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jueves, 25 de julio de 2019

Justos y resistentes ante el terrorismo







Texto de mi intervención en el Curso de Verano, UPV/EHU: 
Justos y resistentes ante el terrorismo
Mesa redonda: “Disidencias políticas” (Donostia, 1 de julio 2019)

El desmarque de la sociedad vasca (sin olvidar del todo a la española) de los postulados y acciones de ETA en particular y del MLNV en general, realmente no comenzó hasta pasada la transición democrática. Tal y como yo lo veo, obviamente. Dicho telegráficamente señalaría estos hitos:

. Finales del franquismo: ETA es uno de los referentes de la lucha antifranquista. “La percepción de ETA, como alguien que no está trabajando para la defensa de los intereses que dice defender, es decir que no trabaja para defender a los vascos ni a nadie, creo que empieza a partir de 1975…En aquellos tiempos era muy habitual ver a compañeros de trabajo que cuando mataban a alguien…te contestaban “algo habrá hecho…”. Lo dice José Luis Corcuera en de Maria Antonia Iglesias, “Memoria de Euskadi” (2009)

. ETA no acepta le reforma autonómica y, pese a la amnistía de 1977, reanuda la lucha armada. Solamente los años 1978-1980 hay 321 asesinados. Durante muchos años, prácticamente nadie habla de los asesinados por ETA. Muchos tendrán que hacer examen de conciencia. Dos hechos paralelos, entre otros, ayudaran a cambiar las cosas: el nacimiento en 1986 de Gesto por la Paz y el Acuerdo de Ajuria Enea en 1988.

. La creación del Pacto de Ajuria Enea por iniciativa del gobierno de Ardanza y con el acuerdo de todo el arco parlamentario excepto Batasuna, en enero de 1988, propició dar luz a un primer cambio radical respecto de lo que ETA significaba: se pasó del “algo habrán hecho” a ser, al fin, considerados como lo que eran: terroristas. Antes del Pacto, ETA había asesinado a unas 600 personas y con el Pacto, nunca ETA estuvo tan acorralada.

. La historia de Gesto, coincide en sus momentos álgidos, como escribe Ana Rosa Gómez Moral en su excelente libro “Un gesto que hizo sonar el silencio”, en el “alegro” durante la vigencia de Pacto de Ajuria Enea y sus momentos de “adagio” y “largo desolato” tras su final. Entonces la fractura del País Vasco se desplaza del de “demócratas frente a violentos” al de “nacionalistas vascos frente a no nacionalistas o nacionalistas españoles”. Así sucede con el advenimiento del Pacto de Lizarra (propugnando una solución dejando a un lado a los no nacionalistas, como señalé en un artículo crítico a los tres o cuatro días de presentado el Pacto) y con los movimientos Basta Ya, Foro de la libertad, El Foro de Ermua etc., alguno de los cuales pretendieron mi adhesión a lo que me negué arguyendo que no aceptaba, en absoluto, que nacionalismo equivalía a terrorismo, aunque siempre estuve en contra del terrorismo. Siempre. Ya desde el franquismo.

. ¡Cómo olvidar aquellas concentraciones, las de Gesto en silencio, y en frente, con una Ertzaintza meramente notarial, como definió su actuación en aquellas concentraciones un familiar mío nacionalista, cuando nos gritaban a voz en grito, a un palmo de nuestra narices, aquello de ‘los asesinos llevan lazo azul’, ‘hoy, tú de negro; mañana, tu familia’, ‘zuek ere txakurrak zarete’  y sobre todo el terrorífico ‘ETA, mátalos’ sin que todavía se hayan desdicho y no hayan pedido perdón a la ciudadanía vasca por haber ensuciado de este modo la historia y, lo que es más grave, la convivencia de este pueblo. Además, con más de 800 asesinatos a su espalda. Sí, como he escrito en varios sitios, ETA y su mundo han escrito la página más negra en la historia del Pueblo Vasco.

. Pero, rememorando aquellos años, ¡cómo no recordar, también, algunas asociaciones judiciales que ponían pegas para grabar a los energúmenos que las tardes de los viernes – o ¿eran sábados? - desfilaban por el Boulevard donostiarra, ufanos, orgullosos de gritar ¡gora ETA militarra!, y demás eslóganes  Aquello sí que era apología del terrorismo y con cuantos tiquismiquis se movía entonces la fiscalía y la judicatura, mientras después, ya ETA militarmente derrotada, ponen la lupa en cualquier frase de un chaval, al fin acojonado. Y no quiero comparar aquella violencia con la que se dice hubo en torno al “proces”. 

. El 23 de agosto de 1995, ETA asesina a Gregorio Ordóñez. Es el punto axial en la consideración social a las víctimas. Hay un antes y un después del asesinato de Gregorio Ordoñez. Aunque duela decirlo, hay que decir que se levantó muy, muy tarde, el velo de las víctimas de ETA. Muchos las tuvieron olvidadas en los años de plomo y se enterraba a las víctimas con sordina. Porque esas víctimas eran, básicamente, guardias civiles, policías nacionales, miembros del Ejército, ertzainas y empresarios.

. Asesinato de Miguel Angel Blanco el 13 de julio de 1997 que dio lugar, salvo error por mi parte, a la mayor concentración contra ETA de todos los tiempos. Además, unitaria, bajo el esquema demócratas frente a violentos, frente a terroristas. Pero fue la última convocatoria del Pacto de Ajuria Enea. Es el punto de inflexión entre dos fracturas en la sociedad vasca: de demócratas frente a violentos, la fractura se traslada a nacionalistas versus constitucionalistas. Y ahí seguimos.

. Las consecuencias inmediatas de la ruptura del Pacto de Ajuria Enea, se pueden sintetizar en dos expresiones: el pacto de Lizarra y el abrazo del Kursaal.

