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jueves, 15 de noviembre de 2018

¿Nacionalismo malo, patriotismo bueno?


Nacionalismo y patriotismo

Entre mis lecturas de este verano del 2018 traigo aquí a colación el libro de Josep Piqué, “El mundo que nos viene”. (Ediciones Deusto, 2018, 254 páginas). Ya había leído con interés su anterior libro “Cambio de era”, interés que se mantiene en el presente libro. Ya sabemos de qué pie cojea Piqué, pero su información es enorme y, al menos en mi caso, me hace reflexionar sobre cuestiones alejadas de mis conocimientos y centros de interés, como el peso de la geografía y la historia en la política internacional y la importancia fundamental de los ejércitos. Algunos estudiosos se preguntan si nos convertiremos, tras el suicidio de una Europa estúpidamente dividida, en poco más que parque temático cultural, como Egipto, sus pirámides, faraones y templos.

De la página 26 del libro de Piqué, transcribo este párrafo: Estamos volviendo a un “mundo de intereses y percepciones individuales (el retorno de la microeconomía, p, ej.) o de minorías culturales en un mundo cada vez más global y con creciente importancia de lo colectivo, especialmente en la provisión de bienes públicos, como la seguridad, el medio ambiente o la salud global. Este sentimiento de autodefensa se manifiesta en la reivindicación de lo propio frente a lo ajeno de los diferentes tipos de nacionalismos, algo distinto del patriotismo asociado a la defensa y aprecio de lo propio, una emoción que no contrapone nada a lo que pueden sentir y defender los otros”.

Personalmente aceptaría su texto, solamente poniendo nacionalismo donde él pone patriotismo. De hecho, me ha costado ver la diferencia que hay entre ambos términos: nación y patria. No acabo de ver la distinción entre algo “dado” (la nación) y un sentimiento (la patria). No voy a entrar en distingos de los politólogos y expertos en ciencia política, que les mantiene, a ellos también, enfrentados.

Según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, el nacionalismo tendría estas dos acepciones: 1. “Sentimiento fervoroso de pertenencia a una nación y de identificación con su realidad y con su historia” y, 2 “ideología de un pueblo que, afirmando su naturaleza de nación, aspira a constituirse como Estado”. Mientras que define el patriotismo como “amor a la patria”, y “sentimiento y conducta propios del patriota”.

Como se ve hay un baile de palabras entre nación y patria. Si vuelven a consultar el diccionario de la RAE, no saldrán de dudas. Por nación, entienden, en primera acepción, “el conjunto de los habitantes de un país regido por el mismo gobierno”. También el “conjunto de personas de un mismo origen y que generalmente hablan un mismo idioma y tienen una tradición común”, mientras que definen patria como la “tierra natal o adoptiva ordenada como nación a la que siente ligado el ser humano por vínculos jurídicos, históricos y afectivos”. A mí, no me aclara nada.

Pero el patriotismo, generalmente, tiene buena fama. No así el nacionalismo que es visto como el peor de los males y, en la actualidad, uno de los principales causantes de la crisis política en la que vive Occidente en general y Europa más en particular. Es cuestión de palabras, se dirá, pero, cuando se lleva el nombre de Partido Nacionalista Vasco o de donde sea, o cuando uno se dice nacionalista, aun moderado, como quien firma, hay que colocarse a la defensiva, como teniendo que defender sus propias convicciones. Porque la crítica al nacionalista (partido o persona) es virulenta, al par que se magnifica al patriota o al patriotismo. He aquí unos pocos ejemplos, en los que excluyo, intencionalmente, a políticos españoles en activo para no cortocircuitar, de entrada, la lectura.
El filósofo Jürgen Habermas, quien acuñara en 1986 el concepto político de “patriotismo constitucional”, a la pregunta de si se considera un patriota, contestó así: “Me siento patriota de un país que, por fin, tras la Segunda Guerra Mundial, dio a luz una democracia estable, y a lo largo de las subsiguientes décadas de polarización política, una cultura política liberal. No acabo de decidirme a declararlo y, de hecho, es la primera vez que lo hago, pero en este sentido sí, soy un patriota alemán, además de un producto de la cultura alemana”. (El País Semanal 06/05/18). Seguro que les suena las vueltas que dio en España (donde, por cierto, dio a luz el término Habermas) el “patriotismo constitucional” en contraposición al peleón nacionalismo vasco  
Al político francés Jean-Pierre Chevènement, fundador del partido Movimiento Republicano y Ciudadano, varias veces ministro en Francia, se le formuló esta pregunta: “Usted se define con frecuencia como patriota. ¿Qué diferencia hace Usted entre el patriotismo y la defensa de la identidad nacional -a menudo religiosa- de Francia?”. Esto respondió Chevènement: “El patriotismo se opone al nacionalismo. La identidad puede ser concebida como una máquina de guerra contra el extranjero cuando se evoca desde una posición cerrada. Y yo preconizo una visión abierta de la identidad, en perpetua recomposición, que tolera perfectamente la aportación de las demás culturas, pero a condición de que la cultura francesa se mantenga como la cultura estructurante”. (“Le Monde des religions”, septiembre - octubre de 2018. El subrayado es mío)
En la respuesta de Chevènement no veo en qué el patriotismo se opone al nacionalismo, más allá de afirmarlo. Pero, su perspectiva de una identidad en plena recomposición tiene un más que evidente sabor supremacista: ¡la culture francaise d´abord!. ¿Se imagina alguien qué se diría de un patriotismo vasco (desterrado, obviamente, el nacionalismo) en el que se pretendiera que la cultura vasca, aunque acogiera a brazos abiertos las aportaciones de otras culturas, a condición de que fuera la cultura vasca la que la estructurase?
En fin, para los nacionalistas y católicos, traigo aquí unas declaraciones del cardenal Reinhard Marx, presidente de la Conferencia Episcopal alemana y uno de los hombres de máxima confianza del Papa Francisco: "El patriotismo es bueno, pero el nacionalismo no es católico". Lo declaró en un momento en el que la ultraderecha alemana tomó las calles de la ciudad de Chemnitz para reclamar un fin a la inmigración islámica, añadiendo que "el nacionalismo es una de las mayores causas de guerra". Y concluyó afirmando que "la Iglesia nunca debe cesar de hacer algo por la unidad de Europa". (Religión Digital 06/09/2018). Según el cardenal Marx, ¿hay algo peor, más maligno, que el nacionalismo? ¿Será el nacionalismo el Satanás del siglo XXI, como otros lo dicen del capitalismo?

No quiero concluir diciendo que hay nacionalismo malo y nacionalismo bueno, que lo hay, porque también hay patriotismo bueno y malo. O, ¿es que Franco y Hitler no eran patriotas? Y recuerden aquello de “A Dios, por la Patria y el Rey lucharon nuestros padres; a Dios, por la Patria y el Rey lucharemos nosotros también”. ¿Por qué Dios, qué Patria y qué Rey lucharon nuestros padres, abuelos, bisabuelos…?


Publicado el 03/11/18 en DEIA y el 04/11/18 en Noticias de Gipuzkoa

Nacionalistas y patriotas en la Primera Guerra Mundial

En el discurso que el Presidente Macron ha pronunciado el 11 de noviembre en el Arco del Triunfo de Paris, en el centenario del Armisticio de la Primera Guerra Mundial, ante 70 jefes de estado y de gobierno, entre otras, ha pronunciado las siguientes palabras.

“¡El recuerdo de los sacrificios de nuestros soldados nos exhorta a ser dignos de aquellos que han muerto por nosotros, para que podamos vivir libres! Recordemos: No sustraigamos nada de lo que era pureza, ideal, principios superiores en el patriotismo de nuestros mayores. Esta visión de Francia como una nación generosa, de Francia como un proyecto, de Francia portadora de valores universales, fue en esas horas oscuras exactamente lo opuesto al egoísmo de un pueblo que solo ve sus intereses. Porque el patriotismo es exactamente lo opuesto al nacionalismo: el nacionalismo es traición. ¡Al decir "nuestros intereses primero y qué importan los demás! borramos lo que una nación tiene más preciado, lo que la hace vivir, lo que la hace grande, que es lo más importante: sus valores morales”.

Yo me pregunto por qué valores lucharon los soldados alemanes. ¿Es que no lucharon también los alemanes para que sus compatriotas pudieran vivir libres? ¿No se pelearon, durante siglos, alemanes y franceses por la soberanía de Alsacia y Lorena? ¿En qué se diferenciaban los valores morales de los soldados franceses de los valores de los alemanes que se masacraron durante diez meses en Verdún? O, quizá, ¿serían los alemanes nacionalistas y patriotas los franceses?  

