayar que, en sus filas, hay más del 40 % que se dicen católicos. Es evidente que el voto católico se decanta mayoritariamente hacia la derecha política, pero encontramos un porcentaje importante de personas, jóvenes y no tan jóvenes, que se sienten e, incluso se dicen, “militantes” cristianos, en las filas de partidos y organismos de izquierda. En el PSOE, en IU-UP, como en Podemos. A veces en puestos de relevancia política.

La adjetivación política. La encuesta del CIS presenta una serie de 12 adjetivaciones políticas (conservador, liberal, socialista, comunista, nacionalista, apolítico etc…) y pide cada encuestado que escoja la que mejor le define. Traslado a continuación las adjetivaciones que, en cada formación política, ha sido señalada por más del 10% de sus votantes. En el PP el 43% se declara conservador, el 12% liberal y el 11% demócrata-cristiano. En el PSOE el 43% socialista y el 16% socialdemócrata. En IU-UP, el 22% comunista, el 18% socialista, 17% progresista y 13% liberal. En Podemos el 22% progresista, 14% liberal y 12 % socialista y el 10% socialdemócrata. En Ciudadanos el 23 % liberal, 15% progresista, 14 % socialdemócrata, mismo porcentaje como conservador. Obsérvese que el perfil político de los partidos “viejos” es más compacto y definido que el de los “nuevos”. Conservador el PP, socialista-socialdemócrata el PSOE y comunista-socialista IU-UP. La adjetivación de “liberal” está, con más del 10% de menciones, en todas las formaciones políticas, excepto en el PSOE en el que se apunta solamente el 6%. Obviamente no todos deben entender de la misma manera por el termino liberal. Es lo que explica, al menos parcialmente, algo que se me antoja llamativo y es que, aunque con porcentajes diferentes, Podemos y Ciudadanos coincidan en etiquetarse como progresistas, liberales y socialdemócratas. Manifiestamente, el perfil ideológico de los votantes a Podemos y a Ciudadanos es muy amplio y agrupa, en su seno, a personas con perfiles más diferenciados que en las formaciones políticas tradicionales, lo que explicaría su volatilidad. Volatilidad que, sospecho, que es no solamente actual, sino también futura, salvo descalabro total de los partidos tradicionales.

Escala izquierda (1) – derecha (10). En esta escala la media de los votantes al PP se sitúa en el punto 7,04, el más a la derecha de las cinco formaciones, e IU-UP con 2,96, el más a la izquierda. Entre los dos, C´s (5,48), PSOE (3,92) y Podemos (3.23). Quizás valga la pena resaltar que IU-UP se posiciona más a la izquierda que Podemos.

El cuestionario del CIS pregunta por el modelo territorial preferido para España con cinco posibilidades de repuesta: Estado sin autonomías, autonomías menos autónomas que en la actualidad, mantener la situación actual, autonomías con más autonomía y, por último, posibilidad de convertirse en estado independientes. Por comodidad de lectura agrupo los datos en dos resultados: proclives a más centralización (por el estado central, o por rebaja de autonomía en las actuales autonomías) o más descentralización (aumentar la capacidad de decisión en las actuales autonomías, o reconocimiento de la posibilidad de pasar de las actuales autonomías a estados independientes. Llegamos a estos resultadas: a la cabeza de desear mayor centralización el PP, 53% de votos, le siguen C´s, 49%, Podemos, 27%, IU-UP, 24% y PSOE, 23 %. Llegamos al mismo resultado si nos detenemos en los porcentajes de los que, por el contrario, apuestan por aumentar la descentralización con el 31% de los votos, tanto Podemos (de los que el 13% apuestan por la posibilidad de estados independientes, si así lo desean los ciudadanos) como IU-UP, y C´s con el 10%, y el PP 4%, los menos descentralizadores situándose el PSOE en el centro. El resultado global de los cinco grandes partidos de ámbito estatal es claro. IU-UP y Podemos aceptarían dar más capacidad de decisión a las autonomías aunque no son, en absoluto, partidarios de permitir la creación de estados independientes más que en un escaso porcentaje de sus votantes. El PP y C´s se inclinan por reducir la autonomía de las actuales comunidades autónomas. El PSOE se queda en una posición más centrada. De hecho sus votantes son, por diferencia, quienes en mayor porcentaje (51%) se inclinan por dejar las cosas como están, aunque, a la hora de inclinarse hacia un lado u otro, lo hacen hacia menor autonomía para las actuales comunidades autónomas. Es evidente que la apuesta por la creación de estados independientes (en Catalunya o en Euskadi) e, incluso, la eventualidad del mero planteamiento de su posibilidad, solamente es mantenido por las algunas fuerzas autonómicas. Apenas llega al 10 %, (y solamente en Podemos) el porcentaje de los partidos de ámbito estatal que les apoyarían en sus pretensiones. España es un país jacobino. Como decían en Bizkaia hace cincuenta años, “vasco sí, pero español”.