. Respecto del primero, además del artículo ya mentado, transcribo aquí unas líneas de un texto que publiqué en la prensa vasca en diciembre del año 2.000. “Todo el entramado de Lizarra-Garazi debe romperse. Debía estar roto hace tiempo y no seguir en esta especie de invernadero que nos hiela el corazón de rabia, impotencia y vergüenza. Se ha probado hasta la saciedad que no solo los métodos sino también los objetivos separan al nacionalismo democrático de ETA y de Herri Batasuna”.
. Por otra parte, recuérdese también que en aquellos años se hablaba del nazi-nacionalismo vasco, que hubo manifestaciones frente a la sede del Gobierno vasco, con ciudadanos antinacionalistas con pegatinas rememorando la extorsión y aniquilación de los judíos en tiempos de Hitler, y que terminó con la mayor victoria en las urnas del nacionalismo en toda su historia en las elecciones autonómicas del año 2001, en la que llegó a recibir votos, también de no nacionalistas. Podría poner nombres. Patxi López, en el ya mentado libro de Maria Antonia Iglesias, tras el fiasco de las elecciones de 2001 dice: “la famosa foto del abrazo en el Kursaal con Savater de maestro de ceremonias, entre Nicolas (Redondo) y Mayor Oreja; ahí estaban todos esos gestos que lo único que hacían era engordar a los nacionalistas por un lado y alejar a los votantes socialistas por el otro… Aquella foto del Kursaal fue la imagen de nuestra esquela”.
. En fin, me piden que hable hoy, aquí, de resistentes nacionalistas al terrorismo. Pero no lo hicimos para ponernos medallas. No lo hicieron (limitándome a unos pocos durante los años de plomo) Garaikoetxea, Ardanza, Arzalluz, Atutxa (que vivía con escolta hasta en su despacho del Gobierno Vasco), Cuerda, Imanol Murua, Román Sodupe, permítaseme mentar a mi suegro Xabier Aizarna, resistente discreto, firme y constante ante ETA, de quien aprendí tanto, intelectuales como mi amigo Pako Garmendia, con planteamientos entendidos por tan pocos, y tantos otros, a menudo bajo la incomprensión cuando no la sospecha de connivencia con ETA, por ser nacionalistas. Todavía estos días leo en no pocos medios, algunos en la pluma de amigos, la correlación nacionalismo y terrorismo, como si todo nacionalista hubiera de ser terrorista, o como si el terrorismo etarra se limitara al nacionalismo, que también lo era, sin duda alguna, pero no solamente nacionalista. ¿Qué significa, todavía hoy, “Izquierda Abertzale”? ¿De qué izquierda hablamos?
. Permítaseme concluir con una vivencia personal. En mi comparecencia en la Ponencia de Víctimas del Terrorismo del Parlamento Vasco, el 27 de noviembre de 2003, tras referir lo que supuso a mi familia, aún más que a mí mismo, los diez años, dos meses y dos días de protección de los que cuatro años y medio con escolta personal, ya al final leí que “de las cosas que más me han herido ha sido la lectura del Manifiesto “Aunque” de 8 de mayo del presente año (2003), firmado por varios intelectuales europeos de gran prestigio. Concretamente, los dos puntos donde se dice textualmente lo siguiente:

“Aunque parezca mentira, hoy los candidatos de los ciudadanos libres del País Vasco están condenados a muerte por los mercenarios de ETA y condenados a la humillación por sus cómplices nacionalistas”.

“Aunque ciudadanos del País Vasco sean asesinados por sus ideas, y miles hayan sido mutilados o trastornados, los atentados se realizan y celebran en una penosa atmósfera de impunidad moral propiciada por las instituciones nacionalistas y por la jerarquía católica vasca”.

Y añadí que “de un plumazo he dejado de ser víctima del terrorismo para convertirme en victimario, simplemente por ser nacionalista y amigo de algunos miembros de la jerarquía católica”

Al mentar la iglesia católica, concluyo ya, quiero añadir lo que tantas veces he escrito. La actitud de los cristianos, los de la base y los obispos (particularmente Setién, Uriarte, Asurmedi y Blázquez), en su actitud y comportamientos con ETA, tiene luces y sombras. Unos subrayan las luces y otros las sombras. El juicio actual está, en gran medida, ideológicamente mediatizado. Aquí también, necesitamos a la Historia por venir.

Muchas gracias por la atención.

Javier Elzo

P.D. Una redacción algo reducida de este texto, bajo el título de “Nacionalismo y Terrorismo” se publicó en la prensa del Grupo Noticias: el 3 de Julio en “Diario de Noticias” de Navarra, el día 12 en “Noticias de Gipuzkoa” el día 24 en DEIA y Noticias de Álava. Contestaría con gusto a algún comentario que he leído en DEIA, pero me mantengo en mi idea de no mantener relación con textos no firmados.

jueves, 13 de diciembre de 2018

Un Dios humano, un humano Dios: una reflexión navideña.



Un Dios humano, un humano Dios: una reflexión navideña.

El año 1985, el pensador francés Marcel Gauchet significó al cristianismo “como la religión de la salida de la religión”. Pero, ante la confusión creada, Gauchet explica que no se entienda la expresión como si “la gente ya no creyera en Dios. ¡Realmente no creían más en otros tiempos! (….) La salida de la religión es la salida de la organización religiosa del mundo”, esto es: la religión no dicta ya la organización de la sociedad, lo que es otra cosa bien distinta. Esto, concluye Gauchet, es lo que permite hablar del advenimiento de la democracia, pero solamente en regiones de cultura y religión cristiana, y no en la musulmana o judía ortodoxa, apostillará.

Pues, añade: “lo que es determinante en el caso cristiano, es el propio Cristo. La idea de la encarnación no brilla por su racionalidad. La idea de un solo Dios parece incompatible con la idea de un Dios delegado que ejerza de intermediario. Es posible que (Dios) necesite un mensajero, como Moisés en los judíos o Mahoma en el caso del islam, pero con Cristo se trata de otra cosa, un enviado que es, él mismo, Dios. Un Dios que toma la forma de hombre. Pero esta extraña idea tiene un efecto importante. La encarnación obliga a concebir una alteridad radical de Dios (del Dios extraterrestre de Yahvé y de Alá). ¿Qué (quién) es este Dios que nos habla desde el interior de nuestro mundo de los hombres y que, por lo tanto, aparece completamente exterior al Dios de Yahvé y de Alá?”.

A Marcel Gauchet el Dios de los cristianos le resulta incomprensible. En realidad, le es imposible de concebirlo cuando la idea de Dios, su idea de Dios, se limita a la de un extraterrestre, omnipotente, que todo lo ve y lo juzga, que dicta, soberanamente, lo bueno y lo malo, como la idea del Dios de los vascos antes de la cristianización de Euskadi: "Jaungoikoa", el Señor de arriba. Pero a Gauchet la idea de un Dios hombre, hombre y Dios, de un Dios humano, de un Dios que nos habla desde la entraña misma de nuestra humanidad, aunque extraño pues ese Dios no ha salido de la categoría del Dios extraterrestre, le permite dar el salto a la autonomía de las realidades terrestres, utilizando, yo aquí, la expresión de Gaudium et Spes del Concilio Vaticano II, el Dios que no elimina la autonomía de la persona humana, mujer y hombre, y permite el advenimiento de la deliberación, de la discusión, incluso la posibilidad del NO a la religión, si esa es la opción de cada uno, el Dios que supera la teocracia para el advenimiento de la democracia.