Publicado el 13/11/18 en DEIA y en Noticias de Gipuzkoa

lunes, 8 de octubre de 2018

“Sabemos ganar las guerras, pero no la paz” General Pierre de Villiers



“Sabemos ganar las guerras, pero no la paz” General Pierre de Villiers
El sábado 6 de octubre asistí, en el marco de “Le Monde Festival”, en París a una entrevista y dos mesas redondas, sumamente interesantes. Dejo, quizá, para otro momento, las notas que guardo de las dos mesas redondas: una sobre el retorno del anticapitalismo y la otra sobre las ventajas y los riesgos de la Inteligencia Artificial y del mundo digital.

Traigo hoy aquí unas notas que tomé en la entrevista de una periodista de “Le Monde” a Pierre de Villiers, Jefe del Estado Mayor del Ejército de Francia, que dimitió en julio de 2017, por la decisión del gobierno de reducir los recursos financieros al Ejercito.

Algunas ideas anotadas de Pierre de Villiers

. En nuestra sociedad se da una falta de sinceridad y de fraternidad. Eso puede encontrar un joven en el Ejercito, que es como una gran familia
. Hay una “obediencia de amistad” entre los jefes y los subordinados
. Son 30.000 los jóvenes que hoy en el ejército “nos defienden”. Los principales problemas: la seguridad y la inmigración descontrolada
. Hoy el ejército debe intervenir en un espacio cada vez más amplio, mientras que el tiempo para tomar decisiones es cada vez menor. Pero la rapidez en la toma de decisiones es crucial para vencer al enemigo.
. Nuestra sociedad es individualista. Se observa también en el ejército. Antes (hace cinco o seis años) cuando los soldados volvían de una misión iban juntos a la cantina a beber algo. Ahora cada uno se va a su ordenador.
. El ejército es una oportunidad para rehacer (“redresser”) un joven desestructurado en la vida civil.
. Debe de instaurarse en el ejército (como debe ser en la sociedad civil) una remuneración económica acorde al compromiso y resultados. Es la meritocracia, también en el ejército.
. ¿Cómo limitar la barbarie de la guerra? La barbarie terrorista es el objetivo que debemos derrotar, no el medio para lograrlo.
. El objetivo debe ser la paz. Hoy se ganan batallas, pero no se obtiene la paz. Sabemos ganar batallas, pero no como lograr la paz. Hoy vivimos con desinhibición ante el terrorismo islamista. (Estoy en lectura del libro de Jean Birnbaum – director de “Le Monde des libres”, un hombre de izquierdas, titulado “La Religion des faibles”, Seuil 2018, que defiende una tesis similar)
. Solamente la fuerza es capaz de hacer recular la violencia. Pero, remacha esta idea: antes de comprometerse en una guerra, en una batalla militar, es preciso saber qué vamos a hacer después de derrotar al enemigo. Lo que exige distinguir la táctica (cómo) de la estrategia (para qué).
.  Preguntado sobre el “me-too” en el ejército, balbucea un poco. Dice que, hay un techo de cristal para las mujeres para llegar a la cúspide del poder (apunta levemente a la maternidad) y que las relaciones chicos /chicas en un ambiente gran crispación, sobre todo cuando hay acciones fuertes, son muy complicadas.
. Preguntado sobre si cabe volver a la “mili universal” responde que es muy difícil para bien encuadrar a 800.000 jóvenes: por problemas de dinero, de alojamiento y de mandos preparados.
. Distingue el manager de una empresa que busca la “performance”, de un jefe (un “chef”), que busca además de la victoria, el honor, la pasión por la patria y su defensa.
. Una frase: “la ética es la estética del corazón”

Mi impresión.

El general de Villiers ama el ejército y, más que probablemente, lo edulcora: el ejército es una gran familia, rehace al joven, inserta socialmente al problemático, se vive “la obediencia de la amistad” etc., etc. Pero tiene un discurso bien construido que vale pena escuchar. Josep Piqué en su libro “El mundo que nos viene” (Deusto, 2018), cuya lectura tengo muy avanzada, insiste en la importancia de los ejércitos en la geopolítica planetaria. De Villiers no abunda en esos temas (porque la entrevistadora tampoco se lo planteó) pero da una imagen, para mi desconocida, del mundo interno del ejército y, sobre todo, de la misión que tiene en su país, según el que fuera el jefe de su mando supremo.

sábado, 15 de julio de 2017

“Regreso a Berlín”. Mucho más que una gran novela

“Regreso a Berlín”. Mucho más que una gran novela
Los sábados suelo leer los suplementos literarios de ABC, El País y La Vanguardia. Los jueves el de “Le Monde”. También los de algunas revistas especializadas. Llegado ya a una edad avanzada, con ya poco tiempo por delante, y con fuerte apetito de lectura, la selección se impone. De ahí mi creciente interés por los suplementos literarios. Con los años acabas conociendo a los críticos y te fías más de unos que de otros. Aunque te puedes llevar chascos. Personalmente, desde hace años, particularmente en las novelas, si a la página 30 no estoy enganchado, irremisiblemente dejo el libro. Aunque también me suele suceder que lo deje a la mitad, arrastrado por una buena entrada y por la ilusión de que se trate de una flojera narrativa pasajera. Aunque también lo puedo dejar por alguna otra razón que indicaré más adelante. Todo esto para decirles que el libro que va a ocupar este artículo de hoy lo compré tras leer una crítica elogiosísima de Guelbenzu (El País 17/04/17) que corroboré, como hago habitualmente, con la lectura de otras recensiones en Internet.

El libro lleva por título “Regreso a Berlin”, su autora es Verna B. Carleton, está editado por Periférica & Errata Naturae, 2017. 408 páginas. 21,50 euros. El original se editó, el año 1959 y ahora vuelve a ser reeditado y traducido. La autora, periodista, hija de un alemán casado con una inglesa, animó y acompañó, el año 1957, a una amiga exiliada del nazismo a realizar un viaje a Alemania a reencontrar su familia y sus amistades en su país pos-Hitler. Para ambas era volver a sus orígenes. La novela, con nombres y personajes ficticios, viene a narrar esa experiencia. Pero me lleva a traerla aquí, no solamente porque es una excelente novela (no de las de leer en la playa), sino por porque aborda cuestiones que, a la postre, solamente la buena literatura puede tratar con la hondura y penetración que ningún ensayo, por muy documentado que esté, puede lograr. Pero, atención, no estamos ante una novela de las de leer en la playa o en el autobús. Si son capaces de llegar al final, sepan que, en algunos momentos, tendrán que agarrarse al sillón y, de vez en cuando, levantar la vista del libro, darse una vuelta por su casa y tomarse un trago. Y pensar. Lo que es un lujo que, a la postre, agradecerán.

La trama. Eric, que vive en EEUU, es un alemán, de familia judía muy acomodada y de alto nivel cultural, que tuvo que escapar del nazismo. Se casa con una británica y acompañada por una periodista (como en la realidad) viaja a la Alemania que dejó. Eric se siente antinazi compulso hasta el punto de no querer expresarse en alemán y hacerlo siempre en inglés. Descubre Eric la Alemania derruida, que tan bien describe Rossellini en “Alemania año cero”. En el primer y extraordinario encuentro familiar, se topa con una tía suya, Rosie, casada con un alto miembro nazi, que nada hizo, según cree Eric, por salvar a su padre, que, efectivamente murió en una cárcel nazi. Tiene razón Guelbenzu cuando escribe en su recensión que “en las siguientes 20 páginas llega una escena portentosa, soberbia, un increíble cambio dramático”, y que “hará de la tía Rosie el personaje más memorable de la novela”. Son cinco páginas que no entran en este artículo. http://javierelzo.blogspot.com.es/2017/07/el-intento-de-suicidio-de-rosie-en-la.html. Como personas individuales creo que tiene razón Guelbenzu, pero, a mi juicio, el personaje más memorable de la novela es la gente de Berlín, la vida en Berlín. El personaje central de la novela es Berlín, Berlín doce años después de la caída del Reich donde han de convivir los alemanes, separados por los sectores oriental y occidental, antes de la construcción del muro, donde han de convivir todos los alemanes, estuvieran donde dónde estuviesen en el periodo nazi. Pero, la fractura central, la que perdura doce años después de la caída de Hitler, no será tanto qué hicieron durante el nazismo, sino donde están en ese momento, en 1957, en el lado oriental o en el occidental. Las descripciones de los pasos, más o menos vivibles de una zona a la otra, en Postdamer Platz y en el Zoo, son extraordinarias.

No es una novela de buenos y malos, aunque no se oculte en absoluto la maldad del régimen nazi. Tampoco, en primera lectura, con quienes se alinearon durante el nazismo unos y otros. Así la agudeza y sensibilidad de la autora es tal que descubrimos, en los “buenos” como Eric, que hubo de huir del nazismo, cobardías que supusieron que otros cayeran en manos de la Gestapo; y en otros, en los “malos” como un alto miembro del nazismo, el marido de Rosie, por ejemplo, reconocer su tremendo error y antes de suicidarse ayudar a los judíos que pudo en su propia casa. Es la complejidad humana en el seno de una población, llevada a una situación límite por unos pocos demagogos. También descubrimos la vergüenza sin fin de quien delató a una vecina al nazismo, por judía, y que, como nos dice Jonathan Littel en “Las Benévolas” (la mejor novela que he leído en lo que llevamos de siglo, todavía más dura que la que ahora aquí comento, éxito editorial en Francia y que en España pasó sin pena ni gloria) la perseguirá hasta el final de sus días.