En resumen de los datos cualitativos digamos, de entrada, que, en contra de una idea muy extendida, la gran mayoría de los ciudadanos españoles están contentos con su vida y se dicen felices, aunque soy plenamente consciente de que, pese a la evidencia de los datos, esta afirmación será mayoritariamente rechazada. Vivimos en el constructo social de que solamente lo negativo es noticia reseñable, de que las cosas van mal e irán a peor. Sería estúpido negar que en España hay personas con serios problemas, que hay, se mida como se mida, altas tasas de paro insufriblemente superiores a las del entorno europeo circundante, etc., etc. Pero la cultura de la queja, de la denunciación constante, una especie de masoquismo colectivo se ha instalado en la sociedad española. Nunca olvidaré el disgusto de aquel alcalde cuando, tras una investigación sociológica, le indiqué que en el pueblo de al lado los jóvenes consumían más droga que en el suyo. ¡No es posible!, me espetó. En ningún pueblo de por aquí hay tanto problema con la droga como en este. En el suyo, claro.

La diferenciación izquierda-derecha sigue plenamente vigente. El recorrido va de 7,04 (“10” sería derecha total) hasta 2,96. Pero más importante a nuestro juicio es la fuerte descalificación que los votantes de unos partidos manifiestan hacia otros lo que produce algo que he denominado como, por un lado, el “frente anti PP” que lo avalan elevados porcentajes de votantes de Podemos, IU-U y PSOE, y por el otro, el “frente anti Podemos”, aquí con altos porcentajes de votantes del PP (que, guste o no, es el partido al que más españoles otorgan su voto), C´s y, algo más de uno de cada dos votantes del PSOE. Ciertamente la cultura de la tolerancia, del compromiso (palabra denostada), y del acuerdo entre diferentes está lejos de haberse instalado en la sociedad española.

Los partidos tradicionales, PP, PSOE e IU-UP, tiene un perfil más claro, nítido y definido que los de los emergentes, C´s y, especialmente, Podemos.

Todavía casi siete de cada diez españoles se dicen católicos. Claramente más los de edad avanzada y que voten al PP y, aunque en menor medida, también al PSOE. Incluso en Podemos y en IU-UP más del 40% de sus votantes se dicen católicos aunque, en sus filas, suman más los que se dicen “no creyentes” o ateos.

En fin, los partidos nacionalistas, no analizados en este trabajo por su escaso peso muestral, lo tendrán difícil para hacer valer sus propuestas en los partidos de ámbito estatal, particularmente entre los tradicionalmente mayoritarios, PP y PSOE. Y deben perder toda esperanza de que les apoyen en la hipótesis de que, tras los resultados de un no menos hipotético referéndum, la mayoría de vascos o catalanes apostaran por la creación de un estado independiente.

Breves notas finales. El PP, conservador, muy de derechas, con mucha gente de edad avanzada, centralista, clase media y media alta, con voto consolidado. El PSOE destaca por ser el partido más centrado en muchos indicadores. Esa es su fortaleza y su debilidad. Es el que tiene más votantes en situación de precariedad laboral. Lo contrario sucede en C´s, la formación política con menos personas en paro, con más recurso económicos etc. Partido urbano, jacobino, de derechas y con gente joven bien formada. En IU-UP personas de todas las edades, muchos con gran formación, muy de izquierdas y con más gente de clase media que trabajadora. Podemos tiene el perfil menos definido. Incluso en lo ideológico. Sospecho que sus líderes son más extremistas que muchos votantes: más indignados que propiamente revolucionarios, aunque la mayoría se dice de izquierdas. Gente de todas las edades aunque hay muchos jóvenes. Voto urbano.

Donostia San Sebastián, 16/05/16

Javier Elzo