Escribirá Gauchet en su blog que “Cristo viene simplemente para testimoniar el interés del Padre por la salvación de los hombres. No nos dice inmediatamente lo que hay que hacer, sino que hay que pensar en otro mundo. La encarnación de Cristo, continua Gauchet, es portador de toda una serie de desarrollos potenciales que necesitarán siglos y siglos para expresarse, pero que permitirán, paso a paso, la emergencia de un mundo humano autónomo a partir del mundo religioso. No hay nada sorprendente, para un cristiano convencido, pensar, sin dejar de ser perfectamente cristiano, que los hombres hacen su ley, que las relaciones entre ellos son un área y que lo que conecta a cada individuo a Dios, es otra”. Es lo que, personalmente, siguiendo a Peter Berger, entiendo como la necesidad, y la virtud, de superar el dualismo entre lo sagrado y lo profano, como si de dos compartimentos estanco se tratara. Por ejemplo: si nos encontramos mal, rezamos, sí, pero vamos al médico, también,

Así descubrimos la autopista que, al menos los occidentales, tenemos para acceder a Dios, para entender a Dios, para sentir Dios: la persona humana de Jesús de Nazaret, que todas las navidades celebramos como hijo de José y de María, y que manifestaba tener una relación especial con Dios Padre al que, en su idioma, el arameo, denominaba Abba, expresión cariñosa de cercanía y consideración con el padre, con quien mantiene una particular proximidad que, en el lenguaje del siglo V, denominan consustancial al Padre en su divinidad. Esta relación del hijo Dios con su padre Dios, conforma, junto al Espíritu Santo, Dios, el gran misterio de la divinidad de nuestro Dios. Sí, gran misterio, para el que las palabras se quedan cortas. Todas las palabras. Absolutamente todas. Como ante la música, permítaseme el salto en el vacío, que la definía Steiner como el ámbito a donde no llegan las palabras. Pero no por ello la música es menos real, menos perceptible, menos vibrante. Aunque algunos vibren más que otros ante la música, y según qué música. Como ante Dios y según qué Dios.

Hace más de un siglo un teólogo biblista dijo que nosotros creemos porque otros creyeron antes que nosotros. Pero hay más que eso. Otros, los compañeros de Jesus en su corta vida, tras el fiasco de su ejecución, al poco, tuvieron la experiencia vívida de que Jesús seguía con ellos de alguna manera. Seguían experimentando, vivo, al Jesus ejecutado. Decían que Dios le había resucitado. Así, no se dispersaron del todo, sino que conformaron núcleos de seguidores de Jesús, aquí y allá, y muy pronto, de boca en boca, se fueron pasando dichos y hechos de Jesús hasta que, ya muertos los compañeros de Jesús, decidieron poner por escrito esos hechos y dichos de Jesús. Y en esos textos, Jesús nos muestra donde podemos encontrarle, donde está Dios.

Por ejemplo, en la parábola del juicio final leemos en Mateo 25: "Venid, benditos de mi Padre, recibid la herencia del Reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; era forastero, y me acogisteis; estaba desnudo, y me vestisteis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a verme." (…) "En verdad os digo que cuanto hicisteis a unos de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis."

Este inmenso texto, que algunos denominan el evangelio de los ateos, es la otra autopista que nos lleva a Dios. Jesús, para los cristianos, es como nuestro hermano mayor y todo lo que hacemos a los necesitados, del tipo que sea, se lo estamos haciendo a sus hermanos menores, sobre todo a las mujeres y a los hombres en necesidad.

Dios no es el señor con barba blanca que está allá, tras las nubes en los cielos, representado a veces como un triángulo que encierra un ojo que todo lo ve. Dios, a los cristianos, se nos manifiesta en la persona de Jesús de Nazaret, en su experiencia vital con Abba, su Padre, que creó el mundo por Amor y que en la encarnación en Jesús, supera el Dios extraterrestre, autonomiza al género humano (que le puede decir NO) y nos dice que le amemos; que le amemos en nuestros hermanos, particularmente en los más necesitados, porque, -  lo vio bien Juan el evangelista, el discípulo amado, nos dicen los evangelios - no se puede amar a Dios a quien no se ve, a quien nadie ha visto nunca jamás, si no se ama al prójimo que está al lado. Porque, decimos los cristianos, que Dios está en Jesús, sí, en la Trinidad, sí, y está también aquí cerca, al lado para el que quiera ver: en el que tiene hambre, está sediento, desnudo, expatriado, injustamente vituperado, en la cárcel, enfermo, solo…. Para descubrir ese Dios no es preciso ser cristiano. Pues es ahí, precisamente ahí, en la fraternidad universal, donde, nos dicen Schiller-Beethoven, que “todos los hombres vuelven a ser hermanos”.

En el curso de un debate el año 2007, entre el entonces Decano de la Facultad de Teología de Lyon, Henri Cazelle y el filósofo ateo, André Comte-Sponville, este último afirmó: “Cazelle y yo no estamos separados más que por lo que ignoramos: ni él ni yo sabemos si Dios existe…aunque él crea en Dios y yo no. Pero estaríamos locos si concediéramos más importancia a lo que ignoramos, y nos separa, que a lo que ya sabemos, tanto él como yo, y que nos reúne (…) a saber, la fidelidad común a lo mejor que la humanidad ha producido o recibido”.

¡Eguberri On!, ¡Feliz Navidad, ¡Feliç Nadal!, ¡Joyeux Noël!

Donostia San Sebastián, Navidad de 2018
Javier Elzo

En Religión Digital lo han reproducido en bonito. Con fotos y todo. Aquí:


domingo, 9 de diciembre de 2018

Los chalecos amarillos, síntoma de otra fractura social






Los chalecos amarillos, síntoma de otra fractura social

El movimiento de los llamados “chalecos amarillos” que tantos quebraderos de cabeza ha ocasionado al gobierno de Francia, a dirigentes políticos, y líderes de opinión, creo que denota una fractura inédita en el mundo occidental, que ya se había mostrado con la elección de Trump en los Estados Unidos y el Brexit en Gran Bretaña. Sin hablar de la emergencia de la derecha extrema en media Europa occidental. No todo es lo mismo, pero hay algunos elementos comunes que debemos tener en cuenta.

Para el escritor británico David Goodhart autor del ensayo “The Road to Somewhere” (“La ruta a alguna parte”, C. Hurst & Co. Publishers Ltd, 2017) que, aunque no traducido al francés, ni al castellano, lo está leyendo media Francia, los “chalecos amarillos” representan lo que él denomina como la gente de “alguna parte”, de “algún sitio” (somewhere) frente a la gente de “ninguna parte”, de “ningún sitio” (anywhere). La fractura somewhere vs. anywhere, suplantaría, según él, la clásica de izquierda-derecha. Los “anywhere” (los de “ningún sitio”) que yo etiquetaría de cosmopolitas, si no internacionalistas, meritocráticos y rabiosamente individualistas, conformarían la nueva clase dominante, los poderosos de la era global, digital, medioambiental, ecologista, ciudadanos del centro del mundo, un centro poliédrico, pero interconectado, conformado por las cada vez mayores ciudades, en cuyo núcleo urbano el hábitat está muy, muy caro, donde se afana la elite de los grandes diplomas, multilingüe (con un inglés dominante).