Quiero detenerme en dos cuestiones que aparecen en un momento extraordinario de la novela. Cuando entierran al marido de Rosie, alto dignatario nazi que se suicidó, Rosie decide suicidarse, a su vez. Al final no lo hace, pero el relato de lo sucedido es memorable. Tanto que lo he subido a mi blog. Son cinco páginas que no entran en este artículo. Pero de ellas he retenido dos temas que traslado brevemente: el fracaso de los cristianos en el nazismo, y la situación de los alemanes nazis el año 1957.

Fracaso y vergüenza de los cristianos. “Sí Alemania se hubiera guiado por sus principios cristianos habría sido imposible encontrar gente para dirigir los campos de concentración, para ejecutar asesinatos en masa, para destruir la mayor parte de Europa…. y a sí mismos”. (….) “Nosotros, los cristianos, somos responsables de lo que ocurrió, porque el régimen nazi constituyó el mayor fracaso de la historia de la cristiandad – exclamó Sosie, alzando una voz furiosa -. Si los líderes de la Iglesia se hubieran alzado heroicamente a la primera amenaza, si la Iglesia Católica en la que nació Hitler lo hubiera excomulgado y desafiado a su régimen desde el primer día, entonces los alemanes podrían haber salvado sus almas. Hoy es demasiado tarde. Todo alemán adulto debe asumir su culpa.  Solo los muy jóvenes pueden levantar la cabeza sin vergüenza”.

¿Dónde estaban los nazis el año 1957? “¿Quería Eric la verdad? Entonces debía escuchar lo peor. Habían hecho faltan millares (cientos de millares, según algunos), para formar los SS y las SA, para dirigir los campos de concentración y todas las fuerzas de represión en los países ocupados. Y eso, si hablábamos solo de nazis fanáticos, no de la gente inocente que se vio arrastrada”. (…)

“¿Dónde se imagina el mundo entero que se han ido esos fanáticos?  -  inquirió Rosie -.  No se han esfumado. Se hallan en toda Alemania, en ambas zonas, trabajando pacíficamente sin la menor sensación de culpa por lo que hicieron en el pasado. Te dirán que sólo obedecían órdenes de sus superiores. Es gente sin rastro de conciencia ni de alma, gente que puede encender el gas que asesina a millones de personas y después decir: “Estás manos no son mías. Soy una herramienta. Un cero”, y un cero no puede sentir culpa, ¿no es así?” (…)

Es claro - exclamó Käthe -. La gente de fuera que siempre anda diciendo que el fascismo ha muerto en Alemania está loca de atar. Nosotros, los que vivimos aquí, nos vemos rodeados constantemente por terribles recordatorios de que el pasado no es el pasado. Sigue siendo el presente. (…) Nadie sería lo bastante imbécil como para revivir a los nazis en cuanto partido o fuerza política. Sin embargo, hay millones de personas en Alemania hoy en día que no pueden decirlo abiertamente, aunque en lo más profundo de su corazón recuerdan la época nazi como el periodo más fantástico. Solo sienten haber perdido la guerra, no haberla empezado”. Por favor, retengan esta última frase: muchos alemanes “recuerdan la época nazi como el periodo más fantástico. Solo sienten haber perdido la guerra, no haberla empezado”.


Recuerden, el libro se escribió en 1957. Hace sesenta años. En la actualidad, el nazismo sigue en pie. Y no solamente el nazismo hitleriano. Es el eterno retorno de los fascismos. De los totalitarismos. De las dictaduras. De izquierdas y de derechas. También entre nosotros

miércoles, 12 de julio de 2017

El intento de suicidio de Rosie, en la Alemania nazi

El intento de suicidio de Rosie, en la Alemania nazi

Rosie, es uno de los personajes clave de una extraordinaria novela, “Regreso a Berlín” escrita por Verna B. Carleton, sobre la que he escrito un artículo que me publican en algunos medios del Grupo Noticias el sábado 14 de julio de 2017, donde referencio esta entrada en mi blog

Rosie es la tía de Eric, el alemán que huyo del nazismo y vuelve a Alemania en 1957 a encontrarse con su pasado. Rosie estaba casada con Friedrich, un alto miembro del nazismo, aunque cuando se dio cuenta de lo que era, se suicidó. Tras sepultarlo, Rosie narra para los suyos, Eric, y la medio hermana de este, Käthe, así como a la mujer de Eric y a otra persona que le acompaña en el viaje (y que hace el papel de narradora), lo que hizo después de enterrar a su marido. Comienza diciendo, pensando en su marido, que “no hay mayor tragedia en la vida que resultar sospechoso en todos los bandos”. Y continua así la narración en las páginas 239- 246 del libro que reproduzco con unos pocos cortes.

“ Así pues, los dejó a todos allí en el cementerio tras rechazar los ofrecimientos de llevarla la casa; comenzó a caminar sola, su último paseo, en dirección a la casa de Charlottenburg donde había nacido. Aquella maravilla de mansión, quería mirarla por última vez, llevarse consigo a la eternidad algún recuerdo de una felicidad efímera, de la niñez ya oscurecida por el dolor adulto, de su hermana y de su hermano, ambos muertos; todo se había esfumado, su madre a quien adoraba, el padre odiado…

(….)

“Lo haré en algún parque desierto, por la noche, y cuando me encuentren por la mañana dirán que la viuda se ha matado de pena” se dijo al final, cuando desapareció el crepúsculo y la obscuridad se abatió sobre la ciudad. Llevaba en el bolso la misma pistola que Friedrich había usado para dispararse; se la habían dado aún con las huellas dactilares, por miedo a que albergase dudas. ¡Dudas! Como si no hubiera sabido lo cerca que se hallaba Friedrich del suicidio en las últimas semanas, ella, que había contemplado aterrorizada como el hombre al que una vez había amado se desintegraba ante sus ojos hasta convertirse en una criatura llorosa y asustada; usó su último reducto de dignidad para liberarse de las garras de unos hombres que, según acabó por comprender, resultaban ser unos criminales y no los salvadores de la patria.


Era de noche, hacía mucho frio, repitió, y ella iba en busca de algún parquecillo; pronto se extravió, las calles se le antojaban extrañas, parecían llevar a algún lugar sin fin. De repente, cuando la fatiga la aplastaba, vio una pequeña iglesia, con la puerta abierta. Entró para descansar un momento, ella, que no se había acercado a una iglesia desde el día de su boda. Sentada en uno de los bancos traseros, con una lucecita encendida sobre el altar, mientras lo único que se oía en medio de la oscuridad era su respiración, advirtió, con completa aceptación, que aquélla era la iglesia luterana de ladrillo rojo en la que la habían bautizado de pequeña, la Iglesia que distaba sólo una manzana de su casa de Charlottenburg; llevaba quizá horas caminando en círculos alrededor de la casa y algo la había llevado a aquel lugar. Estaba demasiado desfallecida para moverse. Se limitó a sentarse allí y perder toda noción del tiempo, de la ciudad exterior, de por qué había acudido allí en plena noche.

Y mientras estaba allí sentada ocurrió – dijo Rosie con voz queda -. La vida había acabado para mí. Estaba muerta. Y al momento siguiente levante la vista y, de repente, con un gran destello dorado y deslumbrante, la vida me inundó de nuevo, y con ella, la certeza de que no estaba sola, de que algo más fuerte que yo, más fuerte que la humanidad mortal, había extendido la mano para levantarme.

Sintió como toda la fe que sentía de pequeña volvía a ella, pero tan renovada y profunda que era como si se estuviese convirtiendo en otra persona, en una extraña dentro de su propia piel. En aquel momento de iluminación, de completa claridad, vio que Alemania había perdido la guerra, y supo que la esperaban el terror y el hambre, pero también que tenía que seguir viviendo, que Dios quería su vida por alguna razón y que si se confiaba en él por completo sería capaz de seguir, de hacer el bien y de salvarse a sí misma y los demás. Cuando, mucho más tarde, Rosie volvió por fin a casa, temió que aquel destello interior desapareciera, que al llegar la mañana todo fuera de nuevo gris y absurdo.

Pero nunca se fue-  dijo en voz queda. Me ha protegido todo el tiempo.  Trajo de regresa a Käthe (la medio hermana de Eric que había huido a Paris). Y no es un accidente que tú, Eric, a pesar de haber afirmado que no volverías, hayas vuelto. Yo sabía que lo harías.
Ojalá Alemania - dijo Eric tras un momento - contase con más cristianos como tú.  Entonces quizá las iglesias podrían haber detenido a Hitler desde el principio.  Pero lo cierto es…

Que fracasaron total y absolutamente, -  hijo mío -. Lo sé. Cuando viene el pastor Schaffman a tomar café conmigo, a veces nos sentamos aquí y no hablamos de otra cosa. Desde la guerra, la gente vuelve a agolparse en las iglesias y vota a los democristianos, para apaciguar el dolor de su corazón. Pero no profesan la religión más allá de los labios. Saben que fracasaron en la mayor crisis de Alemania.

Sí, prosiguió con la voz tensa por el desdén, si los alemanes poseyesen de verás algo de juicio moral sano, algo de gentileza o compasión, ¿habrían seguido a un líder que solo predicaba odio?. Sí Alemania se hubiera guiado por sus principios cristianos habría sido imposible encontrar gente para dirigir los campos de concentración, para ejecutar asesinatos en masa, para destruir la mayor parte de Europa…. y a sí mismos.

Nosotros... Nosotros, los cristianos, somos responsables de lo que ocurrió, porque el régimen nazi constituyó el mayor fracaso de la historia de la cristiandad – exclamó Sosie, alzando una voz furiosa -. Si los líderes de la Iglesia se hubieran alzado heroicamente a la primera amenaza, si la Iglesia Católica en la que nació Hitler lo hubiera excomulgado y desafiado a su régimen desde el primer día, entonces los alemanes podrían haber salvado sus almas. Hoy es demasiado tarde. Todo alemán adulto debe asumir su culpa.  Solo los muy jóvenes pueden levantar la cabeza sin vergüenza.

¿Existía ese sentido profundo de culpa en los alemanes? se preguntó Eric a continuación. Era muy difícil de distinguir.

Mi querido muchacho, le replica Sosie, la gente que se siente culpable es como nosotros: almas decentes y honestas que lloran porque no pudieron impedir lo ocurrido, no porque ellos lo causaran.

¿Y de que servían la culpa y las lágrimas, preguntó, cuando la verdad era aún más terrible? ¿Quería Eric la verdad? Entonces debía escuchar lo peor. Habían hecho faltan millares (cientos de millares, según algunos), para formar los SS y las SA, para dirigir los campos de concentración y todas las fuerzas de represión en los países ocupados. Y eso, si hablábamos solo de nazis fanáticos, no de la gente inocente que se vio arrastrada.

¿Dónde se imagina el mundo entero que se han ido esos fanáticos?  -  inquirió -.  No se han esfumado. Se hallan en toda Alemania, en ambas zonas, trabajando pacíficamente sin la menor sensación de culpa por lo que hicieron en el pasado. Te dirán que sólo obedecían órdenes de sus superiores. Es gente sin rastro de conciencia ni de alma, gente que puede encender el gas que asesina a millones de personas y después decir: “Estás manos no son mías. Soy una herramienta. Un cero”, y un cero no puede sentir culpa, ¿no es así?

Eric sacudió la cabeza, cansado. Pero todos tenemos la culpa: los que hicieron esas cosas y el resto del mundo, que permitió que se perpetrasen crímenes así. Y míranos ahora. Todo el mundo habla de los “exnazis” como si le diese miedo ofenderlos.

Es claro - exclamó Käthe -. Porque ya no poseen un partido. No lo necesitan. Les conviene más seguir siendo nazis convencidos y trabajar en otros partidos como hacían al principio. La gente de fuera que siempre anda diciendo que el fascismo ha muerto en Alemania está loca de atar. Nosotros, los que vivimos aquí, nos vemos rodeados constantemente por terribles recordatorios de que el pasado no es el pasado. Sigue siendo el presente.

Lo sé, puedo sentirlo res, respondió Eric. (…..) No hace falta que me convenzáis - dijo con voz llena de cansancio y frialdad -. Yo soy el que va diciéndole a la gente que Alemania sigue saturada de nazis.

El nombre está muerto y enterrado, lo que viene a ser la etiqueta. Nadie sería lo bastante imbécil como para revivir a los nazis en cuanto partido o fuerza política. Sin embargo, hay millones de personas en Alemania hoy en día que no pueden decirlo abiertamente, aunque en lo más profundo de su corazón recuerdan la época nazi como el periodo más fantástico. Solo sienten haber perdido la guerra, no haberla empezado.

Käthe se detuvo para contemplar el rostro de Eric, el trémulo juego de llamas y sombras sobre la carne pálida.

Como ves-  concluyó por él -  las cosas son peores de lo que te imaginabas

No, - respondió-. Si servía de consuelo, y en aquella época uno tenía que encontrar consuelo en los hechos más variopintos, él había sabido a qué atenerse en su viaje a Berlín.  Lo único que le dolía, confesó Eric, es que no veía salida ni solución, ni esperanza alguna para una humanidad que repetía los mismos errores, los mismos deslices, generación tras generación.

¿De qué nos sirvió arriesgar la vida cuando éramos jóvenes? – exclamó-. ¿Qué conseguimos? ¿Qué bien le reporto a mi padre morir de modo tan heroico en la cárcel?

Querido muchacho, eres demasiado viejo para preguntas tan fútiles. - la voz de la tía Rosie atravesó la penumbra, estentórea y reconfortante-. En esta vida hacemos lo que debemos hacer, según nos dicta nuestra conciencia individual. Tu padre escogió su muerte y al hacerlo creció espiritualmente. ¿Qué más se puede pedir?”


(Y a partir de aquí, en la novela, Eric lee en voz alta, fragmentos de lo que su padre pudo escribir y, corrompiendo a sus guardianes, sacar de la cárcel, antes de que muriera en su celda).

martes, 27 de diciembre de 2016

La guerra de Fillon y su radical nacionalismo francés

La guerra de Fillon y su radical nacionalismo francés


Rara vez en mi vida he comenzado un libro de ensayo asintiendo, casi en su totalidad, su contenido, y lo he cerrado, rechazándolo, de nuevo casi en su totalidad. Es el reciente pequeño libro (diciembre de 2016) del, más que posible, nuevo Presidente de Francia, François Fillon, que hace menos de un mes arrasó en las primarias para la candidatura de la derecha francesa a la elección presidencial de la primavera próxima. El título del libro “Vaincre le totalitarisme islamique” (Vencer al totalitarismo islamista) ed. Albin Michel, diciembre de 2016, 155 páginas. Si dominan el francés les sugiero su lectura. Es un ejemplo, aquí al lado, de lo que vengo denominando la “nueva derecha”. (¿Pasará algo similar en España con la decisión de Aznar de renunciar a la presidencia de honor del PP? Aunque, ¡cuidado!, la traslación Juppe, Sarkhozy, Fillon a Rajoy, Rivera, Aznar, no es automática. En Euskadi, vista la flojera del PP vasco (ya casi PP alavés) nos queda Urkullu que lo situaría entre Juppe y Bayrou, pero ganando elecciones)

De Fillon me agrada sobretodo que, tras haber sido primer ministro cinco años con Sarkhozy de Presidente, tras haber perdido la opción al segundo mandato de Sarkhozy, por la victoria de Hollande, haya creado un círculo de amigos pensantes que se reúnen periódicamente para debatir de política; un Fillon que durante más de dos años ha recorrido de punta a rabo Francia, escuchando a la gente, tomando notas. En la discreción. Incluso en el olvido, cuando no menosprecio, de los medios de comunicación. Un Fillon que, cuando las encuestas no le daban más del 10 % de votos en las primarias, escribe el libro que aquí comento (en el que se ve como futuro presidente de la República), para arrasar en las primarias con más del 42 % de votos entre siete candidatos y con el 70 % en la segunda vuelta frente a Juppe (confieso que mi preferido en la derecha francesa, así como Montebourg lo sería en la izquierda pero parece que Macron- un Rivera de izquierdas- puede ganar las primarias de la izquierda)

Me agrada, y mucho, de Fillon que tenga pensamiento propio, que haya resistido los ataques de una izquierda instalada en el poder mediático-cultural-, y en el político con Hollande, una izquierda “gauche caviar” ya desde los años 70 y 80, aun desangrándose en grupos y grupitos. Algo así como la izquierda en España, también en el PSOE con un ex - secretario general que toma la antorcha de la rebelión interna, mientras ex ministros de Felipe Gonzalez son acogidos, con júbilo, por las tribunas más a la derecha de la televisión española.