Ese mundo, sin necesidad de empujones, simplemente por su saber hacer, su saber aprender, sus constates desplazamientos (virtuales y reales) y su cuidado mundo de relaciones, arrincona al mundo periférico, (así lo denomina el ensayista francés Christophe Guilluy en su best seller de ensayo “La France périphérique“, Flammarion 2015) donde muestra cómo las clases populares, excluidas de los beneficios de la mundialización, son relegados a las pequeñas ciudades, a las aldeas rurales, a lugares alejados de las grandes metrópolis. Es la gente que vive anclada en su hábitat, establece sus relaciones con lugareños (aun sin renunciar a Internet y a las redes sociales que les sirven para organizar manifestaciones, como ahora los “chalecos amarillos”) gentes que miran el mundo desde un lugar determinado (los somewhere de Goodhart). Yo les llamaría localistas, aunque abiertos. Con Internet. Es gente que se tiene que desplazar para ir al trabajo. Para ellos, el coche es un instrumento de trabajo. Y cuando Macron ha subido la tasa a los carburantes, han explotado: es esa gota la que ha desbordado el vaso de una humillación inconfesada por inconfesable, de un arrinconamiento despreciativo. No están en contra de la ecología, como refiere lucidamente Goodhart en una entrevista (Le Monde 28/11/18, que sigo en estas líneas). Pero, cuestionan por qué “la ecología burguesa de los “bobos” (acrónimo de “burgueses bohemios”) parisinos, tendría que ser pagada por las gentes de la Francia periférica”. Tienen una identidad más ajustada a un territorio concreto, y los rápidos cambios de los últimos decenios les perturban. Particularmente, sin ser xenófobos, ante una inmigración que perciben súbita y más numerosa de la que realmente se da.

Las personas que he denominado” internacionalistas, cosmopolitas”, representarían, en el mundo occidental opulento, según Goodhart, en torno al 25 % de la población, cifra que me vale para Euskadi, pero rebajaría al 20 % en España. Por otra parte, los localistas, aun abiertos al mundo, via Internet, Goohhart los cifra en el 50 % de la población, porcentaje que yo dejaría en un 40 o 45 %, quedando el resto, en torno a un tercio de la población, como los relegados del sistema.

En los Estados modernos habría una tensión entre, por una parte, la igualdad ante la ley (cada persona un voto) y la desigualdad (creciente en las últimas décadas) en la consideración social y en la capacidad de gasto, lo que acaba originando una diferencia de estatus social, amargamente sentida, incluso por los que disponen de unos ingresos correctos que les permiten, por ejemplo, disfrutar de un par de semanas de vacaciones.  La fractura es tanto o más emocional, sentimental, que meramente crematística. En este contexto, pretender, como preconizan las élites internacionalistas, generalizar la movilidad social y la meritocracia como fundamente de la sociedad, es fuente de conflictos sin fin. Como escribe Goodhart, “en la actualidad se acepta la economía de mercado, pero no la sociedad del mercado”. La gran masa de la población no quiere renunciar a la protección de la sociedad del bienestar, creada después de la segunda guerra mundial y a los Derechos Humanos, cuya Declaración Universal celebramos el 10 de diciembre en su 70 aniversario. La gran conquista de Occidente.

Creo que los análisis de Goodhart y Guilluy, ayudan a entender lo que está sucediendo con los nuevos movimientos sociales en el Occidente rico y explican, en gran medida, el triunfo de Trump, el Brexit, los “chalecos amarillos de Francia” y, en parte también, el auge de la extrema derecha en media Europa. De España y Euskadi, con sus propias singularidades, hablaremos, quizá, otro día. No siempre hay que estar mirándose el ombligo. Conviene mirar, también, las barbas del vecino.

Donostia 29 de noviembre de 2018
Javier Elzo

(Publicado en “El Correo” el 2 de diciembre de 2018)

jueves, 15 de noviembre de 2018

¿Nacionalismo malo, patriotismo bueno?


Nacionalismo y patriotismo

Entre mis lecturas de este verano del 2018 traigo aquí a colación el libro de Josep Piqué, “El mundo que nos viene”. (Ediciones Deusto, 2018, 254 páginas). Ya había leído con interés su anterior libro “Cambio de era”, interés que se mantiene en el presente libro. Ya sabemos de qué pie cojea Piqué, pero su información es enorme y, al menos en mi caso, me hace reflexionar sobre cuestiones alejadas de mis conocimientos y centros de interés, como el peso de la geografía y la historia en la política internacional y la importancia fundamental de los ejércitos. Algunos estudiosos se preguntan si nos convertiremos, tras el suicidio de una Europa estúpidamente dividida, en poco más que parque temático cultural, como Egipto, sus pirámides, faraones y templos.

De la página 26 del libro de Piqué, transcribo este párrafo: Estamos volviendo a un “mundo de intereses y percepciones individuales (el retorno de la microeconomía, p, ej.) o de minorías culturales en un mundo cada vez más global y con creciente importancia de lo colectivo, especialmente en la provisión de bienes públicos, como la seguridad, el medio ambiente o la salud global. Este sentimiento de autodefensa se manifiesta en la reivindicación de lo propio frente a lo ajeno de los diferentes tipos de nacionalismos, algo distinto del patriotismo asociado a la defensa y aprecio de lo propio, una emoción que no contrapone nada a lo que pueden sentir y defender los otros”.

Personalmente aceptaría su texto, solamente poniendo nacionalismo donde él pone patriotismo. De hecho, me ha costado ver la diferencia que hay entre ambos términos: nación y patria. No acabo de ver la distinción entre algo “dado” (la nación) y un sentimiento (la patria). No voy a entrar en distingos de los politólogos y expertos en ciencia política, que les mantiene, a ellos también, enfrentados.

Según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, el nacionalismo tendría estas dos acepciones: 1. “Sentimiento fervoroso de pertenencia a una nación y de identificación con su realidad y con su historia” y, 2 “ideología de un pueblo que, afirmando su naturaleza de nación, aspira a constituirse como Estado”. Mientras que define el patriotismo como “amor a la patria”, y “sentimiento y conducta propios del patriota”.

Como se ve hay un baile de palabras entre nación y patria. Si vuelven a consultar el diccionario de la RAE, no saldrán de dudas. Por nación, entienden, en primera acepción, “el conjunto de los habitantes de un país regido por el mismo gobierno”. También el “conjunto de personas de un mismo origen y que generalmente hablan un mismo idioma y tienen una tradición común”, mientras que definen patria como la “tierra natal o adoptiva ordenada como nación a la que siente ligado el ser humano por vínculos jurídicos, históricos y afectivos”. A mí, no me aclara nada.

Pero el patriotismo, generalmente, tiene buena fama. No así el nacionalismo que es visto como el peor de los males y, en la actualidad, uno de los principales causantes de la crisis política en la que vive Occidente en general y Europa más en particular. Es cuestión de palabras, se dirá, pero, cuando se lleva el nombre de Partido Nacionalista Vasco o de donde sea, o cuando uno se dice nacionalista, aun moderado, como quien firma, hay que colocarse a la defensiva, como teniendo que defender sus propias convicciones. Porque la crítica al nacionalista (partido o persona) es virulenta, al par que se magnifica al patriota o al patriotismo. He aquí unos pocos ejemplos, en los que excluyo, intencionalmente, a políticos españoles en activo para no cortocircuitar, de entrada, la lectura.
El filósofo Jürgen Habermas, quien acuñara en 1986 el concepto político de “patriotismo constitucional”, a la pregunta de si se considera un patriota, contestó así:Me siento patriota de un país que, por fin, tras la Segunda Guerra Mundial, dio a luz una democracia estable, y a lo largo de las subsiguientes décadas de polarización política, una cultura política liberal. No acabo de decidirme a declararlo y, de hecho, es la primera vez que lo hago, pero en este sentido sí, soy un patriota alemán, además de un producto de la cultura alemana”. (El País Semanal 06/05/18). Seguro que les suena las vueltas que dio en España (donde, por cierto, dio a luz el término Habermas) el “patriotismo constitucional” en contraposición al peleón nacionalismo vasco  
Al político francés Jean-Pierre Chevènement, fundador del partido Movimiento Republicano y Ciudadano, varias veces ministro en Francia, se le formuló esta pregunta: “Usted se define con frecuencia como patriota. ¿Qué diferencia hace Usted entre el patriotismo y la defensa de la identidad nacional -a menudo religiosa- de Francia?”. Esto respondió Chevènement: “El patriotismo se opone al nacionalismo. La identidad puede ser concebida como una máquina de guerra contra el extranjero cuando se evoca desde una posición cerrada. Y yo preconizo una visión abierta de la identidad, en perpetua recomposición, que tolera perfectamente la aportación de las demás culturas, pero a condición de que la cultura francesa se mantenga como la cultura estructurante”. (“Le Monde des religions”, septiembre - octubre de 2018. El subrayado es mío)
En la respuesta de Chevènement no veo en qué el patriotismo se opone al nacionalismo, más allá de afirmarlo. Pero, su perspectiva de una identidad en plena recomposición tiene un más que evidente sabor supremacista: ¡la culture francaise d´abord!. ¿Se imagina alguien qué se diría de un patriotismo vasco (desterrado, obviamente, el nacionalismo) en el que se pretendiera que la cultura vasca, aunque acogiera a brazos abiertos las aportaciones de otras culturas, a condición de que fuera la cultura vasca la que la estructurase?
En fin, para los nacionalistas y católicos, traigo aquí unas declaraciones del cardenal Reinhard Marx, presidente de la Conferencia Episcopal alemana y uno de los hombres de máxima confianza del Papa Francisco: "El patriotismo es bueno, pero el nacionalismo no es católico". Lo declaró en un momento en el que la ultraderecha alemana tomó las calles de la ciudad de Chemnitz para reclamar un fin a la inmigración islámica, añadiendo que "el nacionalismo es una de las mayores causas de guerra". Y concluyó afirmando que "la Iglesia nunca debe cesar de hacer algo por la unidad de Europa". (Religión Digital 06/09/2018). Según el cardenal Marx, ¿hay algo peor, más maligno, que el nacionalismo? ¿Será el nacionalismo el Satanás del siglo XXI, como otros lo dicen del capitalismo?

No quiero concluir diciendo que hay nacionalismo malo y nacionalismo bueno, que lo hay, porque también hay patriotismo bueno y malo. O, ¿es que Franco y Hitler no eran patriotas? Y recuerden aquello de “A Dios, por la Patria y el Rey lucharon nuestros padres; a Dios, por la Patria y el Rey lucharemos nosotros también”. ¿Por qué Dios, qué Patria y qué Rey lucharon nuestros padres, abuelos, bisabuelos…?


Publicado el 03/11/18 en DEIA y el 04/11/18 en Noticias de Gipuzkoa

Nacionalistas y patriotas en la Primera Guerra Mundial

En el discurso que el Presidente Macron ha pronunciado el 11 de noviembre en el Arco del Triunfo de Paris, en el centenario del Armisticio de la Primera Guerra Mundial, ante 70 jefes de estado y de gobierno, entre otras, ha pronunciado las siguientes palabras.

“¡El recuerdo de los sacrificios de nuestros soldados nos exhorta a ser dignos de aquellos que han muerto por nosotros, para que podamos vivir libres! Recordemos: No sustraigamos nada de lo que era pureza, ideal, principios superiores en el patriotismo de nuestros mayores. Esta visión de Francia como una nación generosa, de Francia como un proyecto, de Francia portadora de valores universales, fue en esas horas oscuras exactamente lo opuesto al egoísmo de un pueblo que solo ve sus intereses. Porque el patriotismo es exactamente lo opuesto al nacionalismo: el nacionalismo es traición. ¡Al decir "nuestros intereses primero y qué importan los demás! borramos lo que una nación tiene más preciado, lo que la hace vivir, lo que la hace grande, que es lo más importante: sus valores morales”.

Yo me pregunto por qué valores lucharon los soldados alemanes. ¿Es que no lucharon también los alemanes para que sus compatriotas pudieran vivir libres? ¿No se pelearon, durante siglos, alemanes y franceses por la soberanía de Alsacia y Lorena? ¿En qué se diferenciaban los valores morales de los soldados franceses de los valores de los alemanes que se masacraron durante diez meses en Verdún? O, quizá, ¿serían los alemanes nacionalistas y patriotas los franceses?  

Publicado el 13/11/18 en DEIA y en Noticias de Gipuzkoa

martes, 25 de septiembre de 2018

No solamente el terror de ETA materializaba proyectos políticos


No solamente el terror de ETA materializaba proyectos políticos.

Mi antiguo y buen amigo, pese a que ya nos vemos muy poco, Joseba Arregui, publicó el lunes 17 de septiembre pasado un artículo en “El Correo” al que, por mor de esa vieja amistad, me llevó al teclado y a enviar un texto mío, al mismo medio, que lo publicó el lunes siguiente.

Este es mi texto

Querido Joseba:

Creo poder decir que nos apreciamos mutuamente. Nos conocemos desde hace muchos años. Más de cincuenta. Hemos coincidido en la vida laboral y en algunas de nuestras opciones religiosas y políticas, aunque, en estas últimas, llevamos años manifestando divergencias que nunca han ahogado nuestra amistad. Es tu artículo “Dejar atrás” del 17/09/18 en “El Correo”, el que me hace escribir, en público, estas líneas. Iré directamente al grano. Son tres párrafos en el núcleo de tu artículo que traslado aquí (para recuerdo del lector) casi en su integridad, aunque lo hago en dos partes.