Me gusta de Fillon que no tenga reparo alguno en decirse cristiano, que se acuerde de la persecución de los cristianos en el Oriente Próximo y fustigue el silencio cómplice del opulento Occidente (¿cristiano?); cite positivamente el trabajo de Jean Birnbaum (este nada de derechas, pues es el director de “Le Monde des livres”) sobre el silencio religioso a la hora de entender la violencia yihadista; que sea capaz de mirar con altura de miras el desdén de alguna prensa francesa que le presenta como la Juana de Arco del siglo XXI. Así L´OBS (anteriormente Le Nouvel Observateur) en la edición del 15 de diciembre. Harían mejor en leer y asimilar el tremendo varapalo que les inflige Aude Lancelot (en “Le Monde libre”, Prix Renaudot 2016) , su número dos hasta hace seis meses, expulsada inmisericordemente, tras quince años en el staff de la revista. Es llamativo cómo se puede expulsar, también en España, a personas que llevan trabajando en un medio de comunicación, sin previo aviso, llamándoles al despacho del director y encontrándose a su vuelta al suyo, que ya no tiene ni conexión a internet. También en medios que tienen a gala decirse católicos. En España. Pero Fillon, dicho sea en su honor, al mismo tiempo, reclama, con fuerza, la separación de lo político y lo religioso, abogando por un trabajo en común de las tres religiones mayoritarias en pro de una sociedad más justa, más libre, más humana. 

Hasta aquí, y más, todo bien. A veces muy bien. Pero ya el texto avanzado, cuando desgrana su tesis central y, sobretodo, detalla sus propuestas para el futuro mi desacuerdo se hace página a página, mayor, para, al final acabar desazonado y preocupado.

De entrada algo que, personalmente me molesta mucho: no referenciar ni contextualizar las citas. Así en la página 108 pone en boca de Felice Dasseto, (curiosamente un compañero mío de estudios en Lovaina) la afirmación de que “la salafización de la comunidad musulmana” es una realidad. ¿Dónde ha dicho eso Felice?. ¿En qué contexto? Imposible saberlo. La duda de que utiliza el método de “cortar y pegar” frases sueltas para confirmar sus propias opiniones se instala en el lector atento.

El fondo de la tesis de Fillon es que estamos en guerra y no actuamos con la lógica de la guerra. Usamos (usa la izquierda intelectual y gobernante francesa, subrayará) medias tintas, circunloquios, ambigüedades, medidas insuficientes etc., etc. El libro es un rosario de ejemplos de esta ausencia de firmeza y determinación. Por ejemplo, escribirá que es preciso adaptar la justicia a la situación de guerra en la que estamos con condenas fuertes de 30 años cuando alguien ofrezca a una potencia extranjera “los medios para acometer hostilidades o llevar a cabo actos de agresión contra Francia” (p.129). No se precisa qué hostilidades y qué actos de agresión y,  en una justicia de excepción, como la que propugna, según en manos de qué magistrado caigas, la condena puede ser de 30 años por algo que puede no ser tan grave. Por supuesto, mentar la reinserción, sería ser calificado de idiota integral, o cosas peores.

Pero ¿en qué guerra estamos? La del totalitarismo islamista contra el mundo occidental en general y contra Francia en particular, dirá Fillon. En realidad, digo yo, estamos ante una amenaza terrorista internacional que tiene su foco ideológico en una determinada lectura religiosa del Coran y en una concreta lectura de la historia y de los comportamientos y valores occidentales de matriz cristiana. Si se quiere llámese guerra, (lo que yo no haría) pero cuando Fillon la compara, con fuerza y en más de una ocasión, con el nazismo hitleriano, creo que desbarra. De entrada, con las cifras de víctimas. En la  segunda guerra mundial murieron del orden de 50 millones de personas y se destruyó media Europa. El terrorismo islamismo donde más ha matado es entre los suyos y menos de un millar de occidentales. La segunda guerra mundial, originada por el nazismo, mataba estadísticamente, mientras que la (mal llamada) guerra yihadista lo hace, al menos en Occidente, simbólicamente, aunque, ciertamente, los centenares de franceses muertos en atentados terroristas no murieron simbólicamente.

Una cuestión relevante y compleja es cuando se refiere al mal menor y a la elección del principal adversario en la situación de guerra en la que, según Fillon, se encuentra Francia. Fillon rechaza de un plumazo la aserción de Hollande de que “ni Assad ni Daech” (p.76) pues, añade que, cuando se está en guerra hay que escoger su principal adversario (p.80). Y esto no es otro que el totalitarismo islámico. Por eso aprueba a Rusia, “la única potencia que ha hecho prueba de realismo” y rechaza la política de EEUU y sus aliados europeos contra Assad (p.82). En su argumentación, se apoya en De Gaulle, Roosevelt y Churchill cuando, durante la segunda guerra mundial, no dudaron en ayudar a Stalin, pese a conocer todas sus barbaridades (p.80). Pero el enemigo a abatir era el nazismo hitleriano como ahora lo es el totalitarismo islámico. Por eso, aunque así no lo diga, si en Alepo mueren inocentes y hay que bombardearla, caiga quien caiga, esa es la lógica de la guerra. Tampoco dice Fillon que la matanza de Dresde, decretada por Churchill, convirtiendo la ciudad alemana en una gigantesca hoguera donde perecieron 250.00 personas, cuando ya la guerra estaba prácticamente ganada y Dresde no era un punto estratégico para nada, fue un crimen contra la humanidad…que ha quedado impune. Me desasosiega profundamente la comparación del Daech con el nazismo y más aún que la comunidad internacional no haya encontrado solución al principio de Hollande, que personalmente defiendo, “ni Assad, ni Daech”. Pero hay más, y más vergonzoso.

Una de las soluciones que propone Fillon para vencer en esta “su” guerra me irrita profundamente. Es preciso vencer al Daech, y solamente se podrá lograrlo haciendo uno de fuerzas en tierra. No bastaran los bombardeos aéreos. Parece haber acuerdo en este punto entre los militares. Luego demos armas a los kurdos, a los sirios, a los que sea, pero no llevaremos a un solo francés (“sans y engager l´armée de terre francaise”, p.84) a luchar cuerpo a cuerpo contra los yihadistas. Esta hipocresía me revuelve las tripas.

El final del libro es el de un nacionalista francés radical. Es preciso que la escuela lleve a cabo el relato de la Nación francesa, sostendrá. “Estoy profundamente enraizado en esta tierra que amo más que otra cosa, pero es en la escuela, donde he aprendido que France es grande y que su historia es más que milenaria. Que es la nación más antigua en Europa”. (p 142). “Somos únicos! ¿Por qué deberíamos excusarnos de ello? (p. 144) “Tenemos necesidad de estar orgullosos de nuestro país para franquear los obstáculos que levanta un nuevo mundo dispuesto a sacarnos de la historia. Tenemos necesidad de estar orgullosos de Francia para defender su unidad que ha estado siempre amenazada. Los reyes de Francia, la república, el Estado moderno han batallado para imponerla a los feudales, a los adversarios de la Revolución, a las Iglesias, a los financieros sin patria (…) Las provocaciones de los salafistas, y de los Hermanos Musulmanes no tienen otros objetivos que la destrucción de la unidad nacional sin la cual Francia no existe, no cuenta. Estamos pues ante una cuestión vital para nuestra nación” (p.145). Y así hasta el final del libro.

El nacionalismo democrático vasco es una ñoñería comparado con el que esgrime Fillon. Pero esa es otra historia. 


lunes, 26 de septiembre de 2016

Juan José Solozabal: René Cassin y los Derechos Humanos

René Cassin y los derechos humanos



El profesor Juan José Solozabal, catedrático de Derecho Constitucional en la universidad Autónoma de Madrid, me ha enviado el texto que utilizó para su conferencia del 14 de Septiembre pasado en los Cursos de Verano de la UPV/EHU en San Sebastián, titulada René Cassin y los Drecehos Humanos. Más todavía, me ha permitido que lo incluya en este Blog lo que llevo a cabo inmediatamente, para el disfrute intelectual del lector.