Escribes: “Para poder realmente dejar atrás una experiencia como el terror de ETA que ha durado más de cincuenta años es preciso darle su valor en primer lugar. No valen rebajas del estilo: también en otros lugares pasaron cosas parecidas (…). Tampoco es de recibo mezclarlo con otras violencias que se han dado en algunos momentos en los que actuaba ETA: el de este grupo era el único terror basado en la materialización de un proyecto político. (…) ETA ha matado en el intento de conseguir para la sociedad vasca la realización de un proyecto político independentista radical vestido de socialismo. No ha matado por avaricia. No ha matado por celos. No ha matado por venganza. No ha matado por barbarie. Ha matado por motivación política”.
Ciertamente, no valen rebajas. Pero hay más rebajas de las que tu apuntas. Hay una afirmación en tu texto que no puedo aceptar: cuando afirmas que la violencia de ETA “era el único terror basado en la materialización de un proyecto político”. Lo era, ciertamente, pero no era el único. No pienso solo, ni principalmente, en los GAL, en el Batallón Vasco Español. Pienso en la legitimación y ocultación de los malos tratos y torturas por parte de la Policía Nacional y Guardia Civil, tantos años, aunque tampoco se libra la Ertzaintza. ¿En nombre de qué el gobierno español miró, y sigue mirando, a otro lado ante las torturas? Tienes razón Joseba: No lo hace por avaricia. No por celos. No por venganza (aunque aquí tengo mis dudas). No por barbarie. Lo hace “por motivación política”. Y no quiero remontarme a la guerra civil y al franquismo. Aunque, creo que recuerdes, que nunca he puesto en suma cero las diferentes violencias en tiempo de ETA. Permíteme que, al respecto, me auto cite (¿será auto plagio?) cuando escribí en mi libro “Tras la losa de ETA”, que “ETA ha escrito la página más negra de la historia del País Vasco”

Apuntas en tu texto que “ETA ha matado en el intento de conseguir para la sociedad vasca la realización de un proyecto político independentista radical vestido de socialismo”. Si, su objetivo era una Euskal Herria independiente y unificada, socialista y euskaldun, a lo que después han añadido lo de internacionalista y ecologista y, ya en las postrimerías, feminista. Siempre se ha discutido sobre el peso de su socialismo. Tú hablas de independentismo radical. Sabes bien que un amigo común, ya fallecido, hablada de socialismo radical, (revolucionario de signo marxista) en la cúpula del MLNV, no en las bases. Recordarás que, para nuestro común amigo, lo esencial era la libertad. 
Segunda citación. Escribes:” Esto obliga a preguntarse: ¿dónde estuve yo cuando todo esto sucedía?, ¿qué hice yo en esos momentos que duraron demasiados años?, ¿cómo respondí yo ante esos asesinatos políticos? Para dejar atrás el dolor del terrorismo es preciso mirarse al espejo (…) Mirarse en el espejo es condición necesaria para dejar atrás de forma productiva, decente y humana una historia como la del terror de ETA. No estoy muy seguro de que lo hayamos hecho”.
Tienes razón: no lo hemos hecho bien. No es fácil mirar atrás. Además, lo hacemos con las gafas de ahora. Entre otras razones porque ya no nos valen las de antes. Es que, y esto es crucial, ni antes ni ahora, hemos sido del todo ecuánimes en nuestra mirada. Incluso hemos cambiado. ¡Mira, Joseba! Mi padre era carlista. Hizo la guerra con Franco y lo que yo mamé de crio fue un antinacionalismo (vasco) acérrimo. Porque los nacionalistas hicieron la guerra con los que mataban a curas y frailes, me decían. Las cosas cambiaron cuando un primo de mi abuela, el obispo Mateo Múgica, ya ciego, vino a visitarla a nuestra casa en Beasain y, allí nos habló de curas asesinados por los nacionales. Por motivos políticos, razón por la que siguen sin ser declarados mártires. Esto y saber, de muy joven, por mi padre, de una experiencia de arrojamiento de presos en el Balcón de Pilatos en Urbasa, durante la guerra civil, han marcado mi vida. Esto hace que, a tus preguntas de “¿qué hice yo en esos momentos que duraron demasiados años?, ¿cómo respondí yo ante esos asesinatos políticos?” te respondería (lo tengo escrito en “Communio” los años 1979- 80) que abrir bien los ojos y rechazar toda violencia injusta, viniera de donde viniera.

No sé si recordarás. La última vez que nos vimos fue en el aeropuerto de Loiu. Acabada de llegar. Tú estabas en la fila para acceder al embarque. Me llamaste: “¡Patxi!”. Te acompañé hasta el embarque. Quedamos en que teníamos que vernos y conversar. Hasta hoy. Espero que no sea hasta siempre.

Con el afecto de siempre

Javier Elzo (Patxi, para algunos como tú)

(Publicado en “El Correo” el 24 de septiembre de 2018)

domingo, 2 de septiembre de 2018

Brevería 6: Entender no significa justificar




Entender no significa justificar

Muchas veces en mi vida, por ejemplo, cuando analizaba los crímenes de ETA, he solido escribir que, para mejor afrontar tales crímenes, entre otras cosas, me parecía fundamental entender por qué actuaban como actuaban, y qué tipo de legitimación utilizaban. A menudo se me respondía diciendo que tal planteamiento venia de alguna manera a justificar sus planteamientos. Pues he aquí que leyendo este verano de 2018 un libro, recién editado, de mi admirado amigo Arnoldo Liberman, “Heidegger y yo, judío”, (Sefarad Editores, Madrid 2018, 258 páginas), en el que ajusta sus cuentas con el filósofo pro-nazi, encuentro una reflexión sobre el tema arriba mentado. Traigo aquí sus reflexiones.

Escribe Liberman en las p. 135-136: “Entender no significa disculpar; mejor dicho, significa lo contrario. (…) Pero, siempre me intrigó que, en Si esto es un hombre, Primo Levi, escribe refiriéndose a Auschwitz: ´Tal vez lo que ocurrió no deba ser comprendido, en la medida en que comprender es casi justificar´. Viniendo de cualquier otro la frase quizá no tendría importancia, no así viniendo de Levi, a quien debemos acaso el mejor testimonio del Holocausto. ¿Entender es justificar? ¿O es que Auschwitz come aparte? ¿Se equivocó Arendt y no hay que tratar de entender el mal extremo? ¿No es contradictoria la frase de Levi con el hecho de que él mismo se pasase la vida tratando de entender el Holocausto y por eso declarara: “para un hombre laico como yo lo esencial es comprender y hacer comprender”?

Añade continuación Arnoldo Liberman: “Solo Tzvetan Todorov, que yo sepa, ha explicado convincentemente esa contradicción. Según él la advertencia de Levi no vale más que para el propio Levi y los otros supervivientes de los campos nazis: estos no tienen que intentar comprender a sus verdugos, porque la comprensión supone una identificación con ellos, por parcial y provisional que sea, y eso puede acarrear su propia destrucción. Pero los demás no podemos ahorrarnos el esfuerzo de comprender el mal, sobre todo el mal extremo, porque, como concluye Todorov, y con él Liberman, “comprender el mal no significa justificarlo, sino darse los medios para impedir su regreso (…) Eso casi nunca es fácil. No solo porque entender exige talento: también porque exige coraje”.