Muchas gracias, eskerrik asko, Juanjo

He aquí el texto completo de Juan José Solozabal  


Pienso que un buen arranque para mi conferencia en San Sebastián “René Cassin y los derechos humanos”, a la que he sido invitado por Juan Pablo Fusi en los Cursos de Verano de la Universidad del País Vasco, es representar la escena en la que en un día de otoño de1987 el presidente Mitterrand recibe en el Panteón de París, donde reposan, entre otros, Jean Jaurès y Jean Moulin, los restos de nuestro hombre. Apunto, de pasada, al talento para la solemnidad de los franceses, pues yo mismo recuerdo haber estado en la capital mientras el traslado a la misma sede del ataúd de André Malraux en una ceremonia impresionante, con todas las cadenas de televisión retransmitiendo el acto en directo. Pero Mitterrand tampoco era un presidente cualquiera. Jean Daniel en su libro Los míos, sobre los amigos idos, rememora sus conversaciones mientras ocupaba el Elíseo con el viejo presidente sobre Gide y Lamartine. Mitterrand en su parlamento dijo dos cosas importantes: que gracias a Cassin se formuló en la Declaración Universal de Derechos Humanos, “el primer documento ético de la humanidad como un todo”; y que Cassin había sido un testigo infalible de todo el siglo XX en el que había desempeñado un papel clave.
1- Repaso entonces los datos esenciales de la biografía de este personaje, nacido en el seno de una familia acomodada judía de Bayona en 1887, herido de gravedad en la primera guerra mundial y comprometido después con la ayuda a las víctimas directas de ella y sus descendientes. Formó parte de la delegación francesa ante la Liga de las Naciones. Al comienzo de la Segunda Guerra pasa a Londres, donde es el asesor jurídico de De Gaulle. Tras la contienda su intervención será decisiva en el desmantelamiento de la obra de Vichy. Su actuación más importante con todo es su participación en la elaboración de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, que presidirá la Señora Roosevelt, viuda del Presidente estadounidense. Será vicepresidente del Consejo de Estado francés, supremo órgano de asesoramiento del gobierno, pero al tiempo máxima instancia contencioso-administrativa. Será miembro del Tribunal de Estrasburgo de Derechos Humanos, llegando a la Presidencia, a pesar de que Francia en ese tiempo no ha ratificado la Convención de los Derechos Humanos.
De esta peripecia vital, que sigo en la obra René Cassin and the Human Rights de Jay Winter y Antoine Prost, destilo algunos rasgos de la personalidad de Cassin. Primero, se trata de un hombre de Estado, de un gran funcionario, identificado con las instituciones a las que sirve y representa. El Estado con el que se identifica Cassin es la Francia civilizadora, que ha llevado las luces al mundo a través sobre todo de la Declaración francesa de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1789. La actividad diplomática y su vida institucional hacen al profesor Cassin renunciar a dos campos de la actividad que siempre le tentaron. Me refiero a su actividad académica, reducida a su tesis doctoral sobre las obligaciones contractuales y a la elaboración de diversos discursos, aunque construidos con solidez y brillantez, y a su actividad directamente política, que intentó sin éxito en alguna ocasión. Con todo Cassin valora extraordinariamente sus apoyos intelectuales, que le brindan personalidades como Maritain, Lévi-Strauss, Scelle, Mirkine-Guetzévitch, Salvador de Madariaga, etc.
De otra parte, destaca en la vida de Cassin, su compromiso con la causa judía. Hasta 25 miembros de su familia sufrieron muerte y persecución durante el Holocausto. Cassin sintió en plena carne la marginación, a veces sutil pero indudable, de la minoría a la que pertenecía, aunque no fuese el mismo practicante del judaísmo, pues se casó dos veces con mujeres no judías. Esta experiencia le hizo especialmente receptivo ante las denuncias de vulneración de los derechos humanos.
Finalmente, lo que fue siempre Cassin es un moderado u hombre pragmático, carácter no extraño en los hombres vascos con capacidad indudable para mediar y representar, como lo prueban su menester como secretarios y diplomáticos, así fuera del tiempo de los Austrias, Urquijo, Areilza, Castiella, Lequerica, Lojendio, etc. y desde luego el propio Aguirre Lecube, de dinamismo internacional indudable. Cassin se avino a que la Declaración se quede en un documento propositivo, no vinculante per se, mientras que dispondrían de fuerza normativa los Pactos subsiguientes. Tampoco logra establecer un Fiscal General denunciador de las violaciones de los derechos humanos, y ha de conformarse con que se imponga la obligación de un informe anual sobre el cumplimiento de la Declaración por cada país. Así se logró lidiar con la oposición de los grandes Estados a la Declaración, consiguiendo que no hubiera votos en contra, ya que creían que su observancia minaba su posición como poderes coloniales. Por lo que hace a su actuación en el Consejo de Estado, bajo la presidencia de Cassin nunca se admitieron denuncias contra el uso de la tortura, obvia, en Argelia. Y su actuación en el Tribunal de Estrasburgo tampoco fue lesiva de los derechos de los Estados a proteger el orden público y restringir o suspender los derechos, siempre que se tratara de medidas temporales, justificadas y sometidas a control jurisdiccional.
2- Pero en mi conferencia, como obliga el título, me propongo trascender la biografía de Cassin y referirme a cuatro cuestiones que plantea la Declaración Universal de 1948 en relación con otros documentos anteriores y con la problemática general de los derechos fundamentales.
A-El concepto capital es el de la dignidad de la persona, base, se lee en la Declaración, “de la libertad, la justicia y la paz”. Dice Somek que el constitucionalismo de las Revoluciones francesa y americana es el constitucionalismo de la libertad; ahora vivimos en el constitucionalismo de la dignidad, entendiendo por tal el derecho a un trato conforme con la condición de todos como seres iguales, libres y racionales. La proyección de la dignidad son los derechos humanos.
Se trata de un concepto, este de la dignidad, con un componente cordial que quizás no tienen los derechos del racionalismo ilustrado, como facultades evidentes e inmutables. La idea de la dignidad es susceptible de su enriquecimiento por diversos aportes, cuyas exigencias pueden presentarse con cierto dinamismo o historicidad.
B- Los derechos humanos, reconocidos en los instrumentos internacionales son verdaderos derechos, que completan los derechos fundamentales de los ordenamientos de los Estados-según el artículo 10.2 de nuestra Constitución los derechos constitucionales han de entenderse a la luz de las declaraciones internacionales –con vigencia en las instancias internacionales cuando los Estados los vulneran o cuando no hay Estado que los proteja (Derechos contra los Estados o Derechos sin Estado, protegidos por tribunales penales internacionales, caso de Ruanda o antigua Yugoslavia o en instancias regionales)
C- Hablamos de derechos de todos, esto es, derechos universales. Se trata de constatar una situación sobre la que ha llamado la atención Timothy Gordon Ash, a saber, el contraste entre un mundo económicamente globalizado y la persistencia del parroquialismo que se opone al reconocimiento de los derechos humanos en determinadas zonas, aunque se haya generalizado la utilización ideológica del lenguaje de los derechos.
La universalización de los derechos es imposible si no se insiste en el individualismo de los mismos, que no se niega por reconocer su ejercicio colectivo y la importancia de determinados bienes comunes (así la lengua); y la neutralidad y laicismo del Estado.
La interdicción de la intervención del Estado en la esfera religiosa no impide reconocer, como ha sugerido Habermas, el aporte de las religiones a la fraternidad como elemento de cohesión política y su capacidad estimuladora para ampliar el soporte espiritual de las nuevas formas políticas.
D- Por último, la discusión sobre la jerarquía de los derechos de modo que éstos pudiesen graduarse según su importancia, es relevante tanto desde un punto de vista teórico, en cuanto posible criterio estructurador de una Declaración, como desde una perspectiva práctica en cuanto instrumento para resolver los conflictos entre los derechos a favor del principal o prevalente. Sin embargo la resistencia a admitir la superioridad de unos derechos sobre otros, apreciando por decirlo así un núcleo duro de los mismos, se deriva de la condición de todos en cuanto, como decimos, manifestación de la dignidad de la persona, así como de su existencia coextensa, pues los derechos, como si fueran elementos de un sistema, se refuerzan entre sí. Con todo, en la Teoría General, suelen hacerse dos matizaciones: el derecho a la vida y la integridad física serían singularmente indispensables y las vulneraciones de los mismos especialmente odiosas; y los derechos sociales tendrían una especial proximidad con la dignidad, pues se puede ser persona sin participar políticamente, pero no es posible una vida digna sin un mínimo vital de subsistencia asegurado. Sin embargo en el plano internacional la sustancial igualdad de los derechos cabe ser cuestionada, como vio el maestro Rubio, de modo que la limitación, suspensión y sobre todo las sanciones de su inobservancia permite diferenciar entre unos derechos y otros. Así hay derechos que pueden ser suspendidos y limitados, aunque la suspensión sea temporal y la limitación deba ser justificada, mientras otros no lo son nunca. Y hay derechos cuya violación, sobre todo si tiene determinada dimensión o alcance, justifica la intervención o la responsabilidad internacional. En base a esos criterios, puede concluirse, podría decirse que no todos los derechos son iguales.



sábado, 24 de septiembre de 2016

Cinco lecciones magistrales sobre la paz

Cinco lecciones magistrales sobre la paz

(Una redacción notablemente reducida de este texto, por razones de espacio, se publicó en DEIA y ene Noticias de Gipuzkoa, el sábado 24 de Septiembre de 2016)

Del 12 al 14 se septiembre pasados, en los Cursos de Verano de la UPV/EHU asistí a cinco de las nueve conferencias que se impartieron en el marco del Curso titulado “La Construcción de la paz: la perspectiva de la historia”. Organizó el curso la Secretaría de Paz y Convivencia del Gobierno Vasco en colaboración con la Universidad Complutense de Madrid. Juan Pablo Fusi, Catedrático de Historia Contemporánea en dicha Universidad seleccionó a los ponentes y dirigió en curso. Magistral curso del que hoy, día de reflexión, voy a trasladar, muy sucintamente, algunas de las ideas mayores de los cinco cursos a los que mi agenda me permitió asistir.