La distinción que realiza Primo Levi, y aprueba Liberman, en la actitud de las víctimas y en la de los estudiosos me parece muy pertinente. Yo he solido escribir, defendiendo la importancia de entender la violencia, que no debemos pedírselo a las propias víctimas, pues supondría victimizarlas por partida doble. Por otra parte, como nos recuerda Hannah Arendt, "intentar comprender no significa perdonar, pero comprender lo veo como mi deber". En efecto, otra cosa es que, en su gestión del dolor, las víctimas decidan perdonar al verdugo, que siempre seguirá siendo verdugo.    

miércoles, 1 de agosto de 2018

A vueltas con Nicaragua


A vueltas con Nicaragua

Sigo, desde la prensa española e internacional, y sin profundización especial, la situación en Nicaragua. Constato en las informaciones y comentarios una clara unanimidad contra Ortega y su régimen, también en los obispos europeos y nicaragüenses, en organismos internacionales como Amnistía Internacional y en algunas personalidades nada sospechosas de ser de derechas como Boff y Pepe Múgica, entre otros. Pero en ATRIO, en una entrada de Antonio Duato, en la que nos traslada un largo y documento texto, y en un correo de Benjamín Forcano, amigos los dos, plantean una visión radicalmente diferente del contencioso nicaragüense, en la que, aún con matices, creo que ambos coinciden.

A riesgo de equivocarme, creo que lo esencial de sus planteamientos (la contradicción principal que dice Forcano) se encuentra en estas dos citaciones de ambos textos:

En el texto que nos trae Antonio Duato:

”Nicaragua no solo ha establecido una economía que trata a los pobres como productores, con resultados notables que ha elevado su nivel de vida en 10 años, sino que también tiene un gobierno que rechaza consistentemente al imperialismo estadounidense, aliándose con Cuba, Venezuela y Palestina, y a voces que apoyan la independencia puertorriqueña y así como la solución pacífica a la crisis coreana. Nicaragua es miembro de la Alianza Bolivariana de las Américas y de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe, una alternativa latinoamericana a la OEA, que no incluye a los EE. UU. ni a Canadá. También se ha aliado con China para un proyecto de canal interoceánico y con Rusia para la cooperación en asuntos de seguridad. Por todas estas razones, Estados Unidos quiere instalar un gobierno nicaragüense amistoso con los Estados Unidos”.

En el correo de Benjamín Forcano:

“Fueron pasando los años y con ellos se fue consolidando económica y
políticamente la alianza (ALBA, CELADE…) de países latinoamericanos,
alianza que desenmascaraba y repelía la dominación gringa.
El sandinista Daniel Ortega  siguió acentuando su independencia de USA en política  internacional y aseguraba nuevas  relaciones de colaboración  con Rusia, China (acuerdo para construir un canal interoceánico),  Irán, Libia, Cuba, Venezuela,…El ejército nica dejó (tras su ultimo envío a la guerra de Irak)  de participar en guerras imperiales y el presidente Ortega siguió avanzando en esta línea mediante la presidencia brillante  en la Asamblea de la ONU  a través de su ministro  Miguel d’Escoto “

En mi opinión aquí está le meollo del asunto. Estoy ahora en otros temas, que me están ocupando mucho tiempo y no quiero desviarme de ellos para profundizar en la cuestión “nica”. Me exigiría volver a temas que ya he abordado y actualizarlos y concretarlos a Nicaragua. Diré telegráficamente esto:

-        En mis tiempos de estudiante, en Lovaina, la pugna entre los países capitalistas y los de matriz comunista junto a los movimientos de liberación era enorme. Vivimos leyendo a Poulantzas, Marta Harnecker, Althusser, Franz Fanon… el golpe contra Allende el 11 de septiembre de 1973, la larga marcha de Mao, y, para los vascos su influjo en ETA y su mundo.

-        Influjo que, una vez derrotada ETA, volvió a parecer en la izquierda abertzale, con un alineamiento, tímido pero real, con los planteamientos bolivarianos. Lo estudié, críticamente, en su día. Está en mi blog.

-        Ya sabemos, de siempre, que América Latina es el cuarto trasero de EEUU. Ya sabemos que la situación en Oriente Medio no es sino consecuencia de conflictos de intereses de grupos capitalistas. 

     También sabemos que, ahora mismo, se está jugando ese mismo conflicto en África con un protagonismo muy acentuado, los últimos años de China. (Y no me olvido de Bélgica en el Congo- Zaire. Lovaina está en Bélgica)
-       
      Hemos vivido la confrontación entre Aron y Sartre, entre el capitalismo productivo y el financiero (del que no hemos salido), entre el capitalismo y el comunismo real (el de la URSS y sus países controlados) etc., etc., del que creímos salir con la caída del muro de Berlín.
-   
         Ya veo que me enrollo. Escribiría, páginas y páginas y páginas. Pero quiero mostrar mis cartas antes de cerrar que no concluir estas líneas: prefiero la amistad de Francia, Alemania, y Europa en general que la de los países que conforman los que prefieren en la alianza bolivariana, aun sin negar lo que de positivo han tenido en la disminución de las diferencias de clase. Pero son dictaduras. Y Europa es mi sueño, la vieja Europa, madre y madrastra: no China, ni Rusia, Venezuela, Corea del Norte, la Cuba de Castro, la Venezuela de Maduro. Y puesto a elegir entre vivir en EEUU (a donde he rechazado acudir en algún caso) o en China, me quedo con EEUU. En EEUU puedo, al menos protestar.

domingo, 16 de julio de 2017

Regreso a Berlin 2. Del eterno retorno de los fascismos

“Regreso a Berlín 2”.  DEl eterno retorno de los fascismos
Los sábados suelo leer los suplementos literarios de ABC, El País y La Vanguardia. Los jueves el de “Le Monde”. También los de algunas revistas especializadas. Llegado ya a una edad avanzada, con ya poco tiempo por delante, y con fuerte apetito de lectura, la selección se impone. De ahí mi creciente interés por los suplementos literarios. Con los años acabas conociendo a los críticos y te fías más de unos que de otros. Aunque te puedes llevar chascos. Personalmente, desde hace años, particularmente en las novelas, si a la página 30 no estoy enganchado, irremisiblemente dejo el libro. Aunque también me suele suceder que lo deje a la mitad, arrastrado por una buena entrada y por la ilusión de que se trate de una flojera narrativa pasajera. Aunque también lo puedo dejar por alguna otra razón que indicaré más adelante. Todo esto para decirles que el libro que va a ocupar este artículo de hoy lo compré tras leer una crítica elogiosísima de Guelbenzu (El País 17/04/17) que corroboré, como hago habitualmente, con la lectura de otras recensiones en Internet.

El libro lleva por título “Regreso a Berlin”, su autora es Verna B. Carleton, está editado por Periférica & Errata Naturae, 2017. 408 páginas. 21,50 euros. El original se editó, el año 1959 y ahora vuelve a ser reeditado y traducido. La autora, periodista, hija de un alemán casado con una inglesa, animó y acompañó, el año 1957, a una amiga exiliada del nazismo a realizar un viaje a Alemania a reencontrar su familia y sus amistades en su país pos-Hitler. Para ambas era volver a sus orígenes. La novela, con nombres y personajes ficticios, viene a narrar esa experiencia. Pero me lleva a traerla aquí, no solamente porque es una excelente novela (no de las de leer en la playa), sino por porque aborda cuestiones que, a la postre, solamente la buena literatura puede tratar con la hondura y penetración que ningún ensayo, por muy documentado que esté, puede lograr. Pero, atención, no estamos ante una novela de las de leer en la playa o en el autobús. Si son capaces de llegar al final, sepan que, en algunos momentos, tendrán que agarrarse al sillón y, de vez en cuando, levantar la vista del libro, darse una vuelta por su casa y tomarse un trago. Y pensar. Lo que es un lujo que, a la postre, agradecerán.