Victoria Camps, Catedrática de Filosofía moral y política en la universidad de Barcelona, en su conferencia, “El pensamiento ilustrado y la paz”, nos hizo un repaso acerca de cómo algunas figuras señeras de la Ilustración, así como otras de la actualidad, han abordado el tema de la paz. Se detuvo, al comienzo de su conferencia, en el Abate Saint Pierre y su “Proyecto de paz perpetua en Europa” (1713) que sería resumida por Rousseau y que influyó hasta en la Sociedad de la Naciones de 1919. Pero Victoria Camps se detuvo más en Kant quien escribiera un texto de similar título al del Abate, a quien obviamente había leído, “Hacia una paz perpetua”. Kant pone tres condiciones para lograr esa paz. 1º, un derecho de gentes basado en una federación de estados libres y superando la voluntad individual mediante un “deber moral” de carácter global. 2º La constitución de cada estado debe ser no despótico (“republicano” escribirá Kant pero no en el sentido que hoy damos a este término, nos subrayó Victoria Camps) al par que cada ciudadano también debe cumplir las leyes y 3º: el derecho de gentes debe basarse en la hospitalidad, el derecho a ser bien acogido en cualquier parte del mundo, sin ser considerado como un enemigo.

Para Kant la paz es un imperativo de la razón práctica, esto es, un “deber moral” que solamente puede darse en Estados cosmopolitas aunque el mismo Kant reconoce que esto es un ente de razón pues la realidad muestra, dado el carácter egoísta de los individuos, argüirá, que la guerra prima sobre la paz. En realidad el esfuerzo de la Ilustración es más que encomiable sobre el papel pero, utópico (yo diría quimérico) en la realidad.

Victoria Camps nos habló de Habermas, de valorar lo “común”, de apoyarse en la sociedad civil y de superar la idea de soberanía completa, concepto que afirmó es realmente inexistente en la realidad actual pues somos tributarios de diferentes ámbitos de soberanías, luego apostando por la soberanía compartida. Quienes me leen, saben bien que es una idea que repito constantemente.

Concluyó Camps citando el pensamiento de dos grandes mujeres que luchan en el camino de la paz. La última Premio Nobel de Literatura Svetlana Aleksiévich y su libro “La guerra no tiene rostro de mujer” y Virginia Woolf, con su ética del “cuidado” en la construcción de la paz. Poner la mirada en el otro, el cuidado reciproco. 

El donostiarra Juan Pablo Fusi, catedrático Emérito de Historia Contemporánea en la Universidad Complutense de Madrid y director de este Curso, nos habló de “Gandhi y la no violencia”. Insistió en la idea de que el planteamiento gandhiano fue básicamente moral y no político. Gandhi estaba muy impregnado de la religiosidad hindú, más concretamente del jainismo, que propugna el ascetismo, la purificación, la no violencia contra las personas y contra los animales, luego a una dieta estrictamente vegetariana. La idea del Estado le es totalmente ajena y de hecho, además de pasar largos periodos de su vida viviendo como un asceta en una pueblecito del centro de India, en realidad se desentendió del proceso concreto de independencia de India del imperio británico, aunque lo anhelaba. Básicamente porque Occidente impedía la realización en su país de su ideal hindú de carácter agrario y tradicional.

Su máxima de la “no violencia” le llevo a rechazar el uso de la violencia contra el Imperio británico y, al final de su vida, cuando se cocía la independencia de la India, su gran problema fue resolver la disputa entre los hindúes y los musulmanes en su país.

Su retraimiento hacia la vida ascética personal le llevo a desentenderse de sus cuatro hijos, rechazar la oposición a Hitler, no solamente a no defender la causa de los negros en los más de diez años que vivió en Sudáfrica sino incluso a menospreciarlos y a adoptar una postura radicalmente contraria a los zulúes, que los considerada básicamente como guerreros.

La influencia de Gandhi viene más de su doctrina de la no violencia y de su vida personal que de su acción y de sus posicionamientos en cuestiones políticas. Una máxima suya, referenciada por el profesor Fusi, lo ilustra bien: “el fin no justifica los medios, pero los medios impregnan el fin”.

Santos Juliá, Catedrático Emérito de Historia Social y del Pensamiento Político en la UNED, impartió la conferencia titulada “Paz, piedad y perdón: el último Azaña”. Comenzó su conferencia ofreciéndonos la audición, en un CD, del final del último discurso de Azaña, pronunciado en Barcelona, el 18 de julio de 1938, y que concluye con la expresión que da título a la conferencia, “paz, piedad y perdón”. Santos Juliá nos trasladó el empeño de Azaña en lograr la paz, a través de los contenidos, y muy especialmente los contextos, de los cuatro discursos que pronunció, como Presidente de la República. Para mí un descubrimiento absoluto.

El discurso del 18 de julio de 1938 tiene un doble registro: rendir homenaje a quienes habían resistido al golpe militar a los dos años del mismo (por eso está pronunciado en Barcelona), por un lado, pero también, y principalmente, y dirigido a la comunidad internacional esta vez, el convencimiento de Azaña de que la guerra ya está perdida, lo que le impulsa a pronunciar el alegato por la paz, la piedad y el perdón. Escuchar su voz estremece. Santos Juliá nos dijo que, normalmente, Azaña improvisaba sus discursos lo que no quiere decir, en absoluto, que no los llevará bien pensados. Bien al contrario, utilizaba el arma de la emoción y el de su propia implicación personal (el “yo” es frecuente en sus discursos) para esclarecer y profundizar en la razón. Azaña nunca entendió que los países libres dejaran durante tanto tiempo la guerra de España como un mero asunto de los españoles a diferencia de la Alemania de Hitler y la Italia de Mussolini que desde el comienzo apoyaron, militarmente, la rebelión franquista. Una última idea, que no ha perdido un ápice de actualidad: en su discurso de 18 de Julio de 1937 (cuando ya temía la perdida de la guerra) dice Azaña que la paz requiere, después de la guerra, “una paz con los vencidos”. Para meditar, también en nuestros días.

El tercer y último día del Curso lo abrió Juan José Solozabal, Catedrático de Derecho Constitucional en la Universidad Autónoma de Madrid con una conferencia sobre “René Cassin y los Derechos Humanos”. Solozabal se considera heredero y partícipe de la corriente liberal donostiarra; cita las figuras de Fausto Arocena, José de Arteche, Miguel Artola, Azaola, Caro, Mitxelena, Carlos Santamaría, Tellechea Idígoras, Beristaín… Algun nombre se me pasó.

René Cassin nació en Baiona el año 1887 en una familia de origen judío. Su notoriedad proviene básicamente del hecho de haber sido el principal redactor de la Declaración Universal de Derechos Humanos (DDHH en adelante), adoptada por la ONU en 1948. Fue Vicepresidente del Consejo de Estado en Francia y Presidente del Tribunal Europeo de los DDHH. Le concedieron el Premio Nobel de la Paz en 1968. Juan José Solozabal presentó a René Cassin como un hombre moderado y pragmático y se preguntó si el pragmatismo, la moderación, el trabajar práctico, el hacer las cosas posibles, no sería una característica de los vascos. Me sorprendió pues no es esa la imagen que se tiene de nosotros los vascos, pero Solozabal, en apoyo de su afirmación citó, además de los ya mentados más arriba, los nombres Urquijo, de varios ministros de Franco (Lequerica, Castiella y Areilza) así como el de la figura del Lehendakari Aguirre. Personalmente me quedo con la idea de la gran y rica pluralidad de la sociedad vasca: el cura Santa Cruz y el MLNV con ETA a la cabeza son vascos; René Cassin y, sobretodo, la actual proliferación de grupos silenciosos por la reconciliación también.

René Cassin defendía que los estados pueden limitar el ejercicio de los DDHH en determinadas circunstancias, no pareció en nada sensibilizado ante las torturas y guardó silencio ante el expolio de Palestina por parte del recién creado Estado de Israel. “No hay santos perfectos”, señaló Solozabal, como ya lo hiciera la víspera Juan Pablo Fusi hablando de Gandhi.

Solozabal dedicó una parte de su conferencia a comentar la Declaración Universal de los DDHH de 1948 insistiendo en cuatro puntos: la importancia capital de su sustentación en la dignidad de la persona humana; su carácter de ley positiva no meramente enunciativa; su universalidad a todos los individuos, aunque también cabe ampliarla a los pueblos y citó el caso de Palestina) y por último su jerarquización, con las discusiones que ambas notas conllevan. Me quedé con las ganas de preguntarle cómo congeniar y jerarquizar el derecho individual (a no ser objeto de un acto terrorista, un colono israelí en territorio palestino, por ejemplo) con el colectivo de un pueblo expoliado a su supervivencia como tal pueblo (obviamente pienso en Palestina en el mismo contexto).

Esta cuestión asomaría en la siguiente y última conferencia, la de Juan Maria Uriarte, Obispo Emérito de San Sebastián, en la que glosó la encíclica de Juan XXIII “Pacem in Terris”. Inició Uriarte su conferencia recordando los intentos del olvidado papa Benedicto XV por lograr la paz en el contexto de la Primera Guerra Mundial. Al segundo día de su pontificado ya se oponía fuertemente a la guerra. Pero nadie le entendió en un contexto de fuerte patriotismo belicista. Pio XII “trabajo en paralelo” por la paz, en expresión de Uriarte, de quien remarcó que nunca citó en sus textos y discursos la Declaración Universal de DDHH de 1948. Lo que sí hizo Juan XXIII de cuya Encíclica “Pacem In terris”, Uriarte hizo un detallado análisis que no podemos trasladar a estas páginas por razones de espacio. Señalemos algunas ideas mayores.

Juan XXIII pasa del paradigma de la “guerra justa” al de la “paz justa” en base a cuatro pilares: verdad, justicia, solidaridad y libertad. Lleva a cabo un emparejamiento entre derecho y obligaciones: no tenerlo en cuenta conduce a individualidades egoístas y a comunidades particularistas. De ahí que asiente, como eje central de su discurso, el concepto y la práctica del “bien común”, en la actualidad bien olvidado. El bien común “obliga al ciudadano” y “obliga también al gobernante” de quien dirá que “la razón de ser de cuantos gobiernan radica por completo en el bien común” (p.54). Un bien común que debe ser planetario, universal, adelantándose así en Papa Juan a la idea globalización (con otras palabras) moneda corriente en nuestros días. Tanto que ya abogará por una autoridad mundial que tendría el monopolio de la violencia legítima pero teniendo en cuenta el principio de subsidiariedad, uno de los principios centrales de la Doctrina Social de la Iglesia.

Continuando Uriarte con el pensamiento sobre la paz de los papas que sucedieron a Juan XXIII, esto es, Pablo VI, Juan Pablo II, Benedicto XVI y también Francisco, subrayó un problema no definitivamente resuelto en el pensamiento de la iglesia y que ha sufrido varios vaivenes: sin entrar en el detalle de esos vaivenes señalemos lo esencial: si un Estado puede legítimamente responder mediante la violencia a una grave agresión violenta. Durante muchos años, ya con Pablo VI así como con Juan Pablo II parecía que los principios de resistencia pacífica y de la no violencia primaban claramente, quedando, como en retraimiento, los de la guerra justa, aun sin abolirlos explícitamente. Pero cuando aparece en el escenario mundial el “derecho de injerencia” humanitaria cuando en interior de un Estado hay una flagrante, continuada y grave violación de los DDHH de sus habitantes, tanto el principio de “no violencia” como el de soberanía absoluta de los estados, saltan por los aires. Uriarte subrayó que este dilema todavía sigue presente, tanto en el pensamiento de la Iglesia como en el de comunidad internacional. Aunque en algunos ámbitos se apunta a la idea de que “la soberanía de un Estado no es absoluta pero sí lo es la dignidad de la persona humana”, la actual crisis de refugiados en Europa la desmiente, en la práctica. Uriarte concluyó su intervención recordando las palabras de Pablo VI de que “el desarrollo es el nuevo nombre de la paz” y las de Benedicto XVI de que “combatir la pobreza es construir la paz”, ideas que en extenso desarrollarán los papas Juan Pablo II y Francisco.

Quiero concluir diciendo que estas conferencias que, con las cuatro restantes a las que no pude asistir, y que se publicarán en breve por la Secretaría de Paz y Convivencia del Gobierno Vasco, fueron para mí de lo mejor de este caluroso y bullicioso verano de 2016. ¡Qué gozada escuchar y aprender de tanta sabiduría concentrada!

Donostia 19 de Septiembre de 2016
Javier Elzo
Catedrático Emérito de Sociología. Universidad de Deusto

javierelzo@telefonica.net

martes, 13 de enero de 2015

Violencia y religión en el mundo. Dos textos excepcionales: de un filósofo musulmán y del Papa Francisco


Violencia y religión en el mundo. Dos textos excepcionales: de un filósofo musulmán y del Papa Francisco

13/01/15

El día de ayer leí dos documentos excepcionales. Cada uno tiene unas 8 páginas. Si les interesa la violencia en el mundo de hoy, no se los pierdan. Uno, escrito hace dos o tres meses, proviene de un filósofo musulmán y es una carta abierta al mundo musulmán. El otro es el discurso del Papa Francisco al cuerpo diplomático acreditado en la Santa Sede, pronunciado el día de ayer. Estoy ya trabajando en estos textos, particularmente en el del Papa, pero he querido sin tardar más subir a blog unos fragmentos de ambos discursos.

1). De la Carta abierta al mundo musulmán del filósofo musulmán Abdennour Bidar 

Tras la decapitación, entre otros, de Hervé Gourdel a manos de terroristas de los Soldados del Califato del denominado Estado Islámico en septiembre de 2014, Abdennour Bidar, filósofo musulmán, que sostiene el movimiento “Not in my nom”, redactó una “Carta abierta al mundo musulmán”. La ha recogido el blog del “L´Oratoire du Louvre”, una Iglesia cristiana protestante sita en el centro de Paris. La referencia del texto, en francés, es la siguiente. http://blog.oratoiredulouvre.fr/2014/10/tres-profonde-lettre-ouverte-au-monde-musulman-du-philosophe-musulman-abdennour-bidar/

A continuación presento un par de párrafos de la Carta que yo he traducido.

“Querido mundo musulmán:… te veo dando a luz un monstruo que se pretende denominar Estado islámico y al que algunos prefieren darle un nombre de demonio: DAESH. Pero lo peor es que te veo perderte - perder tu tiempo y tu honor – en el rechazo a reconocer que este monstruo ha nacido de ti mismo, de tus vagabundeos, de tus contradicciones, de tu descuartizamiento entre pasado y presente, de tu incapacidad demasiado tiempo prolongada a encontrar tu lugar en la civilización humana. (….). Las raíces del mal,… están en ti mismo, el monstruo ha salido de tu vientre del que surgirán otros monstruos, aún peores, mientras no admitas tu enfermedad, para atacar, al fin, esta raíz del mal. 

Incluso los intelectuales occidentales tienen dificultad para apercibirla: la mayoría, han olvidado hasta tal punto el poder de la religión – en bien y en mal, sobre la vida y sobre la muerte-, que me dicen, “no, el problema del mundo musulmán nos es el islam, tampoco la religión, sino la política, la historia, la economía etc.”. Ya no recuerdan en absoluto que la religión puede ser el corazón del reactor de una civilización humana. Y que el avenir de la humanidad dependerá mañana, no solamente de la resolución de la crisis financiera sino, de forma bastante más esencial, por la resolución de la crisis espiritual que atraviesa toda nuestra humanidad. ¿Sabremos reunirnos, todos nosotros, a escala planetaria, para afrontar este desafío fundamental?. La naturaleza espiritual del hombre tiene horror del vacío, y si no encuentra nada nuevo para llenarlo, lo hará mañana con religiones cada día más inadaptadas al tiempo presente que, como el Islam actualmente, se dedicarán entonces a producir monstruos”.


2. Del discurso del Papa Francisco al cuerpo diplomático pronunciado ayer, lunes 12 de Enero de 2015.  Se puede leer integro el discurso, en su versión oficial en castellano, en Loiola XXI en este enlace http://wp.me/p2LX6P-4k7.

“Desgraciadamente, Oriente Medio sufre otros conflictos, que se arrastran ya durante demasiado tiempo y cuyas manifestaciones son escalofriantes también a causa de la propagación del terrorismo de carácter fundamentalista en Siria e Irak. Este fenómeno es consecuencia de la cultura del descarte aplicada a Dios. De hecho, el fundamentalismo religioso, antes incluso de descartar a seres humanos perpetrando horrendas masacres, rechaza a Dios, relegándolo a mero pretexto ideológico. Ante esta injusta agresión, que afecta también a los cristianos y a otros grupos étnicos de la Región –los yazidíes, por ejemplo–, es necesaria una respuesta unánime que, en el marco del derecho internacional, impida que se propague la violencia, reestablezca la concordia y sane las profundas heridas que han provocado los incesantes conflictos. (…). A la vez que pido a la comunidad internacional que no sea indiferente ante esta situación, espero que los dirigentes religiosos, políticos e intelectuales, especialmente musulmanes, condenen cualquier interpretación fundamentalista y extremista de la religión, que pretenda justificar tales actos de violencia”

(….)

“Una clara demostración de que la cultura del encuentro es posible, la he experimentado durante mi visita a Albania, una nación llena de jóvenes, que son esperanza de futuro. A pesar de las heridas de su historia reciente, el país se caracteriza por «la convivencia pacífica y la colaboración entre los que pertenecen a diversas religiones», en un clima de respeto y confianza recíproca entre católicos, ortodoxos y musulmanes. Es un signo importante de que la fe sincera en Dios abre al otro, genera diálogo y contribuye al bien, mientras que la violencia nace siempre de una mistificación de la religión, tomada como pretexto para proyectos ideológicos que tienen como único objetivo el dominio del hombre sobre el hombre”.