La trama. Eric, que vive en EEUU, es un alemán, de familia judía muy acomodada y de alto nivel cultural, que tuvo que escapar del nazismo. Se casa con una británica y acompañada por una periodista (como en la realidad) viaja a la Alemania que dejó. Eric se siente antinazi compulso hasta el punto de no querer expresarse en alemán y hacerlo siempre en inglés. Descubre Eric la Alemania derruida, que tan bien describe Rossellini en “Alemania año cero”. En el primer y extraordinario encuentro familiar, se topa con una tía suya, Rosie, casada con un alto miembro nazi, que nada hizo, según cree Eric, por salvar a su padre, que, efectivamente murió en una cárcel nazi. Tiene razón Guelbenzu cuando escribe en su recensión que “en las siguientes 20 páginas llega una escena portentosa, soberbia, un increíble cambio dramático”, y que “hará de la tía Rosie el personaje más memorable de la novela”. Son cinco páginas que no entran en este artículo. http://javierelzo.blogspot.com.es/2017/07/el-intento-de-suicidio-de-rosie-en-la.html. Como personas individuales creo que tiene razón Guelbenzu, pero, a mi juicio, el personaje más memorable de la novela es la gente de Berlín, la vida en Berlín. El personaje central de la novela es Berlín, Berlín doce años después de la caída del Reich donde han de convivir los alemanes, separados por los sectores oriental y occidental, antes de la construcción del muro, donde han de convivir todos los alemanes, estuvieran donde dónde estuviesen en el periodo nazi. Pero, la fractura central, la que perdura doce años después de la caída de Hitler, no será tanto qué hicieron durante el nazismo, sino donde están en ese momento, en 1957, en el lado oriental o en el occidental. Las descripciones de los pasos, más o menos vivibles de una zona a la otra, en Postdamer Platz y en el Zoo, son extraordinarias.

No es una novela de buenos y malos, aunque no se oculte en absoluto la maldad del régimen nazi. Tampoco, en primera lectura, con quienes se alinearon durante el nazismo unos y otros. Así la agudeza y sensibilidad de la autora es tal que descubrimos, en los “buenos” como Eric, que hubo de huir del nazismo, cobardías que supusieron que otros cayeran en manos de la Gestapo; y en otros, en los “malos” como un alto miembro del nazismo, el marido de Rosie, por ejemplo, reconocer su tremendo error y antes de suicidarse ayudar a los judíos que pudo en su propia casa. Es la complejidad humana en el seno de una población, llevada a una situación límite por unos pocos demagogos. También descubrimos la vergüenza sin fin de quien delató a una vecina al nazismo, por judía, y que, como nos dice Jonathan Littel en “Las Benévolas” (la mejor novela que he leído en lo que llevamos de siglo, todavía más dura que la que ahora aquí comento, éxito editorial en Francia y que en España pasó sin pena ni gloria) la perseguirá hasta el final de sus días.

Quiero detenerme en dos cuestiones que aparecen en un momento extraordinario de la novela. Cuando entierran al marido de Rosie, alto dignatario nazi que se suicidó, Rosie decide suicidarse, a su vez. Al final no lo hace, pero el relato de lo sucedido es memorable. Tanto que lo he subido a mi blog. Son cinco páginas que no entran en este artículo. Pero de ellas he retenido dos temas que traslado brevemente: el fracaso de los cristianos en el nazismo, y la situación de los alemanes nazis el año 1957.

Fracaso y vergüenza de los cristianos. “Sí Alemania se hubiera guiado por sus principios cristianos habría sido imposible encontrar gente para dirigir los campos de concentración, para ejecutar asesinatos en masa, para destruir la mayor parte de Europa…. y a sí mismos”. (….) “Nosotros, los cristianos, somos responsables de lo que ocurrió, porque el régimen nazi constituyó el mayor fracaso de la historia de la cristiandad – exclamó Sosie, alzando una voz furiosa -. Si los líderes de la Iglesia se hubieran alzado heroicamente a la primera amenaza, si la Iglesia Católica en la que nació Hitler lo hubiera excomulgado y desafiado a su régimen desde el primer día, entonces los alemanes podrían haber salvado sus almas. Hoy es demasiado tarde. Todo alemán adulto debe asumir su culpa.  Solo los muy jóvenes pueden levantar la cabeza sin vergüenza”.

¿Dónde estaban los nazis el año 1957? “¿Quería Eric la verdad? Entonces debía escuchar lo peor. Habían hecho faltan millares (cientos de millares, según algunos), para formar los SS y las SA, para dirigir los campos de concentración y todas las fuerzas de represión en los países ocupados. Y eso, si hablábamos solo de nazis fanáticos, no de la gente inocente que se vio arrastrada”. (…)

“¿Dónde se imagina el mundo entero que se han ido esos fanáticos?  -  inquirió Rosie -.  No se han esfumado. Se hallan en toda Alemania, en ambas zonas, trabajando pacíficamente sin la menor sensación de culpa por lo que hicieron en el pasado. Te dirán que sólo obedecían órdenes de sus superiores. Es gente sin rastro de conciencia ni de alma, gente que puede encender el gas que asesina a millones de personas y después decir: “Estás manos no son mías. Soy una herramienta. Un cero”, y un cero no puede sentir culpa, ¿no es así?” (…)

Es claro - exclamó Käthe -. La gente de fuera que siempre anda diciendo que el fascismo ha muerto en Alemania está loca de atar. Nosotros, los que vivimos aquí, nos vemos rodeados constantemente por terribles recordatorios de que el pasado no es el pasado. Sigue siendo el presente. (…) Nadie sería lo bastante imbécil como para revivir a los nazis en cuanto partido o fuerza política. Sin embargo, hay millones de personas en Alemania hoy en día que no pueden decirlo abiertamente, aunque en lo más profundo de su corazón recuerdan la época nazi como el periodo más fantástico. Solo sienten haber perdido la guerra, no haberla empezado”. Por favor, retengan esta última frase: muchos alemanes “recuerdan la época nazi como el periodo más fantástico. Solo sienten haber perdido la guerra, no haberla empezado”.


Recuerden, el libro se escribió en 1957. Hace sesenta años. En la actualidad, el nazismo sigue en pie. Y no solamente el nazismo hitleriano. Es el eterno retorno de los fascismos (Rob Riemen). De los totalitarismos. De las dictaduras. De izquierdas y de derechas. También entre nosotros